Breve relación de vidas extraordinarias · 6

BRVE-06
Por Martín Olmos.

Elmer McCurdy fue un difunto nervioso. En vida fue dinamitero y conservó la inquietud. Muerto disecado como un zorro de mesón. Homocigoto por ser hijo de primos hermanos jamás juntó lumbre para prender un candil y, sin embargo, acarició la inmortalidad. Tenía dicho Arturo Schopenhauer que desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un error. El señor McCurdy trabajó de joven achicando aliviaderos y alimentó refracción hacia las fosas umbrías que no aprendió a interiorizar por ser prefreudiano. Pasó brevemente por el ejército, en donde se familiarizó con la manipulación de la nitroglicerina y fue expulsado por borrachuzo y se hizo ladrón de trenes. En las colinas de Osage, en la Oklahoma, le mató de un tiro en el pecho el sheriff Stringer Fenton el 7 de octubre de 1911 mientras le perseguía por el robo de cuarenta y seis dólares, dos garrafas de whisky, un reloj, un revólver y un abrigo. Tenía dicho el pobre Robespierre que la muerte es el principio de la inmortalidad. Elmer McCurdy fue embalsamado con arsénico por el señor Joseph L. Johnson, empresario de pompas fúnebres de Pawhuska, y expuesto al popular por cinco céntimos de machacante convirtiéndose en un individuo más rentable extinto que coleante. Perplejo en vida y muerto perplejo quizá se preguntó como don Pablos: “Señor, ¿sabéis de cierto si estamos vivos?”. Nadie sabe ese extremo con seguridad plena y vagamos, en realidad, el Purgatorio. Durante sesenta años después de su óbito pasó por varias casas de espanto, por el Espectáculo de Carnaval de los hermanos Patterson, por el mesón de Jefferson Smith el Jabonero, notorio proxeneta, y salió de atrezzo, sin frase, en tres películas. En vida padeció tuberculosis, alcoholismo, juanetes y triquinosis; en tránsito gozó de mejor salud y no se acercó a una copa, no señor, si bien perdió tamaño con el tiempo por ser mojama y se le cayeron los dedos de las manos, los de los pies y las puntas de las orejas. Se encontró escrito en una lápida:

Eram quod es, eris quod sum,

que quiere decir que yo era lo que tú eres y tú serás lo que yo soy, con lo que pudo ser docencia pero se quedó en feria, el pobre, y en perpetuación de un error y en zorro de mesón y jubiló en la Casa de la Risa del parque del Pico de Long Beach y le enterraron el 22 de abril de 1977 debajo de medio metro de hormigón.

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