El anarquista enamorado. 14, En el puto paro

por Claudio Sífilis.

Inglis

Miguel se quedó en paro, le despidieron del colegio por su conducta, le dieron las gracias y le dijeron que no encajaba como modelo para los alumnos del colegio. Seguramente los demás profesores eran mejores personas. Ya metido en la rutina de parado, aquél día salió a la calle por la mañana y se sentó en un banco del parque a leer algunos capítulos de “Caballos desbocados”, la novela de Yukio Mishima. En la página 44 leyó: “El joven había permanecido sentado y muy erguido, casi inmóvil, durante el tiempo que duraron los discursos. Su aspecto inerte hacía que Honda no pudiera discernir si en realidad prestaba atención a lo que decían los oradores. Sus ojos brillaban al mirar rectamente ante sí. Era la férrea imagen de la impenetrabilidad”.

Miguel marcó el libro en esta página y mirando a la gente paseando recordó “La corrupción de un Ángel”, otra novela de Mishima. Sin reparar en razones, el Druida asimila el libro de Mishima a la corrupción propia, a la perversión moral que experimentó vendiendo cursos de inglés a distancia, hace muchos años. Miguel cree que nacemos puros y el primer pecado lo cometemos después.

En uno de los bancos cercanos una joven de pelo quemado rubio, en camiseta, falda vaquera y botas sucias, empezó a gritar a otros vagabundos. Estaban todos bebiendo unas latas de cerveza grandes. Les gritó, recordando que días antes la insultaban. No paraba, en realidad se insultaba a sí misma, gritaba que era tonta, retrasada, escoria sin derecho a la vida, a nadie le importaba. El tabaco que fumaban y la cerveza lo aportaba ella, tal vez por eso los demás no decían nada. Tras veinte minutos oyendo el monologo de la muchacha, el Druida tomó la determinación de que era suficiente y comenzó un paseo.

Sumergido en palabras inalcanzables fantaseó sobre su pasado. En el año 2001, el proceso de selección para aquel puesto de trabajo fue en un hotel de la cadena NH. Prácticamente lo único que se exigía era disponer de coche. Se sentó en una pequeña mesa con un hombre de unos treinta y cinco años que vestía un traje que por fuerza debía estar hecho a la medida de una barriga perfectamente ovalada. Amplia sonrisa y currículum encima de la mesa:

– ¿Por qué quieres trabajar de comercial?
– Quiero ganar dinero.

La conversación fue más larga, pero todo lo que el Druida recuerda es que aquél señor decía que para vender cursos de inglés no hacía falta saber inglés. El primer mes de trabajo tenía una paga garantizada de 300 euros e iban a recibir un curso de ventas, a partir del segundo mes sólo ganarían las comisiones. La incorporación al trabajo fue un viernes, en un chalet muy bonito en la zona de Herrera Oria. Allí aparecieron casi treinta comerciales. Miguel era el único novato en la profesión. Se unió a un grupo de seis. Uno tenía título universitario, pero siempre había trabajado de comercial, no le interesaba otra cosa. Era fuerte, de rasgos faciales muy duros, de estas personas a las que cuesta mucho llevarles la contraria. Se había quedado sin trabajo porque el sector de los seguros de vida se había venido abajo. Eso decía. Otros dos también venían del sector de los seguros.

Había otro compañero muy simpático y amigable, de voz muy suave, hablaba del Canadá, allí había pasado cinco años, pero se había vuelto a España con su mujer y sus dos hijos canadienses-españoles.
– ¿Tuviste algún problema en Canadá? ¿Te quedaste sin trabajo?
– No, es que como en España no se vive en ningún sitio.

Contaba que en Vancouver en invierno los abetos de 40 metros de alto quedan enterrados debajo de la nieve y que la gente esquía por encima. Hablaba mucho. También había trabajado en México, donde había visto secuestrar un niño a la salida del supermercado y cobrar el rescate en el momento. Otra vez se llevaron el niño. También había un italiano y un argentino. Al italiano no se le entendía un carajo.

La primera jornada fue una larga presentación de qué era El Método Natural y de lo que representaba como patente en el mundo de la enseñanza de idiomas. Un señor español de rasgos nórdicos, pelo canoso peinado a lo Ronald Reagan, explicó el método. Resulta que en el colegio y en todas las academias usaban un método de enseñanza equivocado, porque empezaban por enseñar la gramática del idioma. ¡Vaya manera más aburrida de aprender! El saber gramática no sirve para hablar cuando viajas a Londres y te ves allí sólo. En todos los sitios enseñaban el inglés de una manera antinatural. Un bebé cuando dice sus primeras palabras lo hace repitiendo lo que oye y repite “ma, ma, ma, ma”. Aprende a decir “hola” escuchando y repitiendo, luego aprende a hablar perfectamente. Esta explicación duró toda la mañana. Hubo gente que se levantaba, pedía disculpas, desaparecía por la puerta de entrada y ya no volvían.

Por la tarde se explicó el producto a vender, que físicamente era un maletín en el que había cinco carpetas de plástico que a su vez contenían unos libros y unos CD. En los CD estaban grabadas las lecciones, que consistían en frases para escuchar y repetir. También había un DVD o videocasete (a elegir) con episodios de televisión, cuyo ejercicio era doblar a uno de los personajes leyendo los subtítulos. El equipo de estudio se completaba con cintas casete en las que debías grabar tu voz y enviarla por correo a un profesor, tu profesor a distancia. De este profesor podías disponer para consultar dudas dos días por semana por teléfono.

A última hora explicó que el curso se podía pagar a plazos de 35 euros, ¿qué son 35 euros al mes por aprender inglés? Con esto terminaba el primer día en el trabajo. Los trabajadores tenían muchas preguntas que el señor esquivó como pudo, para finalmente decir que se irían resolviendo a lo largo de la primera semana de curso, por ese día ya estaba bien.

En los descansos de los próximos días los compañeros de Miguel hablaron de lo que realmente les interesaba, algo que se les estaba contanto con cuenta gotas. El producto a vender era un maletín con CDs que valía 2.000 euros y que el comercial cobraba 200 por cada venta, y que la venta se hacía de casa en casa entre posibles clientes que habían respondido positivamente a un proceso de prospección telefónica, se habían interesado por el producto y con los que se había concertado una cita. Al menos el tipo de venta no era “puerta fría”. Lo malo era que cada cita era en un sitio distinto de Madrid, había que recorrer muchos kilómetros cada día, en coche propio y pagando la gasolina. Hicieron cuentas, y para que el trabajo mereciera la pena había que vender mínimo 10 cursos al mes, para ganar 2.000 al mes. Si te ibas de vacaciones, no ingresabas nada.

Se dedicó un día completo a ver cómo tenían que rellenar con cada cliente el papel de compra de un curso a distancia. Los comerciales estaban más pendientes de su contrato de trabajo, siempre preguntando cuándo se lo iban a dar. La empresa tardó tres semanas en dárselo, lo firmaron y siguiendo la recomendación del simpático, rellenaron el apartado de la fecha, que les habían dicho que no rellenaran y dejaran en blanco. Pusieron la fecha del día que empezó el curso. Unos días después les comentaron que habían hecho mal y tuvieron que firmar un contrato nuevo sin fecha. La fecha final fue de un mes después de que comenzara el curso.

Todos estaban deseando que se acabara el curso y empezar a vender. Los profesores argumentaban que el curso era muy importante, porque siguiendo la técnica de venta correcta, se vendía mucho más, la técnica se aprendió y se ensayó por grupos. En una primera fase de la venta se debe explicar el método natural. Durante esta explicación, el posible comprador preguntará el precio del curso, cosa que no se puede decir. En cambio, el comercial debe aprovechar esta charla para averiguar si en la mesa está el D.A.N. Porque si no se está sentado con el D.A.N. no es posible realizar la venta.

D de dinero. ¿Está en la mesa la persona que tiene el dinero para pagar?
A de autoridad. ¿Está en la mesa la persona que tiene la decisión?
N de necesidad. ¿Está en la mesa la persona que tiene la necesidad de aprender inglés?

D.A.N. puede ser una persona, dos o tres. Para realizar una venta hace falta convencer a D.A.N. Sólo si está convencido se le dice el precio, y se firman los papeles en el momento. Se dice que la promoción de venta por 35 euros al mes se acaba hoy y a partir de mañana el curso valdrá cuatro veces más.

El curso se alargó a tres semanas. Después empezaron a hacer visitas acompañados por otros comerciales expertos de la casa. A Miguel le tocó de compañera una señora entrada en los cincuenta llamada Marta que por primera vez iba a ser jefe de grupo, ella cobraría un extra si sus chicos alcanzaban un determinado número de ventas. Ella tenía esa semana el coche en el taller y fueron en el coche de Miguel. Marta no llevaba los maletines del curso a las visitas, si lograba la venta hacía que se enviara el maletín por mensajero. Ella pensaba que hacerlo así era más elegante, profesional y no tenía que ir cargada.

El primer día no fue bien, en la primera casa que visitaron no respondía nadie al telefonillo, en la segunda no les dejaron entrar, abrió una mujer muy enfadada diciendo que ella no quería aprender inglés, que la dejaran de llamar por teléfono. Tres horas haciendo tiempo en un bar tomando un café para llamar a otra puerta más que no se abrió y terminada la jornada de trabajo.

Al día siguiente consiguieron una venta, un inmigrante ecuatoriano veinteañero estuvo entusiasmado de que su mujercita embarazada pudiera hacer un curso a distancia de inglés por 35 euros al mes, no pareció darse cuenta de que tendría que pagar durante 5 años y no solo durante el embarazo. El caso es que firmó sin apenas leer, y Miguel tuvo la sensación de que Marta había engañado a aquellos jóvenes. Nunca se dijo el precio total del curso, sino que podía hacer el curso durante los nueve meses de embarazo por 35 euros al mes. Este papel era la solicitud de un crédito a una financiera, la cual pagaba de inmediato los 2.000 euros a la empresa, y la financiera perseguía los cobros mensuales cobrando unos intereses del 50%. Con lo que el curso realmente salía por 3.000 euros, eso sí, pagando 35 euros al mes.

Esa fue la venta de martes, el miércoles Miguel pensó que Marta había fallado con un matrimonio en el que el marido era conductor de autobús. Se pusieron a hablar de tráfico y discutieron, Marta, irritada con el conductor le dijo que los conductores de autobús conducen como les da la gana y siempre se meten en medio sin tener preferencia. También discutieron por el método natural. El matrimonio no entendía cómo iban a aprender inglés sin tener un profesor con el que hablar y que le dijera si hablaba bien, grabar cintas y mandarlas por correo no les parecía muy natural. Miguel le comentó a la salida que no había conseguido empatizar con ellos, que en vez de criticar a los autobuseros debió loarle diciendo que ella no sería capaz de conducir uno.
– ¿Qué yo no sería capaz? Yo conduciría los autobuses mejor que cualquiera de ellos, si para conducir un autobús lo que te exigen es acreditación de subnormal. Esta venta era imposible. Desde el principio, ¿por qué la mujer no se ha sentado en la mesa?, ¿por qué se ha quedado en el sofá poniendo cara de incredulidad todo el rato cuando la miraba el marido?

A las 10 de la noche del miércoles les abrió la puerta una chica joven en camisón color crema y chanclas de estar por casa. Miguel sintió vértigo y estuvo a punto de caerse de cabeza sobre su escote cuando la chica se sentó sobre sus bragas, ya que el camisón ascendió al ella doblarse. La calefacción estaba a tope. Marta y Miguel se sentaron al otro lado de la mesa. Durante las explicaciones del Método Natural la chica mostró entusiasmo en todo momento, Marta sonreía exageradamente cuando decía que para aprender inglés había que hablarlo y no estudiarlo en un libro ni hacer deberes. Se le arrugaban mucho las patas de gallo de los ojos al sonreír, y la chica sonreía tontamente. Hablaban de viajar por Londres sin saber inglés. Hablaron de todo un poco, incluso de la vida en pareja. La chica no necesitaba sujetador para sus dos magníficos melones y era guardia civil como su marido. Marta y la chica de sonreían y miraban directamente a los ojos, y a Miguel le daba como envidia, a él nadie le miraba a los ojos. Ahora le gustaba hasta su jefa cincuentona.

De pronto Marta dijo que ya volvería otro día a explicar más cosas del interesantísimo curso. Se levantó, la chica asintió y se levantó también. Miguel hubo de hacer lo mismo, aunque no le apetecía nada. Enfurruñado entró con Marta en el ascensor sin decir nada, y llevando caminados unos metros protestó a Marta.
– No lo entiendo. ¿Por qué no hemos ido? Si la chica estaba entusiasmada con el curso, solo tenías que poner el contrato encima de la mesa, lo hubiéramos rellenado y lo hubiera firmado.
– No lo habría firmado. Tienes que seguir el método, en esta presentación que hemos tenido no estaba en DAN, faltaba la autoridad, su marido no estaba, que es quien hubiera firmado. Si les explicas el contrato y les dejas ver cómo se paga y pensárselo, no comprarán nunca. Tiene que ser en el momento, en una decisión de entusiasmo. Ya les llamaré y quedaré con los dos, y probablemente haga la venta, las sensaciones son buenas. Fíjate, que he estado a punto de descubrir el contrato, porque pensaba que esta chica estaba soltera, había fotos de ella y de ella con amigas, pero ninguna con su marido. Por eso hay que hablar, de lo que sea, aunque creas que la venta está hecha, porque de pronto se descubre que tiene marido y que ella no va a asumir la decisión de comprar el curso sola, necesita consultárselo.

Miguel se quedó callado y finalmente dijo:
– No me he dado cuenta de nada de eso. No sé si voy a valer para esto.
– Sí vas a valer, analizas bien a las personas, sólo tienes que seguir el método.

El jueves Miguel empezó a ir solo y por su cuenta. Sólo le abrieron una puerta. En una mesa redonda blanca estuvo sentado en con una madre y su hija, la cual necesitaba aprender inglés porque suspendía todas las evaluaciones, la madre tenía el dinero y la decisión, estaba claro, pero todo ocurrió muy deprisa y a Miguel no le dio tiempo a reaccionar. La madre tenía todo muy estudiado, había hecho una comparación con la academia Opening y el curso a distancia. Decía que Opening era mejor porque tenía una academia en Villaviciosa de Odón, que era donde vivían y que Miguel no podía ofrecerle eso. Miguel empezó a explicar el método natural, pero la señora el interrumpió. Miguel salió con la sensación de no haberlo hecho bien.

El viernes no había citas para Miguel y se fue con otro comercial experto. Conducía despacio y hablaba de Chile, allí había sido catedrático en la universidad católica y consejero de algún partido político. Contaba que el siguiente año al golpe de Pinochet fue muy peligroso, la gente desparecía, abandonó en Chile todo lo que tenía. Cogió a su familia, mujer, hijos, padres y se vino a España. Años después el Druida conocerá otro chileno, éste pinochetista, al que le hablará del ex catedrático.
– Se vino a España con su familia porque en Chile la gente desaparecía.
– ¡Sí desaparecían, él!

Hicieron la presentación a una mujer también chilena que quería comprar el curso, y el comercial la aconsejó no hacerlo. Una vez terminada la entrevista, Miguel le preguntó por qué.
– Está loca, ¿no te has dado cuenta? Dice que trabaja para una señora en esta casa, luego dice que ella es la señora y que tiene problemas con su criada, dice que su marido está muerto y luego que le está esperando.
– No lo he visto tan claro. Pero si quiere comprar ¿por qué no vendérselo?
– Firmaría el papel, pero no va a aprender inglés, no tiene sentido.

La siguiente semana Miguel siguió por su cuenta, sin conseguir ninguna venta, algo relativamente normal. Desanimado pidió salir acompañando. Se ofreció un hombre que había sido el mejor, que tenía el record de haber vendido treinta cursos en un mes, pero ahora apenas vendía tres o cuatro, y decía que se estaba recuperando. Contó sus problemas. Era diabético, no era capaz de seguir el régimen porque le gustaba mucho el azúcar, en las subidas de azúcar se ponía agresivo y había maltratado a su mujer y a sus dos hijas. Había tenido juicios y tenía orden de alejamiento, aunque ellas le permitían vivir en su casa, no le dejaban estar en el salón con ellas. Cuando llegaba a casa tenía que ir directo a su habitación y no salir de ella. Le tenían prohibido incluso saludarlas, si se le ocurría decirles “hola”, le echarían de casa. Este hombre llevaba un año sin comer nada con azúcar y estaba consiguiendo algunas ventas, decía que está saliendo del atolladero. Le temblaban las manos y no tenía uñas. Decía que solo necesitaba que su familia le dieran un poco de cariño para volver a ser el mejor. No vendieron nada.

Al día siguiente Miguel entró en una tienda de repuestos de automóviles, llevando el maletín de los CD en la mano. Preguntó en recepción por el nombre de su cita y le dijeron que esperara. Se sentó en un sofá delante del cual había una mesita. Tras esperar unos minutos llegó un hombre trajeado de pelo largo rizado a lo afro. Dijo directamente:
– Te compro el curso si me juras que con él aprendo inglés y entiendo las películas.
– Te lo juro. Si haces el curso entero y lo completas. Este es un curso de ocho meses viendo películas doblando a uno de los personajes, leyendo en voz alta los subtítulos en inglés
– Vale, pero si pasan los ocho meses y no he aprendido inglés saco la pistola y te pego un tiro.
– Vas a aprender inglés. Deja que te explique en qué consiste el método natural.

El hombre estaba entusiasmado con el método, porque además podía hacer el curso en su despacho durante el trabajo, a distancia, grabando cintas. Estuvo hojeando los libros y tocando con las manos los CD, porque no eran DVD, parecía que ya fueran suyos. Todo fue perfecto hasta que llegó el momento de firmar el contrato:
– Por 35 euros al mes. Y si no te convence te devolvemos el dinero.
– Déjame que lea el contrato. Yo soy financiero, no creerás que voy a firmar sin leerlo.

Estuvo un rato leyendo y finalmente dijo:
– No hay posibilidad de que me devuelvas el dinero, esto se hace a través de una financiera, además los intereses son exponenciales. Esto, si o compro, como mucho, te lo tengo que pagar en cuatro plazos.

Tenía una calculadora, con la que hizo unas cuentas, y rellenó el papel completo y añadió algunas notas. Le entregó el papel a Miguel y finalmente dijo:
– Aquí tienes, pero recuerda, dentro de ocho meses veré “La Diligencia”, de John Wayne, en versión original, y si no la entiendo, sacaré la pistola y te pegaré un tiro.
– Es un trato –Dijo Miguel extendiendo la mano.

Esa misma semana Miguel consiguió otra venta a un empresario que necesitaba aprender inglés rápidamente porque se marchaba a USA en dos meses y no tenía tiempo para ir a una academia porque trabajaba diez horas diarias. Miguel pensó que en dos meses no iba a aprender nada, pero hizo la venta.

Los lunes se reunían todos los comerciales en el chalet. Sobre todo hablaban los que más ventas conseguían. El mejor era siempre el mismo, y todos los meses vendía 20 cursos. No vendía nunca más, porque en cuanto alcanzaba esta cifra se tomaba el resto del mes de vacaciones. Un tipo bajo y corpulento, elegante, de pelo blanco y engominado hacia atrás. Su técnica era que vendía a familias con hijos, y nunca vendía un solo curso, vendía un curso para cada hijo. Les decía siempre que lo de los 35 euros al mes era una oferta que solo estaba disponible hasta la semana anterior, pero que si compraban dos cursos conseguiría un trato especial. En una ocasión una señora apareció con dos maletas de sendos cursos exigiendo que se les devolviera el dinero como le habían prometido, gritaba en recepción. Todos comerciales menos uno salieron delante de ella a hacer sus visitas, el mejor se escondió en un despacho. Uno de los jefes de grupo habló con ella. Dijo que era imposible que ninguno de sus comerciales hubiera prometido devolver el dinero.
– El curso se financia para poner un precio de venta asequible, 35 euros al mes, que es algo que cualquiera puede pagar. La gente no puede hacer un desembolso de 2000 euros inicial por este curso, que sigue el método natural, el único método con el que realmente se aprende inglés a nivel bilingüe.
– Me va a salir por 3000. Me prometieron que si no me gustaba lo podía devolver.
– Es imposible que ninguno de mis comerciales haya dicho eso, yo les conozco bien y son todos personas que se visten por los pies. Este curso es de alto nivel, tiene que hacer que sus hijos le dediquen 20 minutos al día y pronto alcanzarán nivel de conversación.
– Que no quiero el curso, devuélvanme el dinero como me prometieron. Son ustedes unos sinvergüenzas.

El jefe de grupo escuchó y habló durante una hora y finalmente dijo que tenía compromisos y se fue. La mujer permaneció gritando en recepción toda la mañana y finalmente se le cansó la garganta de insultar y se fue, insultando para sus adentros.

Miguel estuvo un año trabajando en aquello y lo dejó. De vuelta en 2016 Miguel caminaba sin rumbo. Entonces vio un grupo de niñas que increpaban a un hombre que había pasado al lado de donde ellas estaban:
– ¡Borde!
– ¡Antipático!
– ¡Feo!

El Druida cambió su rumbo, dio la vuelta y pasó por delante de las niñas. Eran cuatro. Una morena, delgada, con el pelo lacio se le puso delante, le ofreció la mano y le dijo:
– Por favor, ¿me puede dar usted la mano?
– Claro, buenas tardes señorita. -Y chocaron las manos.

Las otras tres chicas empezaron a aplaudir.
– ¡Guapo!
– ¡Tío bueno!
– ¡Jo!, si no fuera porque está casado…

El Druida siguió su camino que le condujo a un bar, era una hora como otra cualquiera para empezar a beber.

49 comentarios

  • ¡ Que historia tan buena !
    Me han dado pena los pobres vendedores a domicilio. Me ha recordado a uno de los primeros cuentos de Martinez de Pisón, donde el primo del narrador se cebaba con los vendedores de enciclopedias, siguiéndoles la corriente, entusiasmándose con la oferta, pidiendo al pobre vendedor toda clase de papeles para poder hacer los pagos, y, al cabo de una hora o más, cuando el pobre vendedor , todo encantado, se creía que ya estaba la venta hecha, les daba las gracias por las explicaciones, y les decía, que, bien pensado, no compraba, y que adiós y gracias.

  • Estoy a favor del intervencionismo estatal para acabar con la venta a domicilio. Testigos de Jorobar incluidos.

  • Cuando subo al Tibidabo en bici suelo ir adelantado gente paseando y pillo breves trozos de conversación.
    Ayer por la mañana eran dos chavalas de unos 25 años, algo rellenitas, que no me oyeron llegar cuando una le decía a la otra:
    -Al final, anoche me quedé sin follar.
    Seguí mi paseo meditando como ha cambiado el mundo, y las mujeres en particular.
    No caí hasta mucho después en el efecto merengue como posible causa del comentario.

  • Aprecio mucho las entradas de Claudio por lo que tienen de divulgación de vivencias y situaciones amargas que bastantes de los lectores no imaginaban.
    Uno ha vivido muchas de ellas.

  • Últimamente menos Satur, pero una señora de mal vivir se quedó una hora más sin cobrarme. Eso convalida.

  • Albert, no me explico cómo todavía lee prensa deportiva catalana.
    Funes, despierte, que ya han hecho la temporada.

  • Paco Martinez Soria me recuerda mucho al tío Sebastian, que me regaló una vez un balón pinchado que se había encontrado. Espero que mis sobrinos comprendan el valor de este tipo de regalos.
    El tío era más serio, no le recuerdo contando piernas. Se apellidaba Soria de primero.
    – estás casado?
    – No, la casada es mi mujer.

  • Del Manifiesto contra el Desierto:

    «Hoy más que nunca es necesaria una amplia movilización de los intelectuales y trabajadores culturales frente al proceso de

    aculturación

    que está promoviendo la actual tecnocracia dirigente».

    Aculturación no quiere decir ‘desculturación’ (es la a- de ad- como en acalorar, y no la a- griega de negación).
    Todas las palabritas son importantes, chicos. 😉

  • También quería decir que el final del capítulo de Claudio me parece muy bueno, el movimiento rápido y la estampa inesperada de las niñas en la calle, después de habernos arrastrado sin prisa por los vecindarios con esos chorros del Método Natural, causa mucho efecto.

  • En fin, que no me había fijado en la fecha del manifiesto. Resulta que es del 21/05/2015, es decir, de unos días antes de las elecciones municipales (24/05/2015). Vamos, que se trata de un manifiesto electoral de «los profesionales de la cultura *verdaderamente* comprometidos con un proyecto democrático, emancipador y progresista». Es decir, se trata sólo de un recuento de efectivos. Qué ful.

  • NACIÓN, DINERO Y AMOR
    La militancia nacionalista no es incompatible con la evasión de impuestos. Al fin y al cabo uno puede amar a su país como entidad ideal y eterna sin tener por qué extender este sentimiento a las leyes o a los nacionales, que son temporales y contingentes. Que los Pujoles, los chavistas, Putin, Xi Jinping o los lepenianos —entre otros muchos que irán saliendo en esos papeles de Panamá— distraigan su dinero en paraísos fiscales no es sino la muestra de rebeldía de quienes consideran abusivas las tasas impositivas y la «solidaridad obligatoria» con sus conciudadanos. Y la mejor forma que han encontrado para mantener su notorio amor a la nación es separarlo de la fuente contaminante de problemas, pleitos y sinsabores que es el dinero, al que han exiliado lejos para que no contamine su relación ideal con el país al que veneran. Relación en donde, obviamente, ellos sólo deberían pagar los impuestos justos: o pocos o ninguno.

  • Perroantonio dice:
    Martes, 05/04/2016 a las 10:07
    Olor se escribe con H.

    No se entiende bien por qué Ada Colau tiene que decir nada sobre unos tíos de no sé qué pueblo del Ampurdán.

  • Hacer listas es una ordinariez. Lo elegante es proponer una definición. Esa es la diferencia entre un sectario y un verdadero patriota. El sectario identifica los enemigos de uno en uno, sin muchas generalizaciones ni principios rectores, un poco asegún que van viniendo, los enemigos y el aire que más calienta. El verdadero patriota establece reglas, máximas, fundamentos y tesis. Eso resulta, a efectos prácticos, en idéntica necesidad de eliminación de la mitad de sus compatriotas, física si todo va muy mal, aunque los de buen corazón se resisten a ello, incluso a pensarlo. Esto, siendo un horror, tampoco es un escándalo, puesto que pasa en todos los clubes en los que no está reservado el derecho de admisión.
    El independentismo, que es sentimental e infantil, plantea la solución gráfica al problema del compatriota desafecto. Así como en el Parlamento se sitúan, físicamente, para instrucción de simples e ingenuos, los de izquierda a la izquierda y los de derechas a la derecha, pretenden que los que no comulgan salgan a fumar al atrio. Hay que reconocer que, de darse, esta solución sería fetén, porque los problemas vienen de que en la calle la peña se mezcla y andan indiferenciados los de un lado y los del contrario, sin orden ni disciplina, algo que los políticos han solucionado hace tiempo. Así andan los unos rabiosos por echar a los otros de Cataluña, por malos patriotas, molestia que deviene del cruce ocasional. Puedo afirmar que lo que más jode y altera el ánimo no es tener un enemigo, sino verlo por ahí, tan campante, tan como siempre, ajeno a la animadversión que insolentemente su existencia nos provoca. No soy nada amigo de esos experimentos, porque, de llevarse a cabo, nos mandarían aquí, a Galicia, a la extrema izquierda. Y los que andamos nuestro aire podríamos acabar en Alborán, Las Chafarinas o en Perejil.

  • bremaneur dice: Martes, 05/04/2016 a las 18:29

    No se entiende bien por qué Ada Colau tiene que decir nada sobre unos tíos de no sé qué pueblo del Ampurdán.

    Hombre, teniendo en cuenta que es capaz de manifestarse con efectos retroactivos sobre el genocidio español en América y con efectos coetáneos sobre la arrogancia mesetaria, quizá podría manifestar cierta preocupación por unos barceloneses dedicados a la cultura que en lo suyo, el teatro, tienen cierta autoridad. Digo que quizá porque suele sobreentenderse que ser alcalde de Barcelona, la segunda ciudad de España, no es un cargo cuya máxima preocupación sea el alumbrado y la recogida de basuras (que también). Que yo sepa dependen del Ayuntamiento algunos teatros, centros culturales y «fábricas de creación», por lo que quizá la señora alcaldesa, entre otros, pudiera darse por concernida por la protección de los artistas de carne y hueso. Así lo hizo, por ejemplo, con los titiriteros detenidos por no sé qué de unas marionetas, y eso que no eran de Barcelona.

  • bremaneur dice:
    Martes, 05/04/2016 a las 18:48

    Las pescaderas siempre me piropeaban en el mercado.

    Del mercado, me quedo con las fruteras: :
    ¡Vaya melones tengo, oigan ! ¡Miren, miren qué peras!

  • gachoinlowercase dice: Martes, 05/04/2016 a las 17:04
    (Mi opinión, que solo me importa a mí, es que a todos estos habría que fusilarlos. Directamente.)

    gachoinlowercase dice: Martes, 05/04/2016 a las 20:12
    (¡ADA (madrina) COLAU FOR PRESIDENT!

    ¡Por la alianza entre fusileros y tricoteuses jacobines! ¡Sí a las pescaderas!

  • Lo que más me ha llamado la atención de toda esta bronquita es que nadie dice pescatera, que encima es que ni siquiera viene en el diccionario y resulta que es como lo digo yo. Hombre, por favor.

  • Funes dice:
    Martes, 05/04/2016 a las 22:01

    Numancia. Masada. Guzmán el Bueno ya ha sacrificado al niño.

    Al final: Madrid, 1939

    Pero aún hay posibilidades, con 1-0 basta

  • Porque Brych (el árbitro de hoy) , amén de ser un acérrimo seguidor del Barça, dicho por él mismo, ha tenido problemas con el fisco como abogado financiero.

    Desde luego, hay afinidad