El árbol partido (8)

guano
por Claudio Sífilis.

Panfleto ateo sobre religión según las tercas lecturas.

Dios es un concepto, un invento, una idea de la mente humana. Los estudios arqueológicos nos hacen intuir que los primeros dioses que inventó la humanidad eran mujeres, diosas de la fertilidad. En la Edad de Piedra, la única propiedad del hombre eran sus utensilios de caza; su única ambición, tener descendencia. Lo que le pedían estos hombres primitivos a la vida era tener hijos sanos y esta ambición se materializó en los primeros amuletos de mujeres embarazadas que pueden ser catalogados como diosas de la fertilidad.

Con la llegada del neolítico, llegaron las primeras agrupaciones sedentarias. Una diosa enseñó a la humanidad las artes de la agricultura. Los egipcios la llamarían Isis, los griegos Deméter, los fenicios Astarté y los romanos Cibeles, pero siempre era la misma, era portadora de las estaciones y de la amapola. Se sacrificaban cerdos en su honor y se la hacían fiestas para demostrarle amor. Tenía el atributo de madre tierra.

Aparecieron los oficios, como el de soldado, para defender propiedad o para saquearla. Tal vez por inercia el dios de la guerra en algunos casos fue adorado como mujer (los griegos le llamarían Atenea). Se sacrificaban toros, doncellas vírgenes o niños, curiosamente, como expiación de los crímenes cometidos. En algún momento a las diosas les salieron dioses que eran sus maridos, o sus hijos, o su padre. Al Dios padre o Dios celestial, los griegos le llamaron Zeus. No fue el primero que inventó el hombre, sin embargo es el creador del universo.

Se construían templos y para realizar ritos hacían falta los sacerdotes. Los fenicios sacrificaban a sus primogénitos en honor de los Dioses. Durante la caída de Cartago, los sacerdotes sacrificaban un niño cada hora pidiendo el auxilio de su dios Melkart. No era raro en sacrificio de niños por motivos religiosos, de ahí que consideramos una innovación vanguardista el texto judío en el que Dios le dice a Abraham que no necesita que mate a su hijo David. Los sacrificios de niños fueron cayendo en desuso y los romanos no los practicaban, calificando las costumbres cartaginesas de salvajes.

Los faraones se declaraban hijos de Dioses para distinguirse del resto de seres humanos, así, Ramsés II era hijo del Dios Ra, que se apareció a una virgen y la dejó embarazada. En Roma, los senadores de la república pertenecían a familias emparentadas con dioses. Por ejemplo, Julio Cesar pertenecía a la familia patricia Gens Julia que se decía descendiente de Eneas, héroe de la guerra de Troya que logró escapar y se refugió en la tierra de Lacio donde se proclamó rey. Eneas era hijo el príncipe griego Anquises y de la diosa Afrodita.

Llegados a este punto hemos comprobado que en la antigüedad para ser gobernante tenías que ser descendiente de una Diosa o de un Dios. Pero había rebeliones contra esto, la más significativa fue la de los judíos, un pueblo que había sido esclavo de Babilonia y de Egipto. Proclamaron que solo había un Dios verdadero, un Dios que les liberaría de esos falsos dioses, padres de gobernantes.

De entre los judíos, surgió el cristianismo, un movimiento todavía más revolucionario contra lo imperante. En el evangelio de Mateo, en su versión conservada más antigua, escrita en griego y distinta de la posteriormente traducida al latín, José, un zapatero judío descendiente de Abraham ha de casarse con su novia María según acuerdo previo, pero ella está embarazada. El evangelio de Mateo hace un gran esfuerzo en emparentar a Jesús con Abraham a través de José: “Abraham engendró a Isaak, Isaak engendró a Jacob, y Jacob a Judá y sus hermanos”. La genealogía continua y finaliza con: “Matán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús”. Y es que los primeros cristianos, que eran una secta judía, emparentaban a Jesús con Abraham, para recalcar que era hijo de judío, perteneciente a su tribu. Según la ley, San José pudo haber repudiado a María argumentando que estaba esperando un niño que había sido concebido antes del matrimonio, pero un ángel se le apareció y le dijo que a José que ese hijo suyo era el liberador que esperaba el pueblo judío. En un giro imprevisible de los acontecimientos, los primeros cristianos proclamaron Dios a Jesús, dijeron que Dios era hijo de un zapatero. Lógicamente, cuando el cristianismo triunfó, en el año 311, en el Concilio de Nicea, se decidió que fuera Zeus el que dejara embarazada a María y no José. Así se tradujo al latín en el nuevo evangelio de Mateo, el emperador romano asumió la labor de sumo sacerdote de la iglesia cristiana católica. Antes de eso,  los cristianos no tenían sumo sacerdote.

Julio Cesar, que era general romano y también sumo sacerdote en tiempos de la república romana, mantuvo sus cargos al proclamarse emperador. Aunque la iglesia católica diga que San Pedro fue a Roma y fue nombrado Papa, esto no es cierto. En aquellos años el sumo sacerdote de Roma era Cesar Augusto, después Calígula, Nerón, etc.

Siendo Cesar Augusto sumo sacerdote de Roma se construyeron por todo el imperio templos en su honor. En Mérida hay un pequeño ejemplo, junto al teatro. Mucho más grande es el que se construyó en Cesarea, la capital de Judea. En Jerusalén, estando esta ciudad gobernada por Pilatos, mandó a los sacerdotes del templo de Jerusalén poner una estatua y posteriormente un estandarte del sumo sacerdote de Roma. Hubo revueltas y tumultos entre los judíos de Jerusalén que impidieron que en su templo se rindiera culto a nada que no fuera su Dios. Los judíos se salieron con la suya, y para evitar desórdenes Pilatos retiró estos símbolos del templo de los judíos. No obstante mandó crucificar a cientos de judíos. Jesús fue uno de los crucificados por Pilatos.

Jesús había creado una oración, el padre nuestro, para que no hiciera falta acudir a los sacerdotes para honrar a Dios y declaró que todos éramos hijos de Dios. Cuando murió sus seguidores le proclamaron Dios. El cristianismo se extendió por Oriente Medio, llegando a Siria y Anatolia (Actual Turquía). Los romanos vieron en el judaísmo un peligro a su supremacía ya que su Dios no admitía rivales y trataba de derribar la creencia de que los gobernantes de Roma eran elegidos por los Dioses. Así que en el primer siglo de nuestra era intentaron exterminar a los judíos. Acabaron con miles de judíos y los que sobrevivieron huyeron de Judea, produciéndose la Diáspora. Esenios y macabeos fueron exterminados, sobreviviendo cristianos y fariseos.

En Antioquía (ciudad de la actual Turquía), un asesino mercenario llamado Pablo, al caerse de un caballo tuvo la revelación de que el líder de los cristianos era el Dios único del que hablaba el filósofo Aristóteles. Pablo conoció a San Pedro, antiguo discípulo de Jesús que por entonces predicaba en Antioquía y juntos realizaron un sincretismo de la religión romana y las enseñanzas de Jesús que se salía del ámbito de los judíos. Sus seguidores escribirían los 4 evangelios del nuevo testamento en griego.

Durante los primeros trescientos años de nuestra era hubo emperadores romanos que fueron tolerantes con el cristianismo como Trajano y Adriano, lo que permitió su expansión y hubo otros como Cómodo o Diocleciano que hicieron persecuciones muy duras y los mataron por miles.

Sobre el año 300 un general romano, Constantino, dio un golpe de estado y se proclamó emperador. La madre de Constantico era cristiana. Antes de la batalla definitiva que le dio el poder se sintió acobardado, igual que sus soldados, muchos de ellos godos mercenarios de religión cristiana. Entonces, mirando el cielo, los rayos de sol entre las nubes formaron la imagen de una cruz. Constantino tomó la cruz como mensaje de Dios y en un discurso así se lo hizo saber a sus soldados. Ganó la guerra.

Constantino, para poder asumir el puesto de emperador romano, tuvo que casarse con una mujer de las familias de patricios de Roma, descendientes de Dioses romanos. Algunos años más tarde, mandaría asesinar a esta esposa suya. Con el fin de compatibilizar la religión cristiana con su cargo de sumo sacerdote de Roma, Constantino creó la iglesia cristiana romana. Esto ocurrió en el Concilio de Nicea (ciudad que está en la actual Turquía) en el año 311. También trasladó la capital del imperio de Roma a Bizancio, cuyo nombre cambió por Constantinopla, dado que en Roma la religión cristiana no podía ser aceptada por los patricios.

El tema fuerte para los cristianos es la resurrección de Jesús, una tontería para nosotros, los ateos. Jesús fue un profeta que tenía conocimientos de medicina y que predicaba su verdad sobre Dios. Curaba ciegos que tenían alguna infección en los ojos con barro, curaba lesiones de cojera y enfermedades con infusiones. Pedía fe a los enfermos, diciéndoles “tu fe te ha salvado”. Conocía el rito de los zombis que ha llegado a nuestros tiempos en Haití, que consiste en drogar un hombre y dejarle aparentemente muerto, tenerle enterrado tres días, y desenterrarle vivo. Podemos creernos que Jesús hizo esto con Lázaro. Pero no nos creemos que Jesús resucitara. Eso no.

Los cristianos primitivos tuvieron el enfrentamiento ideológico de si había resucitado en cuerpo y alma o sólo había regresado su alma. Los primeros son los considerados cristianos ortodoxos seguidores de Ireneo, y los segundos cristianos gnósticos seguidores Valentín. En los evangelios ortodoxos del nuevo testamento, cuando María Magdalena le reconoce, se desvanece como un fantasma. Pero en otro pasaje posterior, Tomás mete la mano en la herida de lanza que tiene Jesús en su costado. En los evangelios gnósticos Jesús ni siquiera se aparece en forma humana, es un ángel de luz, más bien parecido a un pájaro inmaterial. En los evangelios ortodoxos Jesús asciende al cielo en cuerpo y alma 40 días después de su muerte y no regresa más. En los gnosticos sube en forma de pájaro, pero regresa con cierta frecuencia a ver a sus discípulos. En los ortodoxos Jesús deja claro en esos 40 días que sus herederos son sus 12 discípulos, que deben organizarse en una estructura de mando sobre los demás cristianos. En los ortodoxos Jesús es un ser que habita dentro de cada cristiano que hace que nadie más que Jesús pueda conducir sus actos.

En Nicea se decidió que la corriente ortodoxa era la verdadera y la gnóstica  se declaró hereje. Los evangelios de Tomás, de Felipe, de María Magdalena, el apocrifón de Juan y la carta de Pedro a Felipe fueron destruidos, aunque en el siglo XX aparecieron copias dentro de una tinaja en Nag Hammadi (Egipto).

En Hechos de los Apóstoles, de los evangelios ortodoxos aceptados en Nicea, el Jesús resucitado hacía nombrado sucesores a sus 12 discípulos, y se habían formado cuatro patriarcados desde los que se dirigía el cristianismo, Jerusalén, Alejandría, Éfeso y Antioquía. Los cristianos de Jerusalén fueron aniquilados en el año 66, y los de Alejandría se separarían de la corriente católica de Nicea, su patriarca Arrio, sería declarado hereje y sus seguidores perseguidos. No obstante, sobrevivieron dando lugar al cristianismo copto.

En el Imperio Romano de Oriente ocurriría un hecho insólito, el emperador Justiniano frecuentaba un prostíbulo famoso para ver a Teodora, una prostituta de lujuria insaciable a la vez que mujer inteligente. Pasaba largas noches de insomnio con ella y tenían largas conversaciones, hablaban mucho del tema de la naturaleza de Jesús y de la materia por la que estuvo constituido durante su periplo previo a la crucifixión, tema de conversación todavía de moda en el siglo VI. También hablaban de la necesidad de justicia en el mundo.

Justiniano adoraba a Teodora hasta tal punto que se casó con ella contraviniendo todas las leyes existentes. Justiniano hubo de promulgar una ley que autorizase a las prostitutas arrepentidas a tomar esposo legítimo, lo cual hasta entonces estaba prohibido. Más allá de su pasado, como emperatriz Teodora demostró una gran dignidad, sin renegar nunca de sus orígenes. Durante todo su reinado protegió a las mujeres, y ayudó a centenares de prostitutas a salir de su situación. Teodora siempre conservó enemistad con la aristocracia. Justiniano y Teodora fueron los fundadores del llamado Derecho Romano, un ordenamiento jurídico que se enfrentaba a los fueros que decretaban los reyes y condes en sus territorios, y que eran ofensivamente injustos. El Derecho Romano, implantado en Oriente Medio en el siglo VI tardaría mucho tiempo el llegar al Oeste de Europa. Como nota curiosa, comentar que tras la caída de Constantinopla, los turcos adoptaron el Derecho Romano, y que no es éste lo que diferencia la justicia occidental del Islam, tal y como pretenden muchos cristianos actuales, sino el Código Civil, resultante de los cambios judiciales ocurridos tras la Revolución Francesa. Pero esa es otra historia.

La ciudad de Roma, anclada en la antigua religión, fue invadida y saqueada por tribus godas cristianas, por vándalos y godos, cristianos arrianos. Pero poco a poco la religión cristiana fue instalándose en la antigua capital del imperio y el obispo de Roma fue ganando importancia dentro de la Iglesia Católica. Hacia el año 500 comenzó a correr el bulo de que San Pedro había estado en Roma predicando, y que Jesús se le había aparecido allí nombrándole príncipe de los apóstoles, su sucesor en la tierra. Además se falsificó un documento en el que el emperador Constantino donaba los territorios de Roma al obispo Silvestre I. Esta donación, aparecida en el siglo IX, se ha probado que es falsa mediante estudios lingüísticos, no obstante otorgaba al Papa el derecho de gobernar la ciudad de Roma y sus alrededores, alrededores que llegaron a ocupar gran parte de la mitad norte de la actual Italia, durante el mandato de Papas conquistadores. También hubo un largo proceso de acercamiento entre el pontificado romano y el reino de los francos, instaurándose que el rey de los francos empezara sus mandatos después de la unción papal. La expansión de los francos y la relevancia de su rey llego a ser tan grande en el Oeste de Europa que el Papa de Roma hizo un cisma con el imperio romano de Oriente, separándose del emperador y del patriarca ortodoxo.

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