Joyero bibliográfico. Adela y yo

senderpor Ricardo López Bella.

Esta es una novela que, para tipos sensibles como yo, a quien se le pone la piel de avestruz cada vez que alguien le mete la punta de la lengua en el recibidor de la oreja, en especial la derecha, que es la de mi oído bueno; que maldice el continuar vivo cada vez que el club de fútbol de mis entrañas, mi secta religiosa, no consigue ganar una Copa de Europa y, además, es llamado rancio por negarme a escupir el nombre oficial de dicho trofeo-campeonato debidamente y comercialmente registrado; que llora cada vez que escucha los cortes God U Tekem Laef Blong Mi y Jisas Yu Holem Hand Blong Mi de la banda sonora de la genial película La delgada línea roja, aunque no entienda nada de lo cantado (fijaos hasta donde llega mi sensibilidad); que cuando detecta un tipo en una biblioteca o en una librería con intenciones latrocínicas (las chicas no roban) y más si consigue llevarlas al éxito, lo ve como a un despreciable competidor… esta novela, decía, es desde la primera página un documento entrañabilísimo por su temática, su acción, sus personajes, humanos y animales, y por muchas de las reflexiones que se ponen en mente y boca de sus protagonista. Trata de la amistad-amor entre Cristóforo, un veterano de una guerra innominada, del que sabemos que es pensionista de 800 dólares al mes como consecuencia de ella, y una ardilla llamada Adela. El tipo es nacido en Aragón y su padre se llama Davidson. La ardilla tiene su nido en una palmera del Parque Balboa de San Diego, California. Poco después aparece una pre-Lolita hispana, Mary-Lou, de ocho o nueve años, eyectada de casa por mandato materno con objetivo adulterino, que ejerce de madre de su hermana menor y que también despierta en Cristóforo el mismo sentimiento que Adela.

El relato incluye posibles relaciones incestuosas en sentido horizontal y vertical, la normalidad de las relaciones a dos y tres bandas y dos sexos, la probable visita de ovnis tripulados por cangrejos temerosos, que nada tienen que ver con los crustáceos-aliens de Ridley Scott. El convencido animismo del protagonista, que, inspirado por Dios, aplica para una ideal interacción entre los reinos animal, vegetal y mineral, amén de otras disquisiciones teológicas. También nos habla de la amenaza atómica, expone un extenso listado de aves depredadoras y, por tanto, enemigas de Adela y su progenie. Hace lo mismo con lo que él llama adjetivos denigratorios “al tú y al yo”. Todo esto con una naturalidad y sencillez expositiva y argumental que desechan la idea de que Ramón J. Sender tomara algún tipo de sustancia estupefaciente o alucinógena entre ocurrencias y capítulos, aunque de haberlo hecho sería obligado reconocer que le sentaría envidiablemente bien a su creatividad.

He de destacar un momento, entre unos cuantos, de poética pseudocientífica, que consta en el primer párrafo de la página 65 en la edición de Destino, colección Áncora y Delfín (nº 535) y que no quiero desvelar para que el improbable lector reciba, si su sensibilidad es afín a la propia, la maravillosa impresión que experimentó el subscriptor de estas líneas. Realmente, podría trufar este escrito con frases y reflexiones de esclarecedor contenido, pero dejo a la ventura del prójimo el destapar el tarro de las esencias.

Ramón J. Sender rebate involuntariamente, con la totalidad de su obra, la inexplicada y por tanto estúpida idea de Pacumbral: la literatura del exilio está sobrevalorada. Después de emitir tal juicio de valor tendría que haber definido el concepto que le atribuye a tal literatura o cómo se agrupa… ¿Temáticamente? Si es así, RJS, es inclasificable, al igual, que otras plumas expatriadas, caso de Rosa Chacel, que no escriben solo y exclusivamente de su desgracia-tragedia de fugitivos por persecución. Son sencillamente literatos de primera categoría. El aragonés, y recurro a una imagen actual y futbolera, fue como uno de esos delanteros de raza a quienes se les centra un melón o una bombona de butano y anotan un gol “de autor”: noveló la corta vida de Billy, el Niño (El bandido adolescente); una estadounidense, Nancy (a la que le faltan entre uno y dos hervores y quien, en algunas ocasiones, está más que cocida), que protagoniza una serie de novelas tan hilarantes como magistrales; la interminable Guerra de África o estúpida prolongación ultramar de la Reconquista, constituye el tema de la autobiográfica Imán

Una advertencia final a todos aquellos guardianes de la fe, llámese esta catolicismo, feminismo, correccionismo político, estupidez congénita o adquirida… Adela y yo es una obra escrita desde un sentido común muy personal (sé lo que me digo, a pesar de la sintaxis). No encontraréis nada condenable a pesar de que Cristóforo pida guillotinar a las suegras como parte de la misma ceremonia nupcial o aconseje llevarse bien con las mujeres, pues no se las puede abofetear. No encontraréis al autor para llevarlo a vuestras hogueras: falleció en 1982.

SALUD Y LECTURA.

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