Buscando metas

Baloncesto2
Por Ximeno de Atalaya.

«No es la voluntad de ganar lo que importa, todo el mundo la tiene.
Es la voluntad de prepararse lo que importa».
Paul Bear Bryant

La verdad es que yo, de niño, era más bien canijo y escuchimizado, no es que fuera una birria cum laude, pero casi. Teníamos en el colegio un profesor de gimnasia que nos animaba a hacer deporte, porque -decía- gracias al deporte creceríamos fuertes y sanos y nos haríamos unos hombres de provecho. También decía que conservaba un cuerpo fornido y vigoroso porque practicaba el atletismo. Yo por entonces pensaba que el atletismo era como se llamaba a la afición por coleccionar mapamudis y cosas de esas, sin embargo, es justo reconocer que su aspecto presentaba considerables diferencias al compararlo con el que ofrecían los hermanos maristas.

Seguí sus consejos lo mejor que pude y -aunque a día de hoy no puedo decir que sea gigantesco- puedo presumir de conservarme antañón pero vigoroso (y honrado, precisamente por esto último me muestro como “Job sentado en su estercolero” que decía Benjamín Fondane.)

Hablando de benjamines, la talla benjamín me causó ciertas contrariedades a lo largo de la vida. Algunas nada más llegar al colegio. Cosas de niños que se resolvían con la dialéctica de los puños y las patadas en la espinilla. Nuestro profesor de gimnasia decía que había que ponerse metas muy altas porque esa era la forma de dejar atrás nuestros límites. Le hice caso y tuve la gloriosa idea de apuntarme al equipo de minibasket por ver si me superaba a mi mismo, pero no logré todos mis objetivos. Secretamente yo aspiraba crecer hasta que dejaran de elegirme para la primera fila en la fotos de la clase, los que salíamos sentados en el suelo, al fin y al cabo fue nuestro atlético profesor quien nos había prometido crecimiento. Aunque me debería haber llamado la atención que don Alberto en realidad era bajito. En cualquier caso estaba dispuesto a dedicarme a crecer sano y fuerte con esfuerzo y dedicación, entrenando y haciendo todo lo que estuviera en mi mano para conseguirlo.

Lamentablemente aquel año no crecí mucho: sólo tres centímetros y por esta razón me ningunearon como jugador. Tal menosprecio, lejos de perjudicarme, me favoreció pues pude utilizar mis habilidades a mis anchas. Al pasar tanto tiempo sentado en el banquillo -hasta que los que eran más altos estaban agotados- tuve tiempo de observar el juego de cada uno. Conocía perfectamente todos sus trucos y sus debilidades. Además tenía un arma secreta: la rabia. La rabia y el conocimiento de las debilidades de mis contrincantes me convirtieron en un rival a tener en cuenta porque nunca dejaba una pelota por perdida. Si alguno me ponía un tapón o me robaba un pase, me revolvía y lo acosaba hasta recuperar el balón. Me entregaba a ello con furia, con determinación y con una energía que lograba equilibrar con creces la diferencia de altura. Esto funcionó durante un tiempo, pero en la preadolescencia -cuando nos empezó a salir pelusilla en la comisura de los labios- mis compañeros dieron el estirón y lo que era una diferencia de seis a ocho centímetros se convirtió en veinticinco. Aquello era demasiado. Quizás no perseveré, no lo sé, el caso es que en mi primera incursión en el mundo del deporte llegué a la conclusión de que para solucionar un problema no bastaba con estudiarlo y estar muy motivado, había además que dar la talla. No sé si me explico.

La verdad es que pasé por el minibasket con cierto desahogo gracias al pundonor, pero no había que ser muy listo para descubrir que para el baloncesto no iban a contar conmigo. Por más ganas y energía que le pusiera había que tener aptitudes, así que con ese conocimiento en mi mochila dirigí mis aspiraciones hacia el futbol, como la mayoría de mis compañeros.

Sin embargo para el futbol tampoco estaba particularmente dotado. La razón es que no lograba entender como funcionaba. En el minibasket todos nos movíamos tras el balón, apliqué mis conocimientos al futbol de manera que iba tras la pelota y ya está, no reparaba en todo eso de la distribución de los jugadores en el campo. Era un problema, claro. No comprendía que si todos hubieran hecho lo que yo, habría veinte jugadores pateando en un par de metros cuadrados. Mis compañeros se dieron cuenta con rapidez de mi incapacidad innata para el deporte rey.

Descubrí mi triste sino cuando se formaban los equipos. Para ello los dos mejores jugadores sorteaban quién elegía primero. Uno tras otro iban eligiendo a sus jugadores y lograban formar dos conjuntos muy equilibrados… Hasta que llegaban a mi. En ese momento un capitán decía: Bueno, Ximeno y todos los demás para vosotros. No fallaba nunca. El equipo donde acabáramos el pelotón de los desechados, a pesar de tener más jugadores, perdía irremisiblemente.

Con el futbol aprendí que la ventaja numérica no siempre da buen resultado, sobre todo porque aquel pequeño grupo de indigentes balompédicos más que sumar restábamos. También aprendí que no hay que querer resolver todos los problemas uno mismo, que hay que estar en el lugar que nos corresponde aunque no le veas sentido y, también, que perder por sistema no es grato.

Así que me alejé de los deportes de masas, en los que hay tal afluencia de aspirantes que no es fácil destacar y me apunté al equipo de rugby. En el rugby desde siempre habían tenido dificultades para completar un par de equipos. Se sorprendieron cuando me vieron aparecer por allí aquellos bestiajos, pero a falta de algo mejor me aceptaron. Ellos confiaban en su corpulencia y no contaban con que yo ya tenía experiencia en el desprecio. Mi arma secreta en el rugby era la velocidad. No tenía más remedio ¡me iba la vida en ello! Cuando un delantero que te dobla en peso va detrás de ti dispuesto a arrojarse encima, o corres más que él, o sencillamente te aplasta. Así aprendí a huir de los problemas que no sabía resolver: a toda velocidad. Corría la banda más y mejor que nadie y conseguí grandes ensayos corriendo como un descosido al que persiguen una manada de paquidermos dispuestos a patearlo. Funcionó hasta que me bloquearon. Cosas de entrenadores y tácticas de juego. Me buscaron las vueltas y cuando menos lo esperaba me encontraba con una mole de hueso y músculo enfrente que me cerraba el paso. No podía llegar antes, ellos ya estaba allí. De hecho no podría estar aquí contado esto de no haber asumido que la determinación, la rabia y la velocidad no eran suficientes. Antes de que me rompieran la crisma de forma definitiva, o algo peor: mi incombustible amor propio -al que lograron dejar bastante maltrecho-, decidí que había algo confuso que me impedía descollar los deportes de contacto e inicié una prometedora carrera en el tenis.

Con el rugby amplié mi preparación para los asuntos de la vida y aprendí que huir de los problemas, o esquivarlos -aunque seas el más rápido- no los aleja de uno en realidad y terminan por aparecer agigantados.

Aquello del tenis parecía un gran hallazgo. Había una red entre los jugadores y eso dificultaba que me descalabrara algún desalmado. En aquellos tiempos además, se pedía perdón cuando uno ganaba un punto de forma poco elogiable, cuando la bola daba en la red, o el otro se caía, cosas de esas. Rápidamente me hice una idea del propósito del juego, se trataba de devolver la bola, pero no a tontas y locas, no, sólo al tipo que te la había tirado. No parecía complicado. Además era una actividad que me permitía emplear las habilidades deportivas en las que ya estaba holgadamente entrenado: corría a lo largo de la pista como un poseso, sabía de la importancia de estar en el sitio adecuado, no daba una pelota por perdida y jugaba dando raquetazos con rabia y determinación. Yo lo veía así: cada bola es un problema, se trata de que el problema esté del otro lado de la red.

Decían que tenía un drive que prometía. No lo voy a discutir, pero mi saque era demasiado paralelo y en consecuencia lento. Con el tenis aprendí a ser cínico pidiendo perdón cuando el cuerpo me pedía saltar con los brazos abiertos gritando alborozado ¡Toma, toma y toma!. También aprendí que no siempre se podía uno deshacer de los problemas devolviéndolos al que te los provoca, porque a veces vuelven a uno en peores condiciones.

Al llegar a la universidad me inicié en la esgrima. Buscaba un deporte que me aportara unas características adicionales que supuse que necesitaba para llegar a ser el hombre de provecho que se esperaba de mí: agresividad, flexibilidad y prudencia.

Para que el punto sea válido en un combate a florete sólo se puede tocar el torso del contrario. No vale la espalda, cabeza o miembros. Afortunadamente todos los floretes tienen el mismo tamaño así que, entre dos tiradores en guardia, aquel con menos masa corporal ofrece menos blanco. Yo tenía muy buena guardia, normal, a mi la cazoleta me tapaba la mitad del cuerpo. Se trataba de esperar mi oportunidad y lanzar un ataque con todo lo que ya había aprendido: situarme adecuadamente, moverme con rapidez y esquivar los peligros. Quizás por ello llegué a ser campeón universitario.

Aunque por decir toda la verdad lo cierto es que gané por incomparecencia de la estrella del equipo contrario. La cosa transcurrió así mas o menos: La tarde antes del combate fuimos convocados todos los equipos por mi entrenador al palacio de deportes donde se celebraría la prueba. Para conocernos y conocer el recinto. Mi entrenador, un sevillano astuto y divertido, engatusó a todos los presentes y se los llevó a un sitio que conocía que estaba allí mismo, justo al lado. Se gastó la mitad del presupuesto en invitar a los visitantes y se pasaron con las cervezas, claro. Al día siguiente el favorito, un tirador catalán, un deportista normalmente abstemio, no presentaba su mejor aspecto, del amarillo pasó al verde hasta que vomitó y el resto de la poule estaba para pocos saltos.

La esgrima me sirvió para aprender que hay veces en las que ser el mejor en algo no es suficiente. Hay que contar con las circunstancias.

Mi siguiente deporte fue el paracaidismo. La escuela de paracaidismo estaba en Tablada, justo al lado de Pineda en el Real Aeroclub de Sevilla. Pineda era un club privado requetepijo donde bebían Coca-Cola detrás de unas imprescindibles Ray-Ban unas chicas especialmente dotadas por la caprichosa naturaleza para la exacerbación hormonal de los sujetos del sexo opuesto. Acceder a Pineda era imposible para un forastero, pero alguno hubo que a riesgo de descalabrarse aprovechó un convenio entre sociedades presuntamente deportivas para conseguirlo. Quiero decir que no me acerqué al paracaidismo porque me pareciera un deporte que tuviera un montón de particularidades ocultas y beneficiosas que sería conveniente aprender para hacer de mi un hombre de provecho. “Las beneficiosas” estaban a la vista y lo que más me interesaba era aprender a beneficiármelas. Así que me apunté a paracaidismo para poder entrar en Pineda. No vamos a engañarnos.

Para saltar había que someterse a una preparación previa. Para ello nos hacían meternos en unos monos verdes llenos de bolsillos y cremalleras y un casco. Con ello puesto aprendimos a revolcarnos por el suelo agarrándonos las piernas y a levantarnos inmediatamente. Se supone que para no enredarnos con el paracaídas. Una vez dominada la técnica a ras del suelo, empezamos a saltar desde un metro más o menos y, más tarde, colgados en un arnés, nos tirábamos de una especie de trampolín que tenía unos contrapesos. Al llegar al suelo siempre había que rodar, agarrarse las piernas y levantarse rápido.

Mi bautismo del aire no fue lo que se dice brillante. Nos subieron a un avión, un Casa 352 que tenía la chapa ondulada, como los viejos 2CV. Era exactamente como un Junker de la Segunda Guerra Mundial, pero fabricado con el aluminio que había en la España de la posguerra. Dentro del aparato aquel no se estaba mal, si exceptuamos que había que sentarse en una cincha de cuero, que el bicho se movía y crujía hasta con los motores apagados y que olía a keroseno, a humo y a cuero viejo. Vibraba cuando despegaba, los motores petardeaban y ya en vuelo seguía vibrando aún más si cabe.

El plan consistía en subir a 900 metros y luego lanzarse. Dicho así parece fácil, pero no, novecientos metros es casi un kilómetro y se tardaban unos 10 minutos en tomar altura. En esos diez minutos tienes tiempo de reír, de bromear, de fumar un par de cigarrillos, porque entonces se podía fumar hasta en los aviones, y tienes tiempo de sobra para recordar, con el afecto que en esos momentos crees que merece, a la madre que parió al que se le ocurrió la feliz idea del paracaidismo deportivo.

Manolo era nuestro monitor y los alumnos éramos una docena de universitarios a los que nos habían engañado nuestros instintos. Ya sabéis, lo de las “beneficiosas” aquellas de las que hablaba antes.
Quizás fuera por casualidad, quizás la mala suerte, el caso es que el día de nuestro primer salto Manolo se olvidó de dejar la puerta abierta, quiero decir la escotilla por donde había que tirarse. Normalmente va cerrada, pero cuando el vuelo es por asuntos paracaidistas se suele dejar abierta para que las víctimas vayan viendo como se alejan del suelo y sientan el viento y el ruido desde el principio y vaya todo poco a poco. Pero se le olvidó y cuando la abrió se lió una buena. Los aviones entonces no tenían la cabina presurizada y se podían abrir las escotillas sin que sucedieran las catástrofes que ahora se ven en las películas. Bueno, pues a pesar de ello cuando la abrió entró un ruido espantoso, como si…, bueno mucho ruido y ya está. Además con el ruido entraron también un viento tremendo y el humo de los no se cuantos mil cilindros que tenían los motores aquellos. Nos quedamos todos paralizados mirándonos. En eso estábamos, en hacer de estatuas, cuando Manolo se puso a darnos voces. No por nada, sino porque era la única manera de que pudiéramos entenderle con tanto ruido de viento y de motores. Y claro, al verlo de repente dando voces, con el ruido y todo eso, cundió el pánico.

Yo me agarré a un tubo, qué digo me agarré, abracé el tubo con avaricia y me aferré con las pestañas a las aristas del fuselaje mientras chupaba -para hacer ventosa- la chapa. Mientras, las orejas hacían lo posible para salir por debajo de la guarda del casco y asirse a cualquier cosa. Manolo dando grandes voces trataba de explicarnos lo que habríamos de hacer a continuación. Pero era demasiado tarde. Alfonso, un hombretón capaz de derribar un chozo de un sopapo, estaba tirado en el suelo tratando de meterse entre el entramado de cinchas que hacía las veces de asiento; y Luis, un sevillano de esos tan graciosos, que siempre tienen un chiste para cada ocasión, pues para esta ocasión no encontró el chiste y estaba en el suelo metiendo los pies por los agujeros de la estructura, hubo quien se metió en la cabina y se ató a un asiento. Quini, que era de Tetuán, se puso a buscar la Meca de rodillas en mitad del aparato, y el resto de la tropa fue capaz de correr por el interior de aquel trasto buscando un lugar en el que sentirse a salvo.

Juanjo era un sujeto alto, desgarbado y con gafas que llevábamos a todos los sitios, porque si tenía que pasar algo, ese algo le pasaba siempre a Juanjo. El resto -ya digo- podíamos estar tranquilos porque Juanjo era como un sumidero de percances, era nuestro talismán, ese que se caía de la bici, al que le picaba la avispa, el que acababa en el charco. A lo que iba, Juanjo tropezó con Quini que, incapaz de orientarse, abandonó la postura de oración aunque permanecía en el suelo, abrazado a sus piernas, tal como nos habían enseñado y mordiendo la correa del casco, esto por cuenta propia. El pobre Juanjo trastabilló y trató de agarrarse a algo y, aunque Manolo dio un salto e hizo ademán de agarrarlo, la realidad es que llegó tarde y todos pudimos ver su cara de espanto. Algunos se abrazaron. Yo tenía los brazos ocupados agarrándome a todo lo que estuviera a mi alrededor y tuviera pinta de estar firmemente sujeto a la estructura del avión. Juanjo se volvió en el aire y extendió las manos tratando de asirse a lo que fuera, pero fue en vano. Cayó al suelo, salió rodando tratando de aferrarse a algo y se coló por la escotilla. Nos quedamos todos paralizados.

Podíamos haber seguido gritando como locos, pero no. Nos quedamos en silencio. Luego, Luís, el sevillano gracioso, se levantó y dijo:

– ¡Mirad, por allí va Juanjo!

La verdad es que no teníamos muchas ganas de verlo cayendo por el espacio, pero Luís insistía:

-¡Mirad cómo vuela el tío!

Eso ya no me gustó. Me parecía de mal gusto y cuando me disponía a darle un discurso sobre la pertinencia de ciertas muestras de humor ante las tragedias humanas, algo trascendente y medular, del tipo: “No te pases”, en ese instante, digo, Quini, que se había levantado no todo lo rápido que nos habían enseñado, también lo vio y dijo:

-¡La hostia!

Sí, sí, dijo: “La hostia”, podía haber utilizado cualquier interjección, algo como: ¡Vaya! o ¡Caramba! Pero, no. Tenía que ser la hostia.

Alfonso, que también se asomó por la ventanilla dijo:

-¡Es verdad! ¡Va volando!

Manolo trató de explicarnos a grito pelado que si no saltábamos en ese momento, no lo haríamos nunca. Lo cierto es que no estuvo muy atinado. La afición al paracaidismo se nos había esfumado en cuanto abrió la escotilla, aquella puerta abierta al abismo, aquel agujero negro que se había tragado a Juanjo. Manolo no sabía que, después de ver su cara y sobre todo la de Juanjo cuando resbalaba por el suelo hacia la escotilla, cualquiera de nosotros hubiera firmado allí mismo a sangre y fuego que no saltaría nunca en paracaídas y además lo habríamos hecho encantados.

Entonces, relajando un poco la tensión con la que me mantenía aferrado, me atreví a mirar por la ventanilla más próxima y pude ver como caía Juanjo. Lentamente, porque todos teníamos la anilla del paracaídas enganchada a una barra. Desde arriba se veía un círculo blanco meciéndose suavemente en el aire.

Juanjo fue el único que saltó. La verdad es que su paracaídas se abrió con normalidad y todos pudimos comprobar cómo se deslizaba lentamente hacia abajo.

Manolo trató de convencernos y se dirigió a cada uno de nosotros por su nombre y nos arengó, nos sedujo, nos intimidó, nos amenazó hasta que Alfonso le dijo que se callara de una puta vez si no quería que le soltara un sopapo.

Con el paracaidismo tenía que haber aprendido a prepararme para las caídas, a caer sin perder el control, a levantarme rápido cuando has caído y a no tirarme al vacío sin protección. Digamos que asimilé la teoría, pero que no encontré la ocasión propicia para decantar los conocimientos.

Tampoco me retiré con todos los honores de este peculiar deporte pero a cambio aprendí que no hay que confundir los objetivos y que la retirada puede ser una buena opción en determinados casos.

Después de tantos patinazos, Dios sabe lo que hubiera sido de mí esquiando.

122 comentarios

  • Buenos días.
    Me he pasado la noche “a la fresca”hasta que han puesto la luz y ha salido la edición del fanzine.
    Me he tomado el par de cafetitos de rigor mientras me leía la entrada de Ximeno.
    Lo bueno que tienen los tipos sensatos es que se dan cuenta rápido de que tienen límites y además aprenden de sus experiencias.
    Cosa que me está negada.
    Algunos no aprendemos en el primer intento, ni el segundo…sólo cuando es demasiado tarde.
    Yo a lo único que renuncié pronto fué al deporte y a llevar una vida “sana”.
    Lo de pensar que soñando suficientemente fuerte y perseverando se puede, es como lo de PODEMOS.
    Por poder, podemos, ahora que LOGREMOS ya es otra cosa.
    Normalmente se parece más a queremos pero no podemos.
    Será lo único que sí he aprendido bien, y es que entre queremos, podemos y logramos existe una cierta distancia.
    Muchas veces insalvable, pero que vamos, con no fastidiarla mucho uno se puede dar por satisfecho, o quizás engañarse.
    Lo de quitarse de enmedio es muy sensato y dejar que corran aire y agua sin poner obstáculos.
    Hoy es un buen día, vamos a no cagarla…

  • Lo primero que he pensado es que esto es lo mejor que se ha escrito nunca en chopsuey, pero aún diría más, no leía nada tan bien escrito desde el Siglo de Oro. La experiencia en el deporte de Ximeno me ha recordado a Mateo Aleman hablando de mujeres:
    “Estando en cierta conversación tres amigos, dijo el uno: Dichoso aquel que pudo acertar a casar con buena mujer. El otro respondió: Harto más dichoso es el que la perdió presto, si la tuvo mala. Y el tercero dijo: Por mucho dichoso tengo al que ni la tuvo buena ni mala”.
    También me ha recordado mucho a Dante, he relacionado el inframundo y el deporte, el entrenador de Ximeno me recuerda a Virgilio.

  • Buenos días a todos:
    Me ha encantado el texto de Ximeno. Y no me lo puedo aplicar a mí misma, porque como no fui al colegio hasta los 13 años ( y eso porque mi padre se había muerto el año anterior ), no sabía lo que eran los deportes de equipo, ni los equipos de nada , aunque sí que lo he vivido a través de mis hijos.
    ( Eso sí, sin azuzarles, ni criticarles, ni obligarles a nada, sólo a base de llevarles a sus correspondientes partidos de liguilla, y quedándome en las gradas para ver esos partidos ).
    Pero que, en el baloncesto, mi héroe es John Stockton, que tengo toda clase de videos de él jugando, e incluso su autobiografía . Que fue el alma de los Utah Jazz, y que era “bajito”. Y que en un equipo de baloncesto, está bien tener un pivot alto, y que resista los ataques, y enceste, pero que lo importante es el que está en el centro, y lo ve todo, y sabe en cada momento a quien hay que pasar el balón, y esas cosas.
    Y que, en fútbol, entre Romario, que lo único que tenía que hacer era preocuparse de que no le dejasen en fuera de juego, y esperar a que le llegase el balón, y entonces meter gol todas las veces, y Maldini, que corría de arriba abajo, y llevaba el balón al goleador de turno, no comparo. Nunca elegiría ser Romario, pudiendo ser Maldini.
    (No he puesto a ningún español, que no quiero liarla, pero ejemplos españoles, haberlos haylos )
    Así que Gracias Ximeno, y Gracias al responsable de la Imagen.
    Y, hasta luego, espero

  • Momentos, ayer, para la nostalgia de días no vividos. Precios por las nubes para ver, en los maravillosos jardines de Pedralbes, a los veteranísimos Beach Boys, Mike Love y Bruce Johnston, arropados por una más que competente banda. De lo mejor de la velada, el tributo de Love a su amigo George Harrison. Desde luego que lo de boys quedó atrás hace ya unas cuantas décadas, y la playa voy a tener que ponerla yo ahora mismo por mi cuenta; pero, por muchas razones, ha sido una noche que perdurará en nuestra memoria durante mucho tiempo.

  • CANCIÓN DE LA VACACIÓN

    Cuando sea mayor, o muy mayor,
    no olvidaré esta canción de la vacación.
    ¡Qué bien juego en el verano
    con mi hermana, con mi hermano!
    Bajo el sol y sin abrigo
    con mi amiga, con mi amigo,
    con la pelota de goma
    ¡chuto!, ¡toma!
    Con pelota de raqueta,
    con el verso del poeta,
    llegaremos a la meta
    cantando la canción
    de la vacación.

    Gloria Fuertes

  • Las noches de verano de balcones abiertos de Machado no os las voy a poner, ni la una ni la otra, más que nada porque no me sale de los huevos. Pero este de Manuel también va bien:

    Frutales
    cargados.
    Dorados
    trigales…

    Cristales
    ahumados.
    Quemados
    jarales…

    Umbría
    sequía,
    solano…

    Paleta
    completa:
    verano.

  • Impresionante, Ximeno. Por culo de mal asiento y por la capacidad de aprender de las experiencias. Me ocurre como a Jota, que nunca aprendo nada.

    Thompson, ¿de qué parte de Soria exactamente? Esas Tierras Altas son una maravilla.

  • Proc, escribir solo es una puta mierda, como dije ayer. No una novela, claro. Te das un paseo, lees aquí y allá, vas pensando en diálogos, perfilando personajes, descojonándote con las ocurrencias, y luego te sientas, escribes y ya. Simenon escribía novelas en dos semanas. No creo que haga falta mucho más si tienes tiempo. No incluyo, claro, el que te has de tomar para pensarlas.

    Ahora, un libro factual es otra cosa. Hay una investigación, hay que pensar qué decir y cómo, y luego hay que escribir teniendo en cuenta doscientos mil detalles, ajustándose milimétricamente a la documentación y la bibliografía. Lo más divertido es la investigación, como dice Arcadi; lo demás es bastante asqueroso. A veces se disfruta, pero si no tienes tiempo material para escribir seguido, el proceso se convierte en un infierno. Cuando, además, has trabajado ya en equipo, la soledad es insoportable. No puedes contrastar nada, ni compartir alegrías, ni repartir el ingente trabajo. Hablo de libros trabajados, claro, no de las mierdas que se publican habitualmente sobre según qué temas.

  • Yo tampoco crecí para el baloncesto. Pero no sólo no crecí en altura, tampoco en fortaleza ni habilidad. Eso sí, sigo conservando el tiro a media distancia.

    Bien pensado es lo que mejor se me ha dado siempre, disparar a media distancia.

  • Brema, si necesitas un hombro amigo que te lea y te dé consejos del tipo «yo quitaría de ahí esa coma» o «en la página 367 dijiste que era de noche y sin embargo en la 846 dices que está amaneciendo» sabes que siempre estará dispuesto a ayudarte la Srta. Bellpuig.

  • Si el tennis no es deporte, imaginarsen el paracaledismo o los espadachines. Qué broma es esta. Ximénez, haber hecho aletismo.

    Puedo autoimpugnar mi protesta si me dejas jugar veinte minutos más con el chirimbolo de hacer ontheruns.

  • Perroantonio
    Miércoles, 21/06/2017 a las 11:43

    Le pasé una página y me devolvió cuatro con anotaciones en rojo, mayúsculas y setecientos signos de admiración (que no indicaban admiración alguna, por otro lado). Quita, quita…

  • Me parece loable y aplaudible el madridismo de Johnson’s & Johnsons y el Marqués, pero les recuerdo que tienen el enemigo en casa, a mí no me miren.

  • ¿Se puede saber por qué no tenemos cada una nuestra propia pelota? De aquel santiamén de semanas que pasé como alta siempre sin pelota en un equipo de baloncesto del instituto. Menudas eran las pequeñas, valga la redundancia.

  • En la época señera en que Ximeno y yo cursamos el Bachillerato el deporte formaba parte de una “disciplina” hoy desconocida. Era frecuente que el profesor de Educación Física (entonces hablábamos de clase de “Gimnasia”) impartiera también Formación del Espíritu Nacional y el puesto se le hubiera adjudicado por pertenecer a Falange. Dado que la clase de “Religión” (la verdadera) la impartía un cura, se conseguía un adoctrinamiento positivo que hacía gigantes de espíritu a los mas bajitos, véase el ejemplo que hoy se nos trae.
    La forja de hombres no es tarea sencilla y el Estado debe ejercer esta alta responsabilidad. Cuando hay dejación de estas funciones la juventud es manipulada por administraciones menores con ínfulas localistas o por familias desnortadas.
    Propongo desde esta tribuna que se rehabilite el Bachillerato que diseñó el prócer don Pedro Sainz en el que nos hemos acunado la mejor generación de españoles de nuestra historia reciente.

  • Bremaneur Miércoles, 21/06/2017 a las 11:38

    Trabajos largos, vidas cortas. (Y además, no importas; es que me he levantado machajónica de codones. Pues la soledad del corredor de fondo, tengo más tópicos). Reconocido el suplicio, es de justicia anímica buscar también lo que mueve y empuja, nombrarlo y honrarlo por su oscura fuerza eficiente. No sales al patio hasta que no lo encuentres, tú verás.

  • A mí me parece muy equilibrado lo que dice Satur sobre don Floripondio, su empresa ACS es una birria con tres empleados y su Madrid solo ha ganado el Carranza. Estoy de acuerdo, hay que desalojarlo y poner a Efrén, tu primo el del pueblo. Se trata de una exigencia democrática.

  • Me ha gustado mucho la entrada de Ximeno. De las experiencias hay que aprender, sobre todo si son malas y el deporte suele ser una experiencia nefasta, al menos en mi caso.

  • marquesdecubaslibres Miércoles, 21/06/2017 a las 12:14

    En la época señera en que Ximeno y yo cursamos el Bachillerato el deporte formaba parte de una “disciplina” hoy desconocida. Era frecuente que el profesor de Educación Física (entonces hablábamos de clase de “Gimnasia”) impartiera también Formación del Espíritu Nacional y el puesto se le hubiera adjudicado por pertenecer a Falange.

    Coincidí con uno de aquellos especímenes, aunque yo en la Formación Profesional. Salvo un año en que hicimos deporte —o sea, jugar al fútbol— llegamos a un acuerdo tácito con el pájaro: nosotros no íbamos a las clases de Deporte y sí a las de Formación del Espíritu Nacional, de manera que si aprobábamos la segunda, aprobábamos también la primera. De este modo todos nos librábamos, él y nosotros, de hacer el chorra en pantalón corto sin poder ducharnos luego.

    Las clases de FEN, todo hay que decirlo, eran un pitorreo. Al contrario que las de las de Religión, en donde nos encasquetaron a un cura preconciliar que se empeñó en enseñarnos las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo. Yo siempre saqué buenas notas en estas asignaturas, de las que no recuerdo absolutamente nada, como tampoco de Física o Matemáticas. Sorprendentemente, me dieron un título de algo, no sé de qué.

  • De chaval también practiqué varios deportes: fútbol, balonmano, baloncesto, tenis y kárate. Como se ve que de natural soy intrépido, hubo un año en el que estuve federado en todos a la vez. Llegó un punto en el que mis benditos padres, que se ve que en aquella época también eran intrépidos —después de aquel año dejaron de serlo—, me dijeron que genial eso de ejercitar el cuerpo, pero que por favor considerara hasta qué punto merecía la pena mi diversión frente a su muerte en vida. Puede que utilizaran otras palabras; puede que yo también utilizara otras palabras. El caso es que me pidieron que elijiera uno solo, y que lo eligiera rápido. Ya, a ser posible. Elegí el baloncesto, deporte que me enseñó aquello de que «a gran subida, gran caída». Porque antes o después todos terminamos cayendo.

  • Yo conocí a Tyron Bowes. Aquí en el mundial del 92. No digo más. Ha habido bajitos fantásticos en la NBA.

    A mí me pasaba como a mi perro, un westy, que se cree un perro grande en su cuerpo pequeño. Me gustaba jugar de pívot y partirme la cara con los grandes. Son tan tiernos…

    También conocí a Romay. Una tarde de julio que me acababan de enviar una escort cordobesa de impresionantes ojos negros. Yo abría la puerta con sorpresa sabiendo de donde venía la ‘putada’ y Romay, que era vecino, pasaba por detrás de aquel monumento haciendo charcas la mano como diciendo ‘con este calor…’

  • marquesdecubaslibres
    Miércoles, 21/06/2017 a las 12:14

    La forja de hombres no es tarea sencilla y el Estado debe ejercer esta alta responsabilidad. Cuando hay dejación de estas funciones la juventud es manipulada por administraciones menores con ínfulas localistas o por familias desnortadas.

    ¡ Qué horror !
    No me faltaba más que el Estado “educando” a mis nietos.

    En mis tiempos adolescentes, estaban el “Servicio Social”, para las chicas, y “La Mili”, para los chicos.
    A nosotras nos enseñaban como hacer vainica doble, como limpiar la casa ( empezando por la entrada y el salón, por si venían visitas ), a bailar la jota, y las sevillanas, y a cantar el Cara al Sol. Y unas cuantas recetas de cocina malísimas. No creo que a ninguna nos sirviera ello de nada, excepto para permitirnos sacar el pasaporte y el carnet de conducir.

    A los chicos, les enseñaban a desfilar, a reconocer las distintas graduaciones según los galones, y las puntas de las estrellas, y a montar y desmontar un fusil, y les servía para podernos mirar por encima del hombro a nosotras, y para tener historias que contar, además, claro, de para poderse sacar el pasaporte.
    No creo que esos intentos estatales sirvieran como forja de hombres, ni de mujeres.
    Por supuesto, peor todavía me parecen los intentos regionales secesionistas, aunque parecen algo más exitosos, al menos entre los favorecidos económicamente por sus ukases.

    Y muchas familias desnortadas han tenido hijos, o hijas extraordinarios.

    Pero es que, además, en esta época sin imperativo categórico, lo que influye a los niños, a los jóvenes, y a muchísimos de los adultos, no es La Familia, ni los profesores, es el ambiente, y lo que hagan los otros niños, los otros niñatos, y los oficialmente adultos ( aunque muy adultos no lo sean ), de su alrededor. Y los padres, lo únoco que pueden hacer es cambiar de barrio, o de cuidad, para elegir un ambiente mejor para sus hijos.

    Así que, pido a los dioses que El Estado se abstenga de “educar”, y de forjar hombres o mujeres . Que se dediquen a mejorar La Enseñanza, que es lo que da las herramientas para hacerse uno mismo, y que nos dejen en paz con sus ideologías.

  • Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya los consejos de los mayores. El fin de los tiempos está próximo.

    Anónimo caldeo (2000 AC)

  • Kenzo, supongo que te refieres a Tyrone Bogues. Metro sesenta justito, un referente para los bajitos. Ahora tenemos en Boston al amigo Thomas, que con 1.75 ha rondado los 30 puntos por partido.

  • A pesar de lo mucho escrito en las redes sobre el incendio de Portugal, una cosa es clara, la situación de muchas personas es desesperada. No sería malo que, vía organizaciones ad hoc, ayudasemos con alguna contribución. Se necesita comida, no perecedera, ropa y, por supuesto, dinero. Protección Civil portuguesa controlará las entregas que le lleguen.

  • jrG
    Miércoles, 21/06/2017 a las 07:27

    POOR BOY BLUES. Chet Atkins y Knopfler.
    Va por ustedes y ustedas.

    Muy buena. Me imagino que la conozca, pero ya que trae una de blues y de poor boys es inevitable hacer referencia a Poor Boys Long Way From Home, de John Fahey.

  • Ximeno se despliega poco en las entradas, pero cuando lo hace, lo hace con todo el aparato. Qué rato más bueno.

    Chino, el artículo es de 1985. Digno, efectivamente, de aparecer en esa sección de Espada. Pero no parece que la intención de esa sección sea precisamente la de destacar la escasa ética periodística de aquellas piezas, sino más bien la contraria. En sus propias palabras: “En realidad, la razón principal de esta colección de cromos que empiezo es que el impublicable ilumina, ¡implacable!, lo que se publica”. En cualquier caso, sobre el uso histórico de ese término concreto, “subnormal”, se habló aquí mismo hace ya tiempo.

  • La elegancia, el ingenio y el humor de Ximeno, que también demuestra en sus escritos, apenas se ven menoscabados por la malévola perversión que le domina, la cría de pirañas con la intención de engatusar a los desprevenidos visitantes hasta conseguir arrimarlos peligrosamente al estanque.
    Carpines los llama, mientras asevera ¡si no hacen nada!

  • marquesdecubaslibres
    Miércoles, 21/06/2017 a las 15:54
    Srta. Bellpuig, “Los papeles de mayo” ¿cuándo los va a hacer? ¿En septiembre?

    En diciembre, señorito. Según mi plantilla, los papeles de los meses acabados en “ayo” se publican en el último mes acabado en “embre”. Cosas de los señoritos directores. Aclárese con ellos.

  • Salen por las tardes los botes a gibiones y se arriman a la playa, que hace un plato. Aquí dicen «estar la mar bella», por calma y lisa. Se quedan hasta las tantas y desde el balcón vigilo las luces quietas. Fumo y cuento luces y siempre pierdo la cuenta porque se me va el santo al cielo. El cielo está morado de bochorno, es muy agradable. Son los mejores días del año.

  • Unas veinte o noventa luces de barquitos cefalopodorraptores, venga, ya que me pedís cifras porque para eso tengo una corresponsalía.

  • La microxuntanza de Finisterre, un gozo.
    El peregrino llega al mar hecho unos zorros, y la hospitalidad de MGaussage en combinación con el vino del tío Santiago Ruiz y los productos locales obra milagros.

  • ¡Salud, Peregrino! Aquí hay un riachuelo con sus tierras lindantes de nombre Pelegrín. A ti te digo que darás nombre a un regato del camino, y lo llamarán Holmesss.

  • Hoy los niños del barrio me han metido en un embolado. Todos los años pasa lo mismo: descubren un pollo de mirlo o de gorrión, llaman a los padres, los padres no saben cómo cogerlo, y S. me llama a mí. Llego, lo cojo ¿y qué hacemos ahora? Les he dicho que lo más sensato era dejarla (es una pollita de gorrión, calculo que de 7-9 días) donde había caído. Mientras, un gato callejero nos miraba, y sobre todo la miraba, a diez metros, en estado de alerta máxima. Les hago la moral, sintiéndome un poco culpable. “Dejemos que pase lo que tenga que pasar”, les digo. Miran al gato leonado, plantado altivo en el centro del ruedo. Grandes lamentos infantiles; uno de ellos tiene vocación científica y sube a casa a bajar una “enciclopedia” de animales; intenta saber qué tipo de pájaro es. Le digo: “Es un gorrión, mira el pico, mira esta pluma, etc.”. La polla pía, está hambrienta y, sobre todo, estresada. Les digo: “No podemos seguir aquí discutiendo, le estamos haciendo sufrir, creo que sería mejor dársela al gato”. Invocan a la madre, no sé cómo hacerles entender que la propia madre lo ha dado ya por perdida, que no piensa en ella y que no va a producirse ninguna operación de rescate materno nocturno, que esto pasa todos los días ahí en el campo y que si no lo viéramos no sufriríamos. Los niños son pequeños, de los cuatro a los diez. Me abuchean. Vale, me la llevo (alivio), pero no va a vivir 48 horas. Ahora llegan los adultos, que si hay una protectora especializada en pájaros en Majadahonda, que si tal vez con leche migada (¿¿leche??; los adultos tienen también una versión disney de la cosa, si la pollita echase hablar como los buitres de Mowgli no les pillaría de sorpresa).

    Me la he traído a casa y, sabiendo que estaba en cualquier caso condenada, la he metido en una voladera con un par de machos que tengo aislados. Uno de ellos ha sido un padre de bandera. Si hay alguna chance es con él. Otro razonamiento disney: la he puesto en un nido con pelo de cabra y un comedero con pasta de cría, a una altura baja para que si se cae no se termine de joder. El macho de timbrado ha bajado hasta el comedero de la pasta, la ha mirado de reojo, ha tomado nota y, con las mismas, ha volado al palo más alto, donde ahora mismo está profundamente dormido. La gorrioncita también, pero en un sueño agónico.

    Es lo de todos los veranos, pero siempre me llevo el mismo sofoco, no aprendo.

  • El paisaje se diluye, se difumina evanescente en este vapor fresco que anuncia bochorno.
    Disfruto de este instante, que le permite un sueño tranquilo, mientras me pierdo en sentimientos.
    Consigo quitármelos un instante para que no se conviertan en sentimentalismo, y poder ver con claridad.
    Con la claridad que pueden ver mis ojos.
    Trato de traducirlo al papel, ver lo que quiero ver en colores.
    La experiencia fresca sin manchar, del acto de nacer todas las mañanas.
    La presencia de estar vivo y su alegría esencial, desprovista de lacitos.
    Todo sería menos complicado, pero entonces no sería.
    Que entre la bruma, como quitarse las gafas para ver lo que ves.

  • Tiene razón Pirata Jenny, esos pajaritos son para los gatos. Y los papás y mamás deberían llevar ya a ver los Toros a sus niños. Lo importante de los Toros no es el arte, es la insensibilización al dolor ajeno necesaria en la educación del ser humano, que tiene que convertirse en un depredador.
    Los centros de recogida de animales salvajes heridos tienen la cruz de tener que presentarse a recoger gorriones, urracas… Su gran labor es proteger especies que lo tienen peor.
    Claro que, si no recuerdo mal, en estas páginas ya se habló de los problemas de los gorriones con la arquitectura moderna. Algo parecido leí en otro sitio sobre los vencejos, que no encuentran donde reproducirse. Los arquitectos, esos afeminados, tienen la culpa de un nuevo declive de nuestra avifauna.
    Después de los toros, padres y niños deberían ir a tirar huevos cualquier estudio de arquitectura que tengan cerca.

  • LECTURA IMPRESCINDIBLE
    El “economista pop” Acemoglu, a pesar de ser un turco infiel, plantea dos ideas muy acertadas que hace años trato de trasladar con escaso éxito:
    1. Los conquistadores españoles explotaron a los indios pero no los exterminaron, al contrario de lo que hicieron los anglosajones. Cierto que plantea que ello explica el éxito económico de EEUU al establecer instituciones “inclusivas” en sustitución de las arcaicas. Creo que se olvida de los 300 años de diferencia entre las dos colonizaciones.
    2. La Dictadura franquista partió de muy abajo en términos económicos después de la II Guerra Mundial, pero al igual que el dictador surcoreano Park hizo salir al país del subdesarrollo y sus logros fueron extraordinarios. Añade que si una revolución hubiera acabado con la Dictadura a España le hubiera ido mucho peor.
    http://www.elmundo.es/cronica/2017/06/22/59440028e2704eaf188b4639.html

  • Buena Perro…
    Leía el proceso que inician contra los señores estos que dirigen el process Catalán y la reclamación de daños que seguro que no podrán pagar salga lo que salga dada su “inevitable” insolvencia TOTAL.
    Son insolventes en lo económico, pero sobre todo en su responsabilidad de asumirse como representantes y proponer lo imposible.
    Me parece muy bien que ese tipo de procesos se realicen, pero que si empezamos por estos señores, que es justo y necesario, continuemos por todo el laberinto de irresponsables, malintencionados o no, que dirigen a las gentes en direcciones imposibles, indeseables y torticeras.
    Vamos que un proceso a toda la clase política.
    Y no por que nos robaran el dinero que tanto nos costó ganar aquí y en Europa, para hacer buenas cosas (que también se hacen), sino por derivarnos, a los que quieren y a los que no quieren, y a los que sabemos de antemano que es estúpido seguir por ese camino, sino por la obstinación de su “iluminación” y por encontrar o coaccionar o seducir con engaño a grandes partes de una población que confía o pretende que alguien les diga que se “puede”.
    Que después de visto lo visto, sigamos con el rompe y rasga.
    Que el titular sea “ROMPED” que ese sea el “dialogo” que esa sea la solución.
    ROMPED. una vez roto, ya no tiene remedio.
    Sólo nos falta oir MATAD, ANIQUILAD, QUEMAD…
    Pero ya lo oimos, un poco lejos pero lo oimos, y lo hemos estado oyendo demasiado tiempo.
    Menos mal que no lo escuchamos.
    Pero es que muchas mentes no necesitan escuchar. Con oir les es suficiente para actuar. ACTUAR…sea lo que sea pero acuar…
    Improvisar soluciones que sólo funcionan en ecuaciones muy sesgadas, sin amplitud.
    Bueno … yo escuchaba a George Harrison
    Luego el Perro puso su música y yo miraba los titulares…
    El resto ya lo he tecleado.
    Retorno a mis papelitos y los colores…

  • bremaneur
    Miércoles, 21/06/2017 a las 11:32
    Thompson, ¿de qué parte de Soria exactamente? Esas Tierras Altas son una maravilla.

    No soy de esa tierra pero tengo antepasados por linea paterna que proceden de esa parte de Soria que me encanta y visito con frecuencia. Cuando decía que mi hábitat natural está entre Garray y El Camero Viejo me refería a Almarza, Barriobajero, Yanguas, etc,.. Y por el lado de acceso a La Rioja distinto a Enciso, toda la zona de Villoslada, Laguna, Jalón y San Román de Cameros. Y al otro lado de la sierra, hacia Torrecilla y los pueblecitos que baña el Iregua, todo esto último ya en la tierra de nuestra Parker.

    Me interesa mucho la impronta que dejó el rey Sancho IV (siglo XIII) en la zona, bien instituyendo curiosos privilegios militares (“a entregar, en el año de su coronación, “cien pares de armas, escudos, capellinas e siellas” a los “caballeros de Soria”), bien confirmando mancomunidades de bienes del derecho germánico como la institución de los Solares que, ojo al dato, se transmiten por hijos e hijas, lo que es absolutamente avanzado para la época; tanto como siete siglos.

  • Thomson, esa zona es maravillosa, mi padre me la enseñó con mucho mimo, y eso que él era de Eskoriaza. Pero pasábamos largas temporadas en la Rioja Baja ( de donde era natural mi madre) que linda con esas tierras.
    Por el otro lado subir a la sierra y beber en la Fuente del Celemín para luego seguir camino a Soria y pasar por Numancia.
    En aquellos tiempos de mi niñez, me producía una sensación muy extraña de tristeza, aquella dureza de paisaje, que a medida que crecía y maduraba se fué tornando en una admiración más plácida y consciente.
    La zona que describe la recuerdo de vagabundeos en simca 1000 con mi padre bajo temperaturas durísimas y soledades muy poco infantiles.
    Pero que huella dejaron en mí.
    Los relatos históricos, contrastan con el “atraso” que la estética moderna propone.

  • Lamento tener que confesar que soy un tipo más bien soso, sieso y seco. Evidentemente, no el sádico que describe uno, puesto que me ha sobrevivido. No soy grande, ni divertido, tampoco pertenezco a una familia de enanos, ni soy un tipo sensato, ni experimentado, ni fino. Aprecio los inmerecidos elogios que hacen de lo mío, pero creo que estamos en incurriendo en un serio peligro. El elogio es una medicina y como tal debe prescribirse: en la dosis justa y antes o después de las comidas. Además el autor hace lo que puede, es el lector el que le encuentra a la obra sentido (“autor” y “obra” resultan exagerados, soy consciente, pero es la terminología requerida por unas glosas tan complacientes).

  • jrG
    Jueves, 22/06/2017 a las 11:10

    Exacto, una tierra maravillosa tanto las Tierras Altas sorianas como los pueblos perdidos de la Sierra Cebollera, dónde nació la transhumancia en sentido estricto y de la que salieron en el siglo XVII miles de personas camino de Extremadura, del occidente andaluz y, en menor medida, hacia América. Los apellidos sorianos y riojanos pueblan las tierras mencionadas. Además, y se trata de una curiosidad importante, en esas tierras una numerosísima proporción de sus habitantes de la época sabian leer y escribir, lo que no es baladí.
    Tengo recorridos esos parajes y consultados desde archivos parroquiales a documentos conservados en la Chancillería de Valladolid o en los archivos de la Biblioteca Nacional. Reconozco que ello dedico mi poco tiempo libre.

  • Satur, tú llámame cómo quieras pero recuerda que el primer Thomson no lleva la letra p y el segundo se escribe así: Thompson. Es una tontería, lo sé, pero mas tontería tienen en la campiña inglesa y ahí están con sus apellidos complejos, sus faisanes, los zorros al borde del colapso y las manías de mamá con el servicio.

  • Ayer en la tarde volviendo a casa me paro en el paso de cebra junto al Zara de La Placeta. Hay una señora mayor con una niña cogida de la mano. No pasan. Me fijo y veo que la vieja (resulta que es una señora muy mayor) lleva un bastón en la mano con el que me hace señas para que pase yo. Con la otra mano no suelta a la que debe ser su nieta, una niña preciosa de unos 9 o 10 años. Yo le hago gestos para que pasen ellas primero. No hay manera. Suelta a la niña de la mano, que permanece quieta, se me acerca a la ventanilla, que tengo subida por el calor asfixiante y con el aire a tope, y la golpea levemente con el bastón. Pega su cara al cristal mientras lo bajo y señala hacia adelante con su dedo índice de la otra mano, un dedo largo, enjuto y de dibujos animados, como de hechicera de un cuento de hadas. Al notar de nuevo el motor de mi coche, vuelve a la acera con la niña. Por un momento he estado a punto de quitarle el bastón de un tirón como si fuese la del tren de la bruja.

  • Del reciente atentado anti musulmán de Londres uno ha sacado en claro (viendo imágenes a las que no presté atención, eso sí) que los muslines sí que engancharon al terrorista y lo canearon a base de bien, lo que contrasta con lo que hacemos los occidentales en la misma situación, que es correr y dar grititos, con la memorable excepción de nuestro español del monopatín.

    Porque evidentemente estamos presenciando ¡¡la imparable decadencia de occidente!!

  • Por una recomendación leída en una columna de Montano, compré hace poco “La saga de los Marx” de Juan Goytisolo. Me ha gustado mucho, especialmente sus juegos, ironías y autocríticas en las conversaciones con su editor.

  • No es indiscreción Thompson, es un placer ver su conocimiento.
    Mi madre y mi abuelo materno eran de HERCE. Entre Arnedo y Santa Eulalia Bajera, carretera de Munilla y de Arnedillo.
    Y como dice, había muchos brutos, pero la gente firmaba con su nombre. Mi abuelo era labrador y escribía y leía al igual que mi madre y sus hermanos.
    Perdió mucha de su tierra en un pedrisco que le volcó la peña sobre sus corros.
    Era un magnífico podador, tanto de frutales como de viñas, con lo cual se ganó una reputación y dió de comer a su familia con dignidad.
    Cuando los tiempos pintaron bastos, mi abuelo se fué a Cuba a encontrar mejor suerte.
    Volvió con un ojo menos, y a repartir a sus hijos varones en los bandos de la guerra.
    Todavía queda la casa donde vivió la familia, y mi hermana compró una casa antigua que ha ido restaurando.
    Mi madre siempre hablaba con admiración de Fray Antonio Lobera. Al parecer hijo de ese pueblo.
    El apellido es IBAÑEZ.

  • El otro día había un ave en la carretera que no se apartaba al paso de los coches, dando alternativamente dos pasitos a cada lado como el extranjero que sale de la estación de autobuses en un lugar desconocido y no sabe si habrá una habitación para él.

  • Alvaroquinn
    Jueves, 22/06/2017 a las 12:51

    El otro día había un ave en la carretera

    ¿No sería el AVE Madrid-Cantabria?

  • Conocí a un tipo de Almarza, Norberto. Teniendo en cuenta que son cuatro gatos, seguro que lo conoces, Thomson. También tengo un buen amigo de Arévalo de la Sierra. Y la zona de Yanguas, San Pedro Manrique, etc., es de las más impresionantes de la provincia. Ya sabrás que la repoblación de Ágreda se hizo con gentes de esa zona y que se ubicaron en parroquias según los pueblos.
    Me fascina tu inquietud por esos lugares. Trastear en los archivos parroquiales es una gozada.

  • Ximeno de Atalaya
    Jueves, 22/06/2017 a las 11:12
    Lamento tener que confesar que soy un tipo más bien soso, sieso y seco. Evidentemente, no el sádico que describe uno, puesto que me ha sobrevivido. No soy grande, ni divertido, tampoco pertenezco a una familia de enanos, ni soy un tipo sensato, ni experimentado, ni fino.

    Bien que lo sabemos, pero te tenemos aceptación resignada.
    😀

  • Procuro fijarme
    Jueves, 22/06/2017 a las 13:15

    ¿No sería el AVE Madrid-Cantabria?

    Están haciendo el empalme con el AVE a La Meca.

  • Iba a poner el original porque veo traducciones disparatadamente divergentes y sobre todo porque sé que aquí todos tenéis los huevos pelados de leer poesía en polaco, pero finalmente he pensado en toda esa gente que lee y no escribe, abrumados sin duda por nuestra sapiencia, nuestra sensibilidad y nuestro desparpajo. Va por ellos.

    AGRADECIMIENTO

    Debo mucho
    a quienes no amo.

    El alivio con que acepto
    que son más queridos por otro.

    La alegría de no ser yo
    el lobo de sus ovejas.

    Estoy en paz con ellos
    y en libertad con ellos,
    y eso el amor ni puede darlo
    ni sabe tomarlo.

    No los espero
    en un ir y venir de la ventana a la puerta.
    Paciente
    casi como un reloj de sol
    entiendo
    lo que el amor no entiende;
    perdono
    lo que el amor jamás perdonaría.

    Desde el encuentro hasta la carta
    no pasa una eternidad,
    sino simplemente unos días o semanas.

    Los viajes con ellos siempre son un éxito,
    los conciertos son escuchados,
    las catedrales visitadas,
    los paisajes nítidos.

    Y cuando nos separan
    lejanos países
    son países
    bien conocidos en los mapas.

    Es gracias a ellos
    que yo vivo en tres dimensiones,
    en un espacio no-lírico y no-retórico,
    con un horizonte real por lo móvil.

    Ni siquiera imaginan
    cuánto hay en sus manos vacías.

    “No les debo nada”,
    diría el amor
    sobre este tema abierto.

    Wislawa Szymborska, 1976
    Versión de Abel A. Murcia

  • ESTILIZANDO EL POEMA

    Los viajes con ellos siempre son un éxito,
    los conciertos de Pint Flock son escuchados,
    las catedrales visitadas,
    los paisajes nítidos.

  • jrG
    Jueves, 22/06/2017 a las 12:16

    En los Libros Becerro de Asentamientos, guardados en los Archivos Riojanos, (Tomos II y IV) hay cuatro inscripciones el mismo día pero de distinto año (la primera de 1.568, la segunda de 1.592, la tercera de 1.602 y, finalmente, de 1.640). Ello me hace pensar que se inscriben tatarabuelo, abuelo, padre e hijo, todos por nombre Diego Ibañez, aunque el primero como vecino de Cabezón de Cameros y los tres restantes vecinos de Muro de Cameros. La inscripción la hace una misma persona – probablemente el hijo – quee ignora otros datos distintos al año de nacimiento.
    Cabezón y Muro distan 8 kilómetros por lo que es casi seguro al 100% que todos ellos son familia en primer grado. Herce está a 90 kilómetros pero sería muy interesante visitar la parroquia de éste pueblo para empezar a trazar el registro y, a la vez, los archivos parroquiales de Muro y Cabezón pues en los libros de bautismo, de matrimonio y/o defunciones, seguro que se aportan datos bien relevantes.
    Y esto es todo lo que te puedo decir por ahora.

  • LOS “OLAVE” DE CAMEROS
    Aquí ya se ha comentó en su día dónde “cagó Dios”, lo que se viene llamando el centro del mundo, es decir, la ribera del Ebro en sentido amplio. No es por presumir pero el epicentro de todo esto está el pueblo de mi familia paterna: Brieva de Cameros. El cercano Monasterio de Valvanera es lugar de peregrinación tan importante como la Meca o el Bernabéu. Supongo que saben que la Virgen de Valvanera es una advocación mariana de la sierra de la Demanda, quizás el mas bello paraje conocido.

  • Brema:
    El nacimiento del Colegio de Médicos de Soria tiene su origen en el Real Decreto del Gobierno de D. Práxedes Mateo de Sagasta, de 12 de abril de 1.898 (Gaceta del 15 de abril). En la Junta que lo constituye, el Dr. Benito Ruiz Zalabardo es el representante de los 200 médicos que ejercen la profesión en ese momento en la provincia. Su origen era Yanguas y sus apellidos proceden de: Ruiz, de Almazán; Zalabardo de Yanguas así cómo los Ruiz de la Gordejuela y de la (H)Ombría que también son de ese pueblo.

    Una curiosidad es que Práxedes Mateo-Sagasta, y no suele conocerse, era de Torrecilla de Cameros. Yo he tenido el lujo de frecuentar la amistad de un descendiente suyo, Juan Durán-Loriga, Embajador de España en Francia, Alemania, Noruega, y con un curriculum impresionante. Nos dejó ya hace un año.
    Y bueno, ya no canso más con estos asuntos que me ocupan.

  • Thomson & Thompson
    Jueves, 22/06/2017 a las 15:26

    Ruiz de la Gordejuela y de la (H)Ombría

    Con permiso, para mí que es Ombría sin hache ni hombre alguno (<italiano Umbría, del latín UMBRA ‘sombra’). Sin que por ello quepa la menor duda con respecto a la hombría y mujería de los naturales, por supuesto.

  • Albert Jueves, 22/06/2017 a las 14:54

    Szymborska for ever. Albert, los poemas de Szymborska son como las jotas, que una te pide otra. «Cuando pronuncio la palabra futurooo/, y ay, maño, que la primera sílaba pertenece ya al pasadooo…». Pero me corto porque en este foro yo ya tengo el cupo Szymborska muy cumplido.
    Tú has puesto el poema para Ximeno en vez de llamarle desaborío, a que sí.

  • Procuro fijarme
    Jueves, 22/06/2017 a las 15:48
    Thomson & Thompson
    Ruiz de la Gordejuela y de la (H)Ombría
    Sin duda, Procu. Solo quería señalar que así figura en los registros. Y olvidé que también puedes encontrarlo como Umbría y se refiere siempre a las mismas personas.

  • Mi madre no era de la ribera del Ebro, pero sí de la del Cidacos. Devota creyente la visita cada verano al Monasterio de Valvanera era obligada, y cursé unas cuantas. Solíamos ir en ocasiones a comer a la VENTA DEL GOYO, en Viniegra de Abajo, lugar de jabalíes y magníficos chorizos y truchas cogidas con las manos en el riachuelo, alimentado por manantíos de montaña de un agua fría y cristalina.
    Thomson, es usted genial.
    Si este verano me paso por HERCE trataré de mirar esos registros.

  • JrG
    ¿ Que tal el primer día de la vuelta a casa ?
    Supongo que habrá sido frustrante para su Reyna, que intentaría volver directamente a la normalidad, y todavía no podrá, y estará impaciente sintiéndose inútil.
    No tiene usted más que enseñarle las cosas que ha escrito usted sobre ella estos días, y ya verá como se le pasa el agobio de sentirse una carga…

  • Los exilios de Goytisolo, Aub o Sender fueron muy diferentes. El primero renegó de España y de todo lo español y vivió un final muy amargo. Aub y Sender nunca renegaron de España, aunque sí de Franco, y anhelaron volver. Lo hicieron con muchos honores, especialmente don Ramón.

  • A ver mirantes ahora que lo recuerda Albert, ¿por qué conio no comentáis?

    Siempre os digo lo mismo, si os pelan o pelamos seguís siendo un nick desconocido.
    No tendréis otra ocasión de decir gilipolleces sin consecuencias en vuestra vida real.

  • Viejecita, la Reyna está tan débil ahora que ni puede ponerse nerviosa.
    El problema será que le coja gusto a mi tratamiento…

    Joder Adapts no des ideas, que bastante tenemos con los políticos y los iluminados y los escritores y televisiones y revistas y redes sociales y ONGS y grupos de presión y desfavorecidos y minoritarios que aspiran a mandar y conmigo….

  • El primer Ibáñez que tengo registrado en mi árbol genealógico es Pedro Ibáñez, nacido en 1602. Mi padre tiene entre sus primeros ocho apellidos cinco Ibáñez, incluidos los tres primeros. Todos den Canicosa de la Sierra, a este lado de la Sierra de la Demanda.
    El monasterio de Valvanera no solo era un centro religioso. Canicosa, que aparecía como perteneciente al Alfoz de Lara en 1068, y está presente en textos como el romance de los Siete Infantes de Lara, aparece en textos en los que se cita que en 1140 la administración de su ermita del Carrascal bajo tutela del Monasterio de Valvanera, a partir de una donación de Alfonso VII. Sí, la de la jota “Carrascal, carrascal, que bonita serenata…”.

  • Ximeno es tontería pretender recomendarle a usté, por sus conocimientos, pero si no las ha probado compre urgentemente cuerdas Elixir.
    Como un enano ahora mismo.

  • Me alegra ver que se conoce y aprecia el monasterio de Valvanera, centro espiritual de Occidente. En los años 60 mi tío Manuel Olave, de Brieva de los Cameros, procedió a su restauración dejándolo en el magnífico estado que hoy todavía está.

  • Perroantonio
    Jueves, 22/06/2017 a las 22:08
    Estoy viendo «Desayuno con diamantes». Es sorprendente cómo funciona la película, a pesar de que es un error total de casting.

    Perroantonio
    Jueves, 22/06/2017 a las 23:02
    Audrey Hepburn es tan improbable como prostituta analfabeta y comehombres como George Peppard como escritor gigoló.

    Completamente de acuerdo, siempre he pensado lo mismo. En la novela, Holly confiesa que en realidad se llama Lulamae, nombre improbable para que lo represente una actriz como Audrey Hepburn, y que está casada con un viejo granjero que podría ser su padre. Cuando leí la novela, le ponía a Holly la cara de una jovencísima Marylin. Al escritor no conseguía ponerle cara.

  • Adapts, ya veo que no contestas a Proc. ¿Qué hacemos, compramos las teas para un entierro vikingo? En mi opinión vas a tener que aguantarlo un par de años. Por mal que lo haga siempre dan un primer año de cortesía. Cortarle la cabeza antes sería como si los miembros del Consejo se pusieran un monigote en la espalda.

    ***

    Morán es un tipo, como Arcadi, encantado de haberse conocido. Seguramente (nos) considera tontos a un 98% de la población. No le faltan motivos. Además tiene profundamente arraigada esa chulería asturiana que tanto molesta a los nacionalistas vascos y catalanes. Y, también, a los políticos socialistas y populares en su tierra. Con él no hay medias tintas. A mí me cae bien, aunque no fui capaz de terminar Miseria y grandeza del Partido Comunista de España.

    ¿Habéis leído Tiempo de silencio?

  • Zeppi, creo haber leído que el papel se lo dieron a Marilyn, pero algo ocurrió que no pudo hacerlo. En la versión que hoy he visto habían censurado un diálogo que recordaba perfectamente, cuando el marido le explica al escritor cómo tuvo a Loulame en sus brazos «desnuda como un lechón».