Breve relación de vidas extraordinarias · 1

BRVE-01
Por Martín Olmos.

Ramón Clemente y García fue pantomimo del amateur y le fusilaron por bailar con el cadáver de una monja. Fue tonto natural de Valencia, carbonero de oficio y bailador de cumbés; fue tonto polifacético, por lo tanto. El 28 de julio de 1909, durante los estallidos populares de la Semana Trágica de Barcelona, siguió a una turba y se entregó a quemar conventos más por garulla que por catecismo y en el Monasterio de Santa Margarita desenterró la momia de una monja jerónima y se la llevó al hombro hasta el domicilio del Marqués de Comillas bailándola por el camino. La candombeó por tangos rijos del cimarrón y recogió algún bis. Tenía dicho Francisco de La Rochefoucauld que no hay tonto más molesto que el ingenioso. Naturalmente, el tonto en hibernación como mucho parcela en tridimensión. Ramón Clemente y García, tonto tripudiante y de pasacalle, recibió de la autoridad la consideración de tonto punible (y, por lo tanto, tonto polifacético) y le dieron condena de muerte en agradecimiento a la performance. El abogado Francisco Layret y Foix, el diputado José María Vallés y una comisión vecinal de la calle Roig pidieron su indulto anexando su buen antecedente y su notoria subnormalidad, pero le fusilaron sin remedio a las ocho de la mañana del 4 de octubre de 1909 ocho soldados del regimiento de infantería de la Constitución en el foso de la batería de Santa Amalia del castillo de Montjuich. Su madre, ustedes verán, se murió del disgusto cuatro semanas después.

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