The yellow submarine

ximeno
Por Ximeno de Atalaya.

Estas que aquí romanço son las tribulaciones lazradas por el que abaixo rubrica el fadamaliento dia en el que, saborgado de sones y musicas, ambicioné bastecer a mis orfanos oxos con la visión de un retablo intitulado «The Yellow Submarine» a celebrar en una lexana villa, el logar me lo calllo e decir no lo quedría.

Sepan todos los omes, los vasalhos e los seniores, clerigos e canonges, legos, abades e priores, que estos fechos que relato, semblança de mis sinsabores, e crónica de mis desatinos, ha muchas jornadas que acontescieron e aún memoro dellos para desgracia mía.

Qui leer lo quisiere habrá primero saber que, por falsas que vos parescieran mis cuitas, lances e malaventuras, aquesta es cronica fidelissima de todo lo que se cita, para ventura vuestra e mia desventura; ça soy enemigo de fantasías e poco dado a ensoñaciones, fábulas, leyendas e mitologías.

E para dar por concluxo aqueste prólogo imploro a vuesas mercedes que si oviera algun yerro en la grammatica destas memorias non pongaden culpa en la atenencia, empero pongandenla en la mengua de mi taliento, en la parquedad de mis exiguas luzes, e en la poquedad de mi valía.

I

Sepan vuecencias que, por graçia e ventura de El Criador, reçibi la dádiva del amor por la armonía e desde zagal cadí en su embeleso, fechiçado por los conjuros que surgen de dulçainas, chirimías, vihuelas e salterios. Sepan que corrí de infante tras saltimbanquis, trovadores, organistas e violeros, e que cobdiçiava, sus chrimbolos, sus bártulos e aparexos. Hasta los voceros facían en mi su mella con el son de sus cantinelas e pregones.

E todo aquesto acontescía, que bien los sabe Dios Nosso Senhor, con grande pesadumbre de mis respetados padres, de almas nobles e justas los dos e de grande coraçón, mas desmarriados ambos de las artes de Euterpe la musa de las flautas, o de Terpsícore que con su lira guidaba a danzarines en sus rigodones. E por aquesto mesmo descían: «Músicas, sones e danzas ponzoña son para la alma e para el coraçón e ahoganlos en torvias alegrías e en grande confusión». De parescida manera refería mi tía abuela Paula, de quien heredé fermosa cabellera cana, e que memoro agora que fayescio soltera e, a tenor de la epoca en la que avió su vida, probabilemente nubile: «Músicas y sones llevan a la dança, e de la dança nasce la picardía, de la picardía brota el fornicio, e del fornicio el pecado, e del pecado el averno e su fogo eterno».

A pesar de mis antepasados píos, circunspectos e penitençiales, a pesar de ambientes tan poco propizios e gustos tan menoscabados, devoto fui de tal afiçión e devoto apasionado. E por tal raçón procuraba me correrías, peregrinaxes, aventuras, andanzas e romerías para bastecer a mis famélicos oídos de algunas migaxas de melodías y cantos que ovieran mas golosina a nosso gosto que revistillas, vodeviles, tonadillas e copleros ça estas eran las únicas musicas a nosso alcance e tan solo en las Ferias de la Villa. Non acontescía entonces como agora que los conciertos son cutianos, que no hay paz ni descanso para los fatigados oídos, atiborrados de ruidos e alborotos y de una barahunda de estampidos.

Tales partidas, al no ser causadas por ansias de mercedes o famas, no eran apresciadas por mis mayores, que no conçebían mi firmedumne en el sacrificio para escuchar a «fedientes ye-yes melenudos revestidos de ropaxes diabólicos e de fabla tumbal». Mas nos, desoyendo sus admoniciones, vadeamos ríos, atravesamos valles e coronamos cerrones en pos de nossos paladines.

Aiunos de funçiones e espectaculos de musicas tenía el ánima e cuerpo siempre dispuestos a nos procurarlos. E fue por aquesto que relato, que un malhadado día de los del estío de reçién principiados los annos 70 del siglo pasado, llegó a mi oídos nodiçia de que, en el «Retablo de los estíos» (vulgo: cine de verano) de una villa non muy lexana de cuyo nome prefiero non acordarme, nossas pregarias habían al cielo puiado y quizás algun santo conmovido tuvo a bien recudir en nosso auxilio e annunciabase una de las obras mas famadas del Trivium et Quadrivium: «The Yellow Submarine». Por atenençía a los naturales de villa tan eminente, excusenme de facer mención del su nombre, pues no face derechuría que torne en motivo de gahurra e de escarnio lo que acontesció face ya tantos annos, e lo fizo sin que todos sus vezinos e paysanos sabieran los fechos e procederes que relato.

Apacenté a mi corcel de dos axes hasta que bosaron por los belfos los azeites de piedra e tras ceñirme un yelmo adovado con los colores de mi divisa, a lomos de mi cabalgadura, partí en pos de la aventura, pues de ese modo se cognosce a los valientes, los omnes cabales que no se desombran ante los aduros, los bretes e los conflitos.

Pisado que ove la terra de promision anduví desnortado, aflixido e afollado pues fíceme noción de que azes e mesnadas, muchadumbres magnas provenientes de todos los rumbos de la rosa de los ventos, ovieran fecho peregrinaxe tal como yo mesmo fice, e faltaronme largas fileras, e formigueros humanos, e gentíos, e cáfilas. Mas nada de ello hubo. Sin prórrogas ni esperas fíceme de una bula que, para mi sorpresa, tenía exiguo costo a pesar de su grande valor. Preçio que veíse reduxido si en posterior xornada se presentaba resguardo de la anterior.

E ya con el sol enflaqueçido víme en un corral grande como la plaza mayor de un villorrio, rodeado de unas cuantas dozenas de omes curiosamente ataviados, los más con frisa de rusticos, los menos con vitola de murmurados, greñudos y vagados. E formaban dos grupos bien descriptos que non se mixturan cual agua e azeite. Los rústicos pipaban pipas e llevaban los pelos trasegados, los otros, de pelos largos, facían fumo con enliados a mano.

Al cader la tiniebra diose comienzo al retablo. Quizas sea difícil de creer pero tengan vuecencias fe en lo que acontesció delante mesmo de los mios oxos: grandes signos contieron, la terra tremeció, sonidos atronadores atronaron el espacio. Una centella que nasció en un bujero atraviesó la cuadra, e siendo noche poco estrellada, estrellóse su destello contra un muro albo, el cual cobró vida de modo extraño pues perdió la color e empeçó a mostrar banderas e desfiles e otras pompas e tras elas aparesció un ome mas bien baxito, e pançudo que inauguraba pantanos.

Al rato surtieron unos omes semidesnudos e con las testas llenas de plumas e pintarrajeados cual diablos a los que llamaban sioux los cuales fueron masacrados con arcabuces por soldados vestidos de azul, mas todo sin atenencia e sin descanso, e antes de entender las razones de sus desvaríos fizo apariçión un infant de cuerpo chico, mas de voz señera, con oxos grandes e con grande brillo, que cantaba como un angel, al que apodaron «Joselito el Pequeño Ruiseñor» e a fe mia que qui aventuró tal titulación fizo grande adivinança pues annos despues Xoselito terminó enjaulado e crescido en un ome baixo, mas un reputado páxaro.

Xoselito penaba e cantaba e vovía a penar pero nunca fui entrido de la razón de sus cuitas porque, antes de poner orden en tan grade turbamunta de lácrimas y cantos, unos caballeros con elegantes chaquetas rojas e tocados con sombreros que llaman «salacot» fueron muertos por bandadas de adiablados, lo que al presente llaman subsaharianos e que en aquellos tiempos llamabanse con grande acierto negros, pues esta era su color. Tales pedaços de películas todas intituladas «Proximamente en esta sala» era costumbre servir como antesala de la mas grande pitanza, e tragonía que tras breve reposo se nos prometía.

II

Tened vosas ánimas, senhorías, templad vossos coraçones, santiguad vosos pechos, silenciar vossos suspiros, pausen vuesas merçedes cuitas, penas e sufredurías, tengan tregua vuestras porfías porque principiose el nuevo e mas grande retablo de las maravillas. De mil colores tornose el albo muro, en millares de sones tornase el cri-cri de los crillos e un torbellino de músicas y ritmos vençió a la parroquia que quedóse como aturdida. The Beatles movieron sus naves como buenos naveadores e dieron pasto a su grey como buenos pastores.

Si bien non duraron mucho mis goços porque los campusinos fablavan entre dientes los unos con los otros, e para mi assombro, entre aquellas gentes crescía el enoxo, el aire fue caminado, aparesció la furia e la saña porque los labrantines, que avian ganas de naos, torpedería, disparos y soldadesca, non cognoscían trovas, ni troveros, e començaron a dar silbos los innorantes, e ladraron e aullaron como posesos por el mesmismo Lucifer.

¡Fuera! vociferaban unos con furia ¡Fuera! otros les respondían, ¡Bravo! grité atannido, e sin embargo los patanes, foscos, amidos e apoderados, rugían ¡Fuera!, ¡Fuera! como leones ¡Fuera! como toros bravos ¡Fuera!, ¡Fuera!, como almas en pena ¡Fuera! como diávolos.

Affondados por el destino, annugados por griteríos y amenazas de todo tino, algunos dentre nossotros, quienes cognoscíamos a que habíamos ido, fizimos lo que podimos e aturados proferimos gritos de ¡Bravo! ¡Bravo! que, aiunos de maiores numeros, fueron baldados e malferidos. Cánticos de eunucos parescían nossos denuedos, baticores de monjas, anhelos de enamoriscada desombrados por los estampidos de las cavernosas gargantas, bien templadas de fuertes vinos, de los bestiones aquellos, con sus voçes que digo voçes, sus graznidos de cuervos fartos, de polifemos feridos. Nossa confradría gritaba ¡Bravos! que, en aquella barahunta de barbaros fadamalientos, sonaban como a coro de benjamines, como a cántico de abadesas, a suspiros de novias, a falta de sangne en las venas, a ruçiada en flores de tilo, a mohines de donçella.

Durante unos pocos instantes de bienaventurança, a causa de hallarse el amanuense conductor de la máquina del cine destraído, odimos algo, mas bien poco entre tanto alboroto, e vimos menos por estar con un oxo en el retablo e otro en el gentío, e lo poco que videmos e exaudimos fueron devorados con grande apetito, mas al cabo de un suspiro detuvose la sesión de súbito.

Alumbraronse las luzes al tiempo que se apagaron nossas albricias. Entretanto la maior parte de la parroquia aplaudía sin mostrar descontento ni pesadumbría por lo que yo vide como pausa e que tornose en cruel e brutal despedida.

E solo algunos cobdiçiavamos la película, e mostravamos-nos desabridos e aiunos de toda alegría. E aquellas creaturas malventuradas fizieron de nossas cuitas, chanzas, e burlas de nostra condena maldita. Chufas que revellamos con las puñadas sujetas, los belfos mordidos, el cenno frunçido, cordoisos, pero prudentes e con la oiança encendida.

Fize algunas pesquisas fatilado e preso de secura follia e por esto fue que supe do el mesonero se guarescía. Hallábase oculto en los doblados de una albergada vescina.

Ime a su encuentro e arribé por una ardura escalera mucho escura hasta un portón con gatera de la que salían rugidos infernales, e vozes, relumbrores e luçençias, augurio e vidençia de la segura presençia de cuitas mortales. Me armé de coraxe e con arroxo e osadía batí mis puñadas sobre el portón a la vez que reçaba: ¡Ah, del lugar! E de repente, e tras un chirrido dubdado abriose el portón, e tras el se vino a nos un ome enano como un chaparro, mas recio como un carrasco, de braxos nervudos y nudosos como de león, culibaixo, garbancero, barrigudo, peludo, carboniento como un mulato y patituerto cual bufón, narizotas e con media dozena de barbillas, en parte por ser cuellicorto, en parte por ser cabeçón.

E púsose a fablar en una lingua serrana e áspera como asperión, e a la ves que fablara e chillara como puerco abuzado, como buey con arduras, como bispo en cuaresma, brincaba e abraçaba los ventos, e brutaba de un lado a otro e escupitaba sobre la terra, sañudo e violento, e por demás blafemaba desta guisa: «Cagüendió, cagüendió». Parescióme que el mesmo Satanás lo guiava, de Dios desamparado venciólo su lucura.

Bien sabe el Christo bendito e toda su Santissima Corte Celestial, pues a todos elos me encomendé, que fize misión de retornarlo a la su cordura e al buen seso, que rogué, oré e imploré empero non trové oïdos a mis raçones, e su enorme testa que cual peñasco era o aun mas dura, e el malastrugo parescía vicario del mesmisimo Belzebud e respondía con grungidos e amenzas a mis raçones, esplicaçiones e considerandos.

Hermético a la lógica, a la pragmática e a la retórica, obstinato, cerril e furaño, el entorpado enano esquivó mi verbo, el arma de la dialéctica, enfurrugnado en una manía: «Anarfabeto y tó lo que usté quiera pero por mis coxones que en mi cine no se ponen penículas de muñecones» que colmó con otra sentencia: «A vé si nos vamos enterando de que en mi cine se ponen las penículas que me salen de los coxones».

Aquellos juramentos auguraban grand privança, iniusticia manifesta, tiempos e dineradas perdidas. Vanos tornaron nosos intentos, e vanos los argumentos, vano remememorar al rudo zoquete que han veces que pagan justos por pecadores, e que mucho e a muchos malean los axenos errores.

Nostro afán era recibir lo acordado e fazer visión del espectáculo anunciado. Respiré un poquiello por esperar que tornase en so sentido e fablé e dixe. «Los vienes que a vos doné en estos tiempos venidos, el buen Senior non quiso que fuesen perdidos». Sordo a mi afliccion el cabeçudo tuvo a bien defender el capricho de los más frente a el derecho de los menos. E por eso recudí: «Culpar de malos a los buenos e a los melliores es de mesquinos» en respuesta a su desvarío con el que laçarava a los pocos que entodavía puxabamos por saciar nuestro lexitimo apetito. Empero sus sesos yazían amortidos, e por eso, grité que hubimos pagado con creces nuestros derechos, que los dineros tronchan peñas, e que peñas mas altas habían caído.

Mas el mastuerzo, vellaco e necio como un borrico, atarantado por nuestras razones, perdió la color buena quedando descolorido, los oxos remellados e cozeava los suelos como bestia de carga e repetió el pecador malvado su desradigado ruxido: «¡Cagüendió!, ¡Cagüendió!».

En ora dura hube recudido: «Quien no tiene miel en la orza, tengala en la boca, que mercader que asina fiziere bien vende e bien troca». Porque el campusino tomó un palo, nudoso, recio e dócil, cual vara de avellano, e començó a dar grandes palancadas e tenía el ceño mucho turbio e por dezir verdad confesaré que mi natural es sosegado, enemigo de riñas e disputas, de refriegas e de arrebatos. Mas sepan vuesas mercedes que todo tien un límite, e que tal limite habíase reboçado, e que yo si me pongo… me pongo. E púseme a correr como un galgo, baixé la escalera açorado, de dos trancadas, con pies lixeros e con el rostro demudado pues persigiome aquel bellaco, quien a pesar de ser paticorto, de ser ventrudo y rechoncho demudose en ágil, liviano, pronto e lixero cual gato.

Corrí sin mengua de fuerzas pues non vedía mas que sus monstruennos braços. Avía por qué fuir, avía por qué galopar, avía el fementido a por mi, avía un palo además. Corrí hasta Berlín, o quizás hasta el Turquestán al ser malespantado por aquel rufián, cornudo, cejixunto, malasangre, tarugo, cerril e fediondo que aún me asusta en mis mas atroçes pesadillas en las que lo veo cavando con los sus piedes cual toro bravo, sañoso e iracudo martiriando mi corpo, cortandome las oreixas e otras partes muy queridas de mi anatomía e sin atisbo de piedat e fazinedome sofrir pues, el bárbaro animal parescía muy capaz de descuaçarme el coraçon del pecho sin más herramienta que sus gigantescas manos e además escalabrarme, dexarme coxitranco, contrafecho, revenido, tullido, manco e baldado e a la postre descapitado.

Gracias a la piedat de Dios e a la fortaleça e presteça de mis veloces tienllas el bellaco bebecharcos non me fizo captivo, e cuando recuperé el resuello e logré fartos arrestos pora acercarme a mi corcel de fierro que avía desamparado e fuí vivo e bastante entero e felizido de una asolada villa, logar al que acudí con intención de contemplar «The Yellow Submarine» plorosos los oxos por no haberlo cumplido.

Como descía mi tía abuela Petra hermana menor que fue de la mençionada Paula: «El mellior repaire que vos averereis, es olvidar las albricias que aver non podereis, ça lo que non pode ser, no pode ser, e por ser impossible nunca lo porfieis».

Paresciera que Dios pone a prueva la fortaleça de mi anima ça vuesas merçedes cognoscen, pues dello fize scriptura, de alguno otro desguissado que a fe mía non merecí. Quizas sea voluntat de la Alta Magestat que non siempre pueda culminar a la primera las andanzas que otrora emprendí e condepnado esté a repitir.

E para que conste lacro, estampo e confirmo con mi anillo este cartelario que narra e recoxe expediente sumario de mis desatinos

el vigenteno cuarto dia del mes de Otubre del anno MMXVI de Dios Nosso Senhor.

Ximeno de Atalaya

 

 

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