Cómø hacer amigøs

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Por Brat Çäshø.

Si es usted hombre, la forma de hacer amigos es extremadamente fácil. Cómprese un sombrero. Pare a cualquier persona que encuentre por la calle (preferiblemente hombre, ya que si escoge a una mujer su comportamiento podría conducir a equívocos de peligrosa índole o a matrimoniar en un futuro próximo, cosa que desaconsejamos fervientemente). Sonría. Quítese el sombrero para saludar. Hable del tiempo. Si a usted el día le parece fantástico pero al otro señor le parece que hace mucho frío, apresúrese a cambiar de opinión y a decir que, efectivamente, hace mucho frío. Castañetee los dientes, frótese los brazos con vigor y exclame con asombro: “¡ni en Soria cuando corre el cierzo!”.

Propóngale ir a comprar un jersey a un pequeño comercio y muéstrese partidario de los pequeños comercios. Si el señor aduce, en cambio, que gustaría más de ir al Corte Inglés, usted debe loar inmediatamente las bondades del Corte Inglés y expresar su admiración por ese templo del consumismo que es timbre y gloria de España. Acompáñele al establecimiento elegido y cómprele un jersey.

Insista en que el verde es el color que mejor le queda. Si el señor se muestra contrariado y opina que el azul es, sin duda, el color que mejor combina con su carácter, apostura y vestuario habitual, no ahorre esfuerzos en afirmar que no hay color como el azul y que ya lo dijo Bécquer (Gustavo Adolfo); añada que es altamente improbable que el verde le quedara mejor que el azul, como usted sostenía de forma irresponsable hasta que precisamente ese señor le ha hecho abrir los ojos a la verdad y a la belleza, pues al fin y al cabo el verde es el color de los mocos y el de los ancianos con el deseo extraviado.

Respire profundamente para tomar aire después de su discurso.

Mientras le tira de una manga, le arregla la sisa o le quita las arrugas con unas palmaditas, sondee sus gustos en deporte. Si se muestra partidario del Real Madrid, pondere la calidad balompédica de Cristiano Ronaldo, aunque sea usted un insobornable espécimen del Real Club Zaragoza, y diga que el Madrid es un club castizo y generoso, todo nervio y corazón, noble y bélico adalid, caballero del honor y que no hay nada como las las mocitas madrileñas que van alegres y risueñas porque hoy juega su Madrid. Finalmente, carraspee con cierta discreción y entone un par de estrofas del himno con potencial canoro, en clave de sol y con voz de barítono.

Al salir del establecimiento, quítese el sombrero, salúdele cortésmente, entréguele una tarjeta donde conste su nombre, profesión, dirección, cuenta de twitter, página de facebook, perfil de tuenti y los dos blogs donde trata de política y deporte. Cítele en algún lugar de su predilección para el día siguiente a las siete de la tarde y retírese con paso elástico y alegre porque, querido lector, ya ha hecho usted un amigo.

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