Cerditos

Celditopor Satur y el Camarada Sergei

De: El camarada Sergei
Para: Satur
Asunto: Cerdo
Fecha: 11/12/2013 – 21:36

Querido Satur:

Me voy a cobrar ahora las adhesiones de amistad que me has hecho en los bares, cuando quemada ya la noche me has rodeado beodo con tu brazo y yo, asomado al balcón de tus axilas, he contenido la respiración, no precisamente por hallarme emocionado. Como siempre te dejas la cartera en casa, consisto en pagar tus ajenjos, tus jereces y tus coñases. He oído desde el principio de los tiempos tus promesas de servidumbre eterna como quien oye a Dover, sabedor de que jamás me cobraría la deuda, pero hoy se ha hecho la luz y ya sé cómo me puedes pagar: leyendo mis batallitas.

Barcelona, finales de los ochenta. Si has visto Mad Max sabrás de lo que hablo. Tipos grises, tipos tristes, tipos rudos, tipos enloquecidos, y un paisaje desolador, como si hubieran volcado sobre él un cubo de asco y desesperanza. Descampados, jeringuillas en los parques, quinquis, niños esnifando bolsas de cola y llamadas clandestinas desde las cabinas de teléfono, disfrazando la voz con un cartón de papel de váter para echar unas risas preguntando atrocidades a mujeres sifilíticas.

Hay un problema, y es que en esa época soy demasiado joven. No puedo trabajar, por tanto, y los servicios de abogacía de la cooperativa -perdón por la hipérbole: recuerdo sólo una mujer con experiencia del mundo y sus demonios, y no una zurupeta mal pagada- le busca las costuras a la ley para integrarme en el mundo adulto. Quizá un contrato de prácticas. Por la carretera de la Conrería, sierra de Marina al través, Badalona-Granollers de madrugada y Granollers-Badalona por la mañana, antes del mediodía. Lo primero que veo al llegar son unos muelles de descarga y unos trozos de carne tirados en el suelo y comidos por los gusanos. Un matadero.

La Cataluña del no a los toros mata y descuartiza al año más de dieciocho millones de cochinos para hacer fuet, fuet, fuetfuetfuet, fuet d’Olot… Di que en aquellos años fueran unos pocos menos, amigo.

El matadero era un sitio oscuro. Ponle unas luces mortecinas y unas instalaciones de cemento mal lucido. Imagíname cruzando el espacio destinado a las ovejas. Luego el de las vacas. De un bidón negro sobresale una cabeza enorme, sanguinolenta y con la lengua fuera. En los laterales, unos conductos de cemento, como unas acequias, recogen y canalizan la sangre que cae de los miles de animales muertos y descuartizados esa noche. Los cerdos estabulados. Los lavan. Los atontan con unas enormes pinzas con las que les atizan unas descargas eléctricas. Luego los sujetan con unos ganchos, los cuelgan y los desangran con un tajo en los sobacos. Mi apoderado dice que en sus inicios como matarife necesitaba un compañero a su lado para que le sujetara la mano y el cuchillo, ya que la otra la utilizaba para taparse los ojos. Tras el desangrado (y cómo corre la sangre por las acequias) se les pasa por un bastidor del que salen llamaradas alimentadas con gas. Así se les quema el pelo. El olor a chamusquina aguza el apetito. Luego se les lanza a una enorme cuba con agua hirviendo. Vuelven de nuevo a la cadena y ya están dispuestos a ser abiertos y descuartizados. A mí me toca separar trozos de carne de los jamones. El ambiente es proletario y primitivo, viril. Se ríen de un estudiante pelirrojo de abundante cabellera rizada. Lleva gafas y tiene cara de amargado. Me cuentan las bromas que se hacen entre ellos. Como la carne está aún fresca, los músculos sufren espasmos y las contracciones provocan a veces la expulsión de sangre de venas y arterias. Uno metió un día la mano en un trozo de cerdo y comenzó a salir sangre a borbotones. Aulló como herido de muerte y un compañero suyo reaccionó, veloz pero acojonado. Cuando vio que todo era una broma, tomó un cuchillo y persiguió a su compadre vociferando denuestos, tan airado que el otro tuvo que encerrarse en una cámara frigorífica.

Los tiempos han cambiado. Apenas hay españoles ahora trabajando en esos mataderos de Barcelona. Africanos y gente del este aterrador. Alcohólicos y violentos, se pelean entre ellos a muerte.

Gracias por escucharme, amigo. Quedamos mañana, procura no dejarte la cartera.

Abrazos,

S.

De: Satur
Para: Camarada Sergei
Asunto: RE: Cerdo
Fecha: 11/12/2013 – 23:58

¡Qué pasa, Sergedt! Recibido. Si pretendías convertirme en un hervíboro te confundes, aunque reconozco que tu estilo es la mar de pedante y sugestionativo. Me voy a preparar un bocata de chopped que no se lo salta un integrante de la raza zíngara. Y no te pongas chulito, porque hace dos semanas te pagué una caña en Madrid. ¡Y la tapa de chistorra, que estaba buenísima!

¡Viva el jamón, mueran los cerdos!

Venga, amigo del alma. Un beso y muchas gracias por compartir conmigo tu intimidad más irracionalmente propia.

Satur

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