Breve relación de vidas extraordinarias · Fin

BRVE-31
Por Martín Olmos.

PRóLOGO

Aquí este autor, su seguro servidor, dice proemio, quizá sin necesidad

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Pla, que la realidad es infinitamente superior a toda la inteligencia humana, a la imaginación y a todo lo demás.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Umbral, que en España se sostiene un culto al monstruo, a la ternera de dos cabezas, a la mujer barbuda, al enano cabezón y al gigante zampabollos que le viene del espíritu verbenero de la raza y los monstruos están incluso en la pintura del apolíneo Velázquez vestidos de domingo.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Michael Scammell, que un biógrafo es como un novelista que escribe bajo juramento de decir la verdad, pero a este autor, su seguro servidor, le dijeron de niño que jurar es de gitanos y anda, por lo tanto, sin saber a qué atenerse.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Orwell, que en una autobiografía solo se puede confiar cuando revela algo lamentable.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Sánchez Dragó, que el latín es un lenguaje mistérico en la medida en que es una lengua no hablada y, por lo tanto, sagrada y, al no entenderla nadie, adquiere un sentido misterioso y se convierte en un mantra.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Camilo José Cela, que no se puede hacer una novela con el yerno ideal, que aprueba unas oposiciones y lleva una vida de orden y que, por el contrario, las novelas se hacen con las ovejas negras.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Ignacio Carrión, que la prosa debe ser transparente porque si tienes ideas claras escribes con claridad pero este autor, su seguro servidor, ha ido arreglándose en la vida, mal que bien, sin concebir una sola idea clara y anda su existencia con la incapacidad de dar tesis.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Cervantes, que cada uno es como Dios lo hizo, y aun peor muchas veces.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Gorki, que aunque muchas cosas hacían reír, ninguna era alegre.

Este autor, su seguro servidor, piensa, como Oscar Wilde, que una de las dos reglas para escribir es tener algo que decir y como este autor, su seguro servidor, anda yermo de ocurrencias se ve en la obligación de hozar en vidas ajenas amparándose en la conclusión de Umbral que sostiene que las historias no son de nadie y sobran por todas partes.

Este autor, su seguro servidor, piensa, en fin, en comisión y exige, por lo tanto, que se comparta la responsabilidad en caso de discrepancia.

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EpÍLOGO

Aquí este autor, su seguro servidor, calcula el inventario, quizá sin necesidad

A estas alturas este autor, su seguro servidor, calcula el inventario y cuenta orates y asesinos, monjas, cerdos y dos flatosos, una niña muerta, algún fragmento de tango, varios curas, anáforas, frecuentes procacidades, un truco o dos, una docena de pertinencias de don Francisco Umbral, veintitrés putas y dos parientes.

Sobre la abundancia de putas a este autor, su seguro servidor, le preocupa, aunque ligeramente, la inclinación y le viene a la cabeza el “Soliloquio de las rameras” de don Pedro Barrantes que dice como sigue:

“Nosotras somos la mundana escoria
nosotras damos el placer y el mal.
¡Viciosa juventud, ebria de gloria!
¡Ven y disfruta del goce material!”

Las putas comparecientes son, sin orden de aparición y por el placer de registrarlas, Blanche Dumas, una furcia del Mercado de la Carne de Edimburgo, una puta del barrio de Sarriá, la puta Elvira, María la Calamarrera, la puta Nina, la puta Blanca la Salvaje, la puta del capítulo séptimo de San Lucas, Pepa, Juana, la Cuerpobueno, Rita, la Damajuana, Lola, la Chata, Paulina Rovira la Catalana, Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache, Maud Foster la Inglesa, el puto Miguel Borrás y María Magdalena, que no fue puta, que puta será tu madre.

Sobre los parientes, mire usted, salieron pajilleros. Sostenía don Camilo José Cela que en la mayoría de las familias españolas hay un beato y un mariscal pero este autor, su seguro servidor, no encontró en la suya, hecha de jirones y de emigración, ni una cosa ni la otra.

No merecen detenimiento, sin embargo, las procacidades pour épater le monde sino para que este autor, su seguro servidor, autor trilero y mal jodedor, eche mano otra vez de las palabras de otro y diga como don Quijote (I, XVII): “No soy tan loco ni tan menguado como debo de haberle parecido”.

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DEDICATORIA

Al general Black Jack Pershing (1860-1948), que tuvo el buen juicio de agrupar a todas las putas de Nuevo Laredo dentro de las cuatro cuadras del barrio de Boy´s Town para saber en todo momento y exactamente dónde encontrar a sus tropas

 

 

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