Una breve historia de los Pint Flock (Cara A)

pint-flock
por Satur.

Esto que iban cuatro en Inglaterra y van y se juntan para hacer un grupo de rock y eran dos feos y dos guapos. Al grupo lo llaman Pint Flock. Los feos eran Rogelio Waters y Nicolás Masón y los guapos Syd Barret y Ricardo Wright. Como eran los años sesenta y no hacía ni dos décadas que había terminado la guerra, andaban todos un poco despistados, drogándose y reivindicando el amor libre. En total: que tanta droga dejó lelo a Barret, que era un chaval muy querido por sus compañeros, muy sensible y a la vez un genio musical. Pero como en los conciertos se quedaba tocando la misma nota durante minutos y a veces llegaba tarde como los españoles, lo apartaron del grupo y se trajeron a otro guapo llamado David Glamour. David se acopló muy bien, porque también le iba lo psicodélico, el tipo de música que habían hecho hasta entonces, y que consiste en que tú empiezas una canción muy pop o muy folk y de repente se te va la pinza y alargas la canción diez minutos y cada integrante de la banda toca lo que le da la gana, pero así un poco como en armonía sideral, como si trescientos marcianos se comunicaran con el silbo gomero. Los discos psicodélicos de esta primera época son The papers at the whales of down, A soccer club of secrets, una banda sonora para la película More nau y una maravillosa ida de olla llamada Ummagumma.

La música psicodélica ha roto muchas familias, porque por ejemplo tú vas en 1993 de Barcelona a Zaragoza en agosto en un Opel Kadett sin aire acondicionado y pones en el casete música psicodélica y va tu padre y va y saca la TDK 90 del arradiocasete y la tira por la ventanilla subiendo la cuesta de Fraga y pone una de jotas. Y con razón, te dirás ahora. Pero entonces la lucha hijos contra padres cayó en una época muy mala, porque el mayo del 68 quedaba muy lejos y todavía no había llegado el 15M, por lo que la rebelión juvenil era una cosa muy íntima, muy de no salir de la habitación escuchando The Wallet y usando los Lib (el Penthorse de los pobres) para canalizar las pulsiones negativas de las relaciones familiares.

A lo que iba: que pasada la década de los sesenta los Pint Flock evolucionan suavizando la psicodelia y ya no se drogan tanto, aunque un poco sí, porque ven que han tenido éxito y se están forrando y hay que concentrarse mucho para hacer buenos discos y buenos conciertos. Crean dos discos míticos, compuestos por una canción larga de veinte minutos y otras más cortitas. Son el Atom Hey Mother (1970) y el Middle (1971). A mí estos discos me la ponen como un tubo de inox de dos pulgadas, dicho sea por intercalar opinión entre tanta información. Las canciones largas son muy sinfónicas, muy narrativas y con cierto espíritu épico. Mi favorita es Echoes, que años después ha sido tocacionalizada en directo en Polonia, con resultados muy satisfactorios para mi integridad psicofísica.

El éxito era ya rotundo, porque la gente no es tonta. Y se fija en ellos un director italiano, Miquelányello Antoñonini, el fabuloso creador de Blow up, y les encarga una banda sonora para una peli que yo la empecé una vez y no la terminé porque al rato es un rollo. La banda sonora se llama Obscured by clons [* error] y los integrantes del grupo renegaron de ella porque no fue creada con total libertad artística, y al parecer Antoñonini era un ogro que se inmiscuía demasiado en el proceso musical. A mí eso me la trae pendulona, porque el disco me parece una maravilla y tiene canciones deliciosas que anticipan la absoluta genialidad de los dos discos siguientes, tal es el caso de Chickwoods end, un tema con una atmósfera inicialmente intimista que se termina por desvelarse con una melodía sencilla y contenida y una letra pesimista que arrastra ecos de Echoes.

Hasta aquí hemos visto lo que podrían ser las dos primeras épocas del grupo: la psicodélica y la de un rock que llaman sinfónico o progresivo, y que viene a ser una especie de rock pedante que a veces se lanza a buscar las canciones largas y narrativas. Es decir, es un rock a caballo entre la música clásica y la literatura, cuyo eje común es la «estructura». Yo creo que es un tipo de música que gusta mucho a la gente lectora, especialmente si comienzas a escucharla cuando se desarrolla la pasión por los libros. Te das cuenta de la comunión existente entre la música y la literatura, lo que da lugar a que veas el pop como un tipo de charanga para drogaos y salidos que van a meter mano a las chavalas en los discopufs. Lo cual no lo digo con desprecio sino con admiración, porque así como los jevis se enrollan con las pibas y los pops se echan novias, los amantes del rock sinfónico se dedican a encerrarse en sus cuartos a hacerse sifones, expresión que me acabo de inventar a modo eufemismo y que espero que todos entiendan.  

Pero escuchar bien: esto de que los grupos evolucionen y que puedan agruparse sus creaciones artísticas en épocas condiciona la aparición de unos gérmenes dañinos superbacteriológicos y/o víricos que se llaman «expertos», y como son gentes sin religión, sustituyen las creencias cosmogónicas por imperativos opinacionales. Así, en el caso de los Pint Flock, el «experto» dirá que no son nada en el mundo de la música, sobre todo si los comparas con los Vettles, o con The Sindereishons, un grupo apenas conocido del Mánchesterd de los sesenta que ya anticipó el rock progresivo y que sacaron una maqueta que bla bla bla bla bla. También habrá otro «experto» que, valorando el valor del grupo, impondrá su criterio impepinable para decir que la única época musicalmente digna es la primera, porque bla bla bla bla, o la segunda, porque bla, bla, bla.

Y aquí es donde Satur comienza a cabrearse de veras y mejor lo deja en esta cara A y va a ejercitarse meditacionalmente para calmarse y escribir de forma objetiva sobre las siguientes fases del grupo, historia que continuará en la cara B de este álbum especialmente escrito para vosotros ustedes, amables lectores.


[*] El lector Ximeno me señala un error. Efectivamente, los Pint Flock colaboraron con Antoñonini para la película Zabriskiet Pont, pero Obscured by clons es la banda sonora de La Vallée, de Barbet Escrodero. Lamento el confucionismo que haya podido derivarse en las mentes de algunos a partir de mi metedura de patas. Ésta es la banda sonora de la cual renegaron los Pint Flock.

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