György Ligeti, el gran macabro

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por Fernando García.

La música clásica de la segunda mitad del siglo XX siempre ha tenido mala prensa, poco programada en los circuitos serios  e ignorada  en los ambientes pop. Todo el mundo recuerda como Pete Townsend gustaba destrozar su guitarra al terminar los conciertos de The Who, pero casi nadie conoce que György Ligeti hizo arder el órgano de la catedral de Göteborg al interpretar su Volumina en 1962. La pieza compuesta por Ligeti incluía encendidos y apagados del órgano en mitad de una nota y el funcionamiento de muchos tubos al mismo tiempo, lo cual hizo quemar los circuitos eléctricos del venerable instrumento.

Nuestro compositor fue primero rumano, luego húngaro y finalmente austríaco, algo relativamente frecuente para un judío nacido en 1923, así como que toda su parentela mas cercana acabara en campos de concentración. Por fortuna para él pudo huir de Hungría en 1956, aprovechando la breve “primavera húngara”. Se refugió en Viena donde entró en contacto con los iniciadores de la música electrónica como Stockhausen  y si bien adoptó su ruptura con la tonalidad y con la armonía prefirió seguir componiendo para instrumentos clásicos. Ligeti era considerado como un genuino representante de la vanguardia musical con una personalidad única, pero al mismo tiempo un gran desconocido.

En 1968 Stanley Kubrick utilizó su música en “2001, una odisea del espacio”, lo hizo sin  consultárselo  ante la sorpresa de Ligeti que le demandó por un dólar. El compositor se quejaba que cuando compuso “Atmosphères” (1961) ni por lo mas remoto estaba pensando en el espacio interestelar. Lo cierto es que este hecho le hizo mas conocido de lo que era, aunque tampoco mucho. Kubrick no se amilanó ante la demanda y le convenció para seguir utilizando su música en  películas como “El resplandor” o “Eyes wide shut”. Otros directores como  Michael Mann también se animaron y utilizaron también fragmentos de su música en películas muy conocidas como “Heat”. Pareciera que a Ligeti no le entusiasmó entrar en el popular mundo del cine y decidió componer algo mas elitista que no pudiera versionar  ni utilizar nadie, la “ópera anti-ópera” titulada “El gran macabro”. Él mismo escribió el libreto de esta reflexión sobre la muerte con abundante escatología, libreto que fue aligerando de palabras con la esperanza de que pudiera ser mas fácilmente representado. Pero amigo, ahí estaba la Fura dels  Baus que hizo su propia versión del libreto con una esperpéntica escenografía que paseó por Europa y que pudo verse en el Liceo en 2011.

Decíamos que la música clásica de la segunda mitad del siglo XX ha tenido poco éxito fuera de un público muy especializado, cierto que parece que los compositores buscaban cierta extravagancia para no verse popularizados. Ello no obsta para que haya media docena de compositores muy notables que sin duda pasarán a la historia de la música. Particularmente a mí me interesan aparte del propio Ligeti y el citado Stockhausen,  los polacos Lutoslawsky y Górecky, los franceses Messiaen y Boulez, y desde luego el norteamericano Steve Reich. Hay otros mas notables, pero los aquí citados me permito recomendarlos férvidamente.

 

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