Breve relación de vidas extraordinarias · 27

BRVE-27
Por Martín Olmos.

María Magdalena no fue puta, que puta será tu madre. No obstante, tenía dicho Hesíodo que una mala reputación es una carga ligera de levantar, pesada de llevar y difícil de descargar. Lucas de Antioquía y Marcos de Cirene, evangelistas canónicos, la comentaron de poseída por seis demonios de los que Jesucristo la liberó (Maria, quae vocatur Magdalene, de qua daemonia septem exierant), por lo que pudo ser tonta o epiléptica, pero no la dijeron pregonándose en una encrucijada a sestercio la intersección a la sombra de un olivo. Su blasón de puta lo pudo ganar por razón de una interpretación liberal del diagnóstico si se entienden, como sugiere Isaac Asimov sin mucho convencimiento, los seis demonios como diablos de la lujuria o por un ejercicio, quizá inercial, de lectura rápida al mencionarla el evangelista Lucas (8, 1-3) inmediatamente después de decir cómo una pecadora arrepentida, ésta sí puta que se quitó del oficio, regó los pies de Jesucristo con sus lágrimas y los secó con sus cabellos (7, 36-50). Se sabe, asimismo, de la condescendencia de las bobas y se sabe que los vivos, que están a sacar el aprovechamiento de la que pintan calva, joden a tontas y a locas sin desperdicio de mérito, engatusándolas con una canción de ronda, clavelitos, clavelitos, porque joder a las que gastan razón obliga tiempo, cortejo y langostinos y a la Magdalena, de cuando guardaba demonios, igual la clavó un samaritano a una pared de adobe de una cuadra de Cafarnaúm, diciéndola dos piropos, haciéndola tropezona, en todo caso, pero no puta, que puta será tu madre. Debió ser jamona y rural que le pasó lo que a las monadas de pueblo a las que seduce un feriante de agosto y el rumor les dura toda la vida. La intrínseca desenvoltura de la iglesia para soplar frío y caliente con el mismo aliento ha ido refrendando por aquiescencia la ramería de la Magdalena quizá porque el evangelista Marcos (16, 9-11) contó que fue la primera en ver a Jesucristo resucitado y la que anunció su profecía a los Doce y creyó conveniente, por lo tanto, consolidar el credo sobre el testimonio de una puta mejor que sobre el testimonio de una orate. A la Magdalena, en todo caso y conforme al gusto de cada cual, se la puede decir por los evangelistas o por Valverde, León y Quiroga:

Ay, María Magdalena,
que a todos tus besos has dado,
rosa de carne morena.

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