¡Que te lo comas! Hoy: la hamburgalesa

Fat

por Satur.

Hay momentos en la vida de un hombre en que necesita reposar del tráfago diario, abstraerse de los afanes cotidianos y abandonarse momentáneamente a la molicie. Ya que en el mundo actual está mal visto irse de puticlús, lugares idóneos para el reposo junto a los monasterios, a los gustosos de charlar en compañía de señoritas aparentemente simpáticas no les queda más remedio que entrar en un MattDonal’ds o en un Burgués Kitt. El resultado es el mismo a través de caminos divergentes. En un burdel, la paz interior se alcanza con la conversación con damas que no regañan o con el acto íntimo a través de la cinética carnal. En un restorán de emparedados se consigue con el celibato y el silencio de los camareros, que te dejan en paz aunque no consumas. Comer o tomarse un café o contemplar las musarañas en un lugar así es lo más cercano que existe a reposar en una celda monástica.

Puede parecer paradójico que un bistrot al estilo norteamericano sea la empresa más anticapitalista del mundo, ya que funciona como un lugar público donde no es necesario gastarse los dineros para sentarse un rato y abstraerse en el cotidiano entorno. Y, como en los cafeles de antaño, es el sitio idóneo para tertuliar con los colegas y hablar de lo mundano y lo teleológico, o para trabajar en tu próxima novela o en el rapport que te ha encargado la Head Chief del Human Ressources Department de tu office.

Por 1,79 boniatos, que es el precio de un café en el Matt Donal’ds de al lado de mi curro, me podría estar allí todo el día consultando el internez a ratos gracias a las tres horas de fifi gratis, o tertuliando con amigos o mirándoles el redondo a las chatis que hacen cola. O incluso no apoquinando nada y gastando el cuero de los asientos por la filomatic, porque nunca vendrá un mesonero pesado a preguntarte qué quieres tomar. A la tranquilidad y baratura habremos de unir además otra característica que a más de uno os llevará a echaros las manos a la cabeza, y tranquilos que ahora os la digo pues no es otra sine quanon que la calidad de los manjares.

Os voy a dejar un rato para que os levantéis de los asientos y hagáis el Chiquillo de la Calceta gritando comorrrr y pecadorrr, para que os indignéis y para que escribáis tweedts incendiarios en las redes sociales. … … … … ¿Ya? Pues sigo.

La mala fama de este tipo de locales se contradice con algo fundamental y es que suelen servirte los manjares con un papelillo donde constan todos los nutrientes de por ejemplo una hamburgalesa, una ensalada o unos chiquet nuggeds: los porcentajes de sal, de azúcar, de triglicéridos, de glúcidos, de triceratops, de cuarzo, mica y feldespato, por ejemplo, así como de las calorías de cada producto. Es una guía excelente para poder combinar tu propio menú. Las patatas fritas son altamente calóricas, y la combustión de sus fosfatos en óleos industriales son ciertamente perjudiciales, amén de la cantidad de sal que les ponen: pues las cambias por una ensalada y santas pascuas. El Bit Mat, por ejemplo, tiene exceso de sal y azúcar: pues lo pides sin la salsorra esa que le ponen a todo y conviertes una bomba calórica hipoglucémica en un apetitoso bocado saludable. Para colmo, editan cada año una guía donde se exponen las estadísticas de la empresa: cuántos puestos de trabajo ofrece, porcentaje de mujeres en puestos directivos, toneladas de basura recogidas y porcentaje que termina reciclada, procedencia de los distintos ingredientes, etc. Orden y concierto.

Si todavía queda algún despistado que no deja convencerse por mis portentosas razones, le ruego que nos diga cuáles son sus menuses cuando sale fuera a comer. ¡Callarsen! Ya os lo adelanto: fritanga de cocletas en el Bar Manolo, con la harinaza mezclada con las sobras del día anterior recogidas en las mesas de los comensales, y que aún guardan el corazón gélido del congelador; callos de bote cargados de azucáridos y féculas protoindustriales para darle densidad a la salsa; esos arroces pasados con dados de carne de cerdo de costra reseca y una zanahoria hervida para darle aspecto vegano y fitness a la cazuela de barro donde lo sirven junto a una cesta de pan de ayer y la botella de vino de pitarra al lado; los calamares a la romana ahogados en bayonessa y rebozados con las migas del delantal de la Paqui la del bar, que se lo sacude en un cuenco especial ad hog para ahorrar y darles estudios a los chiquillos; los esppagguettiss con salsa de tomate Orlando y sanchichas franfur del Vit’s, más blandurrios y pasados que yo qué sé; el tsuletón del Palacio del Jamón, que deberían servirlo con una lima para afilarse los molares antes de atacar cada bocado, de correoso que está. Y así un sinfín de posibilidades que ahora mismo -lo estoy viendo- os hacen sonrojar sólo de pensarlas.

Yo, francamente, no veo más que ventajas a los bistrots de hamburgalesas. Sé que en general sois renitentes a pisarlos, pero aun a riesgo de que se me acuse de ultraliberal e hijo del capitalismo más atroz, y por tanto criminal en cuanto carnívoro y desalmado por tomarme un café sin pensar en los miles de niños esclavos que mueren para que yo pueda recomponer la figura a media mañana con un poco de cafeína o con un tentempié en forma de emparedado, escribo estas líneas apoyándome en la segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América y en el artículo 65.3 de la Constitución Española, relativos ambos -creo- a la libertad de expresión. Y ahora, a ver quién el guapo que me refuta.

105 comentarios

  • La ventaja clara del MD, es que a cualquier país q vas, si no te atreves con la comida local, o pasas de los Kebab, pues siempre tienes una referencia para llenar la andorga con algo y normalmente las cosas se llaman igual y no tienes ni que saber lenguas vernáculas.
    No obstante, en mi pueblo de este lado, en el noroeste gabacho, tienen sus peculiaridades. No te ofrecen una cassoulett, que sería una buena cosa por cierto, pero puedes comer un lunes. Es el único sitio donde comer un lunes..Es que aquí TODO se cierra los lunes, hasta los bancos, y como son muy suyos, pues los que llegan de fuera que vengan ya comidos, o se come en casa.
    También si quieres comer un poco más tarde que las 12,30, o cenar a horas intempestivas como las 8,30 de la noche, sólo lo puedes hacer aquí.
    Además no tienes que patienter nada. Van a toda hostia, y nunca están dessolees por nada.
    Eso sí comer, comeras ESO, pero haciendo abstracción de los putos niños que están tan malcriados como en todo el mundo civilizado, todo es aséptico, reciclable, garantizado y por nuestra seguridad más segura, además de recomendarte que no lo comas si no te quieres poner como una mesa camilla.
    Lo bueno también es que no te miran la basura ni si tiras esto aquí y esto allá, cosa que en mi pueblo está muy vigilada y tiene multa gorda, llegando a examinar tu contenedor de basura sin necesidad de juicio sumario, ni homicidio ni nada…vale con que te denuncie la vecina beata del otro nicho.
    Vamos, todo ventajas.

  • Procuro fijarme dice:
    Jueves, 14/04/2016 a las 14:43

    Precioso poema. Las palabras que hablan de la muerte con el desapasionamiento y el humor que me gusta, pero con poesía y fundamento, son de Cortázar y, quizá, pasan desapercibidas.

    “Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca”.

  • El Manual de Instrucciones y las Ocupaciones Raras siempre me han parecido de lo mejor que escribió Cortázar. Recuerdo aquella Pérdida y recuperación de un pelo o las Propiedades de un sillón.

    “En casa del Jacinto hay un sillón para morirse…”

  • Las personas que se estabulan y abrevan, terminan deshumanizándose. Comer es un rito como rezar o follar, hacerlo de forma animalesca no es recomendable.

  • MCDONALD’S FOREVER
    Hace ya unos cuantos años, visitando el enorme jardín botánico que rodea el Palacio da Pena en Sintra, conocimos un tipo peculiar, Freddy. Subía andando hacia el palacio, sobre las cuatro de la tarde, sudando la gota gorda y tirando de una enorme maleta con ruedas. My love se ofreció a ayudarle y, consecuentemente, la maleta acabé acarreándola yo. Bah, sólo fueron dos o tres kilómetros cuesta arriba. Cuando llegamos ya había entrado el último turno de la tarde, así que se quedó sin ver el palacio. No recuerdo como bajamos, tal vez en autobús. Le invitamos a tomar una cerveza en uno de esos locales decadentes de Sintra y se quedó escandalizado del precio. Charlamos un rato y nos contó que tenía una granja, creo recordar, a unos 80 Km de Chicago, a donde iba a trabajar diariamente a la fábrica de General Motors, de los que echaba pestes. Nos contó que sólo tenía dos semanas de vacaciones al año y que aprovechaba siempre una de ellas para hacer un viaje por el mundo. El tipo se las había arreglado esta vez para organizarse por su cuenta un tour que incluía Lisboa y alrededores, Madrid y París, con visitas a los monumentos pertinentes. Como tenía que coger el tren para Madrid (y no tenía billetes) nos ofrecimos a llevarle, pero nos puso como condición que paráramos en Cascais, que yo aún no conocía, para invitarnos a un café. Aparcamos el coche y nos llevó hasta su local favorito, el McDonald’s, donde, según nos explicó, uno podía tener la total seguridad de que nunca le estafaban en el precio pues los productos costaban exactamente lo mismo en cualquier restaurante de la cadena, independientemente de la divisa local. Eso le permitía calcular exactamente el coste de la comida en sus viajes, además de evitarse problemas sanitarios ingiriendo alimentos no controlados, pues alababa la calidad de los productos de McDonald’s, sus controles sanitarios y hasta la labor social de la cadena en la creación de empleo y asistencia social. Podría decirse que profesaba una admiración a la cadena de restaurantes inversamente proporcional al odio que sentía por General Motors, que representaba para él lo peor del capitalismo y la explotación, llegándonos a revelar algo que le parecía inconcebible, no sólo la deficiencia de los materiales, sino que el mismo vehículo tuviera un precio distinto en función del país en donde se vendiera. En fin, que regresamos a Lisboa, le ayudamos en la tramitación de los billetes, y nos despedimos. Y aunque aquella noche tampoco fuimos a cenar a un McDonalds, es verdad que siempre que entramos en uno de ellos —y siempre cae alguno cuando viajamos fuera del país— miramos a ver si nos encontramos con Freddy y su maleta.

  • No sólo soy partidario de la cocina industrial, sino que tampoco me asusta un futuro. Ya he dicho alguna vez que preveo un mundo en donde el cultivo de células madre produzca directamente chuletas T-bone, tiernas, jugosas, con envase incluido comestible y sin ternera nodriza adherida.

    Por eso me han sorprendido tanto estos avances en el campo de la bioingeniería robóticoartística. Confío en que en poco tiempo pueda comprarme mi propio pollo sin plumas para que se arrastre por mi sala de estar espantando a las visitas.

    [Aquí más: The Modular Body]

  • Los barceloneses lo recordarán. La primera cadena de comida rápida que hubo en mi ciudad, aun antes de Mc Donalds, fue una llamada Pokins. Tenía tres locales, pero el mejor de ellos, punto de encuentro, además, de la juventud barcelonesa de los ochenta en la zona alta, estaba en la que que a la sazón se denominaba plaza de Calvo Sotelo y hoy Francesc Maçià. Ocupaba lo que anteriormente había sido un cine de doble sesión, el Rialto, donde vi por primera vez maravillas como Cantando bajo la lluvia o La vida secreta de Walter Mitty. Llegué a salir en un par o tres de ocasiones con una de las dependientas de la hamburgesería, a la que entré por primera vez preguntándole si sabía lo que significaba Pokins. Me dijo que no, y rápidamente le expliqué que “pokins” era lo contrario de “muchins”. El chiste era pésimo, sí, pero cumplió su cometido. Me invitaba a batidos. La chica tuvo que dejar su trabajo porque a los dos meses de trabajar –y comer– allí, una analítica reveló una anemia galopante, según me contó. Me encantaría comerme una hamburguesa de aquellas.

  • (Sí.)
    (A mi no me han entrado ganas de ir a un MD; pero les he puesto un documental a los críos y han salido truchas (en el documental, no los críos), y mientras las miraba pensaba en lo mucho que le gustan a mi padre (las truchas, no los críos), y que ya no puede comer, porque sólo puede comer comida triturada. Y entonces estoy pensando en este finde guisar una trucha y luego desmenuzarla y triturarla; voy a intentar hacer un puré de trucha, a ver què tal.)

  • Perroantonio dice:
    Viernes, 15/04/2016 a las 10:51
    Satur, ¿y las vacas? ¿A qué cielo hervíboro van las almas de todas las terneras sacrificadas en el altar de McDonald’s? No tienes sentimientos.

    En 2014 se consumieron 40.507 toneladas de vaca en los MattDonal’ds de Alemania. El 90% era carne procedente del país, el 10% restante de países de la Unión Europea. Cuarenta mil toneladas de tsuletón se comen sólo en febrero en Bilbao y alrededores, que lo leí no sé dónde.

    La gente se gasta los dineros en sitios de coworking en teniendo MattDonal’ds al lado de casa. Somos una sociedad enferma.

  • Además, los residentes en España tenéis una suerte tremenda: en los locales de allí expenden cerveza. Aquí en Alemania no.

  • Gacho, ayer vi Les Combattants. Buena peli, muy especialmente la fotografía. Reverbera Sennett y su Corrosión del carácter. La joven protagonista tiene una belleza especial, me ha hecho soñar con ella esta noche: mi guionista nocturno ha decidido que era española, pese a su inequívoco aspecto de francesa.
    El caso, a lo que iba, no me quiero enrollar, es que la chica hace lo que has descrito antes: toma un pescado de más de un palmo, lo tritura en el turmix y se lo bebe.
    No te la pierdas.

  • Yo solo digo una cosa: los Mac tienen el mejor pepinillo del mundo. Su cuarto de libra con pepinillo me llaman de vez en cuando a sus cavernas con instinto primitivo.

  • (Vale, gracias perro, aunque mi padre lo quiere todo lo más líquido posible, el pastel tiene que fluir; pero le echaré un ojo.)
    (Holmesss, qué despago, conforme iba leyendo creía que iba a acabar en que la protagonista era yo. Pero bueno, su sueño demuestra q todo está conectado )

  • La detención de los responsables de Manos Limpias y Ausbanc es una gran noticia que no ha recibido suficiente refrendo. Se trata de dos estafadores disfrazados de Robin Hood. Esto indica que la autoridad judicial española está llegando muy lejos en su labor de limpieza y por ello me congratulo. Para mí que este tipo de delincuentes hacen especial daño a la sociedad.

  • holmesss dice:

    Viernes, 15/04/2016 a las 14:03

    Gacho, ayer vi Les Combattants. Buena peli, muy especialmente la fotografía. Reverbera Sennett y su Corrosión del carácter. La joven protagonista tiene una belleza especial,

    JOjojojooó.
    Sí, esa belleza especial se llama un par de tetas diKitikagas, con volumen y turgencia inesperadas. (Los dieciocho años es lo que tienen).

    Lo sé porque me quedé sentado, pegado a la pantalla, esperando el momento de vérselas enteras. La peli iba de cosas de niños, de eso sí me enteré.

  • Precisamente acabo de ver a Roca diciendo que Manos Limpias les pidió dinero a cambio de retirar la acusación contra la infanta.
    También han dicho que el mozo de escuadra que ha matado a su novia antes de suicidarse se hacía llamar en las redes Miguel pum-pum-pum.

    No veáis los telediarios, ponen guazap falsos.

  • No nos merecíamos lo de Conde, ni lo de Soria, ni lo de Manos Límpias.

    Lo de Conde aún es presunto. Lo de Soria es ya un escándalo. Y Rajoy de florero. Lo de Manos Límpias suena a ventilador de la mierda. Retrataron a la monarquía. Muchas gracias.

  • Quitando los cinco sabores básicos —dulce, salado, ácido, amargo y umami— todo lo demás que hace a la comida sabrosa son olores, percibidos no en la boca sino en la nariz. De los compuestos olorosos sólo unos pocos son solubles en agua, el resto, la inmensa mayoría, son solubles en grasa. Así la comida es sabrosa por usar, al cocinarlas, grasas que le extraen y disuelven, a lo que cocinamos, los compuestos aromáticos. Ergo, a lo bruto, la gastronomía es el manejo de la grasa, la sal y el azúcar. Por algo la fritanga y todo lo que sea grasa a pasto tiene éxito aquí y en todo el mundo. La carne que frita está buena si cocida es un aburrimiento. McDonalds, como cualquier cocinero, sabe que mucha grasa es mucho sabor. Además a todo le añaden mucho, mucho azúcar, otra preferencia y debilidad fisiológica de los humanos. Quienes se dedican a eso, a mezclar grasa con azúcar, son los pasteleros. Por eso desde siempre sostengo que una hamburgalesa de MacDonalds, o sus patatas fritas, son más repostería que comida. Dicho lo cualo me confieso fan y reconozco que de vez en cuando me gusta meterme una de esas dobles completas, llenas de aceites de origen desconocido y azúcares industriales.

  • Hay días en que me invade la nostalgia, y hoy es uno de ellos. Así que, cuidadito con las provocaciones Proc, mi manía a los Starbucks está en su punto álgido. Echo mucho de menos los cortados de la Cafetería Florida de mi pueblo.

    En cuanto a los MD, un respeto, a mí me salvaron la vida en Londres hace muchos años, cuando las únicas alternativas eran los Wimpy o los Fish and Chips callejeros. Y concuerdo con Kenzo en lo de su cuarto de libra con pepinillo, la única razón por la que de vez en cuando vuelvo a un MD.

    Y por último, nosotros también fuimos camino Soria, qué tiempos. Ninguna ruta comparable a aquella por estas tierras.

  • A Adapts no le convenció aquel anuncio del wonderbra en el que la Herzigova clavaba su mirada y decía:
    -Mírame a los ojos. He dicho a los ojos.
    Yo lo entiendo, pero así Adapts se pierde lo que pasa en algunas pupilas.

  • Una cosa que no es estándar en los McDonald’s, son las salsas. En Francia, por ejemplo, utilizan mostazas dijonescas muy ácidas que hay que manejar como la precaución de un Tedax. En los países protestantes, el aliño para las ensaladas es un unguento de McCormic, sin pena ni gloria, mientras que en España puedes pedir aceite de oliva virgen extra y vinagre de Jerez. Los ketchup… pues de color rojo. Lo verdaderamente fuera de serie es la salsa curry que sirven en España.

    La carne de las hamburgalesas, como suelas de zapato y carentes del mínimo interés. Para que las autoridades sanitarias dejen de dar la brasa, han bajado los niveles de grasa al mínimo, con lo que consiguen unas porciones de carne seca e insípida que únicamente tienen interés acompañadas del resto de pedazos de trozos de cosas y salsas; y del regalito del happy meal, que a los niños nos pone muy contentos.

  • No se crea Holmesss, mi otro yo no se pierde nada. Por ejemplo lo de que la extraña belleza sea en realidad que parece un chico guapo mas que una chica.
    Pero donde estén un par de tetas…

  • Siempre he pensado que existe otro sabor: áspero. Los dátiles y caquis verdes, algunos quesos viejos, las bellotas de roble y alcornoque. Es ese sabor a madera joven que te queda la boca como un zapato ¿Que no tenemos receptores específicos? Ya los descubrirán. Porque existe el sabor y el palabro.

  • El mes que viene he de ir a Soria para comprar cierto artículo en el museo de Numancia. Parece ser que no tienen venta online.

  • Nueva en esta plaza y aunque defiendo los toros me como sus hamburguesas, rojas, sangrientas cubiertas con lavandera roja y guarda polque yo soy español, español y español. Ala! No, Hala!! No confundirse amigos. B

  • Los sabores, como los olores o los colores, son un imposible metafísico para la definición lexicográfica canónica porque no admiten el análisis en rasgos lingüísticos y lo distintivo de sus significados solo puede ser mostrado. Por eso los diccionarios acuden a la ejemplificación en un tipo de definición que se llama ostensiva, porque muestra o señala con el dedo a la experiencia de cada uno, en la confianza de que será compartida por todos: dulce es «agradable y suave», pero hay que añadir a renglón seguido «como el azúcar y la miel», pues si no cabría considerar dulce al bacalao al pil pil. La definición ostensiva es la más primitiva, es la definición infantil por antonomasia, es como cuando los niños dicen «es como cuando…».

  • El monasterio, dentro de lo posible, deberá construirse de manera que todas las cosas necesarias, agua, molino, huerto, mcdonalds y puticlub queden dentro del recinto, y que también puedan ejercer en él los diversos oficios. A fin de que los monjes no tengan que salir, lo cual en ningún modo favorecerá sus almas.
    Regla de San Benito, 66.6.

  • El sistema sensorial nos pone en contacto con el medio ambiente. Es una función fundamental porque una adecuada percepción del exterior nos permite adaptarnos mejor.

    Así, el sabor dulce resulta placentero a casi todos porque indica altas concentraciones de azúcares, o lo que es lo mismo, nos muestra superalimentos rebosantes de calorías. Depósitos a los que acudir en caso de necesidad.

    La presencia de receptores específicos garantiza que la presencia de estímulos se traduzca en sensaciones precisas y reconocibles, de este modo las sensaciones se convierten en percepciones.

    Los receptores del sabor tienen todas las papeletas para ser receptores químicos, ya que no parecen ser receptores luminosos, térmicos ni mecánicos.

    En los años 50 se descubrió que hay neuronas cuya actividad espontánea es muy baja -nueronas silentes- pero que respondían de forma nítida cuando se estimulaban áreas concretas y específicas de la piel. Esas áreas se señalaron como “campos receptivos” para tales neuronas.

    Sin embargo, nuestra percepción también nos engaña.

    El sabor áspero, que creo distinguir del acre tendrá neuronas silentes dedicadas o será un “efecto gustativo”. No tengo ni idea…

    Procurito, su clase, magistral, como siempre; por decirlo “ostensivamente”, es como cuando sale el sol mientras llueve y el cielo se llena de colores.

  • Todo sabor existe desde el momento en que tiene nombre. Creo haber distinguido alguna vez ese “sabor” del que habla Ximeno y que yo interpreto más bien como una reacción de aviso a una sustancia o venenosa o no comestible. Ya les he contado que en donde vivo, el euskera local no distingue entre agrio y amargo y utiliza la misma palabra para dos sabores muy diferentes. Suele llamar la atención que alguien, hablando en castellano, te diga que el limón está muy amargo. Pues bien, a este sabor nuevo que propone Ximeno, áspero (porque se te queda la boca como si estupieras chupando un papel de lija), le viene de perlas la palabra vasca, y yo diría que las endrinas verdes, que producen ese sabor, son “garratza”.

  • Hay alimentos que producen “astringencia bucal” que es independiente del sabor que tengan. Así la piña resulta astringente y unos taninos verdes también. Tal astringencia genera una reacción de la glándulas salivares aumentando la producción de saliva, por lo que recomienda tomar piña en las situaciones clínicas (frecuentes) en las que hay sialia.
    Por el contrario la sialorrea producida por un vino astringente es un efecto indeseado que se puede prevenir dejando el vino mas tiempo en botella para que se atemperen los taninos que proceden, por cierto, del pellejo de la uva.

  • Comer algodones o tener la lengua como lija son las expresiones populares de la “astringencia”. Ciudado que hay varios alimentos que la producen y no responden a ningun sabor en concreto. El exceso de ingesta enólica deja a las pocas horas también un efecto astringente, en este caso por el desequilibrio electrolítico que produce el alcohol.

  • Hoy el País trae en Babelia un especial sobre Cervantes tremendo, que se va leyendo con avidez, incluyendo a AMmolina.
    En un momento dado pasas página y lees :
    EN LA ENFERMEDAD DE PARKINSON NO TODO SON SÍNTOMAS MOTORES
    Entonces caes en la cuenta de que has pasado a un especial Medicina, y lo agradeces para tomar aire, una vez has constatado la vastedad de tu ignorancia sobre la obra cervantina y la dificultad de tomar ese tren, y tantos otros.

  • El efecto astringente del alcohol no es tal, lo que se produce es una sequedad bucal como consecuencia del citado desequilibrio electrolítico. En resumen el efecto de boca seca se produce en cuatro situaciones:
    1. Deshidratacion.
    2. Desequilibrio electrolítico inducido por exceso de alcohol.
    3. Atrofia de las glándulas salivares.
    4. Ingesta de alimentos astringentes.
    Solo en las tres primeras hay una verdadera sequedad, en la cuarta es aparente.

  • 6. Algunas emociones como el miedo.
    Ayer viendo lo que hizo Morante en Sevilla, una emoción diferente del miedo, padecí placentera sialorrea y epífora (la boca y los ojos se me hicieron agua).
    No conozco un espectáculo mas ritual y respetuoso que los toros en La Maestranza. El que no es capaz de sentir viendo esto tiene una vida incompleta y no merece ser español.
    Nota: hay una epífora retórica que nada tiene que ver, que lo explique Proc.

  • Ximeno, ese sabor del que habla yo lo creo reconocer también en las nueces frescas, recién cogidas del árbol. Raspan en la lengua.
    De todos modos no hay que fiarse mucho, ni de uno mismo: la mayoría de la gente en una cata ciega no distingue, literalmente, el paté de la comida para perros.

    “We conclude that, although human beings do not enjoy eating dog food, they are also not able to distinguish its flavor profile from other meat-based products that are intended for human consumption.”

  • VOYEUR

    Me he levantado relativamente tarde. A eso de las nueve estaba mirando por la ventana y la vecina andaba trasteando en los fogones, como siempre. He ido al club donde he hecho mis abluciones. Luego, piscina, sauna y descanso con lectura/trabajo. Al regresar constato que ya tiene perro. Un tipo alto, parece que joven como ella. Cocinaban, supongo, y ella le acariciaba el pelo. Se han sentado en el salón, ella de espaldas al patio. Bebían vino. No porque lo haya visto -ni siquiera puedo verles la cara, no sé cómo son-, sino por cómo se amorraba a lo que parecía ser una copa. Han estado un buen rato hablando. Cotidianeidades, imagino, porque al terminar han fregado los platos en lugar de consagrar el tálamo. Luego, ya no sé. Supongo, porque la luz del salón lleva encendida desde primera hora, que han considerado apropiado que él le rellene las entrañas con carne en barra. Buenas estocadas de carne que les hayan hecho olvidar que la electricidad cuesta dineros. Aunque lo mismo están leyendo algo en el sofá -el día está taciturno- y necesiten iluminar los libros e intercambiar párrafos. Mira qué bonito, dirá ella. Y le leerá algún pasaje romántico o intelectual. Mira qué bonito, dirá él. Y le hará saber que al Bayern le ha tocado con el Aleti. Quizá los encuentre un día visitando una exposición. Quizá en el bar donde veo el fútbol. Mientras tanto les sigo observando mientras riego las plantas y me entretengo con el trajinar de los caracoles, ya libres de su terrario mientras deambulan entre las macetas. El verano se presenta histórico y solo lamento que el cuarto de la vecina dé al otro lado. Como no les dé por ayuntarse en el balcón, ella agarrada al barandal y él embistiendo por detrás concentrado en la animal locura, tendré que seguir reportando las maneras de ella al tomar la copa y beber de lado, como esperando a contestar una idiotez con un sarcasmo.

  • VOYEUR (II)

    Indudablemente, han consumado el acto. Es posible que con cierta fiereza. Están de nuevo trajinando en la cocina, ella con esmerado afán en el fregadero. Lleva el pelo suelto, quizá recién duchada. Viste una camisa amplia, seguro que propiedad del macho, al menos hasta ahora. Desabrochada, pero tapados los pechos con una camisola. La luz del salón sigue encendida. La ruleta del contador debe de estar echando humo.

  • Tenemos receptores sensoriales específicos para el sabor dulce, y nos sirven para detectar los alimentos que contienen grandes cantidades de calorías, los específicos del ácido -a mi me gusta más llamarlo agrio- supongo que nos ayudan a descubrir las vitaminas. Estas son imprescindibles para llevar una vida sana y se suelen encontrar en la fruta -kiwi, naranja, níspero, manzana- y algunos vegetales como el tomate. El sabor salado nos debe mostrar las sales, también imprescindibles para el equilibrio electrolítico, y supongo que el amargo nos alerta de los tósigos, las almendras amargas tienen cantidades considerables de cianuro.

    Sin embargo al que no ubico en su utilidad es al umami, el sabor superespecializado en la detección del glutamato monosódico. Es más, si me preguntan, prefiero el áspero como sabor, incluso después de haber leído la explicación sobre la astringencia.

    Otros alimentos que producen la sensación de astringencia: la zamboas, los nísperos cuando no están bien maduros y las pielecillas blancas de las granadas. Tampoco se me ocurre para qué necesitaríamos un receptor especializado en detectar alimentos astringentes, a menos que la historia de la humanidad se haya escrito dejando tras sí un rastro de diarreas, en cuyo caso la rápida detección de sustancias capaces de poner remedio a tan penosa gabela estaría más que justificada.

  • MGaussage, lamentando que lo que percibimos no esté reconocido como sabor por la Real Academia de Gustos, Sabores, Saborcillos y Regustos, quiero manifestar que, a mi juicio, el estudio que nos enlaza es absolutamente “delicioso”. Una auténtica y genuina “delicatessen”.

  • Los aromas se reconocen mejor cuando las esencias están diluidas en alcohol, así se hacen los perfumes, pero las bebidas alcohólicas son las que permiten que participen todos los elementos gustativos.
    Imaginemos un brandy que a partir de unas holandas de airén ha reposado en unas viejas barricas en Tomelloso (Peinado 100 años). Al entrar en boca nos adormecerá un poco la lengua dada su alra graduación, pero inmediatamente se repartirá por toda la cavidad bucal dejándonos una sensación dulzona con un toque ahumado. Pasados unos segundos sus vapores envolveran la zona retronasal donde las antedichas sensaciones se prolongan durante varios minutos. Si entonces encendemos un habano se mezclaran sus aromas con los del brandy y crearan una sensación indescriptible.
    En este momento fluye la conversación entre caballeros que acometen con calor temas trascendentes. En ocasiones el sabor que queda en la boca es tan excitante que apetece pasar la lengua por el final de la espalda de tu chica la cual discretamente no habrá intervenido en la conversación.

  • Acabo de ver hace un rato 45 años, una de esas películas que dicen que hay que ver. Algún día, si tengo tiempo y ganas, explicaré por qué éste tipo de películas son, precisamente, el tipo de cine que me sobra. Lentitud y gente mezquina con sus mezquinos y amarillentos sentimientos.

  • Pues todo lo contrario con la nueva El libro de la selva, una de esas excepcionales películas capaces de hacernos regresar por dos horas a la niñez. Desde el mismo plano de apertura, soberbia en todas sus vertientes, tanto técnicas como narrativas. El único “pero”, por poner alguno, sería paradójicamente el que a priori constituiría una de las mejores bazas de esta revisión, a saber: la posibilidad de disponer de los que probablemente son los dos mejores números musicales de toda la historia Disney, pero que en esta versión –alejada por completo del tono de un musical– parecen metidos con calzador. En cualquier caso, una experiencia notable que invita a rescatar tanto el clásico como a Kipling.

  • ¿Alguien sabe por qué se llama síndrome de Diógenes a la acumulación de objetos y basura? Diógenes, que yo sepa, defendía la austeridad extrema, no la acumulación. Hasta prescindió de su cuenco.

    Acumular amigos en Facebook y no tirar ninguno porque alguno de ellos puede ser el único que se preocupe por ti.

  • CALAZA ON THE ROCKS
    […] No carece de fundamento equitativo que el miembro más rico de la colectividad se enriquezca aun más si con ello coadyuva a que la persona con menos recursos mejore su situación, bien sea porque hay un efecto de sinergia en la creación de riqueza o porque el Estado practica la correspondiente punción impositiva buscando un efecto redistributivo.

    En una situación de desestructuración económica creciente con el previsible impacto negativo que sobre empleo y salarios tendrán la confluencia de la robotización, inteligencia artificial, TICS, globalización y quizás el agotamiento de los efectos virtuosos de las innovaciones que anticipa Robert Gordon, solo veo dos salidas en aras de mantener la cohesión social protegiendo a los más débiles, compensando la desigualdad creciente y sosteniendo una dinámica económica impulsora del consumo imprescindible para mantener el pulso económico.

    Una salida es la que propone Carlos Slim: treinta y tres horas semanales de trabajo en turnos de tres días. Otra salida, que no es incompatible con la anterior, sería la asignación de una renta básica de 1.000 euros en poder adquisitivo actualizado para las personas de más de 55 años con ingresos por debajo de un determinado umbral. Esta renta básica sui generis sería acumulable parcialmente con otros ingresos incluso laborales. El 40% se pagaría en euros y el 60% en europesetas electrónicas complementarias con el euro, paridad 1:1, sin costes de transacción, de curso legal con poder liberatorio en todo el territorio nacional pero cerradas a las transacciones en el extranjero y emitidas por el Banco de España con la supervisión del BCE. Esta propuesta ya la hice la semana pasada pero, sobra decir, 1.000 euros es una cifra de referencia, no un dogma.

  • No voy a negar que vivir solo tiene múltiples ventajas, pero no es lo natural y el solipsismo suele generar extrañas patologías. El hombre que vive solo suele extremar la suciedad, mientras que las mujeres suelen exacerbar la limpieza. En mi caso, en contradicción con mis aficiones tan masculinas, gusto tener el pisito de Barcelona como una patena. Tan es así que la asistenta que me había proporcionado una amiga, le confió a ésta que sospechaba que era gay, tal era el orden y limpieza de que disponía.
    Una de mis manías, prolegómeno de la locura, es tener desinfectada la taza del water. Para ello uso un producto italiano de Relevi llamado “WC polvo activo” en sobres monodosis que me garantiza una total desinfección. El ácido benzenesulfónico, a fuer de tóxico, no deja rastro de microbiota.
    Tan satisfecho estoy de los resultados que me lo llevo el fin de semana para utilizarlo en mis tazas de water de Madrid y del Zulo donde procedo personalmente a su limpieza. Aquí empiezan los inconvenientes de vivir en familia, pues no me libro de comentarios jocosos sobre mi absurda manía. Lo cierto es que desde que uso este producto, me siento mucho mas seguro.

  • Paul Mason en su “Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro”, propone pagar una renta mínima a todos los ciudadanos que permita subvencionar la transición a una semana de trabajo mas corta y formalizar así la inevitable separación que generan las nuevas tecnologías entre trabajo y salario. Esto forma parte del “reformismo revolucionario” que propugna Mason en su libro.
    Ya me gustaría ver si todos estos gurús tales como el propio Mason, Slim o Calaza, tienen bien desinfectada su taza del water, porque limpiarla tú mismo contribuye a acrecentar mas todavía la separación de trabajo y salario.

  • Lo de Slim està muy bien pensado. Dos turnos semanales, de tres dìas cada turno, empopa la demanda de mano de obra.
    Habrìa que rebajar algo los salarios, quizàs, en algunos sectores pero se compensarìa con la renta bàsica a los mayores de 55 años. La actividad economica mejoraria y el Estado recuperaria el gasto via impuestos. Ademàs ahorraria los subsidios de paro.

  • Profesor Calaza, creo que no ha explicado bien el llamado efecto tunel de Hirschman. Tal y como lo entiendo consiste en la irritación (envidia) que produce que la hilera de coches en la que tu no estás avance, mientras que en la tuya los coches permanecen parados. O sea, que el conflicto no es tanto por estar parado como porque los otros circulen.

  • Hombre, marqués, entiende usted justamente lo contrario de lo que dice Calaza. Ha desayunado orujo?

    “¿Cuál sería la reacción colectiva en una sociedad igualitaria en la pobreza si una persona se enriqueciera lícitamente? Depende. Si el efecto envidia dominase, la gente haría todo lo posible para impedir el éxito económico aunque redundara en favor de la colectividad. Lo racional, no obstante, es facilitar el progreso personal dentro de la ley. Albert Hirschman lo explica con lo que a veces se llama efecto túnel (no confundir con el efecto túnel en Economía de transportes). Cuando quedamos atrapados en un embotellamiento en el interior de un túnel no nos sirve de consuelo saber que otros comparten la desagradable situación. Por el contrario, si vemos que una de las filas empieza a avanzar nos alegramos esperando que llegue nuestro turno. La igualdad, sea en un embotellamiento dentro de un túnel o en la pobreza, no es siempre deseable.”

  • Joder, Follan, que lo has puesto al revés de lo que dijo Hirschman. Hay que ir a las fuentes primarias y no citar de memoria. La versión fetén es la que te indico, ya estás mandando la corrección al Faro citándome en el agradecimiento.
    Aprovecho para recomendar “Retóricas de la intransigencia” de Hirschman. FCE 1991. Quizás el mejor libro sobre teoría política que nunca he leído.
    Y sí, desayuné orujo de hierbas con churros.

  • Pretende Hirschman que en las sociedades pobres en que una franja se enriquece, se producen mayores conflictos sociales que cuando todos son pobres. Ver que los demás se enriquecen no genera expectativas de enriquecerte, sino frustración.

  • The Tunnel Effect
    “Imagine you are driving in a two lane tunnel with both lanes headed in the same direction. All traffic is jammed as far as you can see – which is not very far. Suddenly the lane next to you starts to move. You feel better, even though you are still stuck, because this signals to you that the jam has ended and your own lane will soon start moving too.”

    Es cierto sin embargo que si el crecimiento no se reparte se generan conflictos por envidia. Pero Calaza impone la condiciòn de racionalidad: “Lo racional, no obstante, es facilitar el progreso personal dentro de la ley”

  • No, marqués, la versiòn que propones es buena, aunque hay variantes segùn se aplique a paises desarrollados o no. Pero la de Calaza no es exactamente la misma: dice que la envidia no serìa racional en la igualdad en la pobreza como no lo serìa dentro de un tunel cuando se observa avanzar una de las filas: lo normal es que también nos toque a nosotros aunque sea bastante màs tarde.

  • Procuro fijarme dice:
    Viernes, 15/04/2016 a las 20:41

    Esto es una joyita, Proc.

    Este siniestro analfabeto que aparece despiojándose en una revista chic, ha dicho que los políticos llevan escolta porque les erotiza. También dice que Buñuel ya no sirve. Y tantas cosas. Dichas en tono curil bisbiseando a través de esos dientes chuecos y musgosos que gasta. El asco lo sirven en cubos, macho.

  • The Tunnel Effect, etc.

    Dios santo, ¿en esto ha quedado Hirschman? ¿En esta pirueta pour épater al usuario de las redes es en lo que ha dado a parar la economía política? ¿La macroeconomía ha acabado en esto, en un par de metáforas conductistas presentadas como mucho en el papel de envolver de unas ecuaciones rudimentarias? Estamos entonces perdidos. Se aprende mucha más economía leyendo a Moses Finley.

    Que conste que mis diferencias no son (que es posible que también) de orden moral. Ustedes están intentando poner una estación espacial en Marte con las instrucciones de montaje de una estantería de Ikea. Lo de las dos filas de atasco es muy resultón para los usuarios de twitter, pero no explican nada de lo que ha ocurrido en los últimos cuarenta años por estos pastos, pasado el drama de la segunda guerra. Los economistas tienen que aspirar a explicar al menos tan bien como los historiadores o los sociólogos qué ha sucedido en los últimos cuarenta años para que hayamos pasado de una sociedad estable, básicamente cohesionada, con casi pleno empleo, a una sociedad desigual, fragmentada, descreída y descontenta. No lo han conseguido. He encontrado muchas más pistas en Sennett, en Sacks o en Sebald que en ellos. Tampoco los teletubbies leninistas tienen una explicación convincente, y por eso entran al trapo de las tertulias y las redes, y tienen que cargar las tintas sobre el antitaurinismo, las reyas magas y el LGBT. Tienen el cerebro fundido, y su única salida es despotricar contra la faena de Morante en la Maestranza, pobres indigentes.

    Para el análisis no valen instrumentos “micro” ni metáforas conductistas, ni salvar la cara aceptando la variable tecnología como animal de compañía. Lo que hace falta lo intuyo, pero no lo sé. Á. Vilariño (al que Follan posiblemente conozca – y odie) me decía hace veinte años que aunque no lo conociera, lo reconocería cuando lo viera. No lo creo, pero eso espero.

  • ¡Subnormal! El artículo va de John Rawls, la citación del señor del “efecto túnel” es completamente episódica, 3 líneas en un artículo de 100. Cuando el sabio señala la luna bla bla bla
    El arquetipo de la golfa de la boutade que le endosan a los chinos. Cuando llegues a casa bla bla bla
    ¿Quién cojones será el Vilariño ese?

  • No he entendido una puta palabra de su respuesta, Follan. Bueno, sí, tres palabras: bla bla bla. Se lo toma usted todo a la tremenda y por lo personal, y yo no iba por ahí. Relea vd lo que he escrito y no se vea como el destinatario. Ya hablaremos a horas menos intempestivas, o no.

  • Ayer comí en un MC. Yo no como hamburgalesa como los trozos de pollo y salsa de curry y los paso con cerveza Mahou.
    La elaboración de la hamburgalesa sigue los más estrictos controles en inocuidad alimentaria, por lo que esa leyenda urbana de que está hecha de gato o cosas peores es incierta. Las he visto elaborar y su publicidad es verdadera 100% carne de delanteros bovinos del país. La carne no es el problema, es lo que la acompaña: bebidas azucaradas, patatas fritas esos helados llenos de grasa..y la falta de ejercicio.