Mi vida en pocas palabras · Capítulo XI

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Por Gengis Kant.

Lejanía no sólo fue una cultura circunscrita a un lugar, aún por descubrir, y a un tiempo, sin datar todavía. Es una actitud, un estado de ánimo, un talante. Y eso no caduca. Incluso cuando la humanidad ha vivido hundida en el pantano de la igualdad más táctil, entregada a una orgía de sonrisas y sin otro horizonte vital que un abrazo eterno entre los compañeros, algún solitario ha impedido que se apagara la llama gélida y purificadora de Lejanía. Siempre ha existido y siempre existirá quien cultive el difícil arte de estar no sólo cerca de lo que debe quedar lejos sino lejos de lo que está próximo.

Yo, sin ir más lejos.

¿Cómo se explica, si no es por el dominio de esa técnica, que yo siguiera siendo de la OJE incluso a una edad en la que ya era consciente de la naturaleza política poco recomendable de esa organización, o que me planteara solicitar mi ingreso en el club comunista en el que se habían metido mis amigos sin darme de baja en el otro sitio?

Naturalmente, esta forma pasiva e invisible de distanciamiento no la captó nadie. Mis amigos no entendieron jamás mi pertenencia un tanto prolongada a la OJE. No les parecía que mi gusto por los locales recreativos bastara para justificar una permanencia tan indecorosa. Para ellos lo importante de una organización ideológica era la ideología; y no, que en sus locales hubiera con qué pasárselo bien. Yo tenía otra opinión. Y dio la casualidad de que en Guadalajara el fascismo tenía mejores futbolines que el comunismo. En chicas, en cambio, ganaba éste. Se entenderá, pues, que me atrajeran los dos.

Con la perspectiva que me da ahora el paso del tiempo, no descarto que mis amigos juzgaran las cosas del modo correcto. Pero entonces tengo todo el derecho del mundo a decir muy alto —¿se oye al fondo?— que también ayudé, con esa peculiar forma de estar sin estar, a la desaparición de la dictadura, aunque fuera en un grado ínfimo y sin enterarme. Lo cierto es que yo, sin saber de la misa la media, hice cosas ideadas por gente que buscaba con ellas la desaparición del franquismo.

Fueron dos mis contribuciones a la causa democrática: ir al cine y emborracharme.

Ninguna de las dos hubiera sido posible sin la ayuda de un mecenas. Esa labor correspondió a las juventudes comunistas, siempre dispuestas a encontrar los medios más peregrinos para aniquilar el régimen de Franco. En Guadalajara se ciñeron básicamente —dejo aparte las pintadas en los váteres de un par de cafeterías— a la fundación de un cine-club y a sucesivas campañas a favor de la reforma de las fiestas patronales.

Lo primero fue posible gracias a la hospitalidad del Colegio Salesiano, una institución cuya especialidad pedagógica era, por lo que nos contaban los que estudiaban allí, dar hostias a todos los alumnos que se pusieran a tiro. Aparte de eso, el colegio tenía una sala de cine.

Antes de nada quiero dejar muy claro que los directivos del cine-club al que me apunté —¿por qué iban a negarse si eran unos tipos excelentes?— ponían películas. Como en otros cine-clubs. Pero, como en los demás, el cine era una herramienta, y toda herramienta, como es bien sabido, sirve para algo, se usa con un fin. Aquel cine-club —en esto tampoco fue una excepción— tuvo como objetivo la propaganda comunista. La selección de películas ayudaba mucho. En el caso de que quedara alguna duda entre los compañeros espectadores sobre su significado, se despejaba en el fórum que seguía a la proyección.

Siendo la película tendenciosa ya de por sí, el debate posterior, si es que puede recibir ese nombre un intercambio de opiniones entre quienes tienen la misma, lo era más. Las intervenciones se inspiraban en una mezcla de marxismo pedestre y delirio psicodélico. Había exégetas capaces de ver en el Ebro un símbolo de la riada histórica que, lenta pero inexorablemente, nos conducía a una sociedad sin clases. Otros adivinaban, bajo el disfraz de un rebaño de churras acampadas dentro de una mansión, a un grupo de esquiroles que había acudido a ponerse a las órdenes de la burguesía.

Así, a base de las tronadas ideológicas que arrojaban desafiantes unos y recibían los demás sin rechistar, fue tomando cuerpo una doctrina puede que sin ninguna utilidad teórica pero muy peleona: lo suficiente para pensar que con ella se podía combatir a Franco. Que para eso estábamos allí.

Hoy los protagonistas de aquellos aquelarres hermenéuticos se desviven por dejar claro a quien quiera oírles, y más a quien no quiera, que ya se han curado de sus visiones. Ahora son ellos los que más se ríen de “aquellas patochadas”. ¿Pero qué otra cosa podían haber dicho —se excusan— si eran tan jóvenes y les quedaba tanto por aprender? Con esta justificación ponen en evidencia que no han aprendido nada, pues siguen sin entender que, si eran tan jóvenes y les quedaban tantas cosas por aprender, lo razonable hubiera sido, no que dijeran otra cosa, cosa que nadie les exigió, sino que no dijeran nada. Como hacían los demás.

No es éste el único problema de esos arrepentidos. Su nueva posición despierta la sospecha de que, si han necesitado años para alcanzar, sin saber bien cómo, la conciencia del escaso valor de lo que habían dicho antes, pasados unos años llegarán, sin saber tampoco de qué manera, a avergonzarse de lo que dicen ahora. Fue preciso que pasara el tiempo para que cambiaran de ideas, pero les bastó que pasara para cambiarlas. No es que las cambiaran con el paso del tiempo, fue el paso del tiempo el que se las cambió. Su inteligencia no se asienta en la cabeza sino en el reloj. Con él razonan. Un año es una objeción; una década, una refutación.

Pero no todo van a ser críticas por mi parte. En mi corazón también cabe la gratitud. A pesar de la modorra que me provocaban las letanías revolucionarias, nunca olvidaré las películas que puede ver en aquella sala, casi todas de una calidad memorable, y encima a muy buen precio, razón más que suficiente para querer dar mis más sinceras gracias a comunistas y salesianos.

Y, miel sobre hojuelas, además de haberlo pasado fenomenal, aún me queda el orgullo de haber aportado, como quien no quiere la cosa, con humildad, a lo tonto, por el simple hecho de estar allí, mi granito de arena a la democratización española. Lo único que me apena es que no dejasen comer palomitas, porque entonces ni te cuento lo que habría democratizado yo.

90 comentarios

  • Nunca fui a las fiestas del PCE, me parecía una cosa demasiado multitudinaria. Sí me gustaba ir al Marx Madera en la calle de la Madera, donde había buen ambiente.
    Estos sitios que narra Kant me despiertan nostalgia de lugares a los que nunca fui.

  • Lo que me sorprende es que en lugares tan diferentes como Baracaldo y Guadalajara hiciéramos exactamente lo mismo. Tengo atestiguada esa misma transición entre entre la OJE y las JCR en varios de mis amigos y conocidos de la época. Aunque la emergencia de decenas de partidos añadió mucha diversidad a las “juventudes”.

  • Es posible que, como mucha gente de mi generación, leyera antes el Manifiesto Comunista que cualquier libro de la Falange. De hecho, recuerdo que la primera vez que vi un libro de José Antonio fue gracias a que ayudé en la biblioteca de mi instituto, tal vez con 17 o 19 años. Vi el libro, me extraño, lo pedí prestado y ¡me lo regalaron!, no sin antes aconsejarme que luego lo tirara a la basura, como si fuera el Mein Kampf. La impresión que guardo es que el tipo no escribía mal.

  • Primo de Rivera escribía muy bien porque pensaba muy bien (fuera su ideología acertada o no acertada). Tenía un estilo claro y emocionante y en su correspondencia privada se revela un buen sentido del humor.

  • siempre existirá quien cultive el difícil arte de estar no sólo cerca de lo que debe quedar lejos sino lejos de lo que está próximo

    Cada vez me gusta más Gengis.

  • Me parece que en la generación de Gengis la Falange sería ya cosa del pasado, y que en Baracaldo y Guadalajara debían quedar los restos. Con la caída de Serrano Suñer se acabó el poder de la Falange y comenzó el poder del OPUS DEI. Un cambio en realidad muy grande aunque Franco permaneciera en el poder.
    (Así me lo cuenta un amiguete de 73 años)

  • Nunca me sentí atraído por los curas, la OJE, el cineforum o los comunistas en cualquiera de sus formas. Sí que caí en las garras de un director de teatro antifranquista que nos hizo ensayar una obra de Manuel Martinez Mediero (creo recordar) durante meses pero que nunca llegamos a estrenar, aun con las entradas vendidas, al faltar la autorización pertinente y gubernativa.
    Estábamos en 1972 y tal desengaño me dejó en los brazos de la música pop (Popular FM donde locuté) y el motociclismo deportivo (Bultaco Pursang MK7 250).
    Creo que fui afortunado.

  • Sobre los 15-16 anduve en las mismas que Gengis. Primero llamó a mi puerta -literal- el Opus, en la envoltura carnal de tres de los cinco hijos de una conocida de la familia. Mi madre, que siempre intentó inculcarme una exquisita educación, ante la insistencia de la invitación y mi inamovible y cerril negativa, acabó obligándome a ir por lo menos un día. Vas, ves y te disculpas para no volver, pero no quedas de maleducado. Por supuesto aquel piso oscuro y silencioso lleno de pupitres y altarcitos era un horror. Se estudiaba toda la tarde con parada intermedia para un café con leche y unas galletas y luego, arrodillados, un avemaría. Fui, vi y me disculpé.

    Poco después una novia me llevó, también insistiendo mucho, a un piso del club Don Bosco. Como los de Gengis, Salesianos. Estaba tomado por chavales algo mayores que se creían luchadores por la libertad, hablaban de cosas que no entendían y alababan libros que no habían leído. Era un piso amplio en el centro, con varias habitaciones en las que se jugaba al billar, vendían cerveza barata y había chavalas. Podía ser un paraíso y en realidad era un infierno de adolescentes midiéndose la chorra, algo normal, pero en lugar de la perfección futbolera, los caballos del coche de tu padre o simplemente la cosa sana de partirse la cara, aquello iba de ser más radical que el comunista más radical. Pol-Pot sabía lo que se hacía reclutando adolescentes pero creo que aún así habría flipado. Por mi cerril negativa a asistir más de un par de veces, teniendo aquellas maravillosas instalaciones a nuestra disposición, acabamos morreando en los portales.

  • Todos somos de Guadalajara, está claro.
    Ahora bien, a fuer de sincero, en Barakatown había salesianos, sí, y daban hostias, también, e incluso tenían cinematógrafo, pero solo echaban aquellas de Maciste o de indios y vaqueros.
    El cineclub de referencia era el de los Paúles, allí vimos Viridiana con los ojos como platos y esperando en vano que se desnudara la Deneuve o que llegara la policía a echarnos. Mucho más nos gustó La ley del silencio, con el pobre Brando recibiendo hostias también.
    Me pregunto ahora mismo mientras tecleo por qué darían aquella película, teóricamente infecta propaganda mccarthysta, no sé si aquí la censura pudo interpretarla como poco aconsejable, digo esto porque en principio aquel antro era progre, a ver qué remedio.

  • Sin tener todos los datos, no es posible leer todo lo que ustedes nos proponen aquí, y más teniendo que compatibilizar el ocio con el negocio, me ha llamado la atención, oyendo a Boadella por la radio, una variable en el tema de los titiriteros esos, que apunto a vuelapluma y extemporáneamente. Y es que en este caso, la ficción no es que no haya superado a la realidad, sino también es que la ha prefijado de antemano. El asunto ficcional, creación de pruebas falsas por el poder que, entre otras cosas, se trataba allí mediante un elemento intrínseco a la obra, una pancarta impostada, es lo que se reproduce en la realidad, es decir la realidad acaba representando la obra, ya que es dicho elemento el que acaba utilizándose espuriamente como prueba de imputación penal. El poder ha caído en la trampa que la ficción le había preparado, dándole la razón a ésta.
    P.D. Es el poder anti-poder de los cómicos que reivindicaba Boadella. Mi hijo era cómico y admirador de AB.

  • En los primeros 70, efectivamente, la Falange era un dinosaurio agonizante. Lo que no impedía que siguiera organizando la vida juvenil y dispusiera de gloriosos locales.

    En Baracaldo, los campamentos escolares los organizaba la OJE, aunque creo que ya había colonias de la Caja de Ahorros de Vizcaya, en Pedernales, si bien fuera del alcance de las masas proletarias. Mi gran sueño de entonces era sacar buenas notas para poder ir a una Universidad laboral, bien a Eibar o a Gijón.

    En Baracaldo, la gloriosa Biblioteca Infantil, situada —creo recordar— en el quinto piso de lo que después fue la Casa de la Cultura, tenía en los locales de los pisos inferiores a la OJE, la Falange, no recuerdo si a la agrupación carlista local y a la Guardia de Franco. Con todo, el edificio, cuyas escaleras recuerdo lleno de pintadas de boli en las paredes, me pareció siempre menos siniestro que los locales parroquiales en donde empecé a tratar con otras “juventudes”, los scouts de una iglesia —esta sí— directamente fascista y los dantzaris nacionalistas de otras iglesias, obsesionados con la ikurriña. A Deep Purple lo escuché por primera vez en el baile de la OJE, mientras en los locales parroquiales le daban más al flocklore local y a los cantautores.

    Sinceramente, a mí todas aquellas milongas me parecían casi idénticas. En mi casa la Guerra Civil era asunto tabú y yo lo único que veía era a nacionalistas de diversas especies con distintos cánticos. Los curas con los que traté, tanto en su versión carca como obrera, me resultaron siempre demasiado melifluos y resbaladizos. A mí, con 14 años, lo moderno me parecía leer comics de superhéroes y novelas de aventuras, jugar al baloncesto y robar libros y LP’s de conjuntos ingleses y americanos en Simago. Y ir al cine, claro, aunque al débito cinematográfico jamás falté.

  • Al cine de Salesianos, Schulz, fui en muy pocas ocasiones porque, ciertamente, tenía una programación más centrada en el público infantil. (Sí, fui visitante habitual de aquel bar-ambigú-club que tenían los Salesianos y pasé muchas horas jugando al ajedrez).

    El cineclub de los Paúles era el copón. No recuerdo el nombre de los tipos que lo llevaban (aunque uno de ellos acabó, y supongo que ahí sigue, como programador del Teatro Baracaldo). Tenía sesión los sábados a la tarde, los domingos a la mañana (infantil) y los domingos a la tarde. Incluso había sesiones dobles. Yo había fines de semana que me comía todas las películas. Siempre estaban jugando con la permisividad de los pobres padres Paúles, unos santos por lo que ahora veo, mucho más tolerantes que las autoridades municipales democráticas que llegaron luego.

    Recuerdo su gran crisis tras la programación de un ciclo de Cine y Erotismo, en donde pudimos ver ‘El imperio de los sentidos’ y alguna chorrada de soft porno americano. Se clausuró la programación y nació el cineclub Nosferatu, ya en los locales de la Casa de la Cultura.

    De este tengo una anácdota jugosa. No recuerdo qué película fue, pero el caso es que el rollo estaba mal ensamblado (o a alguien se le ocurrió una broma cojonuda) y la vimos en una secuencia tal que así: 1-3-2-4. Todos abandonamos la sala diciendo que había sido una película interesante aunque “rara” y no nos enteramos hasta la semana siguiente de lo que había pasado.

    De este magnífico cineclub y de parte de su gloriosa programación se da cuenta aquí.

  • Schulz, la proyección de “La ley del silencio” vino precedida de soflama, contextualización histórica y gran alabanza de la libertad de expresión, si bien se nos aclaró que Elia Kazan estaba considerado un cerdo traidor por colaborar en la caza de brujas. Yo creo que aquellos chicos eran demócratas radicales, aunque no lo supieran. Nos hicieron mucho bien.

  • Hay gente que cuando bebe en botella de plástico no deja escapar el aire del interior, la botella se contrae mientras ellos degluten, y al terminar hace un chasquido cuando recupera su forma. Otra gente bebe en botella de vidrio de la misma manera, empinándola y rechupeteándola. Si es de cerveza o cualquier otro líquido con gas, éste se sale de la botella armando un cisco. Ambas cosas me producen un gran malestar, transformado en melancolía gracias a mi natural bondad. No entiendo que cuando ejecuten estas desordenadas acciones, al parecer tan complicadas, no se oculten como lo hacen cuando estercan o copulan.

  • Coño, Perroantonio, me haces de llorar, joder.
    Jamás hubiera imaginado que se haya escrito sobre todo aquello. Yo creo que tanto Viridiana como La ley del silencio tuve que verlas en 1976 o 1977. No sé, yo iba allí como a las reuniones de la UJM, a ver si había tías (con el mismo éxito, por cierto). Lo que sí recuerdo es que llovía, como siempre, la película era en blanco y negro y la calle también.
    Lo de que fueras al ambigú de los salesianos a jugar al ajedrez es otra prueba irrefutable de que nos conocemos; está mal señalarlo, pero quedé subcampeón en un torneo, por esas mismas fechas. Me ganó un tal Furundarena, o Damborenea, no recuerdo, que me dio la mano y dijo que bueno, que no era malo del todo. Un tipo alto con unas gafas de culo de vaso, que llevaba alrededor una nutrida serie de acólitos que se ponían alrededor del tablero a comentar las jugadas de su ídolo, sin tener por supuesto ni puta idea, de suerte que si por ejemplo le comías un caballo (un movimiento antes de que te ventilara la dama) se producía uno de esos momentos en los que el tiempo se detiene (digo el tiempo como podría decir el universo, Einstein mediante), con todos aquellos pazguatos conteniendo la respiración.
    No sé si se advierte el rencor.

  • schultz dice:
    Viernes, 12/02/2016 a las 12:02
    Coño, Perroantonio, me haces de llorar, joder.

    PEDRO ANTONIO EXPULSIÓN.

  • La ley del silencio es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, gracias a que la vi en estado de total inocencia, con mi alma pura de 16 años.
    Yo no sabía entonces quién era McCarthy, ni mucho menos que lo que Kazan buscaba era redimirse de su pasado delator, mostrando a través del personaje de Brando que chivarse no era siempre inadmisible.
    Pienso ahora que si hubiera tenido esa carga de información previa cuando vi la película lo mismo no me hubiera gustado.
    Con lo guapa que estaba Eva Marie Saint.
    ¡Ay!

  • La realidad viene imitando a la ficción desde el descubrimiento de la escritura, Verle. La enseñanza y, concretamente, la imitación de los héroes en que consisten la épica o las religiones, ha nutrido la vida real de imitadores de las acciones de los personajes escritos o representados.

    En su versión chunga, no sólo los generales arengan a la tropa para que imiten a Napoleón, sino que los atracadores imitan a Bonnie & Clide y los bobos intentan volar como Supermán.

    Yo he sido testigo de un fenómeno curioso: políticos imitando discursos de Josiah Bartlet (Martin Sheen) en El ala oeste de la Casa Blanca.

    Dicen que ahora a los políticos maquiavélicos les ha dado por imitar las triquiñuelas de Borgen, la serie danesa que empecé a ver ayer.

  • Jajaaa, qué rara es la vida. Resulta que acabé siendo compañero del bueno de Dambo en FP, Schultz. Estudiamos juntos Electrónica Industrial en la Escuela de Maestría de Minas. Un tipo entrañable. De vez en cuando le hacíamos contar el chiste de la vela y nos meábamos de la risa.

  • ¿Seguro que no era Furundarena?
    Igual eran dos, qué asco de memoria, yo creo que aquél estudiaba en salesianos, un año mayor que yo (del 59).

  • No sé si es mejor explicarlo. El caso es que he puesto el youtube pero como no lo veía he escrito un comentario disculpándome por el comentario en blanco. Mientras escribía la disculpa he visto que sí salía el video, así que le he dado a editar para cancelar el segundo comentario, pero parece ser que lo que he cancelado ha sido la edición.
    Nunca mais.

  • Dos Dambos en el universo provocarían una gran perturbación en la Fuerza. De todos modos, aquel club de ajedrez estaba repleto de individuos con aspecto de tener, ejem, cierto retraso mental y alergia a la higiene personal.

  • Que el champán se bebe a morro lo enseñaba un sabio de Patos a todo aquel que quisiera saber y entender. Ello no es óbice para dejar que el aire entre y salga libremente según las reglas físicas y el buen gusto de Bremanger. A morro sí, pero con sentido, cabrones.

    Otrosí digo que la cerveza también se bebe a morro. Pero es que yo no soy del mismo Patos.

  • PONENCIA
    ¿Es la amistad asignalamática por esencia y naturaleza?
    Imparte: Satur. Mañana sábado a las 20:00 en mi casa.
    Precio: 250 €. Señoritas, gratis. Copas gratis hasta las 2:00. Aforo máximo: 4 señoritas.

  • “De todos modos, aquel club de ajedrez estaba repleto de individuos con aspecto de tener, ejem, cierto retraso mental y alergia a la higiene personal”.
    Hombre …

  • La ley del silencio era la prueba del nueve de los colegios de curas. En los Agustinos de Avilés nos la pusieron en sexto, eramos del 55, aunque yo fuera del 57.

    Fue un pase “para mayores”. También estaban los de COU, a los que debían considerar más retrasados. Gran película.

    Luego, en la sesión de los domingos, guardo un gran recuerdo de “infierno en el pacífico”, con Lee Marvin.

    Luego, en la universidad, en el Paladium, arte y ensayo, qué bazofias veíamos. No quiero recordar ninguna.

    Nunca pertenecí a la OJE, ni sabía que existía apenas, iba por libre a las conferencias de la biblioteca, Vicente Diaz, Chumi Chumez… a misa de 9 los sábados, que era un sindiós, ni entrabamos.

    En casa nunca contaron apenas detalles de la guerra, el hambre de la postguerra, la pierna amputada del tio Nicolás que se escapó con 16 años. Alguna vez hablaban de pasada de que el abuelo materno tuvo que escapar porque aunque tenía 9 hijos con veintitantos años le buscaban los comunistas. Que el abuelo había sido teniente carlista, pero ni sabía de qué guerra. No soltaban más. Todo en el escenario de los alrededores de Reinosa, que yo apenas conocía.

    Luego, estudiando en Burgos, y tras varias vicisitudes y coqueteos con grupos troskistas y anarquistas, formamos unos casi desconocidos la falange auténtica casi antes de conocer a los dirigentes nacionales. Sin casi, asistimos al congreso del hotel D. Quijote sin conocer a nadie. Madrid era una locura. Descubrí cantidad de conocidos de mi colegio y de la ciudad que militaban como yo. Lo descubrimos en un zulo clandestino cerca de la calle del Pez. A todos nos habian metido allí sin conocer que eramos casi todos de la misma ciudad. Así era todo. El pobre Gárate alucinaba.

    Dos o tres meses después asaltamos de noche la Casa Cordón, aun tenía allí el movimiento su sede y sabíamos que tenian ciclostiles, más conocidas como churreras. Nos llevamos todas y media biblioteca. En uno de ellos, “historia de falange” de Francisco Bravo, publicado en 1940, me encontré con el asesinato de dos primos de mi madre, los hermanos Hierro, en un pueblecito de Santander, a lo que ellas, mis tias, se referían escuetamente como “cuando mataron a los primos cuando nos llevaban a misa”. Pero nunca soltaron prenda de aquellos tiempos. Muchos años después de dejar yo la falange descubrí que el abuelo era falangista, que hizo toda la guerra con el abuelo, que con cincuenta y muchos años se habia sumado a aquél levantamiento. Siempre pensé en lo extraño de aquel comportamiento, pero con los años me doy cuenta de que nos comportamos parecido, los crios apenas saben nada de si sus padres militamos aquí o allá, si dimos mítines o mismamente se sorprendían cuando jugando los escolares descubrian que su madre habia sido entrenadora de la mayoria de las entrenadoras de los equipos contra los que jugaban y más cuando les decian que habia sido de las mejores.

    Ahora, que en ocasiones mi madre y mis tias, todas viudas, con mas de 82 años la más jóven, recuerdan algún detalle de aquellos tiempos terribles de la guerra me ponen los pelos de punta. Hace poco, se contaban una a las otras, ¿recordais cuando nos mandó mamá a Corconte, porque nos habian quemado la carniceria y la tienda y amenazaban con quemarnos a todas dentro de la panadería si no aparecía papá? Sí, sí, que subiamos por el monte con Sines y nos encontramos con aquellos pobres GCs agonizando enterrados hasta la cintura. Calla, si la mayoría ya estaban muertos, solo aquel que pedia agua y le dijimos que no llevabamos.

  • ¡ Que jóvenes son ustedes todos, qué envidia !
    El que me despista es Don Satur , que en el “Quienes somos” dice que nació en 1909… ¡ Con lo jovencísimo que parece, y no sólo por la foto sino por la manera de escribir !

  • Gracias el cine-club unos cuantos pasamos, sin solución de continuidad, de ver cosas como Fray Escoba y El Pequeño Ruiseñor al cine de Einsenstein. Lo curioso es que estuvimos a la altura desde el primer momento.

  • Sobre el asunto del callejero. Era tan simple como eliminar las que sólo o sobre todo estuvieran relacionadas con “hechos de armas”, o las medallas literarias obviamente relacionadas con el apoyo al golpe o a los golpistas. No creo que nadie sensato discuta que Yagüe o los “caídos” de la División Azul deben ser eliminados del callejero de Madrid. Sobre casi todo el resto, me produce vergüenza ajena la sobrerreacción. En los años treinta, era difícil no posicionarse hasta, llegada la guerra, el ridículo; a toro pasado es muy fácil mantener el temple. Estos días he leído de uno de los adalides de la “memoria hca.” que debería desaparecer la calle Manuel Machado, por ensalzador del nazismo. No por mal poeta, que no lo era. ¿Habría que recordarles que Antonio Machado – obviamente a galaxias de distancia del hermano, pero para donde voy vale – dedicó un patético poema a la sabandija de Enrique Líster? ¿Era tan complicado y humillante que la derecha reconociese sus errores y culpas, que dejase enterrar a los muertos de las cunetas? ¿Era tan complicado que la izquierda escogiese de entre los suyos a quienes pudiesen comprender esto? Se me ocurren varios nombres en este país lo suficientemente formados y sensatos como para haber cosido la boca a unos y otros. Seguir echando sal a la herida sólo demuestra que venimos/vienen todos del mismo tronco.

  • Leído hoy en un portal” Los pisos superiores favor de pulgar los radiadores”.
    Es lo que hace falta en el PP: una pulga.

  • Fue más salvaje y dura la posguerra. Según he escuchado a casi todos los que la vivieron.
    Mi tio paterno regresó con 17 años del frente del Ebro sin una pierna. Se casó al poco con su novia, tuvo la primera hija, y contaba mi tia Felipa, una bellísima mujer, que pasaron hambre de rabiar. Noches de no cenar, días de comer apenas algo apañado por el campo. Por suerte, él que tenía alguna instrucción se fue a Arija, donde estaba establecida Cristaleria Española entonces, y desde el departamento de personal se llevó a media sierra para allí a trabajar. Paradojas, su hija mayor se casó años después con un vasco que había sido el comandante de batallón más joven de la República y se había rendido en el famoso frente vasco.

    Mi bisabuelo Evaristo Hierro debía ser un personaje. Un carlistón echado para alante. Promovió y dirigió por la Unión Obrera la primera huelga de Cristalería en Arija, en 1916, junto con los de UGT, muy ligados a los socialistas de Bilbao de la rama de Perezagua, para mejorar las condiciones de trabajo, jornadas de más de 12 horas, malos tratos, etc., y días después en carta a “El Liberal” de Bilbao anuncia que la desconvoca, acusando de manejos ajenos a las reclamaciones laborales de los de UGT. Se reincorporan todos al trabajo. Debía estar en el ajo del levantamiento del 36 y se unió a las columnas tradicionalistas en el norte de Burgos. Al no ver llegar a su yerno, al día siguiente de noche se puso en camino para ir a buscarle, pues por vecinos que habian llegado sabía que no habia querido dejar de atender sus pequeños negocios ni a sus hijos pequeños. Su mujer falleció durante la guerra. No lo supo hasta el regreso, una vez acabada. Al parecer, se fue a ponerle flores al cementerio y al día siguiente salió andando hasta Zaragoza a dar gracias a la virgen del Pilar con los que como él habían sobrevivido. Hasta que murió le llevo flores cada día.
    Mi abuelo, el yerno, se unió a las columnas de la falange. En zona republicana quedaron su mujer y sus hijos, peleando con la vida, con la carniceria y la tienda quemadas, y colocando colchones en las ventanas de la panadería para no arder dentro de ella. Durante los primeros meses de contienda les levantaban a menudo creyendo que andaba escondido y volvía a casa de noche. Muchas noches se llevaban a mi abuela detenida, dejando a todos los hijos solos. Mi abuela repartía el pan por los pueblos con el hijo mayor. Luego le enviaron a esconderse en un pueblecito de montaña con unos familiares, pues se temian que fuera movilizado al cumplir los 16 años. Mi abuelo volvió y se empleó en Cristalería. Lo habian perdido todo, y después de trabajar se iba a coger cangrejos que llevaba la abuela a vender a Bilbao. Los más pequeños se los comían en tortilla. Mi madre cuenta que ella era la preferida para acompañarle. Se murió a los tres años de acabada la guerra. Mi madre siempre decía que de pena. Ese hermetismo de aquella generación. Un año antes de morir tuvo su ultimo hijo, que gracias a los esfuerzos de su madre hizo maestría en Avilés y después ingeniería industrial en la laboral de Gijón. Como no podía ser de otra manera, padre falangista, hijo socialista. Como anécdota, desvelado en esos cafés con mi madre y tias octagenarias pero con la memoria muy larga, descubro que el penúltimo hijo de mi abuelo se presentó en su casa con casi dos años, en brazos de su madre, una andaluza de algún lugar de Córdoba.
    Y la última, ésta de la posguerra y para bílbainos. Muerto el abuelo, la abuela, que era echada para adelante y había puesto a las hijas a trabajar de peluqueras en casa y por los pueblos de los alrededores, y visto que no llegaba para atender a tanta prole se fue hasta Bilbao. Había allí un establecimiento que vendía máquinas de tricotar, preguntó por el dueño y le expuso su caso: tenía mano de obra suficiente en su casa, trabajadoras, tenía mercado, pero no tenía un duro. Aquel señor le pidió sus datos y la dijo “vuelvase para casa, mañana le envío un camión con dos máquinas. Cada mes, lo que tenga disponible me lo envía, no se preocupe.”. Y así, toda la familia, cuando acababan en la peluquería, o tenian un rato libre, tricotaban hasta las tantas de la madrugada, gracias a un bilbaíno.

  • He entrado a ver una exposición en el museo del Banco de la Provincia. Durante cuatro plantas muy despejadas y abalconadas a un gran vestíbulo que significa el Vacío, las paredes y algunos objetos escogidos explican cómo surgió la banca en Argentina, qué es el dinero, cómo se fabrica. En el tercer piso está «La Prusianita», una máquina preciosa para imprimir billetes, este banco fue también casa de moneda. Y en el cuarto, los tres dibujitos de trazo delicado que componen la muestra de Julieta Barderi: niños sin piernas, brazos sueltos, el tercero no lo he entendido.

    Me he metido a verla solo por el título: «Tan lejos en el mundo que dar un paso sería acercarse».

    PORQUE ELLA TAMBIÉN LEE A GENGIS.

    Saludos afectuosos desde el Cono Sur-Quinto Cono.

  • “Hechos de armas”. Nos estamos volviendo locos.

    Que gente que parece sensata le ponga una calle a Dolores Ibarruri o a Largo Caballero y se la quiera quitar a Yague. Que se la ponga a las Brigadas Internacionales y se la quiera quitar a la División Azul.

    De poetas ya ni hablamos, sería de llorar.

  • Genial como siempre su entrada, Gengis. Además ha conseguido transportarme en el tiempo, cual onda gravitacional diferida, con parada en varios momentos de mi vida.
    De los Salesianos y su propensión a dar hostias ya se ha hablado aquí bastante, pero no tanto de su vertiente cinéfila. Por lo que cuentan varios contertulios, parece que en cada colegio Salesiano había un cine. Ciertamente era así en los Salesianos de Estrecho, y aunque es cierto que tenían preferencia por los “peplum” (de romanos, Moisés, Sansón, Maciste … y algunas versiones de La odisea o de Jasón y los Argonautas, cuyos efectos especiales eran un tanto primitivos), también echaban películas de indios y vaqueros y varias de Godzilla. Pero mi mejor recuerdo de aquéllas tardes son las películas de Fantomas y los personajes de Louis de Funes. Probablemente si las volviera a ver ahora no me harían tanta gracia y me cansaría el histrionismo del actor francés, pero entonces las disfrutaba como un enano. No recuerdo haberme reído tanto como con “La gran juerga”, una peli en la que Louis de Funes hace de un director de orquesta enredado accidentalmente con la Resistencia cuando trata de ayudar a unos pilotos de la RAF a escapar de los nazis. Tiene escenas memorables, algunas claramente precursoras de “El guateque” y el personaje que hace Peter Sellers. Pero otro motivo por el que el cine de los Salesianos fue importante en mi vida es porque me permitió aumentar mi prestigio, ya considerable por otros motivos, entre el alumnado y los curas.
    Uno de aquéllos veranos en el pueblo, Aurelio Morales, el hijo de la dueña del cine Montalvo, y el encargado de poner las películas, decidió que ya estaba bien de pasar las tardes en la cabina de proyección y nos ofreció a su primo Alfredo y a mí poner las películas. Nos enseñó a manejar las máquinas de arco voltaico (todo un arte), a montar las películas, pasando la cinta por las diversas ranuras de las máquinas, a cambiar las lentes según el tipo de proyección, a cortar y empalmar películas, a rebobinar las cintas, que venían en unas cajas metálicas circulares, y a hacer el cambio de una máquina a otra, y de un rollo de cinta a otro, sin que el espectador lo notara (no siempre salía bien y a veces se producían cortes notables en la continuidad de la proyección: gajes del oficio). Aurelio nos pagaba 200 pelas por sesión, más 50 pelas por cada anuncio de Movierecord que se pasara antes de la película (nos dijo que así estaba estipulado), lo que para aquéllos tiempos y nuestra edad de entones (14 años) era una pasta. A dos sesiones por día (película para todos los públicos por la tarde y para adultos por la noche), y con varios anuncios por sesión, para nosotros era una auténtica fortuna.
    Las peripecias de aquéllos dos años poniendo películas en el cina Montalvo (en verano varias sesiones a la semana y en invierno solo sábados y domingos) darían para escribir un libro. Vimos todo tipo de películas incluidas aquéllas “para mayores de 18 años” en las que por primera vez se veían tetas y desnudos. La Fundación Cultural programaba en verano un Cinefórum con películas de “arte y ensayo”. Recuerdo algunas como “La sangre del Cóndor” y varios latazos de Bergman. Durante las películas de miedo (como las del hombre-lobo, con el gran Paul Naschy) Alfredo y yo no queríamos quedarnos solos en la cabina y en vez de repartirnos las tareas, como era lo habitual, las hacíamos en paralelo, mirándonos de reojo y sobresaltándonos ante cualquier ruido inesperado. Durante una de las proyecciones de “Terremoto”, pusimos por error la tercera cinta antes que la segunda, con el resultado de que personajes que ya la habían palmado volvían a aparecer en pantalla un poco más tarde. El resultado final fue un poco confuso pero nadie pareció darse cuenta, al menos nadie protestó en voz alta.
    Volviendo a los Salesianos, algún tiempo después, estaban echando una de John Wayne cuando de repente las figuras en la pantalla se hicieron más alargadas y distorsionadas. Como pasaba el tiempo y la cosa no se arreglaba, el público empezó a silbar y a patear ruidosamente. Al cabo de un rato, me levanté y subí a la cabina de proyección, después de sortear a varios curas sorprendidos, asegurándoles que tenía la solución. Entré en la cabina y vi al operario completamente dormido y ajeno a lo que pasaba fuera. Había cambiado de cinta y de máquina, pero se había olvidado de bajar la lente de Cinemascope, ni siquiera había mirado a la pantalla, y estaba echando una cabezada hasta el siguiente rollo. Bajó la lente y la proyección siguió con normalidad.

  • Vaya ladrillo que me ha salido, casi daba para una entrada. La culpa es de Gengis, por provocar recuerdos. O en su defecto, del grupo Bourbaki.

    Por cierto, buenas tardes/noches desde Austin, donde hace una temperatura casi veraniega. Este domingo es la maratón de la ciudad, y la organización lleva días advirtiendo sobre posibles golpes de calor. Lleva mucho tiempo sin llover, pero curiosamente el nivel de ríos y lagos de Texas se mantiene, pues depende de las precipitaciones en otros estados más al norte.

  • Siguiendo con los recuerdos, lo del cine fue el inicio de una gran amistad.

    Aurelio sigue en el negocio del cine, lleva varias salas por la zona de Alicante y, en la sierra madrileña, tiene un convenio con el Ayuntamiento de Guadarrama para proyectar películas en la única sala de la localidad. Tiene siempre las películas más actuales y sigue siendo un artista de las máquinas. Todo un personaje, que se ha recorrido medio mundo participando en carreras de esquí de fondo sin recibir nunca una mísera subvención de la Federación, por amor al arte.

    Gracias a él, un equipo de amiguetes sin ninguna preparación específica, conseguimos una medalla de bronce en unos Campeonatos de España Universitarios (fondo, relevos, 10 km) en Baqueira. Nos convenció para ir para poder cobrar una subvención de la Federación Castellana, solo por participar, es decir que ni siquiera había que terminar la prueba, solo tomar la salida. Y es que alguno de los “participantes” no se había calzado unos esquís de fondo en la vida. Pero una vez allí, resulta que hubo una discusión entre los equipos regionales por el recorrido, con el resultado de que algunos se retiraron de la prueba. Aurelio nos dijo que solo quedábamos tres equipos y que teníamos medalla asegurada, pero que había que terminar la prueba. Llegado el momento, nuestro primer relevo (Esteban) aún estaba a mitad de camino cuando los otros equipos ya habían terminados todos el recorrido. Pedimos permiso al jurado para hacer juntos el recorrido los tres que quedábamos, para no alargar la cosa, y nos lo concedieron, con lo cuál hicimos los 10 km juntos y a un ritmo relajado, alcanzando a Esteban y entrando todos juntos en la meta (hay fotos que lo acreditan). Resultado, medalla de broce y subvención de más del doble de lo esperado. Y en mi caso, la única medalla de Campeonatos Universitarios que hubo en Industriales en mucho tiempo. Como el equipo de esquí de fondo de la Federación Castellana eran dos (Aurelio y Julián), la subvención fue bien repartida en copas y cenas (dio para unas cuántas) entre los cuatro.

    Aurelio también fue el alma y el impulsor de la formación política AMICE, con la que un grupo (esta vez más grande) de amigos nos presentamos a las elecciones municipales y sacamos un concejal. Las reuniones, los mítines, los carteles … nos unieron bastante y la mayoría conservamos una buena amistad desde entonces. Fue una buena experiencia, que nos enseñó lo mejor y lo peor de la política (la cosa no acabó bien). Pero esa es otra historia, que quizás cuente en otro momento. Ya tengo un título para la posible entrada: El disputado voto del señor Uceda (que fue decisivo para elegir al alcalde).

  • Un proyecto extraordinario que he encontrado en Can Arcadi.

    Aracne. El proyecto Aracne es un estudio sobre la variación de la riqueza lingüística en la prensa española desde 1914 hasta 2014 financiado por BBVA.

  • ESA MANO
    —¡Hola, corrupto indecente! ¡Choca esos cinco!
    —Que te folle un pez (espada). Te va a hacer la fotito de portada tu santísima madre.

    Mientras tanto, en el Parvulario.
    —¡Oh, niños, no mireis, no se han dado la manita!
    —Nunca hagais nada igual. Es indecente.
    —¡Oh! ¿A dónde vamos a llegar con tan mala educación!

  • «Tras meses de recopilación de datos y análisis lingüísticos y siempre con la prudencia de que todo estudio está sujeto a revisión en su aproximación, métodos y conclusiones, si nos atenemos a los resultados que ofrece el proyecto Aracne, podemos concluir que la riqueza lingüística en términos generales no parece haber sufrido grandes variaciones en el último siglo. A pesar de la creencia generalizada de que la lengua (y en concreto la de los medios de comunicación) está empobreciéndose, los datos parecen indicar que las variables que se consideran indicadores de la riqueza lingüística son más estables de lo que se suele suponer.»

  • Por cierto: comentar aquí y no decir que la entrada de Gengis es magnífica sería un pecado digno de la picota, cuando menos.

  • Conmemoramos ayer “el espíritu del 12 de febrero”, discurso aperturista del Presidente Arias.
    Aun hay quien dice que estamos peor que antes. Me gustaría saber en qué.

  • Lo reitero: en barna no se recuerdan fiestas populares que se acerquen siquiera a las que organizaban los comunistas del PSUC a finales de los 70. Bandas de primera fila –Ramones, Mike Oldfield, Eric Burdon, Lone Star, Dr. Feelgood, Peter Tosh y un largo etcétera– a precios más que simbólicos. Y sin tenerte que tragar peñazos políticos, además. Sólo por eso siempre me han resultado simpáticos aquellos chicos.

  • Buenos días a todos.
    por supuesto, decir que me han encantado la entrada de D. Gengis Kant, la fabulosa imagen de portada, los recuerdos de D. Kenzo, de D. Zeppi

    Pero me ha chirriado mucho esto :
    No creo que nadie sensato discuta que Yagüe o los “caídos” de la División Azul deben ser eliminados del callejero de Madrid. Que decía ayer Dª Pirata Jenny.
    Y como veo que nadie ha dicho nada al respecto, pues, a pesar de ser vieja , (un pecado horrible hoy día, según Felix de Azúa ), recién llegada, y sin ningún currículo ni ninguna credencial que me avale, lo digo yo.

    Del General Yagüe no sé gran cosa, pero de la División Azul, sé bastante, que mi padre estuvo en ella, en la primera hornada de voluntarios, en Leningrado, y atesoro las fotos de su álbum, ( volvió con la salud rota, al terminar su voluntariado, en el primer regreso a España ), y libros y libros sobre el tema. Que él ya no me puede contar nada, que se murió cuando yo acababa de cumplir 12 años .

    Y que está bien que exista esa calle a los caídos de la División Azul, y antes de pensar en quitarla, habría que estudiar a fondo quienes fueron esos caídos. Y en ese caso, quizás no sólo no quitaran la placa, sino que pusieran una placa a todos ellos aunque hubieran vuelto. Y que yo estoy orgullosa de dos cosas en la historia de mi familia ,
    – una es de la Cruz de Hierro que le fue concedida a mi padre en Leningrado, y la otra,
    – que los anarquistas le pusieran al abuelo de mi madre, a pesar de que iba de Señor, y de que no se quitaba la chistera ni para dormir, vigilancia para protegerle en el Madrid del 36 y del 37, de los que habían ido a su casa para darle “un paseo “. Él y su mujer se murieron en el 37, de catarro, en realidad , de hambre, pero a sus hijas, les mantuvieron la protección y la vigilancia. Siempre tenían a uno de esos gigantones de la FAI, además de un cartel lleno de sellos y firmas dando fe de su protección.

    Bueno, les dejo. No les molesto más, al menos de momento
    Ya siento

  • Antes que preocuparse por las calles y las honras al conjunto, cabría presionar a las autoridades competentes para que hicieran una base de datos pública con los nombres de los divisionarios. Hoy en día es casi imposible seguirle el rastro a ninguno de ellos.

  • Morir de hambre. No somos capaces de concebir aquello. El hambre. He visto a gente llorar recordándolo.
    He visto a gente llorando recordando a sus padres muertos a las puertas de Leningrado.
    Siempre mueren los mejores en las empresas más descabelladas. Aquellos héroes.
    Es así.

  • Se ha perdido en el ciberespacio un comentario hecho hace 15 minutos.
    Bueno, en él decía que el relato de Gengis es, cómo siempre, magnífico. Y apuntaba que frecuenté el mismo cine-club al tiempo que él teniendo amigos comunes en aquella época de la que – a pesar de nuestra insoportable juventud – sólo han pasado un pequeño número de años.

  • De las fiestas del Psuc recuerdo a Barón Rojo, y gratis. Bueno, a los barones los recuerdo siempre, y han sido más de veinte veces.

  • Hoy hace 44 años de esto. Dirán lo que sea, pero fue una proeza. Para un chaval de 22 años, estar en la primera serie mundial era ya una hazaña. Gustavo Thoeni es considerado por la institución canadiense que compara deportistas considerando las circunstancias de cada época, como el segundo mejor esquiador de todos los tiempos, solo detrás de Marc Girardelli. Más detalles, aquí.

  • Bien lo de Gomá, aunque alargado. Me quedo con la definición de la risa de Francis Hutcheson: la risa es la respuesta placentera a la percepción en la realidad de una in­congruencia (ese tropiezo y aparatosa caída en la calle que provoca la carcajada de los viandantes).

    Es en la percepción consciente y vigilante de las incongruencias del mundo en donde surge la actitud humorística. No es que el mundo esté mal hecho, lo que está es mal contado. Es en los bordes, en la zona de fricción de los grandes relatos y explicaciones de lo que hay (las ideologías, las religiones, las culturas, los movimientos, las modas), en donde se encuentra el terreno fértil para el humorismo. En las zonas centrales sólo se puede hacer sátira y parodia, en los bordes se puede mirar torcido y hacer que salten chispas.

  • Bondage kit has been my choice, Bonnie. By the way, are you also belonging to Falange?In the past, I mean.

  • Durante una representación de El lago de los cisnes interpretada por el Royal Ballet en Londres aprendí bochornosamente que el impulso de reírse de la gente sana que se cae no es universal […]

    Una bailarina se deslizó de puntillas hacia un costado del escenario tal como estaba previsto, pero luego se oyó un ruido entre bastidores como si hubiera metido el pie en un balde y se hubiera caído por una escalerilla de hierro con el pie aún atrapado.
    Solté una carcajada.
    Fui el único que se rió.

    Un episodio similar sucedió durante una actuación de la Orquesta Sinfónica de Indianápolis cuando yo era niño, pero en este caso yo no participé y no hubo carcajadas. Tocaban una pieza cada vez más estruendosa que debía cesar de golpe.
    En mi fila había una mujer, a unas diez butacas de distancia. Estaba hablando con una amiga durante el crescendo y ella también elevaba la voz. La música paró de golpe.
    –¡Yo frío las mías con manteca! –gritó la mujer.

    (Kurt Vonnegut, Timequake)

  • ‘Murrica va regulero, no hay más que ver el “marriage counseling” de Oklahoma, pero saldrán adelante como siempre. Uno pensaría que si el matrimonio va mal se obvia el San Valentín. Esa gente, práctica y positiva, se regala la posibilidad de una solución. Romántico no es, pero.

  • LÁCRIMAS EN LA PLUVIA
    Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar a los enemigos con soflamas más allá de septentrión. He visto Popes Cristianos reconciliarse, tras mil años de desencuentro, bajo la lloriqueante mirada de un Dictador Comunista. Todos esos momentos los evacuará el tiempo como al papel higiénico el inodoro. Es hora de reír.

  • Hoy Mariano se ha deshecho del penúltimo submarino del partido. Nadie parece valorar la limpieza étnica que ha hecho.
    Cuando llegas al poder, aunque sea una vulgar dirección en una empresa, necesitas años para deshacerte de las garrapatas. Los que nunca han tocado pelo no pueden entender de lo que hablo.

  • Ando este último mes releyendo las obras completas de Oscar Wilde, cosa que, exceptuando la poesía, suelo hacer cíclicamente, sobre todo en épocas optimistas y bonancibles. Estaba ahora mismo riéndome con un breve artículo, publicado en el English Illustrated Magazine, que se titula Los modelos de Londres y en el que trata, como cabe suponer, de los modelos de pintura de su época. El texto, sin ser ni de lejos de los mejores, resulta muy divertido, y como muestra baste este breve apunte inicial. Cualquiera que haya tratado en alguna ocasión con actores comprenderá cuánta razón lleva Wilde en su juicio:

    “Marchan [los modelos] alegremente, con la cabeza baja, a través de todos los siglos y con todas las indumentarias, y, como los actores, no resultan interesantes más que cuando no son ellos mismos”.

    Las descripciones son hilarantes, desde aquel veterano que cuando el artista le pidió que se arrodillase en actitud de orar preguntó si debía ponerse bíblico o shakespeariano hasta la chica que entre sus cualidades profesionales destacaba que servía “de modelo hasta para el paisaje” si era necesario.

    A las modelos las trata de filisteas desde el punto de vista intelectual pero muy sensibles a las buenas maneras y la generosidad, aserto que ilustra por medio de una genial anécdota: “Una modelo de gran belleza, que había posado durante dos años para uno de nuestros más notables pintores, estaba chiflada por un vendedor ambulante de helados. El día en que se casó, el pintor le envió un bonito regalo de boda, y recibió como respuesta una hermosa carta de gracias con esta notable posdata: “No compre usted nunca helados verdes”.

  • rio dice: Domingo, 14/02/2016 a las 16:21

    Quién es el poeta bilbaino Josean Blanco? que dicen in fine aquì

    ¡Bien merecido pasar a la historia por esos versos inmortales! Gracias, maestro.

  • El Patriarca Kirill I de Moscú —es decir, Cirilo I— acostumbra a llevar sobre su sacra testa una tiara ilustrada con tres cabezas orladas con alas. Para quienes lo desconozcan, les informo que se trata de sendos serafines, las criaturas de posición más alta en el escalafón angélico o, más exactamente, parte y esencia del mismo Dios, dedicadas a cantar constantemente «Santo, Santo, Santo es el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su Gloria».

    Es decir, que lo que porta Cirilo I son, mismamente, unos mágicos cascos trifónicos que rodean simbólicamente el trono de Dios situado en su cabeza, en donde deberían sonar continuamente las constantes alabanzas.

  • Un crack el Guti, que vive en Vitoria y al que conozco hace 30 años. Cuando leí el artículo al que hace referencia pensé en contestar aunque luego recordé que estoy estigmatizado por estar en el sector.

  • viejecita dice:

    Sábado, 13/02/2016 a las 13:08

    Disculpe la tardanza, llego ahora. Mire, todos queremos mucho a nuestros abuelos y a nuestros papás y a nuestros niños. Pero se trata precisamente de desentimentalizar la cosa. El mío (el mío abuelo), fíjese, era alférez provisional, no fue a Rusia porque mi abuela le cantó las cuarenta y no era nazi. Era un tipo risueño, garboso, muchachero, perrero, cantarín y sentimental; no se me ocurre mejor abuelo. Pero yo no hablo de la calle de mi abuelo. La División Azul hizo de coche escoba de los nazis en el este (aunque, en su descargo, todos los testimonios apuntan a que nunca con mucho entusiasmo). La carnicería que dejaron a su paso los nazis en su marcha hacia el Este no tiene parangón en la historia europea contemporánea, y la División Azul puso su granito de arena en ella. No cientos ni miles ni cienmiles de muertos: millones de muertos. Respecto a Yagüe, me iba a explayar; pero en fin, si le interesa, lea.

  • Pues, Ya siento, Dª Pirata Jenny
    Ya decía que sobre Yagüe no sabía gran cosa, aparte de lo que dicen los historiadores que leíamos en mi juventud, sobre nuestra “guerra Incivil”, como Raymond Carr, Hugh Thomas, etc, ( nos los traían, con títulos disimulados, como “Santo Tomás”, etc, a las librerías amigas, que se jugaban un expediente si les pescaban, o los comprábamos en Francia ).

    Y, mis razones para estudiar a la División Azul, serán sentimentales y personales, ( no estoy dotada para el pensamiento abstracto ), pero, estudiar, la he estudiado. A fondo.
    Le recomiendo que antes de quererle quitar placas, y honores, y pretender borrarla del recuerdo La estudie usted
    Muchas gracias y , de nuevo
    Ya siento