Caracoles

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Por Gómez.

Los fines de semana no se les veía por ninguna parte; pero aparecían puntuales, como caracoles tras la lluvia, los días que no había nadie. Los recuerdo a casi todos, y eso que fueron muchos a lo largo de aquellos casi veinte años: el que a los dos minutos exactos de conocerme ya me contó que su mujer le ponía los cuernos con su jefe; el que me regalaba regularmente calcetines de deporte que robaba de la fábrica donde trabajaba (“te he traído unos picantes, tío”); el que me contó que se había ido a China en bicicleta; el que aseguraba que podía interceptar la frecuencia policial con la mente; la alcohólica que cada noche me preguntaba si quería follar con ella y, cuando yo le decía que estaba casado (sin estarlo), se echaba a llorar y terminaba follándose a otro; el que me contaba una y otra vez un polvo que había pegado años atrás, etcétera, etcétera, etcétera… Ni siquiera entraban, los majaras. Para qué… Les gustaba charlar conmigo, a las tantas, durante aquellas noches solitarias de invierno. No podían dormir. Su vida era jodida de cojones y la mía, para qué engañarnos, tampoco era una merienda campestre.
De alguna manera, los echo de menos.

El compañero del Cordobita

Un gordo, un gordo gorrón que le sacaba copas gratis a quien se ponía a tiro. Un auténtico profesional del ramo, por otra parte. Yo lo tenía calado y esperaba algún resbalón por su parte para ponerlo de patitas en la calle; pero era listo y escurridizo como pocos. Una noche le vi desde lejos con un par de cubatas en la mano –solía beber cerveza– y sin pardillo alguno a su lado que los pudiera pagar. Así que le pregunté al camarero de ese rango.
–¿El gordo ha pagado las copas?
–Le he invitado yo.
–¿Y puede saberse por qué?
–Es urbano.
Por motivos evidentes, solíamos tener ciertas deferencias con la Guardia Urbana del distrito.
–¿Urbano?
–Sí. Está destinado en la comisaría de mi tío. –El tío del camarero en cuestión sí pertenecía a la policía municipal.
–¿Estás seguro? –inquirí.
–Del todo. Le he preguntado si conocía al Cordobita (así llaman a mi tío) y me ha dicho: “¿Uno que tiene mucho acento andaluz?”
–Entonces está claro que lo conoce –concedí.
El gordo comenzaba a caerme bien.

Perico de los Palotes

–¡Dame tu nombre, cabrón! –me gritó.
No recuerdo qué había pasado entre nosotros, pero sí que, amparándose alguna ley que yo desconocía hasta la fecha, aquel sujeto me estaba conminando a proporcionarle mi filiación. Así que, para no enturbiar todavía más nuestra corta pero turbulenta relación, procuré complacerle.
–Perico –dije.
–Perico, y qué más –insistió.
–Palotes –añadí muy serio–. Terminado en ese.
Pensé que se iba a enfadar todavía más. Pero no. Aquello lo apaciguó.
Lo anotó en una pequeña agenda.
–Señor Perico –me advirtió por fin, ya más educadamente–, sepa usted que se le va a caer el pelo.
Y dicho esto, se marchó.
Por extraño que parezca, una fuente policial de toda solvencia me confirmaría más tarde que esa misma noche, a eso de las tres de la madrugada, un individuo algo sobrado de alcohol se presentó en comisaría y estuvo insistiendo durante un buen rato en denunciar al portero de una discoteca de moda que respondía a mi descripción y al que varias veces identificó, para eterno regocijo del personal de guardia, como el señor Perico Palotes.

La noche de los peluquines

Fue justo antes de retirarme del mundo de la noche. Mi primer día de trabajo en una discoteca para gente de una cierta edad vi que por delante de la puerta desfilaba un gran número de personas un tanto peculiares: gorras de cuero, pantalones también de cuero, bigotes a los Freddie Mercury… Parecía que fueran a rodar un vídeo de los Village People por los alrededores. Le pregunté a mi compañera del guardarropa si había algún local de ambiente cerca.
–Justo al doblar la esquina han abierto una disco gay. Se ve que es bastante bestia, con cuarto oscuro de esos y todo.
–Tendrían que poner aquí un cuarto oscuro.
–Bastante tienen con cuidar de que no vuelen los peluquines cuando enchufan el aire acondicionado.
Nos reímos. Pero empezaron a entrar los primeros clientes, ella se fue a su puesto y volví a quedarme solo.
Al poco se presentaron dos jovencitos con cara de lerdos en la puerta:
–Nos han dicho que aquí buscan gigolós –me preguntaron.
–¿Gigolós?
–Sí, les cobramos a las viejas por follar.
–Os han informado mal, chicos. Lo de los gigolós es en el local de al lado. Justo al doblar la esquina. Decid que vais de parte de Ursus.
–¿Ursus?
–Sí.
Ignoro si encontraron clientas o no, pero el caso es que no regresaron.
No mucho más tarde aterrizó el inevitable borrachín de turno. Le expliqué, con la máxima educación posible, que no podía entrar y todo eso. La vieja canción…
–Mira, gilipollas, a mí me abren la puerta en todos los locales de Barcelona.
–Haber empezado por ahí, caballero. Entonces, mejor vaya por la entrada VIP. Justo al doblar…
Tampoco volvió.
Por aquel entonces, como dije, yo apuraba mis últimos días en el mundo de la noche. Empecé a mandar un montón de gente a la discoteca gay. Al final los porteros se quejaron a mis jefes de que un tal Ursus cada noche les enviaba los descartes de nuestro local; pero estoy convencido de que muchos de aquellos amanecidos todavía me lo están agradeciendo. Sea como fuere, cuando yo le decía a alguien aquello de “si dobla usted la calle…” puedo asegurar que las risas estaban aseguradas.

El caracol

Tras una larga noche aguantando a toda la fauna nocturna, mi momento llegaba cuando antes de retirarme, a eso de las cinco de la mañana, me tomaba un café y una pasta en un bar próximo a mi casa.
Uno se conforma con poco.
El bar lo regentaba un hombre de cierta edad. Tenía una clientela fija compuesta casi en exclusiva de currantes. El café era bueno y las pastas, recién hechas. De hecho, el repartidor de la bollería también era cliente del local y aprovechaba ese momento para organizarse la ruta de reparto.
–¿Alguien sabe dónde queda la calle T.? –preguntaba en voz alta.
–Me suena que está por Horta –decía alguien.
–Horta no. En el Carmelo –corregía otro cliente.
Me gustaba ese lugar. Su ambiente. La gente, a pesar de la hora, se gastaba bromas y todo el mundo parecía estar de buen humor. Y, además, era demasiado temprano como para que hubiera borrachos dando la tabarra. De tanto en tanto se dejaba caer una preciosa chica de unos treinta años que paseaba el perro en chándal. Aprovechaba la pausa del paseo para tomarse un gin tonic. A todos nos gustaba.
Yo solía quedarme en un rincón, en silencio, con mi café y mi ensaimada, leyendo la prensa del día. Aquellos diez o quince minutos de paz antes de acostarme me dejaban como nuevo.
Una mañana cuando llegué, pasadas las cinco, el bar aún no había abierto. Los habituales estaban esperando en la puerta. Aquello era raro, y según me dijeron, la primera vez que el dueño se había dormido en muchos años. Cuando ya íbamos a marcharnos, vino alguien con la noticia: el propietario había muerto esa misma noche de un infarto fulminante.
Nadie daba crédito. Estuvimos comentando la jugada, junto a la persiana, durante un buen rato; que si la dieta, que si los chupitos de coñac, que si una revisión a tiempo, la falta de sueño… Sea como fuere, aquel remanso de paz en el amanecer había cerrado sus puertas para siempre. Todavía conmocionados, permanecimos hablando unos minutos más, resistiéndonos a abandonar nuestro pequeño oasis… Luego, cada uno tomó su camino y nunca regresé por allí.

Marrano

Yo mismo lo fiché en el gimnasio donde ambos entrenábamos. Había ganado varios campeonatos de culturismo, y cuando le ofrecí trabajo en el local donde yo trabajaba, ya tenía experiencia como portero y cierta reputación en el mundo de la noche. Además de un físico excepcional incluso para los cánones del culturismo de competición, era un tipo extremadamente peligroso, según supe después. Y también extremadamente divertido. La mejor descripción de su físico me la proporcionó adoptando a propósito una exagerada pose culturista, él mismo.
–El típico cachas rubio de los dibujos animados.
Era exactamente así.
La primera noche que trabajamos juntos, estábamos charlando cuando vimos un par de coches destartalados –se caían literalmente a pedazos– que aparcaban en doble fila a unos cincuenta o setenta y cinco metros de la puerta de nuestro local. Ambos vehículos iban repletos de subsaharianos (todos ellos hombres), y cuando digo “repletos” me refiero a cinco o seis en cada coche. Todavía ignoro qué estaban haciendo en la zona alta de la ciudad. Sea como fuere, se bajaron algunos de aquellas cafeteras con ruedas y uno de ellos aprovechó para orinar entre dos coches que estaban estacionados.
A pesar de que la cosa no tenía nada que ver con nosotros, al ver esto, mi compañero comenzó a correr hacia el grupo, gritando como si hubiera enloquecido de repente:
–¡MARRAAAAAAAAAAAAAAAANO!
Parecía una película de risa, pero no lo era. Una cosa estaba clara: por muy fuerte que fuera mi compañero y por mucha ayuda que le prestara yo, con total certeza iban a molernos a palos. Y eso, con suerte… Pero no podía dejarlo abandonado a su suerte, así que, rindiéndome como tantas veces a lo inevitable, salí detrás de él aun con la certeza de que tenía todos los números para acabar la noche remendado y con alguna escayola que otra por cortesía del servicio de urgencias.
–¡MARRAAAAAAAAAAAAAAAANO!
Sin embargo, sucedió lo inesperado. No sé qué pensaron los tipos al ver a aquel demente avanzando a la carrera hacia ellos; pero por fortuna se montaron todos en los coches como si les persiguiera el mismo diablo y arrancaron a toda velocidad.
En aquel preciso momento, supe que mi vida iba a ganar en emoción.

La del pulpo

Pronto descubrí que cuando alguien le llevaba la contraria le entraban desmayos. Como suena. Más de una vez, por nimia que fuera la contestación del cliente de turno con quien no se ponía de acuerdo, tuvo que apoyarse en la pared para no desplomarse. Después, comenzaba a respirar ruidosamente como si fuera víctima de un ataque de ansiedad. No era un farol, no. La rabia lo dejaba KO. El espectáculo era dantesco. Al verlo en ese estado, la persona con quien estaba manteniendo la discusión se quedaba por completo descolocado, y entonces yo, con la mejor voluntad, le advertía:
–Yo de ti me largaría zumbando antes de que se recupere.
Volvían a mirarlo: esa auténtica mole humana apoyada en la pared, con el rostro desencajado y sudando copiosamente. El cien por cien de las veces me hacían caso.
–Bueno, sí –decían–. Mejor me voy.
Aquella estaba siendo una velada relajada. El cielo amenazaba tormenta. No faltaba demasiado para cerrar cuando salieron dos tipos del local. Uno de ellos, después de mirar el cielo, nos espetó.
–Esta noche os va a caer la del pulpo.
Sin pronunciar una sola palabra, mi compañero se acercó a él y comenzó a darle patadas en el culo.
–¿La del pulpo? ¿La del pulpo? ¿Tú crees que nos va a caer la del pulpo, campeón?
Cada vez que repetía la pregunta, le propinaba una patada en el trasero.
Conseguí sujetarlo, y el agredido aprovechó mi intervención para escabullirse y, seguido de su amigo, poner pies en polvorosa.
–¿Pero qué coño haces? –le dije.
–¿No has oído cómo nos amenazaba?
Señalé el cielo.
–Dice que va a caer la del pulpo, joder. Se refiere a que está a punto de llover y nos vamos a mojar.
–¡Hostias!
Se dio media vuelta y se dirigió a los dos tipos, que se alejaban a toda velocidad.
–¡Era broma, caballeros! –gritó–. ¡Era broma!
Pero no regresaron. Ni entonces ni nunca.

161 comentarios

  • Espantémonos las moscas de la humildad y rememoremos un texto nuestro: Antifascistizad, antifascistas. Contemplemos con grave pesadumbre cómo no se ha estudiado en las facultades de Filosofía y/o de Periodismo, en las cátedras de Literatura Española, en los colegios y/o institutos españoles. Contemplemos con grave pesadumbre -no nos molesta repetirnos- cómo los columnistas y/o periodistas españoles no lo tienen claveteado en la pared frente a sus computadoras y/o tablets, como antaño tantos hacíamos con una viñeta de Forges y/o un recorte de revista con la efigie de Samantha Fox y/o Sabrina Salerno.

    Busquemos ahora en nuestro magín la estampa: el columnnista y/o periodista alza la testa y avizora en lontananza. Busca un tema. Busca calzarse los coturnos de la dignidad moral. Busca el heroísmo del antifascismo. Busca suplir el marasmo hodierno con un acto de valentía, ya que no pudo correr frente a los grises, él, que se sueña corriendo detrás; ya que no pudo vestir el mono azul y echarse a la sierra a batallar contra las hordas franquistas; ya que no pudo frenar a los boches emboscado en el Pirineo junto a los {maquisards}. Otea el horizonte, en fin, y no busca demasiado, pues se le viene a las narices el nauseabundo olor del franquismo, emboscado en ciertas críticas a cierto bocazas peliculero. Ya lo tiene. Agradecido y feliz, escribe su artículo y/o columna. Con prosa cipotuda, nos huelga decirlo. Pues la prosa cipotuda adquiere, a la vista de lo ocurrido estos días, otra característica que le es propia: es de cortos vuelos, de temas baladíes, de chascarrillo, de columnita, de articulito.

    Pongámonos en el papel de un periodista y/o articulista y/o columnista y/o reportero. Oteemos a nuestra vez los vastos horizontes de la actualidad. Ensanchemos las fosas nasales, preparemos nuestros pulmones para recibir en sus alveolos las miasmas del fascismo. Incapaces somos de notar la putrefacción de las reacciones a las palabras del bocazas. Sí nos llega, en cambio, el viento podre del verdadero fascismo. Varias veces ha sido atacada ya la sede de Ciudadanos en Hospitalito del Llobregado, importante ciudad catalana propincua a Barcelona. Nos llega el acre olor de los {sprays} con los que la horda separatista ha inscrito sus lemas y/o consignas en las paredes de la sede. Y nos llega el olor de los excrementos con los que han rociado la puerta y la entrada; olor que no logra tapar la peste que expelen las huestes independentistas.

    Veámonos en nuestro papel de {reporters}. Vestimos traje de mezclilla y nos calamos un sombrero con una cinta que atrapa un papelillo que destaca a un lado. Así lo hemos visto en diversos {films} y quizá una vez supimos el uso que se le daba al papelillo. En nuestras manos, una libreta de notas y un lápiz del que chupamos ávidamente la mina, sin saber muy bien por qué debemos tomar tan húmeda y poco cortés pose. Acudimos acompañados del fotógrafo de nuestro rotativo. Su cámara diezma su tamaño frente al {flash}, que zumba enloquecido. Frente a nosotros, el equipo de limpiadores y/o limpiadoras de la mierda del rebaño lanar cuatribarrado. Informamos a los españoles y/o españolas, entre ellos a los ovinos separatistas, de que unos obreros y/o obreras han de limpiar la mugre que esparcen los xenófobos. Informamos si se hace con mangueras a presión y/o con detergente y/o estropajo. Informamos si se cubren boca y nariz con mascarilla. E informamos de cuánto cobran y si les gusta su trabajo.

    Ya en casa, ordenamos las notas, las transcribimos y conformamos nuestra prosa con heroísmo lírico, con la épica factual, con la dignidad de nuestras opiniones claramente antifascistas. Sin caer en la baratura, en el fácil denuesto, en la poltrona del lugar común. Sin caer en el {after}. Sin caer en el disfraz que usa la metáfora para ocultar la vacuidad de nuestro texto. Sin caer en la prosa cipotuda.

  • Gracias, Gómez, no es que me entusiasme la descripción de la miseria combinada con la chulería de supervivencia -al menos es lo que percibo del relato-, pero me has sacado alguna sonrisa.
    Eso sí, como todas estas escenas costumbristas sean reales, te va a caer la del pulpo por contar tu vida. Bueno, a lo mejor a ti no, que no eres una mujer (aunque ciertas intervenciones luminosas haga sospecharlo).

    Y ahora me voy a duchar y a arreglar -en la medida de lo posible- porque entro a las 8:15 y tengo seis clases por delante.
    Si consigo evacuar o no no voy a contarlo, que eso es de mal gusto, si bien me convendría porque en cuanto consiga salir hoy (tendré que quedarme a poner les examenes para la próxima semana y dejarlos impresos y todo), me quedan unas cuantas horas en coche por delante. Encima hoy es operación salida y sobrepasar Barcelona es una pesadilla.
    Bueno, ya os contaré si eso. Pondré un himno de triunfo o algo como señal inequívoca de la aliviadora proeza.

  • Cielo cuajadito de estrellas. -3ºC repetimos, pero en cuanto comience a levantar el sol bajará más.
    Funciona bien la caldera de la galería, y preparo el café.
    Me he divertido Gómez, no con su vida, que me parece que era bien dura, sino con la forma de contar esos estereotipos de persona a la búsqueda de experiencias que no se encuentran por la mañana.
    Me ha recordado a un tipo que conocía bien.
    Estaba en la puerta de la discoteca Jennyfer de Irún.
    Un negro de Cabo Verde, de modales calmos y voz muy suave.
    Fué un boxeador de cierta fama en su juventud con el seudónimo de SUGAR SILEX.
    Su verdadero nombre era Silas Antonio.
    Su cara era dulce para un tipo de su envergadura, y no creo haberle visto jamás ponerse violento, aunque sí que sabía ejercer su autoridad.
    Si te ponía la mano en el hombro (y esta era capaz de tapar el hombro de Mike Tyson) y te decía muy suave que no podías entrar, lo normal si tenías un mínimo de inteligencia es que le dieras las buenas noches y te fueras a otra discoteca.
    En la época que estaba abierto el Jennyfer cerca de la calle Fuenterrabía, en una ciudad como Irún que era paso fronterizo, y estaba petada de camioneros, viajantes, gente de estación de tren, y delincuentes de muchos tipos, el ambiente no era demasiado duro, pero sí como para andarse con cuidado.
    La calle Fuenterrabía mezclaba puticlubs ( al menos 5) con buenos locales de copas.
    Uno de ellos, donde solíamos tomar muchos tragos, lo regentaba el pianista de Luis Mariano, que si tenía buen día, y el público le gustaba, cerraba la puerta y tocaba para los allí reunidos.
    Volviendo a Sugar, una noche un individuo se puso más borde de lo que debía, y este tuvo que ponerlo en su sitio.
    Con modales y sin malos modos, pero en su sitio.
    Normalmente como Gomez, al salir de su turno y antes de volver a casa se acercaba a un bar del Paseo Colon que abría a las 5 para tomar el café de volver a casa.
    El individuo agraviado, que además de gilipollas tenía pistola, no se le ocurrió mejor cosa que seguirle, y le descerrajó un tiro dejándolo muerto en el acto.
    Así terminó la vida de un buen tipo. Dejó viuda y dos hijos.
    Estos no se dedicaron ni al boxeo ni a la vida nocturna, siendo dos grandes promesas del balonmano.
    Descanse en paz.

  • Gracias de antemano por su atención o falta de atención. Permítanme sólo un par de notas a vuelapluma sobre la entrada: me encantaba la vida nocturna. No estaba mal pagada –podía complementar el sueldo, además, con afters, sesiones de tarde y bolos puntuales en fiestas u otros eventos que pasaré por alto–; por regla general trabajaba sólo dos o tres noches a la semana (lo que me dejaba mucho tiempo libre para leer, escribir y entrenar) y, entre majara y majara, casi nunca faltaban ni las risas ni las chicas que te ayudaban a llegar “al fin de la noche”.

    Los “peros” eran las ocasionales visitas al servicio de urgencias y las menos ocasionales visitas a los juzgados.

    Fueron años muy buenos.

  • Por cierto, Gacho, expero que “ciertas intervenciones luminosas” no te hagan sospechar que soy mujer. Que no queda muy claro.

  • LOS JUEVES FILOSÓFICOS
    Albert, no he comentado nada últimamente porque he hecho novillos, pero hoy puedo explicar la relación entre El jardín de las delicias y El lobo de Wall Street.
    Siempre según el conferenciante, el relato de Scorsese sobre la vida de Jordan Belfort quiere repetir el aviso que ya contiene la famosa obra del Bosco: la humanidad está sucumbiendo a la ambición del dinero, ambición que comporta la pérdida de todos los valores de la vida humana. Para ello el artista flamenco representa un carro en el que los humanos se disputan la paja, es decir lo que es menos valioso, mientras son arrastrados hacia el postigo de la derecha, donde se encuentra el infierno.
    Está bien traído, a mi juicio, aunque temo que el conferenciante haya confundido dos obras del mismo autor, tomando El jardín de las delicias por El carro de heno.
    Ambos están en El Prado, si queremos disculparle.

  • El problema, Sergio lo apunta, es que en España no hay fascistas. Lo mas parecido que tenemos son los anti-fascistas que si bien son un tanto ridículos no llegan a ser auténticos fascistas.
    La policía, en general, tampoco tiene un comportamiento fascista, ni siquiera se comportan ya como tal los porteros de discoteca.
    A mí me parece que los mas jóvenes no han conocido nunca a un fascista, somos mas civilizados de lo que los cipotudos nos quieren hacer creer.

  • Tengo que irme corriendo, pero antes:
    Decir que la entrada de hoy de Gomez, y el genial dibujo de portada, los he disfrutado muchísimo. Y que el pensar que puedan tener un fondo autobiográfico, por muy novelizado que estuviera, me llena de envidia.

    Y que el relato de JrG, sobre Sugar Silex, me ha dejado KO. Espero que sea al menos en parte inventado, y que Sugar Silex exista, pero que siga vivo, y puede que incluso jubilado y todo. O regentando una sala de bingo para viejecitas…

  • Desde luego, estoy de acuerdo con Morta en que todos somos más civilizados que antes, si bien él estará de acuerdo conmigo en que los comportamientos que antaño estaban reservados a jadeadores anónimos telefónicos o habituales de urinarios públicos, se aprovechan ahora del anonimato y la seguridad de las redes para verter allí sus frustaciones, odio e impotencia.

  • Ayer hubo una buena demostración de antifascismo-generalmente cotiza al alza por estos pagos-en la Ciudad de la Justicia de Barcelona. Una turba de cuperos apoyando a un concejal de esa banda fueron suficientes para coaccionar a un médico y que así el concejal se fuese de rositas por no sostener aquél su denuncia. Al final todos contentos, incluido el juez, que se ahorró el penoso trámite de chuparse un juicio con público poco dado al aseo en salas relativamente pequeñas.

  • ¡ Ay bremaneur ! ( como me cuesta lo de quitar el Don ).
    Le agradezco muchísimo la información, aunque me haya quedado sin la esperanza de que esa muerte hubiera podido ser inventada por JrG para dejarnos hechos migas a sus lectores.
    Gracias pues, y
    Hasta luego, espero

  • Sugar Sílex se enfrentó en varias ocasiones a Benito Escriche, un púgil que fue antes torero como Luis Folledo. Benito era en mejor pesado que teníamos y Urtain, cierto que favorecido por los promotores, le quitó mucho protagonismo. Fui muy seguidor suyo.

  • Hay dos clases de hombres: los que nos inspiran amistad y los que no nos la inspiran. Pero todos se parecen en que no nos devuelven los libros que les prestamos.

  • A mì, un tipo que no se deja abofetear impunemente por un peso pesado profesional y le mete dos tiros me cae bien. Ningùn portero de discoteca està habilitado ni autorizado para abofetear a nadie. Y si es peso pesado y abofetea entonces es un matòn. Como el matòn en cuestiòn debìa ser un habitual de hostiar a los clientes con copas y puestos hasta las cejas, aplicando el càlculo de probabilidades en alguna ocasiòn habrìa de encontrarse con un balazo en la cabeza. Es lo que hay.
    No creo que Gòmez jamàs abofetease a nadie. Por ello, y porque es joven y sano, sigue vivo y dàndonos planas que agradecemos.
    Gachò, amor, ya te tiñeron la raya?

  • Me encantan las historias de Gómez porque en todas se advierte que, detalle arriba, detalle abajo, son el relato de acontecimientos que efectivamente ocurrieron y porque producen la sensación de que se calla lo más truculento.

  • ¡ Muchas gracias Don Bremaneur !
    Es que así estoy mucho más cómoda. Y le pondré entonces también el Don a Don JrG, que ha dicho que a él le parece bien, y a los demás, excepto al Ilmo Sr Marqués les hablaré de usted, pero sin tratamiento.
    Espero que me perdonen cuando me confunda, cosa que me va ocurriendo , a medida que voy estando más y más gagá, cada vez con más frecuencia.

  • Pitoño, portero de discoteca, asesinó a Álvaro Ussía de 18 años en la puerta del Balcón de Rosales; le metieron 15 años de trena. Si buscan en google verán cuantos «pitoños» han habido por el mundo. En la puerta del Sol, calle Jardines, he visto reyertas muy violentas. A ver si ahora va a parecer que ser portero de discoteca es un oficio honorable y que son hermanitas de la caridad. El cine americano los ha retratado siempre con gran realismo, negros y violentos repartiendo estopa a diestro y siniestro ¿O no?

  • Servidor, entre estopa y estopa, tenía tiempo para que le publicaran novelas prestigiosas editoriales, aunque esté feo decirlo.

  • En un discopuf geek que yo frecuentaba en Chueca había un portero negro. Lo más llamativo es que era de Soria.

  • A los discopufs geeks acuden hembras a amigarse con los geeks y a ver si consiguen desorientarlos setsualmente hacia el heterosetsualismo. Yo frecuentaba los discopufs geeks haciéndome pasar por geek para ver si conseguía embaucar a una de esas misioneras apostólicas del setso, pero me calaban enseguida por las babas.

  • En la vida lo importante es como se acaba, no como se empieza. Los boxeadores brillantes que han acabado de matones de discoteca son una historia triste. Un joven que se gana la vida aguantando gilipollas en la puerta de una discoteca pero que acaba como escritor de éxito es una historia edificante.

  • Paquita Caudillo, su amor no sólo está tiñiendo sus rubieces auténticas a falta de un chorro de buen orín de vaca gallega, está además muy nerviosa esperando sus disculpas.

  • Tareixa, ghuapa, yo, como Trueba, no tengo inconveniente en disculparme para que no me boicoteen en Estocolmo. Pido disculpas a las familias de todos los porteros de discoteca que no he asesinado.
    Ah, y pido disculpas también por no dar los nombres de dos personas que frecuentan este blog que estàn atravesando dolorosos trances por la grave enfermedad que sufren seres muy queridos.

  • Pido disculpas a Gomez por no haber leido sus novelas descatalogadas y a Perroantonio por no haberle agradecido el envio de su libro. Y pido también disculpas a Trueba por haberle llamado soplapollas cuando en realidad es un mamacallos.

  • Dentro de unos meses he de ir a Galicia por un asuntillo. Espero poder quedar con Francisca y Mortimer para irnos de copas, que nos canee un portero negro y, si hay ganas, hacer un trío lujurioso.

    O cuarteto si se apunta el negro.

  • Me parto, Holmesss. Pues claro que le disculpamos, qué más da el jardín que el carro que Manolo Escobar que Scorsese, Flandes y Wall Street, todo es mundo, arte y condición humana. Mis respetos para ese profesor. Si le falla lo de las clases, siempre le quedará el trile. O la sotana.

  • El porqué los medios hablaban poco ya lo sabía. Faltaba el cuánto. Coca Cola lleva gastados 50 millones en publicidad, casi los 54 que se ahorró cerrando las fábricas españolas. A ver cómo evoluciona el paciente. Por un lado lo de los trabajadores, por el otro Sol Daurella apoyando a los independentistas.

  • Acabo de leer ahora la entrada. Por vieja costumbre suelo leer antes los comentarios y después con despacio el texto.

    Muy interesante señor Gómez, me gustó mucho. Sabe retratar con mucho acierto escenas cotidianas 😉

  • El carricoche que transporta los restos mortales del Comandante llegó a Santiago de Cuba. Por un momento imaginé a Casto Sendra a los mandos.

  • El carricoche del comandante comunista bien puede estar forrado de oro, encaje de plañideras de Camariñas y verlour italiano. Dizque la revista forbes que deja una calderilla para el pueblo de nueve millónes de euros, después de pagar los fastos mortuorios

    Esto, confundo, los nueve millones son de fortuna personal. El entierro va por cuenta del pueblo. Así se entiende tantas lágrimas.

  • En la «Perfidia» de Ellroy ya existía el movimiento «America first» y la lista de enemigos estaba formada por boches, judíos, comunistas y japos. No obstante a los boches se les agradecía que mantuvieron a raya a judíos y comunistas. Negros, mexicanos, chinos, italianos y polacos eran considerados neutrales. Los irlandeses estaban a medio camino y un problema añadido era que chinos y japos eran indistinguibles.

  • Una manera graciosa pero elegante de recibir un premio fue aquella del inolvidable Jack Benny que citó Woody Allen –aunque equivocando la enfermedad– cuando él mismo recibió el Príncipe de Asturias:

    “No merezco este premio, pero tengo artritis y tampoco la merezco”.

  • He mirado las fotos de lo de Castro y efectivamente es un carricoche. Parece un remolque agrícola. A jefes de estado y a militares de rango se los suele llevar en un armón de artillería que, a pesar del nombre sonoro, no es más que un carricoche, pero con estilo. Ahí falta algo de pompa aunque sea poca; unos caballos aunque no sean blancos, un uniforme de gala, unas condecoraciones. Se lo llevan al hoyo como aparentó vivir, con una pretendida austeridad que ya ni en la URSS se estilaba. Con cutrerío albanés.

  • La maldad y la estupidez humana parecen no tener límites. Hace falta mucha maldad para asesinar a tus hijos y luego quemarlos como hizo el pavo ése andaluz, o para utilizar una grave enfermedad de tu hija para estafar al prójimo como ha hecho este otro pavo, o para engañar a los enfermos terminales como hicieron los sinvergüenzas del Biobac.
    Pero hace falta mucha estupidez para tragarse tan burdas patrañas ¿Qué credibilidad tienen esos periódicos y televisiones que se han creido semejante bola? ¿Comprueban así todas las noticias?
    Me ponen enfermo los pijos solidarios, los periodistas crédulos con todas estas historias. El otro día daban pábulo a una gilipollas que se metió con el coche en un charco y no podía salir y amenazaba con denunciar a no se que institución. Hay mas tontos que botellines y además tontos con balcón en la prensa.

  • Es un gustazo leer a Gómez y su vida nocturna. Como es un gustazo leer el Diccionario de Perroantonio mientras voy en el tren camino del trabajo. Soy la única que se ríe en el tren, que va plagado de gente con gesto serio, o triste o gente dormida que va a o viene de trabajar.
    Yo voy contenta a mi trabajo y con Perroantonio y Gómez además, voy sonriente.

  • ¿ Va usted a trabajar en tren, en sábado, y en medio de un puente superferolítico ?
    Pues no me cabe duda, Bonnie Parker; ¡ tiene que ser usted trabajadora autónoma !

  • Tras una noche de desmadre de la que muchos años después me consta que todavía se hablaba en el cuartel, un buen puñado de veteranos fuimos a parar al calabozo. Una noche yo estaba leyendo un libro que me había traído mi novia. Todo el mundo se encontraba en silencio. De pronto, llegué a un pasaje tan gracioso que rompí a reír a carcajadas. Un compañero me preguntó cuál era ese libro tan divertido.

    Se lo mostré: El Quijote.

    –Estás para que te encierren –dijo.

    Era verdad. Pero se le habían adelantado.

  • Mientras comía en el café de enfrente de la galería, podía observar la óptica de mi vecina.
    Desde que he llegado y me han puesto en mi mesa habitual frente a la ventana, y como no tenía nada mejor que hacer, me he entretenido en mirar el comportamiento de un cliente que ha entrado para comprarse unas gafas.
    Las personas se podían dividir, entre las que invierten su tiempo en vida, y a las que el tiempo les sobra y no saben qué hacer con él.
    A mi pobre vecina le ha tocado uno de los elementos de la segunda clase.
    Un hombre que se ha probado, con el sabio consejo de su compañera, no menos de veinte pares.
    Todavía sigue en la óptica y yo ya estoy escribiendo esto, hablamos de los últimos 40 minutos…
    Le ha dado vueltas al mismo par desde que ha entrado.
    Este par lo ha probado saliendo a la calle él y su acompañanta con gran alarde de gestos y ademanes.
    Debo decir que en mi opinión de esteta, eran las que peor le quedaban sin ninguna duda.
    Cuando ya tomaba el café, y pensé que ivan a graduarse la visión he comprobado que no, que ivan al fondo de la tienda para probar más modelos.
    Al salir de comer, me he parado un rato en la puerta, y la vecina me ha mirado con una sonrisa cómplice, y yo le he levantado el pulgar…
    Tenía el mostrador lleno de gafas, y me temo que acabará con un presupuesto de las gafas, que luego llevará a otra tienda de esa cadena para ver si se las hacen por 3 o 4 euros menos.
    En manos así andamos….
    En mi profesión no es mucho mejor.
    Uno en su soledad trata de encontrar nuevos mensajes y leguajes de expresión, para que alguien entre a pedir un cuadro azul, con un trozo de tela del sofá para comprobar, y que no cueste más de 200.
    Y así…

  • No entiendo el jazz sin el saxo. Una desgracia es cocer una nécoras sin lauren ni sal o un revolcón sin orgasmo.
    (Ya ni digo una paella sin colorante)

  • Hablando de bulos y estafas, Mundo Today colocó algunas buenas que ahora no recuerdo en telediarios y prensa seria. ¡Carbronciños, jajajaja!

  • “El saxofón ha sido la mayor desgracia que le ha caído encima al jazz.”

    Anda que la bateria y el xilofon.

  • Espero que me perdone usted que esté en inglés querida Tareixa, Le pongo un enlace con un montón de “noticias falsas”, respecto a lo que ha ocurrido esta semana en todas partes ( incluido algún periódico ) , un sitio digno rival de El Mundo today.
    Yo me he reído con ganas.
    Espero que usted también se ría, que se tiene merecidas todas las risas que pueda disfrutar. Especialmente en este momento.
    Un abrazo

    https://cliscep.com/2016/12/02/how-did-you-honor-fidel-this-week/

  • En agradecimioento a jaimito romualdo Gonzalez por esos solos de xilofon y bateria que ha pegado (a ver si encuentras uno de acordeon que me hace saltar las lagrimas, como cuando como jabugo) le informo que “ivan” se escribe “iwan”:

    “Cuando ya tomaba el café, y pensé que ivan a graduarse la visión he comprobado que no, que ivan al fondo de la tienda para probar más modelos.”

  • Coño, José Ramon, pero si nos conocemos. Sì, hombre, de Alcalà Meco, recuerda, la primera vez sin mi consentimiento. Pero de aquella se te daba por la bandurria y Clavelitos. Còmo has cambiado.

  • Vaya tangana se ha preparado al final del Machete Sitting contra el Chelsit. Ha ganado el equipo de Londres por un tanto a tres, con unos contrataques formidables con un Costa canelita, tete. Juega impresionante el Chelsit, lo que demuestra una vez más lo pésimo entrenador que es el evasor de impuestos Morinyo.

  • El saxo es un instrumento estridente y pachanguero, otra cosa sea que las manos adecuadas consigan hacérnoslo olvidar momentáneamente.
    Pero la plaga mundial de saxofonistas de todos los pelajes es insoportable.
    Al jazz le sobran saxofonistas. o sea todo dios toca el puto saxo.

  • Sobre sentirse o no español, aunque sea cinco minutos, y la irracionalidad y el sentimentalismo que por tan malos caminos nos llevan, hago examen de conciencia. Yo, Lola de Hispánicas, recuerdo a Lola Flores diciendo entre metonimias que la bata de cola era su vida y su ser: «Y cuando me muera quiero que me la metan en la caja…». Entonces se produce un silencio tal vez incómodo en el plató: «La bata de cola…, ¡que me metan la bata de cola!». Aclara la Faraona.
    Esa soy yo. A mí que me metan el Diccionario de Autoridades.

    Si creyera en la genética y además fuera racista, diría que los vascos somos constitutivamente primitivos y tribales, y que por eso estamos condenados a ser nacionalistas; pero que cuando Dios repartió humanidad por la zona de Basauri nos dejó la posibilidad de elegir entre tribus. Tribus de mierda o tribus espléndidas, ¿tú qué prefieres? Yo me pido de la tribu del Imperio. Pero no soy racista ni creo en la genética. (No creo en Dios y voy a creer en la genética, claro, no tengo otra cosa en qué creer, chaval). La bata de cola es elección personal, racional y liberasional.

  • Jorge Resurrección Satur dice: Sábado, 03/12/2016 a las 15:47
    Al jazz le sobran morinyistas, como a todo.

    Qué gran verdad. A los retóricos, pomposos y cursis vamos a tener que sumar como enemigos a los cipotudos y moriñistas, que sospecho son una variedad de los patético-enfáticos de los que habla Escohotado.

  • Madeleine Peyroux, Johnny Cash, Nina Simone, Roberta Flack, Jeff Buckley, R.E.M., The Jesus and Mary Chain, Rufus Wainwright, Françoise Hardy… Leonard Cohen a través de las versiones.

    También es cierto que hay una de Enrique Morente que era pa matarlo. Menos mal que lo arregla su hija Soleá.

  • Dice Ana Pastor que algunos parlamentarios se ponen a comer bocadillos en el Congreso y que, cuando ella les oserva que allí no se puede comer, replican rotundos que ESO no lo pone en el Reglamento. JAJAJA, animalicos. La de cosas que no estarán puestas en el Reglamento. Estaba un parlamentario orinando en una esquina de la Cámara y va la monja fascista y se lo afea. A ver, en dónde lo pone.

  • Si por casualidad pasan ustedes por la donosita San Sebastián, no se deberían perder la exposición de Ricardo Martín, en la sala Kubo del Kursaal. Aunque no lo parezca es un documento folclórico-etnográfico impresionante. Cumplimentando la visita con el Museo Vasco de Bayona puede verse casi en directo el nacimiento de «lo vasco» como atracción turística para la monarquía y las clases veraneantes a principios del siglo XX. Hay algunas fotografías impagables, como la del padre que mira la reacción de su hijo mientras pone el coche sobre dos ruedas al tomar la curva, la de Alfonso XIII en jersey sport paseando rodeado de chiquillos, la de las mujeres mirando a una manola con peineta y mantilla como si vieran a una extraterrestre o la de las dos turistas, una de ellas con una piel blanca de zorro polar, que se cruzan en La Concha con unos trabajadores vestidos de caseritos.

  • Perroantonio dice:
    Sábado, 03/12/2016 a las 16:30
    Pagaría por escuchar tu risa en el tren, Parker.

    Entonces no te cueles.

  • Tras el fiasco del librito que compré en Amazon sobre la rivalidad entre Wilde y Whistler, he retomado mi viejo hábito de lecturas acerca del genio irlandés. Sin embargo, esta vez he ido a lo seguro adquiriendo la más que referenciada biografía de Frank Harris Vida y confesiones de Oscar Wilde, que en mis años mozos todavía no había sido publicada en español. Cuenta esta biografía con la ventaja sobre otras mucho más documentadas de que fue escrita por un gran (y generoso) amigo de Wilde, esto es, por un testimonio de primera mano tanto en los años de éxito como en los tiempos de cárcel y posterior exilio en París.

    Precisamente, andaba ahora por el comienzo de la amistad entre Wilde y Whistler, y me he detenido en uno de los primeros dardos envenenados que le lanzó el americano, quien siempre pensó que la asombrosa capacidad de Wilde para adaptar material ajeno a su propio estilo respondía en realidad a una inveterada tendencia al plagio. En una exposición –cuenta Harris– el crítico de arte del Times tachó de malo un cuadro de Whistler en presencia de éste. El pintor, sin inmutarse, le afeó al crítico el empleo de esta palabra. “Bueno y malo no son términos para ser empleados por usted”, le recriminó. “Diga usted: esto me gusta, esto no me gusta; y así estará usted en su derecho. Pero ahora, véngase a echar un trago, pues esto, por lo menos, estoy seguro de que le gustará a usted”.

    Al oír esta muestra de ingenio, el joven Wilde exclamó:

    –¡Bravo! Me gustaría haber dicho esa frase.

    –¡Oh! No te apures; la dirás, Oscar, la dirás –replicó Whistler.

  • SALUDOS DESDE LA CONDOMINA
    Saludos cordiales, parroquia leyente. Se han cumplimentacionalizado los primeros cuarenta y cinco minutos de juego sobre el tapete del Nou Cant en el previsiblemente emocionante contencioso entre culets y merengues, aunque la realidad ha venido a desmentir los sueños, a hacer trizas los anhelos, a pisotear los deseos. Vaya pestiño de primera mitad. Juego bronco, un tanto ultraviolento y gesticulante el de los merengues, como no podía ser menos, y un colegiado cántabro que no sé de dónde han sacado, porque se ha tragado un penal de los que antaño llamabacionábamos CLAMOROSO de Mascarrano sobre Hasta Luego Lucas Vázquez, y más adelante se ha comido con patatas una mano de Cabrajarl dentro del rectangulátero. Y no porque le hayan comprao y pito regalao, sino porque estaba mal posicionalizado en ambos casos. Por lo demás, un juego elegante a ratos de los culets y un juego desquiciante a ratos de los mismos antedichos culets, que se han pasado parte de la medular del clásico perdiendo esféricos en la medular del campo. El Madriz, a verlas venir, como siempre. Autobús delante del área y a ver si los laterales le dan comido el gol al hermAEATno de lAEAT RonAEATldAEAT.

  • Declaraciones del hermAEATno de lAEAT RonAEATldAEAT a la pregunta de un periodista que le afea que no haya marcado: «sí, pero lleno de pasta, cabrón».

  • —Papá, quiero la camiseta del Barcelona.
    —Claro hijo, ¿cuál quieres? ¿La de Messi o la de Neymar?
    —La del árbitro.

  • ABUELO MODELO GARCI
    De Madrid al Zulo apenas hay dos horas de coche, mas he tenido que parar tres veces: primero en el parque para que Boris y Emiliano hicieran pis, segundo porque Carlotilla estaba mareada y tercero porque Elvira se hacía «ahora» pis. Al llegar he tenido que arreglar la caldera y purgar un radiador, luego la sorpresita, había que enterrar a Boliche el fallecido hamster de Carlota. He tirado de azadón hasta hoyar la tierra lo suficiente para que cupiera el féretro. Luego he ido a la compra y he hecho los deberes de inglés, de música y de manualidades.
    Viva la vida.

  • Procuro fijarme dice:
    Sábado, 03/12/2016 a las 15:54
    El saxo es más bonito cuando hay amor.

    Iba a decir “en pie” pero mejor tumbados.

  • Quedaba menos de un minuto para el último minuto, y entonces llegó él. Otra vez. A poner en el marcador un empate, resultado mucho más justo para los méritos y deméritos de unos y otros.

    Con la segunda parte recién inicada y el Barça por delante, el Madrid tenía que marcar un gol y Zidane quitó a Isco para poner a Casemiro, un cambio inexplicable – en ajedrez se pondría una interrgoación al final de la frase. Tuvo que rectificar más adelante; lo hizo, y le salió redondo. Luis Enrique enfrente, la volvió a cagar, repitiendo el mismo cambio perdedor que realizó en el último clásico antes de este: quitó a Rakitic para poner al turco que tira zapatos a los colegiados. Tan mal acostumbrado está este pobre a la, ejem, “intensidad”, que cometió una falta (la enésima de su equipo, al que al minuto 2 ya le habían perdonado un penalty tan claro que si hubiera sido al revés, Catalunya se habría independizado de facto ipso facto), una falta, decía, absurda, no forzada, que a la postre fue el empate. Intenso e intonso Arda.

    Antes la tuvieron Messi – la cagó – y Neymar – tambíen; una pena tras un regate colosal -, pero de la MSN solo pudo marcar Suárez en ligrero fuera de juego, y de nuevo amonestado por sus malos modos. Celebremos en todo caso que esta tarde no mordió, ni agredió, ni lanzó frases racistas.

    Enorme el pequeño Modric.

  • Albert, de todos los vicios la avaricia es el que peores efectos causa sobre la moral y la cohesión social. Parece ser que el propio Scorsese declaraba tener esta intención moralizante y apocalíptica con su película.

  • He visto el partido en el extranjero y me ha alegrado constatar que la producción ignora absolutamente las exhibiciones políticas de las gradas.

  • He visto destilar odio a Carolina y a Soraya la del Psoe.
    Me purifico de ese veneno con Tábula Rasa de Arvo Pärt.

  • No lo dudo, Holmesss, ni que la charla fuese interesante, mucho menos que exista esa relación entre el cuadro y la película. Es sólo que, como le dije entonces, creo que hay que tener un enorme sentido del espectáculo -o, por qué no decirlo, ser un poco pedante- para resaltar esa analogía como un hallazgo y titular una conferencia: “Una versión actualizada de El jardín de las delicias: Scorsese, El lobo de Wall Street”. Luego resultaba que no era El Jardín de las delicias, sino El carro de heno. Me hizo gracia.

    Aquí tampoco se han recreado en las pancartas y estelades. La realización (que será en gran medida la misma que usted ha visto, obviamente) también las ha ignorado, aunque sí se han visto como parte del paisaje de fondo. Para entendernos, más o menos lo mismo que el árbitro con los penaltis.

  • ¡ Vaya ! Me alegro de coincidir esta vez con el Ilmo Señor Marqués :
    Yo también suelo escuchar a Arvo Pärt cuando necesito purificarme de según qué venenos.
    Y luego escucho a Händel, a Boccherini, a Debussy, o incluso a Wagner ( según ), para no dejar espacio limpio y vacío que puedan aprovechar los envenenadores para invadirme de nuevo con sus venenos , y con más fuerza todavía, ( como en la parábola… )

  • Buenos dias a las personas de buena voluntad, a las demás que os vayan dando mucho por ahí por donde más amargan los pepinos.
    Que sepáis que vamos a morir todos.
    Todos, es todos.
    No, porque hay de alguno por ahí… Que se piensa que se va a quedar de semillita.
    Aunque Carlos Lopez Otín dijera en una conferencia que “existen personas inmortales, y estàn entre nosotros”, por favor, miraros: NO SOIS VOSOTROS.

  • Buenos días. ¿Uno rapidito? ¡VALE, VENGAAA!

    905

    Between My Country —and the Others—
    There is a Sea—
    But Flowers —negotiate between us—
    As Ministry.

    Emily Dickinson

  • A: La implicación de C’s en la tareas gubernamentales no solo habría sido, quizás, una buena noticia para la renovación del personal político y de sus usos
    J: ¡Protesto, señoría, eso último es especulativo!

  • Procuro fijarme dice:
    Sábado, 03/12/2016 a las 15:54
    El saxo es más bonito cuando hay amor.

    El saxo es una experiencia vacía pero como experiencia vacía bla, bla. Yo creo que el acordeón, que echaba en falta Francisca, es el órgano de la clase media, el instrumento asequible a las capas sociales ávidas de lo polifónico pero que no pueden pagarse una iglesia, ni aún hipotecándose. Es cierto que el reverb, del que adolece el acordeón, se puede conseguir tocando en un túnel del metro o en un aparcamiento subterráneo pero no es lo mismo. Era un dilema sin solución. El repertorio clásico para órgano no resiste esos escenarios que no invitan al recogimiento, todo brutalismo y covacha, y tocado en la calle o en un bar resulta inadecuado. Se objetará, con razón, que la mitad de las iglesias construidas en el siglo XX son búnkeres por fuera y aparcamientos por dentro, cosa que hay que agradecer a Le Corbusier y sus secuaces. Siendo cierto no conviene detenerse aquí porque la liamos. Nuevas composiciones consiguieron que el acordeón acompañara bien a los tiovivos, que cuando eran de verdad tiovivos, merry-go-round, pesadas piezas escultóricas de estética entre el barroco y el rococó, parecían retablos móviles o pasos procesionales mecánicos, modernizados por la revolución industrial. Así, si el órgano es soberbio y solemne, incluso en ocasiones majestuoso, el acordeón es enfático, inquieto, tornadizo y portátil. Pasamos así de la polifonía inmobiliaria a la viajera y mecánica, signo de los tiempos, como ya avanzó Marinetti dando el coñazo con los de los aviones y tal y eso. Pero, al igual que la mayoría no tenían para comprar un templo apañadito con su órgano y su canesú, no a todos alcanzaba para un tiovivo y el acordeón que habría de acompañarlo, así que el ansia de polifonía de viento del pobre, del indigente, había que darle salida como le damos a los gases de la digestión y vino a ser cubierta por la armónica. La armónica es un instrumento triste, melancólico, todo recuerdo, todo añoranza sin esperanza. La armónica es de pobres, de homeless, de aquellos que no tienen edificio ni posibilidad de tenerlo ni esperanza de sustituirlo por un tiovivo o una cabra subida en una escalera. Tan de pordiosero es la armónica que se toca como un bocadillo, tal que comiéndola y generalmente con el ansia del hambriento que se regodea paladeando. Luego está Don Nicanor tocando el tambor, que es otra experiencia vacía, ésta sin consuelo colateral como podría tener el saxo si se toca con amor, camiseta de tirantes, sábana revuelta y letrero de neón en callejón nocturno. Don Nicanor y el saxo son, y ahí nuestra crítica, puro sentimentalismo socialdemócrata, que viste bien según que momentos pero resulta repelente como regla de vida. Ese alargar las notas, ese retrasar el tempo, es tan de plañidera, penita impostada y lágrima ficticia, que uno no se explica la hegemonía del chelo en funerales y entierros.
    Me he liado. Vale.

  • Dentro de laS aficiones que ya no me quedan, está la de visionar dibujos animados. Ya no voy al cine a ver películas protagonizadas por actores de carne y hueso, sólo acudo a las animadas por ordenador. Por lo general suelen ser ñoñadas con guiones básicos para hacer reír a los más pequeños, con algún punto de humor inteligente para que los que los acompañamos no nos creamos imbéciles, pero siempre hay una pequeña joya hecha para los pequeños que nos fascina a los mayores. Eso me ha pasado con “Kubo y las dos cuerdas mágicas” una obra de arte con guión y estética japonesa que lo tiene todo para pasar un buen rato con los pequeños sin parecer idiota, incluida la sorpresa final con una versión de “While my guitar gently weeps”de Harrison.

  • Acabo de caer en la cuenta de que el concierto en el que más he disfrutado nunca fue el de un grupo que a la sazón casi odiaba. La verdad es que si asistí se debió solamente a que también venía una chica de mi clase –hija, por cierto, de un destacado político de mi comunidad– de la que andaba prendado. El concierto resultó ser increíble. Trasteando por internet,he encontrado esta pequeña joya de la misma gira, que hoy he visto ya un par de veces. En la misma página se puede encontrar el concierto completo.

  • Los paises de la antigua URRSS eran muy dados al acordeón.
    En los campeonatos mundiales siempre estaban entre los primeros. En el país vasco también existía y creo que sigue asi, mucha tracidicion con los fuelles.
    Acompañe a mi “hermano ” Andrés (hermano de Jacinto) a uno de esos concursos.
    Había preparado concienzudamente su pieza con el reputado maestro Bicondoa de San Sebastián.
    La obertura del Barbero de Sevilla. Endiablada pieza para las manos de un chico de 14 años.
    Su oponenta directa se descargo con un “vuelo del moscardón” compleja en el desplazamiento de los dedos y el tempo a aplicar pero de menor textura que la de Andrés.
    A la chica le salió de aplauso pero tampoco era una pieza para demostrar talentos musicales sino para dejar claro que dominabas el instrumento.
    Andrés bordo su pieza, sin embargo no transmitió nada. Estaba aburrido.
    Había decidido desde que fue campeón infantil que odiaba el instrumento, pero que cumpliría con terminar la carrera que tanto le gustaba a su padre.
    En los ensayos, para calentar y hacer manos se empleaba a fondo con Boogi woogi… nos lo pasabamos de bigotes en esas sesiones.
    Lleva unos 32 años sin mirar un acordeón.

  • Siempre que escucho a Supertramp me entra un derrotismo fatalista. Era El Grupo de nuestros hermanos mayores. Jóvenes a los que la vida no les anticipaba las amarguras, las cicatrices. En mi barrio no había motos adolescentes. La generación de Supertramp pasó directamente de la bici a enterrarse en el caballo.

    Sólo entre lo efímero respiramos tranquilos.

  • S. dice:Domingo, 04/12/2016 a las 13:21

    Ahí va, cómo que los hermanos mayores. De la generación de Supertramp y del caballo aquí semos la tira. Funes, tú y yo, de la parte del medio, yo creo.

  • Yo también tengo mi historia personal en el mundo de la música. Unas navidades en la escuela nos pusieron a dos con el triángulo y los chinchines para grabar los villancicos, y tocamos nuestros instrumentos con tanto entusiasmo que cuando la maestra puso la cinta parecía una emisión en directo desde la fragua de Vulcano, con unas abejas al fondo zumbando Noche de Paz. Es lo que yo digo, o tocas o no tocas, pero si tocas que te se oiga bien.

  • Procuro fijarme dice:
    Domingo, 04/12/2016 a las 13:28

    Sí, la nuestra también fue la del caballo. Y tal vez tengas razón en lo de Supertramp. El tiempo de una generación siempre es relativo. Para mí, a los 12, 14 años, aquellos que tenían tres o cinco años más que nosotros eran seres extraños viviendo sus vidas. Los hermanos mayores de la pandilla. Los recuerdo escuchando, también, a Yes, a Jethro Tull. No eran nuestros grupos. En mi barrio, al menos.

  • Procuro fijarme dice:
    Viernes, 02/12/2016 a las 22:55

    Gracias por el enlace, Procuro. El País después ha publicado este otro artículo, en el que recurren al maravillo recurso periodístico de destacar en el titular algo que apenas mencionan de pasada en el cuerpo de la noticia. Tampoco es moco de pavo la rectificación, por llamarla de alguna forma, que han publicado el tal Pedro Simón y El Mundo.

    En fin, de lo poco que saco en claro de este despropósito informativo es que en el futuro leeré a Ángela Bernardo, de Hipertextual. Su artículo está escrito como Dios manda, tanto en el fondo como el la forma.

  • Lo de Valdano es inexplicable. Lo de él no, lo de Florentino fichándole de entrenador después de arrebatarle dos ligas en el último partido, con el Tenerife.

    Algunos se estarán echando las manos a la cabeza con lo que digo. Pero soy del viejo dicho: Roma no paga traidores. Dejo claro que me parece bien lo que él hizo. Lo que no me parece bien es que luego no se le correspondiese con la moneda adecuada: persona non grata en el Bernabeu de por vida.

    Imaginad por un momento, a Abelardo, el babayu del Sporting, quitándole dos ligas al Barsa en el último partido. Ni en la peor pesadilla se les ocurriría a los culés ficharle de entrenador.

    Ayer el peor del Madrid no fue Benzema, que hizo meritos. El peor sin duda, fue Keilor. Mariano va a ser mucho mejor que Chicharito.

  • Francisca, no hay forma: el conferenciante usa notas e improvisa bastante.
    Pero creo no traicionarle si traigo aquí, apenas editada, su amable respuesta a mi correo inquiriendo cuál de las obras del Bosco invocaba.

    Hola Holm,

    Ese jueves proyecté tres trípticos, el de “Mérode”, de Campin, y los del “Carro” y el “Jardín”, del Bosco, con la intención de mostrar la diferencia de función, devocional y litúrgica, en el primero, moralizante en el segundo, manteniendo el mismo formato. Ese mismo propósito moralizante, incluso de anuncio apocalíptico, revela Scorsese en sus aclaraciones sobre su obra.

    La comparación del Carro con el Lobo es simple. Dejando a un lado la tabla a nuestra izquierda representando el paraíso, la tabla del centro representa el mundo con sus pompas y su vicios que se dirige hacia el infierno, representado en la tabla a nuestra derecha, arrastrado por unos seres híbridos que bien podrían parangonarse con Belfort y sus cómplices. Siempre basándome en declaraciones de Scorsese, estos jugarían el papel de vanguardia de la humanidad.

    En un segundo momento, comparé el Lobo y el Jardín, y aquí utilicé no solo declaraciones de Scorsese y Di Caprio, sino que me apoyé en la ambigua recepción, en algunos casos, de la película en los medios del cine americano, y en la contundente crítica de la hija de un antiguo broker de Belfort. El lobo presentaría el comportamiento criminal de Belfort como una serie de simples calaveradas obviando sus consecuencias y a las víctimas. Es más, y en eso reside la ambigüedad del film, como un modo de existencia con un gran atractivo. ´
    El jardín es la obra más controvertida del Bosco, El significado de la tabla del centro es todavía hoy un enigma. En lo que hay acuerdo es en que se presenta como una paraíso de sensualidad, al tiempo que de pecado. Scorsese declara, en defensa de su obra, que el diablo siempre sonríe.

    No te has perdido mucho, la sesión fue un desastre. No se podía apreciar los detalles del Jardín, a la distancia a la que se sienta la gente aquello se convirtió en algo así como “buscar a Wally”.

    Un saludo.

  • Para mí, a los 12, 14 años, aquellos que tenían tres o cinco años más que nosotros eran seres extraños viviendo sus vidas.

    En cambio, para las mujeres de 12 o 14, los de 17 o 19 eran los novios o iban a serlo. La generación afectada es más o menos la de los nacidos entre el 55 y el 70. Los primeros, los más incautos, pero los que cayeron como moscas son los de los sesenta. Una canción de Rafael Berrio, «Santos Mártires Yonquis».

  • Babayu significa parraplas y en la Tierras de Enmedio los montañeses dicen babión.
    No quiero ni leer más de lo de Nadia, Chino, es horrendo. Sobre todo el periodista tenía una obligación.

  • Las de tu abuelo guárdalas todas, Álvaro. Con codicia sin avaricia.
    En Málaga llueve mucho y el periodista ha dicho que «el agua corre a caudales». Esa, para mi caja de raudales.

  • Procuro fijarme dice:
    Domingo, 04/12/2016 a las 10:36
    Gracias, Señor, por el Arcadi.

    Sí, señora. Analizando hechos es insuperable. Lástima de cuando hace incursiones en la política ficción.

  • Bajo al cinema para. Era la película Sully.
    Es lo único que no es de tema navideño en el pueblo.
    Veamos cómo lo cuenta el Clint y como lo hace Hanks.
    Algún comentario de alguien que la vio?

  • Pedro Simón es un tonto muy tonto, Miguel Angel Revilla idem de idem. Son dos estafadores de las ideas a los que EM y la Sexta han dado amplia cobertura.
    A mí me parece que los periodistas del periodismo deberían dedicarse a desenmascarar estas patrañas y no a opinar sobre la verdad en la campaña de Trump cuando no conocen EEUU y ni siquiera saben inglés.
    Ayer la Sexta dio amplia cobertura en prime time a un paleto pasiego que se dedicó a criticar el capitalismo y en especial el funcionamiento de EEUU, luego se puso sentimental con lo enfermos de ELA reclamando soluciones. Estas llegarán mas pronto que tarde de empresas farmacéuticas estadounidenses, me temo que no de Cantabria.

  • Hoy día de tormentas, hay que acordarse de Sª Bárbara.
    Patrona de los mineros, de los artilleros y de los terroristas católicos.

    Si tres personas encienden con el mismo fósforo, el más perjudicado es el fósforo.

  • Perroantonio dice:
    Sábado, 03/12/2016 a las 16:07
    moriñistas, que sospecho son una variedad de los patético-enfáticos de los que habla Escohotado.

    Disculpa, Perroan, se me había pasado esto. Efectivamente. Clavao.

  • A mí Sully me pareció bien sin más, JRG. Va a ser que tanto Eastwood como Hanks tienen ya el listón muy alto. De las más o menos recientes sobre accidentes aéreos me gustó más esta, con director y actor que tampoco son precisamente unos piernas.

    Qué bueno, Bonnie. No conocía la película. Ni la versión de la Spektor y su inseparable piano de la canción de Harrison. No tiene mal ojo la señora (rusa, exiliada judía, educada en música clásica) para elegir las canciones que versiona, ya lo ha hecho con varias y siempre da en el clavo. Ni para escribir las suyas propias: Nadie se ríe de Dios cuando ve a quien ama de la mano de otro.

  • Coincido Albert con su opinión.
    Más que película es un reportaje.
    Muy bien Contado y sin florecitas.
    Hanks está muy sobrio.
    Me ha gustado.
    Estar enfrentados a máquinas en este tipo de autopsias de investigación hace muy difícil ponerse en el lugar de un hombre que tiene que controlar en 30 segundos una situación imposible. Controlar un armario que cae y causar el mínimo número de victimas además de jugarse su propio pellejo.

  • Las urgencias de un pueblo francés tan ordenadito y aséptico me hace recordar el colorcito que tenían en Irún, con sus familias gitanas, sus canis con navajazo, la familia completa para el abuelo…
    No tiene color…

  • Advierto que me estoy poniendo cipotudo mientras escribo la entrada que voy a calzarles cuando decida publicarla nuestra dirección editorial.

  • Póngase cipotudo, JRG. Hay que reivindicar lo cipotudo.

    El adjetivo tiene, por otra parte, un grave problema, es radicalmente visual, por lo que las gentes menos dotadas intelectualmente no captan su carácter metafórico. Pronostico que el término no va a cuajar con el significado dado por su creador. Ya he leído a varias listas identificando cipotudo con machista. Quizá su autor lo tenía previsto.

  • Perroantonio dice:
    Domingo, 04/12/2016 a las 21:09
    Quizá su autor lo tenía previsto.

    Sumámonos en profundas reflexiones acerca de lo comentado por el incisivo canino. ¿Creemos que el autor del término «cipotudo» tenía previsto que se confundiera con «machista»? Afirmemos terminantemente. El mismo autor encauzó su artículo hacia esa suposición, cosa que nos hunde en honda pesadumbre. A nuestra misión de centinelas, de barbacana de la literatura española en la lucha contra el énfasis, la superficialidad metafórica, el regate sintáctico, la elección temática del bar, la novia y el Madrid, sumemos ahora la de la limpieza del término «cipotudo» de toda mácula de {machismo}. Procedamos a establecer la tesis que desvincule ambos términos. Planeemos una obra y pensemos ya en los primeros ochenta y dos capítulos, con un total de setecientas cuarenta y seis páginas.

  • Yo no la conocía hasta que vi la película y encontré la versión en internete, Albert. ¡Sorpresa doble!
    La versión original cuenta con las voces de Scarlett y Maconajiu que les ha dado ahora por doblar a personajes animados. La próxima “Sing”.