El consultorio de la Srta. Bellpuig: Cambiar las sábanas

Acaro

Querida señorita Bellpuig:
¿Cada cuanto tiempo es razonable cambiar las sábanas de la cama? Mi marido se empeña en cambiarlas una vez a la semana, aunque no estén sucias, pero a mí me parece excesivo. Le he propuesto lavarlas cada vez que él pase la aspiradora, pero llevamos paso de cumplir un trimestre y no sé si es bueno para los ácaros. Somos una pareja moderna y todo lo hacemos entre los dos, pero lo de las sábanas es superior a mis fuerzas y me amarga la vida.
Le queda muy agradecida por su respuesta
Veronique Casalapeña

Querida Veronique
(¡Qué nombre más bonito! Me recuerda a mi octavo marido, el transexual)

No se preocupe por los ácaros. Si cambia las sábanas una vez al trimestre estarán robustos y sanos, del tamaño de una pelota de béisbol. Un día de estos se comerán a su marido, que no hay bien que por mal no venga, hija, pero hágale un buen seguro que cubra contingencias por ataque de fieras, no sea que se quede sin la indemnización y tenga que pagar el crematorio (si es que queda algún resto) de su bolsillo.

Las sábanas conviene cambiarlas a menudo porque las personas estamos llenas de glándulas sudoríparas por donde salen sudores y grasas. Como no sé la edad de ustedes desconozco si están aún por retozar o duermen ya con pijama de felpa. Si aún son jóvenes y se echan a la cama a frotarse, deben reparar en que buena parte de sus juguillos irán a dar a las sábanas. Y si son personas normales, es decir, con sobrepeso, los sudores y grasazas serán abundantes, por mucho que las disimulen con desodorantes y perfumes.

Antaño existía la costumbre de usar sábanas blancas, que destacaban las manchas y servían para avisar si ya era momento de cambiarlas. Hogaño las sábanas estampadas son más discretas, porque los chorretones y las garrapatas se camuflan mejor entre los dibujos de flora y fauna.

Si usted aún usa sábanas blancas, fíjese en su color: si ya son pardas, marronáceas o han quedado imprimidas en ellas sus efigies, como en la Sábana Santa de Turín, debería pensar en hervirlas en una solución ácida con varios litros de lejía y sosa cáustica o bien arrojarlas a un vertedero de residuos sanitarios. Otro indicio es el numero de manchas y el grosor de las costras, si hay más de diez y de un diámetro no menor que un huevo frito es el momento de sustituirlas, aunque aún no huelan a escabeche.

Puede fijarse también en el color de las almohadas. Empiezan amarilleando, debido a los potingues y a la baba que dejan caer por la comisura de los labios, y acaban tomando color papiro, por la concentración de ácaros muertos, legañas y sebo. Conviene cambiar con bastante frecuencia las fundas. Tenga en cuenta que las propias almohadas son ciudades y cementerios de ácaros. Yo suelo cambiar de almohada cada vez que reemplazo al marido, cada dos años, pero si no es usted muy exigente le pueden durar más.

Yo creo que, como norma general y siempre que se duchen diariamente, debería cambiar las sábanas una vez a la semana como mínimo, cariño, y si hay copulación o incontinencia, siempre después de cada efusión o efluvio.

De paso me atrevo a darle algunos consejos más, porque que me da la espina que tiene razones para preocuparse por la vida bacteriana en su hogar.

Cambie las toallas varias veces por semana. Las toallas húmedas, y especialmente las que usamos para secarnos los pies y los intersticios inguinales, son para las bacterias como las playas mediterráneas para los turistas y proliferan en ellas con la misma pasión que la salmonella en la yema de un huevo.

Tenga cuidado con las toallas que estén próximas al inodoro. Hay costumbre de tirar de la cadena, o pulsar el botón o mover la palanca, sin haber cerrado la tapa del ahora odoro, lo que hace que los gérmenes vuelen libres rociados como un spray y encuentren en las toallas su Malibú o Xanadú o Benidorm.

Cambie también con frecuencia las servilletas. No hace falta esperar a que huelan a vertedero o trapo de cocina. Y hablando de trapos de cocina, bayetas y delantales, es ahí donde se concentra la mayor pestilencia. Lávelos con frecuencia o use papel de cocina como sustituto, no sea que vayan a coger el cólera o el tifus o algo con nombre griego.

Esperando haberle servido de ayuda, me permito recordarle que todos estos consejos sirven también para la ropa interior, en especial bragas y calcetines, que debería usted enviar a la lavadora casi diariamente si no quiere que el perro del vecino o el propio vecino la olfateen cada vez que sale de casa.

Los calzoncillos del marido ya sabra él, pero si no lo sabe es cuando cambian de color y de olor. Basta acercárselos a la nariz para distinguir si huelen a Mimosín o a pozo séptico.

Higiénicamente suya
Srta. Bellpuig

***

9788416392995_portadaweb2Nos ha llegado noticia de la publicación del libro Houdini, de Eduardo Caamaño. El libro, publicado por Almuzara, y que promete ser la biografía definitiva del mago más célebre de todos los tiempos, incluye una ilustración perpetrada anteriormente en ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS, como se recoge en los créditos.

Agradecemos la cortesía al señor Caamaño y animamos a las señoritas lectoras y a los señoritos futbolistas a que adquieran el libro, que está de oferta de lanzamiento, y lean la magnífica biografía de Houdini, a ver si aprenden de una vez a escaparse de sus yugos, que ya tienen edad.

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