Apostolado bibliográfico. Miramientos, de Javier Marías

Anarrana
por Ricardo López Bella.

El librito que aquí se reseña tiene un curioso origen que en su introducción desvela el propio autor y resumo con la mayor brevedad: se trata de un encargo de amigo para una revista con sección quincenal como formato en la que Marías ha de hacer un “retrato” escrito de un escritor retratado. Solo tres condiciones, además de la periodicidad, se acordaron entre ambos amigos: que los autores no constaran entre los seres vivos, que hubieran escrito en español y que no le fueran antipáticos al retratista, aunque hay excepciones a la primera condición. Hay autores que acaban haciendo lo que les da la gana. ¡Sí, señor!

Este tipo de ejercicio ya lo había realizado JM en el apéndice de otro libro propio, pero con 37 exitus extranjeros. Ya tenia, por tanto, la mano hecha a este menester el académico del sillón letra “R”.

Su lectura es un delicioso pasatiempo y lo de librito viene a su extensión, 126 páginas en edición de bolsillo, y la sencillez de sus pretensiones. También es de agradecer, al menos por mi parte, que confiese sus sentimientos tan libremente, sin eufemismos ni acritud. Las filias se perciben levemente de igual forma que las fobias, que son pocas. Eso se llama elegancia en la prosa y el estilo.

Entrañables son los comentarios a las fotografías de Valle-Inclán, Borges y Bioy Casares; añado que los aplaudo por ser admirador confeso y lector irredento de ambos tres maestros. De Benet se dice amigo; de otros, como Cabrera Infante, al menos intuyo que conocido y de Savater puede que todavía lo sea. Esto sería fácil de averiguar en la presente era Internet, pero no me interesa ese mundo (y no me refiero al de las amistades literarias): a lo que pergeño le pongo mis propios ingredientes. El retrato de la única mujer, Victoria Ocampo, no tiene desperdicio y contiene unas gotas de risible mala leche que ¡ojo! no están destinadas a la argentina. Pablo Neruda es caso aparte, pues roza el incumplimiento de la tercera condición, si bien la animadversión se percibe, no creo que sea por una cuestión ideológica. Los comentarios que me llegan al corazón por el lado del sentimiento trágico de la vida son los de las fotografías de dos autores: el primero, Luis Cernuda, tres veces derrotado por homosexual, rojo y exiliado. Horacio Quiroga es el segundo, admirable su obra, admirable la elección de su otra forma de vida en leal competencia con la naturaleza y admirable por la sabia y tranquila elección para abandonar la vida.

Los últimos comentarios del librito de JM son sobre sí mismo en base a cinco fotografías que no utiliza para el narcisismo ni el autobombo. El tipo sabe tomar distancia, pues ni siquiera da la sensación de que escriba sobre un conocido. Hay una pequeña dificultad en la edición que he manejado y es el papel, que está muy bien que sea reciclable o reciclado, pero le resta nitidez a las fotos que son en blanco y negro. Algunos detalles comentados no se perciben con la suficiente claridad.

La misión apostólica de esta sección, me pone en el torturante brete de decidir entre sustraer este ejemplar de la biblioteca en la que escribo estas líneas o dejarlo en la mesa que ocupo y abandonar discreta y tristemente el lugar. La Casa del Libro lo tiene a la venta por 7,95 euros: creo que los partidarios de que me vaya de vacío al bar más cercano podían aliviar mi tristeza haciendo llegar dicha cantidad a esta publicación. Prometo comprar el libro, pues del pago de los alcoholes no me puedo sustraer. El tabernero tiene malas pulgas, buena vista y largas piernas. Salud y lectura.

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