Breve relación de vidas extraordinarias · 23

 

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Por Martín Olmos.

La puta Nina fue puta de infantil belleza que oficiaba en la Casa de la Madrileña de la calle del Mediodía del barrio chino de Barcelona, que era bayú de lujo en el que rendían frecuencia los señoritos para darse conforte después de oír cantar a los caleses en lo que decían el Baluarte de las Pulgas, entre las Atarazanas y las Ramblas, que antes había sido un yermo en el que se vendían perros. La puta Nina no fue siempre puta y llegó a Barcelona para servir en casas hasta que descarrió y se dio a la joda en la que prosperó por parecer pollita temprana que gustaba mucho a los hombres que ya estaban en sazón y querían hacerse la ilusión de recoger flores, los hijoputas.

Galleguita,
la divina,
la que a la playa argentina
llegó una tarde de abril,
sin más prendas
ni tesoros
que tus negros ojos moros
y tu cuerpito gentil;
siendo buena
eras honrada,
pero no te valió nada,
que otras cayeron igual;
eras linda,
galleguita,
y tras la primera cita
fuiste a parar al Pigall.

Nina, la puta niña, la puta triste, la puta de los ninfulómanos, escribía a sus padres al pueblo lejano y les decía que se iba construyendo un porvenir planchando en una casa buena hasta que sus padres le anunciaron que iban a ir a visitarla y a conocer a sus señores y Nina, la puta niña, la puta triste, la puta de los ninfulómanos, se tiró a la mar y la mar la devolvió muerta dejando su despojo en la playa de la Casa Antúnez, entre el puerto y el cementerio de Montjuic. Su vida breve y trágica la recogió don Augusto Paquer en la Historia del Barrio Chino de Barcelona, publicada en 1962 por la editorial Rodegar, y le salió un paradigma como de catequesis con el que dar lección a las criaditas para que no entren a un cabaré. A don Augusto Paquer le salió una puta de tango de cuando el tango se ablandó al llegar al barrio genovés de la Boca. A Borges el tango quejoso de la Boca no le gustaba porque ya no era milonga de cuchillos y desafíos sino historias de costureritas que descarriaban.

Sola y en tierras extrañas,
tu caída fue tan breve
que, como bola de nieve,
tu virtud se disipó.
Tu obsesión era la idea
de juntar mucha platita
para la pobre viejita
que allá en la aldea quedó.
Pero un paisano malvado,
loco por no haber logrado
tus caricias y tu amor,
ya perdida la esperanza
volvió a tu pueblo el traidor
y, envenenando la vida
de tu viejita querida,
le contó tu perdición
y así fue que, el mes pasado,
te llegó un sobre enlutado
que enlutó tu corazón.

Nina la puta de Paquer, puta niña y puta melancólica, que quiso lavar su vergüenza en la mar, igual es puta inventada, puta de molde, que la pudo escribir Samaniego o San Mateo o Enrique Discépolo o Alfredo Navarrine. Estas historias de putas tristes, payasos melancólicos y gitanillas que bailan descalzas son de mucha recurrencia y hacen afición, que es de lo que se trata, y se dicen una y otra vez como una letanía, para que aprenda el popular al que hay que repetirle mucho las cosas. En el Libro de los Proverbios (23, 27) se dice que la prostituta es un pozo profundo, fovea enim profunda est meretrix, y, sin embargo, Jesucristo dijo que los publicanos y las meretrices irán antes que vosotros al reino de Dios, dicit illis Iesus: “Amen dico vobis: Publicani et meretrices praecedunt vos in regnum Dei ” (Mateo, 21, 31). Umbral escribió que la puta que goza se está redimiendo de puta porque el vicio es tan redentor como la virtud. Umbral dijo que las historias no son de nadie y sobran por todas partes. La historia de la puta Nina, la puta niña, la melancólica, la puta de los ninfulómanos, no es de nadie ni de don Augusto Paquer que la escribe de tanguito blando y no de milonga de cuchillos y a la puta Nina, puta pobre con eco de pueblo lejano y padrecitos campesinos, la redimió el mar a su manera violenta y salitrera. “Hoy, mar, amaneciste con más niños que olas”, escribió Alberti, poeta hawaiano. Estas historias de putas tristes, estas historias de gigantes bondadosos, de sanestanislaos y de lágrimas de madre que curan la lepra son de mucha recurrencia y hacen afición, que es de lo que se trata, y se dicen una y otra vez como una letanía, para que aprenda el popular al que hay que repetirle mucho las cosas. Estas historias de putas tristes son verdad o mentira o tango genovés con letra de Navarrine:

Y hoy te veo,
galleguita,
sentada, triste y solita
en un rincón de Pigall,
y la pena
que te mata
claramente se retrata
en tu palidez mortal.
Tu tristeza
es infinita,
ya no sos la galleguita
que llegó un día de abril,
sin más prendas
ni tesoros
que tus negros ojos moros
y tu cuerpito gentil.

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