Mundo Huevo: malas compañías

Mundo Huevo - titulares3

por Satur.

Qué pasa, trons. Ya está en vuestros quioscos de cabecera el nuevo número de Mundo Huevo, la revista de antropología y balonmano, dedicado esta vez a las «malas compañías». Preocupación tanto de padres y madres como de sociólogos, psicólogos, antropólogos sociales, erotómanos, celosos y otros especialistas en relaciones cognitivosensoriales circunscritas a la condición humanoide de los seres humanos, las «malas compañías» se tratan aquí desde el punto de vista científico por los autores más señeros que campean en la piel de toro de nuestra madre patria.

El primer artículo es de Joan Capgros Punydeferro y se titula «Como me entere de que vuelves a mirar a ésa ya me has visto el pelo», y es un estudio de campo realizado en varios centros de salud mental. Capgros ha recogido los testimonios de numerosos hombres paralizados cognitivosocialmente al no poder establecer pautas de contacto sensorial -ya sea a través de la vista, el olfato, el gusto, la mente o el tacto- con compañeras de trabajo, conductoras de autugús, pescaderas en el Caprabo, teleoperadoras e incluso con Siri, la voz de los teléfonos de bolsillo que te dice dónde hay una gasolinera o te manda incomprensibles correos electrónicos. La exposición de los problemas gastromentales derivados de una actitud la mar de recelosa hacia lo que sus compañeras de habitaje vital llaman las «malas compañías» o «esa puta» (dependiendo la nominación de la clase social de las antedichas) resulta conmovedora, cuando no espeluznante. El análisis estadístico arroja datos sorprendentes acerca del perfil de la compañera sentimentoconyugal básica: el 78,325% tienen entre 36-45 años, un 82,659% son morenas o castañoscuro, y el 91,154% son merengues, resultando el porcentaje restante un no sabe/mejor no saberlo.

El segundo artículo es un estudio histórico de Marta Bellpuig acerca de las bandas de niños de los barrios bajos de Londres entre 1919 y 1939. Habla de sus características morfológicas, hace un estudio lingüístico de su peculiar dialecto y expone con vibrante emoción la aparición de este tipo de chicuelos en la literatura, haciendo especial mención a la serie de Guillermo Brown. El artículo es magistral y harto emocionante; por un lado, destaca la pasión de la autora al hablar del tema y por otro refulge la sabiduría con la que expone los datos y trata las historias. No descarto que haya vivido en vivo y en directo muchas de ellas cuando estuvo en Inglaterra trabajando primero como aupair y luego como bailarina en ciertos clubs ordinarios de Whitechapel.

El tercer y último artículo es una divagación psicológicoliteraria de lo que se llama en general «la pandilla» y de la influencia del grupo en el individuo, capaz dicha influencia de transformar al dicho individuo por dicho grupo en alguien completamente ajeno a como lo había parido su progenitora y educado su progenitor -o su progenitora, o ambos al mismo tiempo. El autor o autora (me lío con los nombres vascuences) ostenta el eufónico apelativo de Aritz Guerricovaritz Aguirrenaritz. La conclusión del autor o autora es que los grupos de interacción más impositiva hacia el individuo son los de Bilbao y que, curiosamente, un 91,154% de sus integrantes son merengues. Qué cosas, oye.

Mundo Huevo termina su edición con las habituales páginas dedicadas al balonmano, esta vez especializándose en el último campeonato europeo de Polonia, donde la selección española se hizo con la medalla de plata tras desarrollar un buen juego a lo largo y ancho del cuarenta por veinte excepto en la segunda mitad contra Suecia y la final entera contra los teutones, que bien podría denominarse «combinado ronaldo», tan gesticulantes y aspaventosos son sus integrantes. Hay palabras de ánimo, agradecimiento y admiración a los Aguinagalde, Sterbik, Pérez de Vargas, Rivera, Tomás, Entrerríos, etc., por su excelente resultado.

Finalmente, los anuncios clasificados, donde uno puede encontrar cosechadoras de segunda mano, intercambio de cromos de la liga española de la temporada 1976/77, cafeteras a buen precio y, por supuesto, nada de puterío, ni del fino ni del orientado a aberraciones fetichistas, como el de esos anuncios en los cuales hay quien se presenta como «catalana fogosa» o «japonesa sensual» u «oveja churra».

En la última página no hay horario de misas, como viene siendo habitual, ya que hay una discusión enorme en la redacción acerca de si seguir siendo católicos o si se transforman en una revista protestante. Anunciaremos en su debido momento la decisión final. Muchas gracias por su atención y saludos cordiales desde el Sardinero.

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