Centinela contra cipotudos

centinela
por Centinela contra cipotudos.

Génesis

Jamás renegaremos de nuestra condición. Sean los prójimos quienes nos juzguen. Somos bizarros y heterodoxos alarifes: comenzamos la casa por el tejado. Resumamos qué cosa es la {prosa cipotuda} y cuál es la nómina de sus autores antes de cimentar nuestros fundamentos.

{Prosa cipotuda} es aquella de manufactura egolátrica y campanuda e influenciada en su gramática y en sus temas -el Madrid, el bar, las locuras de juventud y un corto etcétera- por ciertos sectores de las redes sociales. Su lejana influencia es Francisco Umbral. Su cercana, Ruiz Quintano entre otros. Su origen, los blogs. Su incompleta nómina: Jabois y Tallón como primigenios artíficies; sus imitadores: Lucas, Hugues, Bustos, Cabeleira, Del Riego y otra nutrida cofradía de bufones y copleros.

Introito

Nos preguntamos, en momentos de íntima reflexión, cuando el cotidiano devenir condesciende tanto a nuestra introversión como a nuestra extroversión, si debemos sacudirnos la modorra y el marasmo ante el abuso, ante lo tuerto, ante lo excéntrico tenebroso. Si debemos permanecer confortablemente aturdidos o si, por el contrario, nos obligamos a mutar en hombres de acción. Desembarazados del sacrosanto temor y envalentonados en nuestra condición de bravoneles, tomemos la péñola que es nuestra espada y dispongámonos a la lucha sin cuartel contra la iniquidad. Lacónicos y humildes, expresemos nuestro temperamento servil a las grandes causas con un lema inmarcesible: {aquí estamos porque hemos venido}.

Misión

Gozó España la sacudida de un columniforme libelo. {En la era de la prosa cipotuda} intituló Íñigo Lomana el mazo con el que zaminó nuestro letargo. Alzáronse las voces en contumaz algarabía, aullaron los ofendidos y plañeron y sollozaron sus espoliques, sus palafreneros, lacayos y estriberos. Aplaudamos por nuestra parte la anexión del adjetivo al acervo lexicográfico: {cipotudo} es ya nuestro pendón y nuestra bandera, imborrable marchamo con el que conviviremos junto a cotidianas y manidas palabras como casa, cigarro, bragas, libreta, lámpara, tramoyista, cotonificio, primogénito o escocés. 

Fijemos y demos esplendor a la noción {prosa cipotuda} para acercarla al pueblo llano. Que caiga la palabra de la prensa a las calles. Cercenemos los errores originales e incorporemos las añadiduras pertinentes. Mas un fin último perseguimos: desterrarla de la literatura española. Que jamás nuestros nietos hayan de leer en sus manuales que llegó para quedarse. Construcción y destrucción, memoria y olvido conviven en paradoja y armonía.

Tesis I. Diferencia entre prosa cipotuda y prosa macho, entre testis y penis, entre creación y recreación

Desabridamente declinamos la confusión entre {prosa cipotuda} y {prosa macho}. Y pesarosamente rectificamos a Lomana. Dejémonos caer en la muelle facilidad de la metáfora; acudamos a nuestros anaqueles y rescatemos de los plúteos el {Atlas of human anatomy} de Jesse F. Williams y Charles F. Geschickter en su nueva edición de 1942 primorosamente publicada por Barnes & Noble. Fijemos nuestra atención, con la gravedad que requiere nuestra labor, en la página 56. La lámina {Urogenital Organs-Male} muestra en plano sagital el tracto genito-urinario. Pende el escroto como un octópodo en una bolsa de supermercado. Agucemos nuestra vista. Nada nos sorprenderá. No, no nos avergoncemos en declarar en el ágora nuestras usanzas: gustamos de contemplarnos el escroto y son nuestros dedos dóciles al tacto de su torillo. Mas somos, reconozcámoslo, ignorantes de sus entrañas. La lámina es ayudadora en disipar las brumas del desconocimiento y mostrarnos la complejidad escrotal: {testis, epididymis, caput epididymis}. Industria seminal, manufactura de esperma, factoría de hombres, núcleo de la virilidad y sus presuposiciones: arrojo, bravura, agudeza. Tal es la prosa macho. Somos conscientes: una prosa contenidamente heroica que rezuma fratría, confianza y discreción. Preparémonos ahora para la vil comparanza. Contemplemos el alicaído cipote que pende como un ahorcado. Sólo es conducto, cañería. Enhiesto, quizá, sea señalador; recreador más que creador. Director lo más, pero sin la grandeza fabril de lo que atesora el escroto. Indiscreto, habla el cipote de sus andanzas. Gústase venoso, firme, grueso y larguirucho. Bombástico y egolátrico, prosa cipotuda.

Tesis II. El origen de la prosa cipotuda: la libertad de la escritura en blogs

Desempolvemos nuestro orgullo y revelemos la evidencia de nuestra erudición, sustentada en los pilares del estudio y la experiencia. Balbucimos nuestras primeras mecanografías en los cuadernos de bitácora de la internet que dieron en llamarse {blogs} y que algún catedrático definió técnicamente como {chas}. Avanzamos entonces en el estudio de nuestros pares. No resbalarán las sortijas de nuestros dígitos si confesamos que emulamos a quienes considerábamos peritos en sapientes sentencias, en refulgentes expresiones. Piedra con piedra, como neolíticas destrales, afilamos las aristas de nuestra prosa. Técnicos somos en tales menesteres y la verdad nos obliga a que la radiemos: nació la prosa cipotuda en los {blogs} y fueron sustento de su genio el humor y el disparate, la ausencia de lindes y fronteras en el retorcimiento de los realces expresivos, la asunción entre instruidos compinches de un léxico consuetudinario en la parla de figones. Avezados los hubo en su manipulación y en su docencia. Los {precipotudos}, cipotudos primigenios, hicieron gala de su brío y nada merecen más que vítores y aplausos. Afirmadores somos de la lisonja y aun la devoción que requieren. Insistamos en ello: devoción por, digámoslo rostro al viento de la Historia, Jabois y Tallón.

Tesis III. Jabois y Tallón, la excelencia; sus imitadores en Twitter®, la excrecencia

Así como la primigenia célula se replica, así como el cigoto desarróllase en cinética simetría, pudo haberse moldeado la prosa precipotuda en ameritada para el Parnaso. Sobre nuestros hombros reposa la carga de la pesadumbre, pues somos conscientes del desvío de tal destino. Hemos visto herborizar en las serranías a quienes pensaron que las hectáreas que se expandían a la vista eran todas de orégano y trocaron el truco en estilo. Completemos con cadencia de entomólogos y minuciosidad de lexicógrafos la historia y la gramática de la prosa cipotuda. De origen claramente gallega y con dos referentes concretos y excelentes, hemos sido testigos de cómo se ha plagiado, prostituyéndola hasta perfumarla con el aroma a mingitorio de vestuario que asciende ahora a nuestras narices. Las influencias recibidas, el sustento de su semántica en concretos autores cipotudos, han sido, lo sabemos: la sintaxis y el vocabulario propios de Twitter®. Concretemos: la moral de la sectaria consigna y el compadreo privativo de tascas anaeróbicas y sudor lacustre.

Paradigma I. Influencia de Twitter®

Necesariamente habremos de justificarnos. El discente lector es suspicaz y volteriano y no ha de verse obligado a creernos. La prensa nos trae párrafos que nos impresionan en extremo. Éste que pesca en la charca del {mourinhismo} y nos sirve en bandeja el silúrido de los pozos cenagosos. sirve Hugues y su crónica parlamentaria: «Iglesias es el telonero de Rajoy. Saca lo mejor de él. Su mejor parlamentarismo, ese que se va parando como el Buitre y detiene la logica [sic] hasta rozar el absurdo o la perogrullada». Churrigueresco en la comparanza, arcano en la imagen: Iglesias es un buitre que se para tanto que es absurdo, colegiríamos. Adjudiquemos el remoquete, {absurdo}, al reportero y tranquilicemos nuestro inquisidor espíritu con esta poética justicia.

Prosigamos, para fatiga de nuestra alma, en disquisición sobre un genio de la prosa macho y por lo tanto anticipotesca, salpicando en esa letrina. Cristian Campos tuvo que dejar la impronta vacua del adjetivo {random}, que nada pintaba en la frase con la que nos ilustraba. Adjetivo con el que tropezó también nuestro gran Jabois en una columna, cómo no, sobre el combinado merengue. Sí, el adjetivo surgió en los laboratorios tuiteros, espacios internáuticos donde más prosa cipotesca se practica, y fue voceado por su aparato de propaganda, el {fanzine Jot Down}. Aplaudamos a los confesos: «Y asumo mi cuota de culpabilidad en cuanto a la propagación incontrolada de random». Chapoteemos en la cenagosa charca: random, random, random, random, random, random, random, random.

Paradigma II. Énfasis expresionista

Recoletos procedemos en las dominicales horas. El domingo es día de reflexión y recapitulación. Rescatemos de nuevo a Hugues, que principia su crónica de un partido de las huestes merengues tal que así: «Los héroes a veces tienen nombres comunes. El de hoy se llamaba Sánchez Martínez, colegiado murciano. No solo le pitó al Madrid el primer penalti este año, sino que llevado por un insensato afán de justicia le pitó el segundo. El público, enloquecido, no daba crédito. Se miraban entre sí con las manos en la cabeza y algunos hacían a la prensa el gesto del “cómo me las maravillaría yo” de Lola Flores».

Apostilla para desavisados: en íntima comunión con los culés, que tienen fama de llorones, los merengues también plañen. Consideran injusto que {los árbitros} y por tanto {el sistema} y por tanto {la sociedad} no piten penaltis a favor de su equipo, y consideran este tema c-o-m-o-a-l-g-o-m-u-y-i-m-p-o-r-t-a-n-t-e. Prosigamos: si antes fue el Buitre, ahora la metáfora es folklórica y viene de las manos de Lola Flores. Somos desconocedores del gesto que hace Lola Flores al cantar {cómo me las maravillaría yo}. Entendemos la intención cómica del autor, mas proponemos que la exageración de la imagen {público enloquecido} debiera rematarse en la metáfora con un significado comprensible para la amplia ciudadanía. Así pues, dejemos de leer a Hugues al terminar el primer párrafo y aprovechemos el tiempo en otros menesteres, verbigracia en leer a Antonio Lucas, columnista del que apenas sabíamos nada y al que ahora acudimos, como el sediento a la fuente, para calmar nuestra sed de cultura cipotuda. El pasado día 27 de octubre publicó un artículo sobre un tal Ramón Andrés que resulta estar escrito, válganos Dios, en clave autocrítica: {Alguna vez le leí en una entrevista de Íker Seisdedos que “España es un país de brutalidad”. Conozco a Ramón Andrés y sé que esa frase no trae desafío, sino que desenfunda un lamento fecundo. Sólo quiso subrayar (ni siquiera denunciar) que el barbarismo triunfa a diario. Basta con echar un vistazo}. Sí, basta echar un vistazo a ese {desenfunda un lamento fecundo} para darnos cuenta de que el barbarismo triunfa a diario.

Paradigma III. El penalti, el bar, la novia

Españolicemos sanchopancescamente y digamos sin sonrojo: «culos conocidos, de lejos se dan silbos», como expresa el refrán. Nos ha venido a la mente la sentencia porque la curiosidad mató al gato, y a nosotros casi nos lleva al otro mundo la lectura de este artículo de Manuel de Lorenzo (rectificamos: no hemos reunido el suficiente valor para pasar del primer párrafo). ¿Nos encontramos ante un caso de prosa cipotuda? Tal parece. «Culos conocidos, de lejos se dan silbos», así que hemos buscado la relación entre el autor y, por ejemplo, el {fanzine Jot Down}. Bingo. Mas no conviene que nos excedamos en nuestra preclara inteligencia, pues en un somero repaso no hemos visto vínculo alguno con el {mourinhismo} ni vislumbrado en su actividad de Twitter® compadreo atroz con tal secta. Conviene entonces hacer acopio de prudencia y provisión de juicio. No podemos decir que el trasero del autor silbe a propincuas posaderas. No hemos leído más textos suyos, pues aún tenemos en las narices las sales con las que nos hemos repuesto de ese primer párrafo cipotudo. Un grano no hace granero, una golondrina no hace verano y tener una novia casquivana no hace de nuestra casa un burdel.

Esperábamos agazapados y guardábamos este nombre en la recámara de nuestro pensamiento crítico. Hasta en el barroquismo más recalcitrante refulge la prosa española, si no de claridad, sí de clarividencia. Avisados estábamos y no había de cogernos por sorpresa un nuevo asalto de la supuesta prosa cipotuda de este autor. 8 de noviembre de 2016. Aparecen en su último artículo los temas señalados por nosotros y por Lomana. Penalti, la novia y el bar

Paradigma IV. Prosa cipotuda y compadreo

Cumplamos con nuestra misión de centinelas literarios con tesón e hidalguía, pero confesemos no sin cierta aflicción que también la cumplimos con una alta carga de sacrificio. Antaño nada sabíamos de {un tal Lucas}, maguer nuestra avidez en la lectura de los rotativos, pero hoy nos reservamos la obligación de leer sus columnas y avisar a los lectores, no en vano nos jugamos la calidad de la literatura española para las próximas décadas. No, no podemos permitirnos que los cipotudos infesten el panorama cultural patrio. No, no podemos permitirnos que el estilo de {un tal Lucas} se imponga entre nuestros escritores: «una frase de las que a él le quedan como relámpagos después de seis horas trabajándola con fanatismo relojero», «el hallazgo es uno de esos aerolitos suyos que molestan a los puretas de vocación, a los solemnes por destino», «En España vivimos entre el suicido de una izquierda leve y el resoplar de otra recreativa y cascabelera». Tres cipotudeces sólo en el primer párrafo nos mueven al desánimo. ¿Qué va a ser de nosotros, ay, Señor, qué va a ser de España si desfallecemos y no cumplimos con la sagrada encomienda de neutralizar tan maligno poder? Nada podemos oponer al compadreo de {un tal Lucas} con el escritor y asimismo columnista Juan Soto. {Un tal Lucas} cree que el libro de Soto es digno de ser comprado y aun leído. Aceptaremos que no anda descaminado. Pero flaco favor le hace a su compadre, flaco favor nos hace a sus leedores, si el párrafo primero resulta abigarrado en su condición de cipotudo y el segundo hace acopio barbárico del procaz lenguaje de las sobremesas de pochas y churrasco y {copita} por cuenta de la casa: «para qué cojones queremos», termina por expresar el cipotudo como quien regüelda o en vasija ventosea. No en vano al compadreo se le llama, también, {sacudirse las chorras mutuamente}.

Corolario

Hemos dado a entender con nuestro método, nutrido de saberes e hiperbólico -por lo que esos saberes se multiplican hasta lo que algún desavisado llamara {pedantería}-, que la prosa cipotuda nos desagrada y aun perturba nuestro ánimo de alerta leedor. Nada más falso. Hemos sido laudatorios y aun lisonjeros con quienes consideramos que hicieron arte de la prosa cipotuda; con quienes, en definitiva, la parieron alumbrando al mundo nuevas humoradas, nuevas formar de metaforar y nuevas formas de retorcer el texto hasta convertirlo, prestímanos creadores, en ávida y salada lectura. Mas no conviene hacer mixtura de heteróclitos ingredientes, porque nuestra intención docente no es otra que alertar contra los amanuenses cipotudos, contra quienes amaneraron y retorcieron la seminal prosa cipotuda hasta convertirla en bahorrina de alegorías, lugares comunes y pavitontos neologismos propios de tarúpidos y altaneros chocarreros. La conjunción de fuerzas foráneas y corrientes intrusas, o la potenciación de elementos primigeniamente laterales que han dado en puntales del texto, provocaron que la musculatura de esa prosa germinal en lo que es hoy en día: motivo de chanza. Contra esa prosa y sólo esa, somos {centinelas contra cipotudos}. Téngase en cuenta antes de alzar juicio contra nuestra Idea.

Desperdigadas sus vísceras y expuestas al ojo humano, cuán frágil y desprovisto de interés se nos antoja este sonsonete egolátrico y campanudo. ¿Consideramos cumplida nuestra misión? No. Centinelas de cipotudos, nuestro fin no tiene ídem. Como cantaba el vate tañendo la cítara de la sabiduría, «Comando G, Comando G, siempre alerta está». Tal cual nosotros. Amén.

Bibliografía

COMPENDIOS DE LA PROSA CIPOTUDA.
Viernes, 28/10/2016 a las 13:45
Sábado, 29/10/2016 a las 10:21
Sábado, 29/10/2016 a las 22:15
Domingo, 30/10/2016 a las 09:43
Lunes, 31/10/2016 a las 15:38
Martes, 01/11/2016 a las 13:29
Martes, 01/11/2016 a las 14:56
Miércoles, 02/11/2016 a las 10:13
Miércoles, 02/11/2016 a las 12:10

« »

© 2018 ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS. Tema de Anders Norén.

↓