Apostolado bibliográfico. Cuadernos de La Romana, de Gonzalo Torrente Ballester

GTB
por Ricardo López Bella.

Estos cuadernos, que en realidad no lo son, pues se desconoce constancia material de su existencia; por tanto, este libro, surge tras encargo de Pablo Corbalán, responsable del diario Informaciones y amigo del autor. La idea primigenia es una colaboración semanal de “tema libre”, denominación terrorífica para mis coetáneos y condiscípulos buperos a la hora de cumplir el mandato de pergeñar una redacción, emitido por el docente titular de turno en la asignatura de lengua española.

Supongo que no se lo pediría de tal manera, pero sí que sería sabedor de que su amigo llevaba un registro, en el formato que fuera, de los hechos, opiniones e inquietudes de su peripecia vital.

Puede ser leído como unas memorias en vivo y en directo gracias a la inmediatez de su producción y publicación y recuerda, bajo mi más respetuosa, tímida y aún vergonzosa opinión a El quadern gris de Josep Pla i Casadevall por el nivel de conocimiento y la distancia que guarda con respecto a todos los temas y personas tratados.

También, como ocurre con el catalán, se puede extraer de este libro material para componer antologías temáticas, actividad de troceado y compactado a la que son aficionadas algunas editoriales patrias.

Después de leer la trilogía Los gozos y las sombras, Off Side, Yo no soy yo, evidentemente, Don Juan, Crónica del rey pasmado y los cuadernos, poco por mi parte para lo que produjo el gallego, creo que debió de ser un genio, sin ambición alguna de premio, más allá de la satisfacción de la cuartilla bien escrita, encantado de conocerse, aunque no en la acepción soberbia y egotista de la expresión, si no de acuerdo con lo que vivió, aprendió y creó. Quizás su mayor recompensa profesional fuese abrir la mollera al universo literario de algunos de sus alumnos a cargo en su largo y variado recorrido como enseñante, que va desde una academia privada esclavista a universidades estadounidenses. Quizás en lo personal fue el sillón E de la RAE, reconocimiento de su fidelidad a las amistades de toda la vida…lo de su contribución a la limpieza, fijeza y esplendor va con sus escritos.

Si se acepta la denominación de diario que finalmente se le adjudica al libro, incumple el beneficioso y tonificante mandato para cuerpo y alma que se marcó el clásico latino, de lacial, nada que ver con los amerindiosmigrantes, vayamos a caer en lo políticamente incorrecto, aunque sí lo hagamos en lo etimológicamente pervertido: nulle die sine linia. GTB escribe cuando puede o le da la gana.

La continuidad viene dada por sus comentarios a la actividad docente en un instituto de enseñanza media como catedrático de lengua y literatura, no muy esperanzado en obtener fruto de su labor. También por sus viajes como turista y conferenciante, además de unos cuantos temas recurrentes, algunos de enervante y profética actualidad, como el urbanismo desaforado, desordenado y depredador: “¿Quién ha hecho a Madrid más grande de lo que debía, quién la ha llenado de coches quién hizo irrespirable su antes limpio aire? En una palabra, ¿quién la ha destruido?” (19 de noviembre); la arquitectura moderna de negligente feísmo: “Difícilmente se encontrará en el mundo nada más horroroso que el Ayuntamiento de mi pueblo. Le llamo “la apoteosis de los pirulitos” (15 de diciembre); la lingüística y una preocupación consecuente: la contaminación del idioma por estulticia, neologismos y barbarismos. Expresa con razón que hay sintagmas, así le gusta llamar a las palabras, entonces, ahora y siempre, para que el hispanohablante no caiga en el paletismo vocabulario. Un ejemplo: propone ‘cotarro’ en lugar de establishment (magistral entrada del 14 de abril). Avisa de la perversión y manipulación del lenguaje que hacen los políticos, nos suena ¿verdad?, aún España bajo la dictadura fascista, desechando expresiones como “democracia orgánica” o “aperturismo” (3 de julio). La crisis del petróleo, estamos en el año 1973, le hace vislumbrar, piensa uno si no desafortunadamente equivocado, el fin de la civilización actual, lo cual no implica el de la especie humana. Es la nube negra de fondo en una obra que además nos muestra rasgos de su personalidad, los más significativos reflejados en los comentarios a noticias publicadas en los periódicos, los recuerdos familiares, infantiles, amistosos, las respuestas a algunas cuestiones planteadas por algunos lectores o surgidas en sus conversaciones con amigos sobre temas tan dispares como la demonología, la teología, la filosofía…Gasta un humor de lo más saludable que le lleva a encajar adjetivos coloquiales en disertaciones de altos vuelos:”La moderna ciencia de la literatura ha levantado, entre otros, un impepinable y majestuoso arco…”(27 de marzo) o mostrar su regocijo por poder usar sin cargo de conciencia alguno el término ‘cachondeo’.

La soberbia no está entre sus virtudes, pues no oculta si no que airea los nombres de los escritores y pensadores que influyeron en él: “Necesito, pues, repetir la nómina de aquellos novelistas de los que me siento y considero descendiente, y de aquellos escritores que me han ayudado a elaborar mi estética: esa doble lista a cuyas cabeceras figuran Cervantes y Edgar Poe, y que siguen por los novelistas anglosajones la una, por Baudelaire, Mallarmé y Ortega y Gasset la otra”.

No escurre el bulto a la polémica, como la que genera Carmen Llorca, primera mujer que preside el Ateneo de Madrid, al declarar no creer en las “literaturas regionales” (27 de abril).

Su día constaba de más de veinticuatro horas, dedicadas a dar clases, escuchar música, dictar al magnetófono todo lo que ha de dar a la imprenta, hacer vida social, coleccionar   teteras, sestear…

Sus lecturas son innumerables: Proust, Cortázar, Bataille, Cela, Martín Gaite… abarcan todos los géneros y todos los formatos… libros, diarios, revistas, boletines especializados…

A mi desordenada cabeza acude un comentario fantasmagórico de Fernando Sánchez Dragó, en el que expresa su deseo de llegar al estado de impotencia sexual para poder dedicar más tiempo a la lectura. Yo, humildemente, expreso mi deseo de la disminución de la necesidad de dormir, estoy en la senda de la consecución, pues paso en vigilia las madrugadas de los días impares, sin menoscabo de mi capacidad intelectual y regeneración neuronal que dicen acarrea tal carencia, para lo mismo: leer y con el añadido de lo de GTB (sin sus cataratas) en lo carnal, siempre que no acarreara la concepción de once hijos, pues tal resultado implica mucha práctica. También en lo idiomático quisiera para mí sus capacidades, pues entre las lenguas habladas, escritas, leídas o entendidas se cuentan no sólo el gallego y el español, lo son además el alemán, el francés, el italiano, el inglés y el latín…

Su insaciable curiosidad le lleva a adquirir un saber universalista y una erudición, que expone con un estilo sencillo, ameno y divertido: “…’en base a’… no sé qué quiere decir: quizá equivalga al antiguo y hoy desusado ‘a base de’ que tampoco es allá de una expresividad cautivadora, y que aprendí de un gitano vendedor de plumas robadas” (21 de marzo)   Obra de igual forma cuando se aplica a la crítica por serio o grave que sea el asunto.

Su sinceridad no está reñida con la reserva propia de una persona heredera de los modos y educación decimonónica y que transitó por un mundo y un siglo partidos traumáticamente antes de llegar a su mitad y que supo adentrarse en la modernidad postbélica gracias a su inteligencia, tesón y la antedicha curiosidad.

Se confiesa liberal y romántico, apoya la revolución portuguesa y sólo le falta la declaración de demócrata, aunque no de toda la vida, pues como su amigo Dionisio Ridruejo, fue “camisa azul” desde el inicio de la guerra civil, y sus respectivas decepciones evolucionaron hasta situarles frente a la dictadura y con consecuencias trashumantes: exilio voluntario de ambos en Estados Unidos en distintos años más destierro y cárcel para el soriano.

Luego, ya en tiempos de meridiana claridad democrática, fue vapuleado, poca cosa a esas fechas y tras aquellos trotes, por los muy honorables nacionalistas catalanes, reclamantes de los “Papeles de Salamanca”, que arrancaron a cuchillo de su contexto unas declaraciones al respecto de dicha documentación. En ocasiones no hay nada como recibir por todos lados para dejar probada la honradez de pensamiento y obra.

El placer de la lectura de este libro se mantiene hasta sus últimas páginas e incluso se aprecia en una errata encontrada en la entrada del día 21 de septiembre, penúltima, donde cita a Gerardo Diego como autor de Manuel de espumas, título tan poético como el verdadero.

El ejercicio de honradez por mi parte se obró en la forma de apropiación de la edición que manejo, que como es tradicional y común en este país, carece de índice onomástico: compra por un euro en un puesto del Mercat dels Encants. No opté por aplicar el principio de propiedad que GTB atribuye a los ladrones para calificarles de conservadores. SALUD Y LECTURA.

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