El sobre

Master
Por Fernando García.

Ser crítico taurino de prestigio fue durante muchos años un escaso privilegio. Las figuras del toreo dependían de la opinión que desgranaban con displicencia en sus crónicas y si éstas se hacían en ABC alcanzaban además una categoría prescriptiva. Así, se hablaba del maestro Corrochano o de Cañabate como epítome de la sabiduría en el arte de Cúchares, amén de la altura literaria que alcanzaban. Los críticos de provincias, por el contrario, andaban en la parte baja del escalafón y hacían sus crónicas a cambio de un pase de favor. Este fue el caldo de cultivo para que los apoderados de las figuras empezaran a repartir sobres entre estos desgraciados plumillas a cambio de tergiversar el resultado de la corrida. Era frecuente ver en el callejón a un orondo apoderado fumándose un veguero y tocado con un sombrero de ala en cuya cinta se dejaba ver un sobre cuyo contenido era el óbolo dispuesto para los ocasionales corresponsales. Con el paso del tiempo tal práctica se generalizó y los sobres corrían también por Madrid o Sevilla. Con la llegada de la democracia los responsables de otras secciones del periódico decidieron también apuntarse a la práctica del sobre; es decir, si querías que hablaran bien de ti, había que pagar. La pendiente se fue haciendo mas abrupta y aquello fue el caldo de cultivo en el que crecieron los llamados «confidenciales».

Corría el año 1986 cuando fui requerido por un colaborador del diario monárquico para que le facilitara cierta información y como me negara me dedicó un articulito en que me acusaba de «pertenecer al sector mas radical del partido comunista y estar causando grave perjuicio al sector farmacéutico». Aquello era más que falso, sobre todo lo primero, pero causó gran disgusto a mi madre por motivos guerracivilescos que no vienen al caso, aunque curiosamente me dio cierto prestigio ante mis jefes socialistas de entonces.

Aquello fue el desparrame, el periodismo se convirtió en una guerra sucia donde florecieron buscavidas como el recientemente detenido responsable de Ausbanc. La trama se fue perfeccionando y sus tentáculos llegaban a todos los políticos y empresarios. En el año 1992 me quisieron cesar por haber filtrado información a un Confidencial. Me salvó la campana gracias a la aparición de unas pruebas que inculpaban el verdadero responsable. Entonces comprendí que si quería sobrevivir tenía que filtrar, pues de no hacerlo me acusarían paradójicamente de haberlo hecho.

El llamado periodismo de investigación se ha estado alimentando durante todos estos años de lo que venían llamándose soplos (filtraciones) de funcionarios y políticos conectados a su vez con los pagos de empresarios en un discreto sobre. La conexión de Ausbanc con Manos limpias ha removido los recuerdos de unos tiempos que quisiera olvidar para siempre.

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