Joyero bibliográfico. Todo lo que se llevó el diablo, por Javier Pérez Andújar

perezandujar
por Ricardo López Bella.

Si se diera el hipotético caso de que las novelas presentaran un índice onomástico y lo consultáramos para ayudarnos a elegir entre leerlas o descartarlas, ¿qué decisión tomarías, ¡oh, improbable lector!, al ver los nombres de Manuel Azaña, Fu-Manchú, Perry Mason, William Shakespeare, Sánchez Bella, Kiko Ledgard entre otros, juntos en tal listado? ¿No sentiría atizada su curiosidad?

Un brillante diálogo entre Azaña y Luis Bello con toma y daca a una botella de güisqui, es la primera señal que confirma el acierto de los que hayan optado por su lectura.

Inmediatamente después accederemos a la presentación de otros personajes: jóvenes deseosos de unirse a las Misiones Pedagógicas, puestas en marcha por el gobierno de la II República; pistoleros anarquistas en fuga; loberos de inquietante personalidad… Apenas necesitan una breve descripción, pues todos ellos son lo que dicen y lo que hacen, tal y como reza el dicho.

Menos de un centenar de páginas después, el autor añade más leña al fuego de la curiosidad con el personaje de un vendedor de cómics, situado en la actualidad de la pasada década, que se lanza al rescate de la pequeña memoria histórica, concretamente la vida y obra del dibujante Arcos Paulín.

Aquellos que, como yo, hayan caído en las redes tan hábilmente tendidas por Javier Pérez Andújar inevitablemente, ya se harán la pregunta: ¿cómo diablos se relacionarán tan dispares y distanciados personajes? ¿Cuál ha de ser la deriva de las diversas tramas para llegar a una ligazón de todos ellos en tal ensalada situacional?.

La curiosidad es buena consejera literaria y, en este caso, además, su autor lo pone muy fácil para que uno devore y disfrute página tras línea, hasta que quede saciada y contestada.

Novela coral, por tanto, y pedagógica, pues contiene lecciones de diversas materias: en historia nos muestra que los usos políticos que creemos actuales como los recortes presupuestarios por cuestión de ideología y los rodillos y bloqueos parlamentarios, en verdad, no son nada nuevos.

Una lección de crítica literaria sobre novela popular del primer tercio del siglo XX y su evolución, se nos da por un diálogo apasionado entre dos de los personajes, uno de los cuales sentencia: “desde Shakespeare nada de interés se ha escrito”. ¿Habla también el autor? Sé de una persona que aplaudiría con pies y manos esta categórica opinión.

La novela contiene una lección de folclorismo que consiste en establecer el origen ancestral y tribal de los hechos que no podían ser explicados y que, en principio, asentados en la memoria colectiva modificados y transmitidos oralmente, tomaron por esto la denominación de cuentos y han llegado hasta nuestros días: muchos han servido de argumento para todo tipo de obras de ficción.

Es al fin novela rousseniana con diálogos volterianos… picaresca caminera con su pizquita de western de los bolsilibros que en ella son nombrados, de género inclasificable y calificable de magistral.

Tras la placentera lectura de “Todo lo que se llevó el diablo”, uno tiene la sensación de que el autor es más sabio de lo que aquí se muestra, pero no es un exhibicionista, ni ahorra por sobrado o soberbio, sencillamente ha utilizado el material necesario. Ha escrito lo que le apetecía y le apetecía divertirse, entretener a la vez que despertar curiosidades, tanto por su obra en sí, como por los temas en ella contenidos.

Sirva para más información la nota autobibliográfica del final, eso sí, nunca antes de haber leído las trescientas páginas anteriores.

Haceos el favor que yo me he hecho como quien se masturba, leed esta novela, dejaos atrapar, dejaos sorprender, dejaos de voluminosas tonterías en tapa dura.

SALUD Y LECTURA.

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