Manual de escritura

por Satur.

Genio

Introducción

Eh, qué pasa, tíos. Lo cual que los colaboradores de este magazine necesitamos a veces directrices escriptomorales que nos permitan expresar aquello que queremos expresar, sea lo que sea, por lo cual que me he lanzado a establecerlas, además de lo cual pueden ser útiles a otros lectores que quieran dar el salto metafórico del ojo a la mano, de la visión al tacto, de la pasividad a la acción, de la lectura a la escritura en definitiva, si a la literalidad nos atenemos.

Nudo

Las pautas escriptomorales para convertir una simple redacción en un texto atractivo para los lectores son dos y muy sencillas de seguir:

  1. Introducción, nudo y desenlace.
  2. Sujeto, verbo y predicado.

Una persona que escribe un correo electrónico o que transcribe en un documento opistógrafo —o no— lo que le pasó el otro día en el ascensor, verbigracia que se quedó encerrado con la vecina del quinto, ésa que sólo tiende tangas de cuerda en el balcón, no es en sí mismo un escritor. En cualquier caso, puede ser un escrituracionalizador. Ahora, un escritor, ni jarto de vino. Para ser escritor, como para ser actor de películas de anatomía cinética, conviene estar bien dotado, en este caso de genio.

El genio consiste en que ese esquema arriba mencionado sea una caja donde guardar tesoros léxicosemánticos que conviertan una frase anodina en un tren cargado de sueños y acción. Por ejemplo, si alguien quiere expresar el placer que le produce salir de la ciudad y darse un paseo por el campo, puede escrituracionalizar:

Yo estaba cansado de la ciudad. Yo estaba cansado de los coches. Yo estaba cansado de mi anonimato. Yo estaba cansado de estar cansado. Yo decidí irme al campo. Yo me fui al campo. Me gusta el campo [esta frase es más compleja, porque es más difícil determinar el sujeto, pero como la usamos mucho, sirve]. En el campo vi un paisaje. El paisaje me relajó. Yo regresé a la ciudad más relajado. Yo tardaré más tiempo en cansarme de la ciudad.

Este texto está muy bien para escribírselo a la novia con el fin de hacerle entender que si se fue el fin de semana al campo fue para calmar los nervios y no para yacer con una pastora o una pelandusca. Ahora, como texto literario no sirve. Si lo que queremos es escribir, crear arte, ser geniales, desembarranquemos por los riscos de la gramática, hundámonos en las aguas lexicográficas, retorzamos la semántica sintácticomoral que hemos apacentado desde que balbuceábamos nuestras primeras palabras. Pero, eso sí, siempre teniendo en cuenta nuestro estandarte:

  1. Introducción, nudo y desenlace.
  2. Sujeto, verbo y predicado.

Yo propongo tatuárnoslo en la piel para no olvidarlo. Podemos escribir desnudos y los chicos gordos pueden tatuárselo en la tripa, por ejemplo, ya que al mirar abajo tendríamos los renglones a simple vista (no olvidéis tatuarlo al revés). Y los chicos delgados en el ciruelo, por ejemplo. Y las chicas en la base superior de los pechos. Las que tengan poco, pues en el muslamen. No sé: sed imaginativos, o memorizadlo, a vuestro gusto o capacidad cerebromental. A lo que iba: que un texto literario sería del siguiente tenor o mezzosoprano:

La ciudad extrae de mi espíritu las últimas partículas de vitalidad, los automóviles son conducidos por apáticos chauffeurs que me contaminan de apatía, la apatía se espiraliza en mi interior produciendo más apatía y marasmo, las chicas no me miran, soy el hombre invisible, en las páginas del Lib las chicas me miran pero no tienen ojos con células humanas. Lo cual que en un aguerrido gesto de valentía decidí tomar el ferrocarril de las diez e irme a contemplar paisajes y a oler la bosta de las vacas [ojo a esta genialidad irónica]. Me gustan los paisajes soliloquios [un sustantivo convertido en adjetivo fuera de su campo semántico; a este realce expresivo se le llama jintanjafoxíbaton, o algo así] que se hablan a sí mismos. En un paisaje soliloquio me sentí hombre soliloquio, lo cual que todo viene a ser un reflejo del otro en sí mismo [profundidad filosófica, algo característico de los genios]. En lugar de regresarme en el ferrocarril de vuelta hice el camino andando, que al fin y al cabo son sólo dos estaciones [¿qué decís de esta genial pincelada de displicencia?] Humano endorfinado, oxigenado, humano soliloquio, vuelvo a ser ciudad, soy hombre cosmopólito.

Creo que no hace falta comentar nada, los textos hablan por sí solos. Tira, dile con el último texto a tu novia que te has ido al campo a oxigenarte, que del fostiarro que te mete lo mismo haces noche en el aire. Los genios son unos incomprendidos.

Desenlace

Hala, adiós.

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