Petite massepain: la piccola scatola di marzapane morale

perlas
Por Jgfed.

Hoy he estado en la playa de Cádiz hasta las seis de la tarde. Hacia las cuatro y media han empezado a llegar hordas de jóvenes. Un grupo de ellos hablaba de drogas, hachís y cocaína. Con risas, con esa clase de ingenio adolescente, a pesar de que la media de edad sería de veinticinco años. Otro grupo, conocidos pues alguno se saludó, hablaba del Sevilla-Real Madrid de hoy. Uno cantó el himno del Sevilla, con gran seriedad, sin bromas, en un tono sereno. También dijo, joder, voy a cantar, Antonio Puerta, Antonio Puerta… Era un chico de unos veinticinco años y unos ciento treinta y cinco kilos. El otro grupo cantó, en tono sereno también, seriamente, un cántico antimadridista. Todas las chicas de ese estilo llevaban biquinis acabado tanga, diferente color el tanga y lo de arriba. Algunas sin lo de arriba. Bueno, veintisiente chicas, once en topless, si es que os gusta la exactitud. Yo diría que la media de edad de ellas sería de unos veinte o veintiuno.

«Perita en dulce» obtiene el máximo galardón en el apartado lo rijoso.

(Precipitarse) Los que llaman a las ideas expresadas en pocas palabras píldoras, perlas, pepitas, pepitas de oro, migas de pan, piececitas de plata, confetis o tuerquecitas se dejan llevar por la impresión favorable que ese pensamiento les produce, impresión superficial o no, y tratan de equipararse o corresponder al escoger esas palabras especiales. Cuanto más impresionados superficialmente más especial es la palabrita. Yo escuché a una persona llamar a una idea que consideró italiana por elegante pensamienti y dije para mí: esta idea le importa un pimienti. En este caso pimienti es el nombre exacto de la cosa.

He pensado/soñado que me moría, espoleado por un dolor de cabeza inaudito, desde la nuca hasta los párpados. La frase que decía, la última: no sé si hubiera podido haber hecho o pudiera haber hecho algo.

(Papelón) He visto [película americana], se me había olvidado. Fui el día del espectador. Pedimos unos nachos con queso repugnantes/y tomé más de las dos terceras partes. La sala era estúpidamente pequeña y estúpidamente grande la pantalla. Éramos pocos espectadores pero mi fila, de 6 plazas, acabó llenándose. Cuando llegamos obligué a Ana a moverse un asiento para no coincidir codo con codo con un hombre de unos dos metros de altura, del que recelaba. Al minuto de empezar la película vino otra pareja. Se pararon en nuestra fila. Cuchicheaban, les vi de reojo. Finalmente, con el cine vacío, él se aventuró fila adentro. Dijo, ehh… Bueno, nos movimos y avisó a su pareja, aún en el pasillo con una caja de mudanza llena de palomitas. Le dije a Ana que nos fuéramos delante pero se negó. Se asentaron en su esquina y la pareja del aventurero, abrazada a su caja, puso sus piernas sobre las de él. Yo toqué el codo de la persona que me correspondía con el mío, con mi codo, y a él no pareció importarle. Fuimos conscientes de cuando el otro bebía de su refresco por necesidad o por capricho. Hacia los 20 minutos del metraje caí en la cuenta de que le olían los pies. Supongo que calzaría un 50, al menos eso es lo que imaginé, un pie abracadabrante y con la gangrena avanzada.
La película, a pesar del mágico ambiente, me gustó. El ambiente del film, por cierto. Y los actores. [Actriz americana] especialmente.
Ana dice que el olor era el del queso de los nachos.
Ana dice que si alguien me oyera pensaría que soy mejor que todo el mundo.
Ana piensa quizá que yo podría ser un tipo de monologista, si me lo propusiera.

Los adolescentes dejan las bragas sucias a la vista de todos.
Los adolescentes no reparan en el propio y nauseabundo olor a pies.
Los adolescentes en el mejor de los casos aceptarían displicentemente la reiterada señalización de los comportamientos intolerables.
Los adolescentes luchan para siempre contra la injusticia pura.
Los adolescentes desprecian un poquito a sus hermanos.
Los adolescentes creen que deben tener casi todo lo deseado, no hablan de merecer sino por milagro, es decir por las buenas o por las malas.
Los adolescentes quizá consideran que madurar es envilecerse.
La adolescencia acaba, como siempre, y a veces los adolescentes.
La adolescencia es en la actualidad un mercado goloso, una perita en dulce.
La adolescencia requiere algo entre la firmeza y el disimulo (61-39).

Esta idea de saber cómo funciona el mundo, las personas y las cosas, es para él la sensación de que es la única manera o dirección en que funciona y es sobretodo así funciona porque así funciono. Esta concepción admite correcciones generales y particulares a partir de hallazgos y escarmientos, desde adoptar la tesis contraria hasta unos matices esforzados. Pues bien. Esto lo combina con un lema tan atractivo para él, qué duda cabe, en cualquier caso: algo es imposible hasta que es afrontado por alguien que no lo sabía. Él piensa textualmente: hasta que llega uno que no sabía que era imposible. Llega uno, como en un western.

Soy feliz yendo con Marta [5 años] por la calle. Ella va en bici y yo andando. Se para en cada cruce, me espera sin mirar hacia atrás. Se queda pensando. Hacemos tres km. ¿Compramos una botella de agua? Vale. Compro también un muñequito de plástico por 50 céntimos. Lo mete en una bolsita con cierre de cuerda corredera que lleva en el manillar. Papi, deberíamos comprar una cesta para la bici. Pues sí, la buscaré. En este recorrido paramos en dos parques. Este parque grande habitualmente esta medio lleno y hoy en vacaciones está casi lleno. Me siento en un banco a la entrada, enciendo un cigarrillo. Marta deja la bici a mi lado y se va al final del parque, a los columpios. Una mujer asiática/española sube la voz cuando se dirige a sus hijos de 3 y 4 años. Va a más y grita al más pequeño. Le zarandea por haber lloriqueando. Le grita todavía un poco más alto. El niño se calla. Madres y cuidadoras se miran, algunas se sonríen porque el espectáculo debe llevar un rato. El niño vuelve a lloriquear y ella le zarandea con mayor violencia, le grita con más fuerza. No quiero ni un lloro. ¿Me entiendes? Ni un lloro. El otro niño comprende sin que se lo digan que se van del parque. Pasa el primero a mi lado, muy serio. Enseguida la mujer y el pequeño igual de serio y todavía zarandeado. La miro y les miro tratando de averiguar si es la madre o una cuidadora. Ella me mira con desprecio y le mantengo la mirada.
Qué me miras, me dice.
—Me miras tú, no me mires.
—Son mis hijos, tú no tienes hijos gilipoyas, no tienes puta idea.
—Vete, puta.
Se para un segundo, sigue andando mirándome fijamente, llamándome a los tres segundos hijo de puta, gritándolo enseguida, más alejada, como una loca y enseñándome su dedo, agitando furiosa su mano. Repite hijo de puta y cabrón y que yo no tengo hijos.
Me dan ganas de levantarme, ir corriendo hasta allí y darle un bofetón. Le grito vete, vete loca y fuera. Me tiembla el cuerpo. No miro absolutamente a nadie del parque, ni durante los violentos gritos ni durante los largos segundos posteriores. Escribo en el móvil tres palabras, incidente con loca. Me tiemblan las manos. Viene Marta y me pregunta por lo que me decía esa señora. Era una madre que trataba mal a sus hijos. Hay gente así, mala y loca. Qué te hacía así con las manos (mueve sus dedos en alto). Me decía que me callase. ¿Por qué? Porque le he dicho que no hay que gritar así ni pegar a los niños. Se da por satisfecha. Nos vamos y no cruzo mi mirada, sin disimular ni bajarla, con nadie. Pienso que debí decirla que no tratara a esos niños como a perros y que si hay una próxima vez llamaré a la policía, al menos para que comprueben que es su madre.

Premio 1 noticia, 1 poema.
Noticia:
We asked @nytmag readers: If you could go back and kill Hitler as a baby, would you do it? (What’s your response?)
Poema:
(EL ROSARIO DE LA AURORA) Qué tres bonitos libros/de ciencia, de misterio,/de amor, de lujo o miedo/a una isla bien desierta/—plantas frutales, /vacas salvajes,/cebollas y patatas/naturales/y una buena pareja/—quizás te llevarías./Queréis volverme loco,/y es que queréis matarme./¿Por un millón de dólares/te comerías una mierda/de adulto alimentado/en base a lo que quieras?

Parece que es una característica fundamental del suicida la mortificación que sufre por las expectativas defraudadas en los demás. Las expectativas pueden ser más reales que imaginadas o al revés y los demás no sólo están en el círculo íntimo del suicida sino también entre los conocidos e incluso entre los saludados. Sin pensar parece una degeneración de la timidez, una fantasía insufrible, y nos parece la vida un esfuerzo por lograr un vodevil creíble.

(El yo imposible) Entra en la habitación —eterna última luz, costumbre muerta— tan feo y molesto. Son permanente burla sus zumbidos, las órbitas erráticas, que le hacen coincidir con mi cabeza en tantas ocasiones. Pensaba en mí, en mi vida, y me ha interrumpido. No sé qué significa, si significa algo. ¡No es tu modestia fácil! En ningún caso encuentro extraño simbolismo. Quizá no es más que fruto de mi tedio, pero no pienso en mí, no pienso en nada. Es algo incomprendido. Te creo moscardón y aún me alivias.

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© 2018 ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS. Tema de Anders Norén.

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