Breve relación de vidas extraordinarias · 11

BRVE11
Por Martín Olmos.

San Onofre de Egipto fue un obelisco santo, transexual, badajudo y faquir que enhiesto circunferenciaba de verga la medida de un aro de tonel que sujetaba en equilibrio dándole vueltas con el mástil hasta que amansaba. Fue santo percherón y circense, si se hubiera dado la ocasión, sin embargo prefirió la soledad al aplauso y la virtud a la invasión, sus razones tendría. Fue, asimismo, santo ignífugo. Nació mujer en Etiopía en el siglo cuarto, pero quería ser varón, le rezó a Dios y amaneció peinando crin en los estorbos. Por esta razón o por otra, su padre, que era un príncipe abisinio, le arrojó al fuego, pero San Onofre, al contrario que la yesca, no prendió porque era santo de rama verde como el profeta Daniel. Siendo niño entró en el monasterio de Eremopolites, en la Tebaida egipciana, donde vivió con cien monjes, pero un día lo abandonó y se internó en los yermos de la Capadocia para entregarse a la meditación y rindió sesenta años abrigándose con sus propias barbas y alimentándose de dátiles y agua y cada domingo un ángel le llevaba la comunión. El diablo Belcebú le tentaba con la lujuria y a San Onofre se le templaba la verga y la derrotaba metiéndola en el aro de un tonel.

«Igualmente llevaba San Onofre un aro de tonel alrededor de sus vergüenzas», escribió Pierre Louÿs, poeta belga, parnasiano y pecador que murió rimando versos terribles que hay que suponer que Dios no le tuvo en cuenta.

San Onofre vencía el estímulo haciendo retablo y performance como un volatinero sin cabra y el diablo Belcebú le miraba las acrobacias en los yermos de la Capadocia y le seguía tentando con la lujuria no tanto por catecismo como por ennui y por no matar moscas con el rabo. Para bien o para lo contrario, la verga de un hombre obra en autonomía de su idiosincrasia y ya tenía dicho el difunto Umbral que el falo no es una bandera que se iza cuando la autoridad lo dispone. Cuando el estacazo atiesa en no habiendo hembra a la vera dispuesta para el consuelo, lo mejor es arriarlo a manivela para descolmar el cojón y que la sangre curse a su fuero. La sangre que no cursa embolia con sus consecuencias. No obstante, la paja tiene algo de misantropía. Dejó escrito Santo Tomás en la Summa Theologiae que el que se procura la polución sin coito carnal, por el puro solaz, constituye el pecado de inmundicia, al que suele decírsele afeminación. A San Onofre le predicó el monje Pafnucio, que era tuerto del ojo derecho, y le celebran mucho los coptos. Los católicos le festejan el 12 de junio junto al papa León II y los santos Cirino, Nazario, Basílides y santa Antonina de Nicea, que no era ignífuga y la quemaron viva. El falo imperito de San Onofre no se guardó, es lástima, como se guardó el prepucio de Jesucristo en la Basílica de San Juan de Letrán. El falo de San Onofre igual se lo comieron los alacranes. Se guardó la polla de San Malaquías, la del bandido Dillinger y la polla del monje Rasputín, que era polla grande, negra y misteriosa, presoviética y mujik. La polla del monje Rasputín la compró un urólogo.

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