PEGANDO FUERTE presenta: Spanish psycho

CHICOPATA
Por Anna Du Val.
Abandon all hope ye who enter here is scrawled in blood red lettering on the side of the Chemical Bank near the corner of Eleventh and First and is in print large enough to be seen from the backseat of the cab as it lurches forward in the traffic leaving Wall Street and just as Timothy Price notices the words a bus pulls up, the advertisement for Les Misérables on its side blocking his view. 
American Psycho, Bret Easton Ellis.

 

Quiero hablar de Patrick Bateman.

Quiero hablar de que más vale leer un buen libro mil veces antes que leer mil libros malos.

Quiero decir que un buen libro se caza a la primera. Desde la primera frase, como arquero zen. No hace falta ejemplos pero cito algunas de mi selección de obras maestras indiscutibles, desde la primera frase:

– ‘Anoche soñé que volvía a Manderley’

– ‘Yo tuve una granja en Africa’

– ‘It is universally acknowleged that a single man in possesion of a good fortune must be un want of a wife’

Hace mucho tiempo que perdí la cuenta las veces que he leído estos clásicos. Ültimamente estoy algo obsesionada con Patrick hasta el punto en que me quita el sueño y no me deja dormir y no de miedo. De fascinación y tal vez sí, una cierta aprensión ante este enamoramiento que me hace palpitar hasta profundidades del alma que todos sabemos bien cuáles son. Me he enamorado. Y le quiero y le quiero.

Me he enamorado de un psicópata. Blanco, rico, inteligente, de casa buena, pijowaspy, con buen gusto tanto en el vestir como a la hora de elegir ya sea un restaurante, mascarilla facial, una canción… De Patrick me gusta todo. Todo es perfecto en Patrick. Porque Patrick Bateman es como yo, un ‘yo’ superior -faltaría- ya que no hay amor sin profunda y abnegada admiración.

El amor que todo lo comprende y relativiza no es de mi cuerda. No relativizo nada, no comprendo gratuitamente nada. Como tampoco busco la beatificación popular de mis actos. Los acepto con sus consecuencias, en ocasiones malas, otras no tanto. Pero reconozco que mi Patrick sufre casi o tanto más que yo. No hace falta que os diga que él pide a gritos ayuda -y se equivoca al pedirla a su abogado, allí no estuvo muy acertado. O sí? Porque un abogado, nuestros abogados, han de velar por nosotros. Ahora que lo pienso bien… mi abogada… ya, no es que sea mujer, es que simplemente es idiota y yo la reina de las idiotas por acudir a ella. Revisitando mis pecados que son muchos y variopintos desde mi Manderley -que no Brideshead- me doy cuenta que Patrick tiene hasta el mejor de los abogados, como debe y merece. Porque el sufrimiento espiritual, nada tiene que ver con las leyes que nos rigen y regulan. Un abogado no es un gurú, pero es el mejor gurú que puedas pagar.

Creo que cuando leí ‘Menos que cero’ lo que más me sorprendió fué la edad de su escritor. Sentí algo parecido a la envidia, la cara oculta de la admiración. Yo quería ser Bret pero no pudo ser. Pero sí puedo ser Patrick Bateman, permitirme al menos un día de furia contra lo chabacano y lo muy hortera en que se ha convertido el ambiente que me rodea, que me repatea

-¡¡En la cara no, puta!!- grita Patrick.

La prostituta se defiende como buenamente puede -a quién en su sano juicio se le ocurre irse de corredizas con un desconocido que lleva guantes? Yo no llevo guantes. Pero sinceramente, creo que debería.

Me llamo Anna Du Val. Tengo cincuenta años, madre de dos hijos y sí, tuve una granja en Africa. Ah, y por supuesto, alguien tiene que hacer el trabajo sucio.

132 comentarios

  • Anna es un alter ego muy singular.
    No se le reconoce en su escritura. Pero algunos sabemos quien es.
    Es lo que le hubiera gustado ser de nos ser como es.
    Es el sueño de una noche de ira ante la capacidad propia de sostener todos los demonios que otros llamarán incapacidad.
    Es la liberación de capacidades incruentas, porque la belleza puede más que la fuerza.
    No está nada mal.
    Es difícil de digerir, pero ahí está.
    Gooooooood Mooooooooorning VIETNAMMMMMMMMM.
    …y suena la Credence, entre estallidos de bombas artificiales.
    Pisando la tierra más o menos firme, comienza la última de junio, y ya nos hemos comido el 50% del 17. Parece que no pasa nada, pero acumulamos acontecimientos a velocidad programada y uniformemente acelerada.
    Cada vez me gusta más Roger Cecil, Viejecita. Cada vez veo más cosas en él. Cada vez me veo más en él.
    Cada vez me gusta más ver lo que tengo delante que tratar de modificarlo.
    Sólo dejo que mi mano de su versión.
    Les recomendaría para un fin de semana agradable, subirse a París, y pasarse por una maravillosa exposición que se celebra en el Museo Rodin.
    Nosotros lo haremos en el entrante mes de Julio.
    Si quieren ya saben.

  • Nueva colaboradora. Muchas gracias, Anna.

    Por casualidad hemos recibido en poco tiempo dos textos sobre psicópatas, de ahí la sección «Pegando fuerte». Leí -y olvidé- American Psycho, pero no he olvidado los personajes creados por Carlos Pérez Merinero. Muy bruticos ellos.

  • Yo creo que en el Imperio del Sol ya apuntaba maneras, no sé si más de Batman que de Bateman pero ya se le veía el tono al chico.

    Está bien eso de enamorarse de un personaje de papel o de celuloide, tiene claros problemas o carencias pero también sus ventajas. Yo lo estuve, y seguramente aún lo estoy, de Alejandra Vidal Olmos.

    ¡Bienvenida, Anna!

  • Un fin de semana estuvo en el Zulo un amigo de mi hijo que es esquizofrénico. Personaje muy peculiar me trajo como regalo una novela de Bret Easton Ellis, la titulada “Glamourama”. A ver si me animo a leerla. El ejemplar, bien editado, es de batea.

  • Bienvenida, Anna. Me acabo de dar cuenta de que Easton Ellis es uno de esos autores que siempre he dejado para mañana y así sigue. Yo me enamoré de Lucette, la desdichada hermana pequeña de Ada o el ardor.

  • La novela de Ellis me pareció mala de solemnidad, y de la película sólo recuerdo a un Willem Dafoe, como casi siempre, creíble. De la generación del novelista, desde luego, prefiero cien veces a Palahniuk. Adivinen qué editorial fue la primera en publicar a éste en España.

    En su día Rebeca, la novela, se me antojó un folletín casi imposible de digerir. De gustibus non est disputandum.

  • ¿Fue una corriente literaria estadounidense el uso de tiburones financieros tipo Gordon Gekko en los años 80/90 que llegaría hasta el Jordan Belfort de Scorsese encarnado por DiCaprio? Son personajes repelentes pero con los que te encariñas, hasta con Bateman. En España casi no existirían esos personajes y los pocos trajeados que hay siempre son mostrados de forma muy negativa, casi tanto como la imagen de los religiosos en películas o series televisivas.

  • Bienvenida, Doña Anna.
    Por algún motivo los pirados y violentos despiertan interés y hasta un cierto afecto. La violencia como medio para resolver nuestros asuntos nos mola como especie.

  • Hola Anna, feliz estancia.
    Hablaba Brema de psicópatas ¿Algún ser humano ha leído “Vacas” de M. Stokoe? Creo que deja el pabellón de la psicopatía de la escrituración a unas alturas difícilmente alcanzables. Recomendable su lectura para asesinos en serie, verdugos, psicólogos y torturadores a tiempo completo. Lamentablemente -o afortunadamente, nunca se sabe- está fuera de mercado, aunque circula alguna versión electrónica por los espacios intercomputacionales. Si algún alma piadosa desea someterse a un electroshock de brutalidad perturbadora y necesita ayuda para conseguirlo, puedo hacerle llegar por correo una virtual siempre que hagan el firme propósito de adquirir la obra en cuestión en caso de ser reeditada. Aunque no me responsabilizo de las consecuencias.

  • Se ha citado, por cierto, El imperio del sol. Conocí al gran J. G. Ballard gracias a una de esas antologías de SF –ésta concretamente llevaba el delicioso título de antología de novelas de Anticipación— que estuvieron tan de moda a principios de los años 70. Suyo fue, pues, uno de los relatos breves que más me impactaron en mi niñez. Tiene un final maravilloso. Estuve buscando ese libro durante años principalmente por este relato, hasta que lo encontré, hace ya un tiempo, en el mercado de San Antonio. También va, a su manera, de un psicópata homicida.

    http://biblioteca.salamandra.edu.co/libros/Ballard,%20J.%20G%20-%20Ahora%20cero.pdf

  • Yo no diría tanto, Mortimer. Coincidencias así suceden continuamente, y tampoco parece que las historias vayan por los mismos derroteros. Lo que sí creo, a tenor de lo que dice la wiki, es que la idea de Ballard era mucho mejor.

  • Sí que hemos estado ayer muy preocupados en Huelva. Parece que se han puesto todos los medios, tanto de la Junta como del Gobierno y los incendios aún pendientes de extinguir se están controlando. Lo peor, además del tremendo daño ocasionado a una zona maravillosa de pinos, las tonterías y falsas noticias de conspiraciones y recalificaciones que se propagan por los grupos de whatsapp y en las redes. Algunas conclusiones: hace falta invertir mucho más en nuevas tecnologías para luchar contra estos desastres recientes en Portugal y en Huelva. Y hay que aplicar la Ley con rigor a los responsables.
    Gracias Procuro por acordarte.

  • LIBROS DE BATEA
    Los libreros de viejo, esos seres miserables, expurgan sus almacenes de material de desecho y los tratan de vender a bajo precio. En la Cuesta de Moyano, en el Rastro de Ribera de Curtidores, los arrojan a una batea donde suele haber un cartón en el que se ha escrito con letra temblorosa “a 2 euros”.
    Más siempre hay un lince que encuentra una “primera” en la batea, se presume de ello aunque sólo sea medio cierto.

  • Yo conocí a un pianista cojo, aunque conocer es mucho decir. Tocaba en un antro en Madrid llamado el Aviador, o el Avión o algo así. Lo que nunca conocí es a un pianista manco, y los hay a montones, por lo que veo. Al ver el vídeo de este tipo, nacido sin el brazo derecho, me acordé de inmediato de otros dos casos. Paul Wittgenstein, hermano del filósofo y pianista profesional, perdió un brazo, el derecho, en la primera guerra. Consiguió que Britten, Strauss, Ravel, Prokofiev y muchos otros, le escribieran piezas de piano para una sola mano, la izquierda. También Sacks menciona en su libro Musicofilia el caso de otro pianista, creo recordar que australiano, pero quién sabe, que por una afección neurológica perdió el uso de la mano derecha. Los dedos se le paralizaban. Luego de sus tristezas iniciales acabó superándolas dando conciertos con el repertorio de Wittgenstein. Y ahora aparece el inglés de Britain Got Talent al que –casualidad– también le falta la derecha. Ahora se ha despertado mi curiosidad y me gustaría conocer a un pianista manco porque ahí veo yo un patrón. ¿Hay pianistas mancos de derechas? ¿Eran zurdos antes de perder el brazo? ¿Los que pierden el izquierdo adolecen de motivación? ¿Perder el brazo bueno exacerba el ansia de superarse?

  • Gómez
    Lunes, 26/06/2017 a las 12:42

    La idea de ambos, así en general, tiene un punto de vudú. Escribe el nombre de tu enemigo en un papel y luego quémalo y tal.
    Sé que esas cosas no funcionan porque he leído el cuento y me encuentro perfecto y además, hace unos años, una clienta se lo hizo a una jueza con muñeca vestida de toga y todo y no pasó nada. El pleito al final lo ganamos pero Su Señoría por ahí anda, sanísima, haciendo de las suyas.

  • MGAUSSAGE, imagino que te refieres al Avión Club de la calle Hermosilla casi con Conde Peñalver.

    Fui algunas veces y era fantástico. El pianista se llamaba César, según cuenta Rosana Torres en su crónica sobre el cierre del bar. Tras el cierre el edificio estuvo abandonado varios años, luego lo derribaron y fue un solar otros tantos años y ahora hay un flamante e insípido edificio de viviendas.

    Recuerdo también una estupenda necrológico de Umbral sobre el bar.

  • Josénez
    Lunes, 26/06/2017 a las 13:34

    Ese mismo. Había un avión colgado del techo cagado de moscas, quizá el Plus Ultra, y tocaba el cojo en un piano vertical al fondo.

  • MGAUSSAGE, encontré el artículo de Umbral, te traerá buenos recuerdos, espero:

    El Avión.

    El Avión (…) era un sitio cimarrón, pequeño y nocturno, con ventiladores como los de Casablanca y clima de postguerra, todavía. Daban whisky con una ración de pipas.

  • La frase del año: “El amor que todo lo comprende y relativiza no es de mi cuerda. No relativizo nada, no comprendo gratuitamente nada”. Enhorabuena, Anna.

  • El orgullo ya no es lo que era:

    Aún me acuerdo de cuando había gente orgullosa. Quiero decir: orgullosa de verdad, sin concesiones; gente altiva, soberbia, a la que cedes la acera instintivamente.

    Los que más orgullo tenían eran los emperadores. Después, los ingenieros de caminos, los conquistadores, los visires, los académicos de la lengua … El orgullo les venía de la conciencia clara de su valía, reforzada a su vez por el reconocimiento unánime de los demás.

    Por donde pasaban se concentraba el pueblo para aclamarlos, repicaban las campanas, presentaba armas la tropa. Hoy es muy difícil ver nada que se parezca ni remotamente a aquel espectáculo lleno de gloria y poderío.

    Es verdad que últimamente se usa mucho la palabra ‘orgullo’. Pero no nos engañemos. Hoy, por esas vueltas que da la vida, estar orgulloso no significa tanto estarlo como querer estarlo.

  • El Avión que yo conocí a mediados en los 70 era un local sórdido, sucio, oscuro y lleno de comunistas. Aquel nido de piperos era lamentable, solo superado en sordidez por La Vaquería, otro tugurio que seguro resucita grandes recuerdos entre la viejas glorias.

  • Ladies and Gentelmen:
    Un placer leeros a todos, tanto detractores como partidarios. Un lujo compartir con vosotros psicopatías varias de mis entrañas literarias -sí, a pesar de folletines. Los folletines venden mucho… a ver si nos montamos todos en el $. Quién fuera Corín Tellado… o J.K.Rowlings. Gracias José M. por tu paciencia infinita -él sabe bien que un pelín psycho sí que soy.
    Como que esto no son los Oscars -todo llegará- callo. No para siempre, salvo me caiga una maceta en la testa, cosa que no descarto.
    Os leo a muchos de vosotros. He de controlar que no mesusescapéis y por eso he dejado todos los datos para no perder el oremus y vs. artículos.
    A.D.V
    ps. marcho ávida a por unas tarjetas de mejor gramaje.. mejores que las de Patrick.

  • Josénez
    Lunes, 26/06/2017 a las 14:10

    Iba mucho al Avión porque andaba con un tipo que vivía allí en el Este, y en el Este todo cerraba menos el Avión. Recuerdo las pipas, el avión colgado del techo y la oscuridad, pero no era en absoluto un local pequeño. Diría yo que para lo que se estilaba era más bien grande, del tamaño de la Vía Láctea.

  • Había sitios muy cutres, sí, cutrísimos. La mayoría de los sitios eran cutres: los bares que ahora llaman de viejos (y ahora de chinos), los mesones, Casa Mingo, la Venencia en Echegaray, las tascas, el Brillante, el Ventorrillo en las Vistillas y hasta los restaurantes donde se comía muy bien (el Asturiano a las traseras de Álvarez de Castro, casa Salvador en Barbieri, el vasco de Reina Victoria cuyo nombre no recuerdo, casa Paco en Puerta Cerrada, Labra a las traseras de Arenal; sitios a los que no pude entrar hasta los veintitantos por falta de medios) eran cutres. Todo lo que rodeaba al Portillo de Embajadores y al Rastro era homogéneamente cutre. También todo lo que se extendía entre Bailén y Sol. Joder, si El Comercial era cutre.

    Hasta finales de los ochenta no empezó la decadencia, la basura ésta de las franquicias y los vinitos de a 40 y los cafés con crema y los gintonics con frambuesa y eneldo. Rebobinemos, por favor.

  • Pirata Jenny
    Lunes, 26/06/2017 a las 16:56
    (…) el vasco de Reina Victoria cuyo nombre no recuerdo…

    ¿Era El Tera, en la calle de los Vascos?

  • Thomson & Thompson
    Lunes, 26/06/2017 a las 17:03

    No me suena el nombre, T&T, pero no me fío de mi memoria. Creo que no estaba tan abajo, sino más bien de Pablo Iglesias hacia la glorieta, y que hacía chaflán.

  • Querida Anna, particularmente me encuentro, por así decirlo, entre los “partidarios” de la entrada, que me parece harto interesante. No obstante, he considerado de justicia señalar que tanto la novela de Easton Ellis como la de Daphne du Maurier no me gustan nada. Felicidades.

  • No conocía lo de Umbral. Gracias.
    Yo también escribí del Avión, recuerdos borrosos, eso sí.
    En Madrid me gusta ir al Labra, entrar apenas a coger un pincho de bacalao y tomarlo en la calle. Busco recordar el sabor de cuando los tomaba con 20 años y un hambre épica, pero son grasientos y poco sabrosos. Como me niego a revisar mis recuerdos, qué somos sin recuerdos, insisto una y otra vez, infructuosamente.

    http://www.temporadabaja.es/?p=210

  • Anna Du Val
    Lunes, 26/06/2017 a las 16:28

    ps. marcho ávida a por unas tarjetas de mejor gramaje.. mejores que las de Patrick.

    Color hueso, tipo Sillian Rail.

    Bienvenida, Anna. Nos vemos en el Dorsia.

  • De Bret Easton Ellis solo he leído Las leyes de la atracción, novela que me encantó. Después de leer la novela vi la película y lo cierto es que me pareció una adaptación sensacional.

  • El vasco era/es San Mamés. Hace chaflán y sigue igual de cutre, se come bien por cierto, aunque a precios astronómicos.

  • marquesdecubaslibres
    Lunes, 26/06/2017 a las 18:58
    El vasco era/es San Mamés. Hace chaflán y sigue igual de cutre, se come bien por cierto, aunque a precios astronómicos.

    En el San Mamés (cuyo propietario, por cierto, estuvo casado con una prima de mi madre; después se separaron, y la cocina decayó; la prima Tere era un poco el alma de los fogones) presumían de hacer los mejores callos de Madrid. Un día llevé allí a un colega y pidió los famosos callos. Le gustaron mucho y cuando el camarero hizo ademán de retirarle el plato, lo rechazó cortésmente y pidió otro trozo de pan para rebañar la salsa y no dejar nada en el plato. El dueño, que estaba por la sala, se acercó a nuestra mesa y le dijo que su gesto era un orgullo para el local, y que estábamos invitados a los postres.

  • Me encantan las tajadas de bacalao de Casa Labra, no es que sean aceitosas, sino gelatinosas porque para que el bacalao suelte la gelatina tienen que freirse a una determinada temperatura. Gracias a esa gelatina que suelta se puede ligar el aceite y hacerlo al pil pil. La pena es que las colas de turistas ya hacen que se te quiten las ganas. Pero me relamo pensando en los morros pegados que se me quedan después de comerme una.

  • La taberna de San Mamés: Cocina racial
    Las esencias de la raza van desapareciendo y la cocina se diluye en fusiones, espumas y liofilizados en ambiente fen-sui. Pero todavía algunos no nos rendimos e invocamos la bandera del sofrito, el ajo y los azulejos. Muy cerca de la Glorieta de los Cuatro Caminos nos queda un reducto a los más recalcitrantes, a los que nos sentimos como en el útero materno entre manteles de cuadros y fotos amarillentas de futbolistas y toreros. Ay España de mis entretelas. La Taberna de San Mamés se decoró el año de su inauguración, allá por los plomizos cuarenta, y hasta hoy ¿Para qué hacer cambios?

    Regentado por la asturiana familia de los García, sigue hoy tutelada por Roberto, descendiente de esta saga que ha hecho profesión de fe sobre las cosas sencillas: su amor por el Athletic, los callos y el bacalao. Advierte un refrán (que yo practico) de que “el pil pil y las mamadas mejor en casa” Hago excepción de la regla cuando visito este benemérito local, porque la suavidad de sus guisos invoca las esencias de lo casero. Poco importa su mala ventilación y la estrechez de las mesas, allí se sirven platos excepcionales a un precio casi razonable: huevos fritos con hongos, garbanzos de Fuentesauco, mollejas de cordero, pulpo y calamares. Callos y bacalao, en diversas recetas, se preparan además para llevar a casa.

    El servicio de vinos merece comentario aparte. Como es de esperar la carta es raquítica y centrada en lo mas clasicón, pero hay que reconocer que tiene algunas cosas interesantes. Me ofrecieron un Chivite 125 tinto del 99 por 30 euros. Estaba algo desestructurado por lo que lo desestimé sin que opusieran resistencia. La contraoferta fue un Barón de Chirel del 2001 por 60 euros, que estaba bien conservado y me hizo visitar el cielo.

    A algunos le parecerá grotesco mi canto a la cocina racial, pero yo ya he hecho el camino de ida y vuelta. Al pedantesco Andoni Luís Adúriz quizás le resultaría hasta insultante mi fervorosa loa y defensa de lo antiguo, pero cuando tenga mi edad y ya un pie en el estribo, seguro que le habrá cambiado la perspectiva de las cosas. Entonces ya nadie se acordará de sus volutas de verdina, incluso moverán a risa, pero perdurará el movimiento de la cazuela de barro en amorosas manos, mientras se ligan milagrosamente el aceite, el ajo y la gelatina del bacalao.

  • Libertad educativa ¿para qué?

    Seamos sinceros: la apuesta por una pedagogía obsesionada con la libertad ni es pedagogía ni nada que se le parezca. Con ella se pone de manifiesto la incapacidad de decir a un joven qué le conviene.

    Si la decisión que tomé, cuando tocaba tomarla, fue la de estudiar filosofía, que era lo que quería estudiar, y no la de estudiar lo que quisiera, siento que le fallo al que animo a estudiar lo que le dé la gana.

    Diría incluso que el consejo de estudiar lo que se quiera no es un consejo ya que no existe una rama del saber cuyo objeto sea estudiar lo que se quiera.

  • ELOGIO DEL SECANO
    Corren momentos de confusión en que el pueblo, imitando a los futbolistas en vacaciones, aspira a estar en remojo en nuestras playas. Tal práctica es antihigiénica cuando no peligrosa, recomiendo férvido y justo no acercarse a la orilla preta de medusas y corrientes traidoras, a más de tóxicos orines y burbujeantes flatulencias.
    Ofrezco la alternativa del chiringuito y porqué no, la del secano.
    La España vacía nos espera, desde Ágreda a Tomelloso, desde Brieva de Cameros a Montilla. Calurosa, seca y barata, nos ofrece festivales que harán olvidar a Bayreuth y Salzburgo. El Pinkfloyd’s Summer 2017, sin ir mas lejos.

  • Ya con un anestésico a las espaldas les digo: de vez en cuando, mayormente cuando alguno de nosotros muere, sale La Conversación. Eso de lo que nadie nunca quiere hablar (por algo estamos aquí en la calle soltando gilipolleces, más o menos elaboradas) pero que sale por fuerza cuando has vuelto de ese sitio que no quieres nombrar. No lo quieres nombrar pero se llama tanatorio. ¿Se les ocurre una palabra más aterradora? “Infierno” ya no impone. Vengo del tanatorio, eso son palabras mayores. Y hay unos minutos en que se habla de la Cosa, un instante, una llamarada, un escape en el que se decantan dos bandos: quienes tienen pavor del amigo que ayer estaba aquí y querrían vivir por una eternidad (el terror a los muertos), y quienes tienen pavor de seguir aquí y ni por un potosí querrían vivir veinte años más (el terror a los vivos). Luego todo se olvida y se diluye (por algo seguimos aquí en la calle soltando gilipolleces, más o menos elaboradas) y la rueda sigue y se lleva a otro, y todo vuelve a empezar.

    San Mamés, tampoco me suena ese nombre, pero hacia chaflán.

  • Un placer, Anna. Otra Ana, Ozores de Quintanar, es el único personaje literario sobre el que recuerdo haber sentido algo parecido al enamoramiento. No he leído ni visto American Psycho ni tengo intención por ahora, a Rebeca sólo la conozco por la adaptación al cine y no me gusta especialmente en el conjunto de la obra de Hitchcock, de Orgullo y Prejuicio ni eso. Me salva del cero absoluto la Memorias de Africa de Pollack, aunque el libro de Dinesen lleva en casa toda la vida, quizá me ponga algún día. En resumen, no me atraen, no me interesan los mimbres pero el cesto, el texto, me resulta fresco, evocador, incluso divertido. Bien jugado.

  • Mientras me bebía una botella de Blue Label de gorra y acariciaba con deleite su caja acolchada, declaré que quería que mis restos incinerados reposasen en ella. Mi mejor amigo la guardó y de vez en cuando me recuerda que tomó buena nota de mi voluntad postrera. Al principio me daba risa, pero ahora me recorre un escalofrío cuando el hijo de puta de él me saca el tema a bocajarro.

  • Viene en EP esta nota sobre la Gulbenkian: «El oro negro mancha una prestigiosa fundación lisboeta». Como la primera vez que estuve en Lisboa no fui pero ahora la tengo viva todavía, aprovecho para encareceros que no os la perdáis si vais. Un gran parque muy cuidado para pasear, descansar y disfrutar, auditorio y surtido programa de actuaciones, el impresionante fondo del fundador y el nuevo, buenas exposiciones. Vimos una de Almada Negreiros muito preciosinha. Todo manchado de petrolio. Este pobre sozinho vive allí y resulta que son dos, en espejo.

  • Por cierto y hablando de belleza. Aquí andan dos representaciones de ella, António Zambujo y Roberta Sá, la masculinidad y la feminidad personificadas. Guapos, talentosos (y sexys, porque no se lo creen). Pero fíjense en el feo andrógino que toca la guitarra. Tengo el defecto de ser hetero (sin histerias, eh, que hay mucho mundo en el otro lado), pero si tuviese que elegir lo mismo me quedaba con el guitarrista (a eso me refería el otro día, Jrg).

  • Llego tarde pero llego. A ver si esta Holly os gusta más. Los “errores” de casting a esos niveles siempre son relativos, camaradas. La primera a la que se le ofreció ese papel fue Marilyn Monroe, que lo rechazó. La siguiente en la lista, obviamente, no fue quien más se parecía a ella, sino la otra gran estrella del momento. Ahora le toca a la reina de dragones.

  • Roberta Sá a estos efectos es Audrey Hepburn rediviva. Me lo va a permitir, Pirata: usted es heterosexual perdida y sin remedio, la prueba viviente de lo que afirmaba el otro día Gaussage con toda la razón del mundo: la Hepburn es el tipo de mujer que por lo general (por lo general) gusta más a las mujeres que a los hombres. Llevo viéndolo toda mi vida. Dicho lo cual, usted también tiene más razón que un santo: sexy es, fundamentalmente, quien no cree serlo. Esto de llegar tarde a las conversaciones es genial, oigan, permite dar razones y quitarlas cuando todo el mundo pasa ya de rebatirte nada.

  • Creo que no se trata de la cara e incómoda taberna San Mamés a la que se refiere Pirata Jenny pues está en Bravo Murillo esquina a Maudes, es decir, no en Reina Victoria dónde ella ubica el recuerdo.
    No recuerdo en esa zona entre la avenida de Pablo Iglesias y Cuatro Caminos ningún bar o restaurante que hiciera chaflán. Sólo subiendo y en el lado derecho quiero recordar un restaurante ya cerrado del que no recuerdo el nombre y cuyos platos estrella eran los callos y la tortilla guisada.

  • Pirata Jenny
    Lunes, 26/06/2017 a las 22:20

    «(…) la inútil necesaria teórica que no es consuelo ni mentira ni siquiera frases coherentes, un simple estar ahí, que es tanto». Lo siento mucho, Pirata.

  • MARÍAS Y GLORIA (LA MÍA)

    No entiendo por qué no se va a poder juzgar la obra de un escritor, aunque sea con severidad o incluso ensañamiento, por la sencilla razón de que esté muerto. Resulta demasiado elemental a estas alturas señalar que una cosa es la persona y otra muy diferente la obra, pero parece que hay que recordarlo, como a parvulines, para no herir susceptibilidades. Del mismo modo, pues, que podemos dar sin problemas nuestra sincera opinión sobre un edificio que nos antoja horrible –o sobre casi cualquier otra creación humana, comidas incluidas, si me apuran– sin preocuparnos de si la persona que lo diseñó vive todavía o disfruta ya de la paz eterna, no veo qué tiene de sagrada la literatura para preservar a ciertos autores de críticas negativas post mortem. A los malos escritores, ya lo dijo (creo) Cortázar, antes o después los juzga y sentencia, y sin apelación posible, el inflexible Tribunal del Tiempo. Un ejemplo que me permitirán vuelva a emplear: hoy sobreviven y se siguen leyendo las centenares de implacables críticas y reseñas literarias que escribió a lo largo de su carrera Edgar A. Poe, mientras que a la mayor parte de los autores reseñados los cubre el olvido y el silencio más absolutos. Es más, si alguien los recuerda hoy, es precisamente gracias a esas despiadadas críticas que tantas enemistades le granjearon en su momento al de Virginia. Preámbulos aparte, los poquísimos poemas que he leído -más bien escuchado- de Gloria Fuertes, siempre me parecieron chorradas –en el buen sentido– desprovistas de cualquier valor literario. (Kiikirikíiiiiiiii/ Kokorokóooooo/ Regulín, regulín/ Regulón, regulón…) Pero, claro, es una opinión personal sobre una obra que jamás despertó ningún interés en mí. Por tanto, no creo que haya que rasgarse las vestiduras por el artículo de Marías. Si cualquier crítico capullo en la actualidad –y cualquiera que esté en el negocio sabe que la mayor parte de las veces los masajes o tortazos de los suplementos litearios obedecen tanto a inquinas personales como a políticas editoriales, es decir, a órdenes más o menos explícitas– puede arruinar una obra por puro capricho, no entiendo muy bien qué problema hay en que la despedacen a uno veinte años después de muerto. Al finado, desde luego, se la trae al pairo. Y, por si acaso mis apreciaciones o las de cualquier otro fueran injustas hacia la señora Fuertes, no estará de más recordar el epitafio que puede leerse en la tumba de Gogol. Lo pongo en cursiva porque merece la pena subrayarlo:

    Se reirán de mis tristes palabras.

    Gogol, ¡qué cojones!, sí que lo tenía claro.

  • Estuve en el Gubelkian el año anterior a la Exposición Universal de Lisboa, que ya no recuerdo cuando fue. Estaba la ciudad agujereada y como me habían convencido de que llevar cámara es de guiris y horteras, no tengo ninguna foto de aquel viaje (me cago en todo). Pero recuerdo muy bien el Gubelkian, una de las pocas experiencias verdaderamente gratas en mi experiencia museil. Su colección de arte y objetos modernistas era espectacular. Además, no había nadie.

  • A toda leche:

    Fuera de la cámara, y me remito a las autorizadas palabras de Billy Wilder, “Audrey Hepburn no era más que una actriz. Era muy delgada, muy buena persona, y a veces, cuando estaba fuera del plató, se hacía invisible…”

    Pero…

    Sigue Mr Wilder: “Cuando se plantaba frente a la cámara, se convertía en miss Audrey Hepburn. Conseguía revestirse de atractivo sexual y el efecto era tremendo. No es que fuera vulgar, no. Pero en la pantalla creaba algo nuevo, lleno de clase”.

    Reconozco que a mí no solía decirme mucho, miss Hepburn. En Desayuno, como dijimos casi al unísono, no le iba el papel, y tanto Ariane, como Sabrina o Vacaciones en Roma no son, bajo mi humilde punto de vista, de lo mejor de Wilder, a pesar que estaba espléndida, especialmente en Sabrina, con su sofisticado Givenchy al viento en la pista de tenis. (Ahí fallaba un Bogart siempre a disgusto durante el rodaje al saber, desde el primer día, que había sido una segunda opción para el papel protagonista)

    Pero, amigos, en Charada, junto a Cary Grant, lo bordó. Ahí sí que brilló como las más grandes. Y, además, inauguraron un género de películas. Mediocres casi todas y que hicieron perder millones a los estudios, sí, pero un género al fin y al cabo.

  • Terminé de leer American psycho porque en aquel tiempo si compraba un libro sentía la obligación de llegar hasta el final. Qué cosas.

    ***

    Gómez, de Ballard hay una antología con sus cuentos completos. Editada por Rba, la tengo vista en fnac.

    ***

    marquesdecubaslibres
    Lunes, 26/06/2017 a las 20:23

    Eso es muy bueno, Marqués.

    Cuando se ponen a hablar de esos sitios indígenas (el coño materno, creo que lo llamó usted en aquella cena con Jabo) me siento como un intruso, con la impresión de que bien podrían estar ustedes hablando de Sanghái, y en chino.

    ***

    Gengis Kant
    Lunes, 26/06/2017 a las 21:05

    Gengis, es legendaria mi soberbia reconociendo mi burricie. A veces, aplicándome esforzadamente en sus escritos, a cada lectura que hago entiendo lo contrario a la anterior.

    ***

    También hay un tipo de belleza masculina que los hombres hetero aceptan mejor que otra. El ejemplo extremo es el que se daba con Rodolfo Valentino y Clark Gable.

    ***

    Albert
    Lunes, 26/06/2017 a las 23:33
    Dicho lo cual, usted también tiene más razón que un santo: sexy es, fundamentalmente, quien no cree serlo.

    Ummm. No hagáis caso. O bien son cortitos o son magníficos actores. Cómo no lo van a saber si el mundo se encarga de recordárselo a cada paso.

  • Se me olvidaba. Un par de amigos me enviaban hoy dos fotos con los termómetros de sus coches: Mijas, 16,07 horas, 48ºC; M30, 14,03 horas, 40ºC.

    Elogio de la España verde: 16,10 horas, 20ºC.

  • Una cosilla que escribí sobre Ballard hace años.

    EL VUELO SIN CAÍDA

    La parábola que dibuja un avión en caída libre es el arco que sostiene la bóveda del imponente mundo novelesco de J. G. Ballard. El limpio acero del fuselaje refulgiendo antes del impacto, el motor en llamas dejando una estela de humo detrás de sí, el miedo y el caos dentro de la cabina, la fiebre de la velocidad y el desastre son elementos habituales en sus narraciones. Ballard mantiene la mirada fija en la colisión y en las transformaciones que la acompañan: del movimiento en quietud, de la esmerada ingeniería en chatarra, de los cuerpos en cadáveres. El anhelo de volar, la pericia técnica que permite llevarlo a cabo, la perfección de la máquina y la ebriedad de la altura, todo lo que se refiere al orden humano se cifra en la destrucción posterior al choque.

    Al principio de Compañía de Sueños Ilimitada (The Unlimited Dream Company, 1979) un desecho de la sociedad llamado Blake roba un avión y se estrella con él en el Támesis a su paso por Shepperton. Después de unos minutos, los pasmados bañistas ven cómo un hombre emerge del río. Blake debería haber muerto si no por el impacto, por ahogamiento, pero en cambio surge con una irresistible potencia dentro de sí, un exceso de vida que hace brotar flores y animales a su paso y que se acompaña de una libido que le hace desear incluso a los niños. La gente desconfía de ese hombre magnético al que parecen seguir bandadas de pájaros exóticos y a cuyo toque una vegetación espesa y salvaje cubre el ordenado ámbito de Shepperton. Un dios pagano ha salido de las aguas despertando en los lugareños unos atavismos tan preocupantes como seductores.

    La abrumadora imaginación de Ballard brilla en las descripciones del asilvestrarse de Shepperton, con las plantas envolviendo los edificios y los coches, y la turba de aves rompiendo la quietud con sus chillidos. La presencia de Blake parece devolver a la gente y al entorno a un estado primigenio, al igual que en otra gran novela ballardiana, El mundo sumergido (The Drowned World, 1962), en la que el calentamiento del planeta llevaba a los hombres hacia una regresión a los reptiles. Enredaderas y flores no vistas antes erizan el suave paisaje fluvial de Shepperton y los pájaros parecen invitar a lanzarse al vuelo con ellos. El divinizado Blake (cuyo nombre no es casual) se propone enseñar a todo el pueblo a volar.

    Los poderosos temas recurrentes de Ballard no evitan que notemos algunas carencias en la construcción del relato, empezando por esos comienzos en los que el protagonista se hace preguntas a toro pasado (“In the first place, what did I steal the aircraft?”), típicos del autor, de los que se burlaba Martin Amis. Las abundantes descripciones de metamorfosis tienen momentos de gran intensidad lírica pero otras veces caen en lo vulgar y, al fin, en lo repetitivo. En los primeros pasos de Blake por Shepperton hay destellos de humor por su torpeza y ridiculez a la hora de intentar aparearse con todo el pueblo, como un borracho en pleno día, pero también hay frases de una solemnidad ridícula. De entrada el libro me parecía un moroso relato de un viaje de LSD (y ello a pesar de que Ballard era poco amigo de las drogas y, en cambio, un bebedor de horario de oficina) pero, según va adquiriendo tintes mesiánicos, no podía evitar la sonrojante sospecha de que se trataba de una parábola de la tarea del escritor: aquel que enseña a volar a sus vecinos. Blake se queja de que está “atrapado” en el pueblo, impedido por algún tipo de fuerza. Varias frases sugieren un pequeño ajuste de cuentas de Ballard con sus paisanos (vivió en Shepperton casi toda su vida) y, en un momento no muy afortunado, Blake se refiere a sí mismo como “ilustrado”, cuando su labor podría denominarse de casi cualquier manera menos esa. La Ilustración que propone Blake es una suerte de liberación interior a través del sexo y la apertura de la mente. Él es el gurú que ha probado la vida verdadera y la ofrece a quien quiera tomarla. Estas son las partes menos convincentes de la novela.

    Compañía de Sueños Ilimitada tiene un tono optimista que no es habitual en Ballard. A pesar de las dificultades, Blake, ese dios pagano de Shepperton, va cubriendo todo el lugar con su presencia vivificadora. Tal vez sea un resabio adorniano (Dios me libre) pero no me gusta ese éxtasis de conversiones que conduce al final feliz. Y es que me cuesta imaginar un vuelo sin caída.

  • Joder, Alvaro qué descripción tan buena.
    Me has dejado con las ganas de meterme con Ballard, del que no tenía ningún dato (cosa muy normal en mí).
    Sólo te diría una cosa, propia de ingeniero impertinente. El fuselaje de un avión no es de acero. Es de aluminio, ahora ya de fibra de carbono. Pero es un detalle estúpido en comparación con lo que has vertido.
    No conozco nada a Ballard, ni de Ballard, pero después de leer tu texto uno parece que le conociera ya de siempre.
    Impresionante.

  • Thomson & Thompson
    Lunes, 26/06/2017 a las 23:38

    No recuerdo en esa zona entre la avenida de Pablo Iglesias y Cuatro Caminos ningún bar o restaurante que hiciera chaflán. Sólo subiendo y en el lado derecho quiero recordar un restaurante ya cerrado del que no recuerdo el nombre y cuyos platos estrella eran los callos y la tortilla guisada.

    T&T, creo que el restaurante al que se refiere se llama (o se llamaba, no sé si sigue abierto) Las Batuecas. El plato estrella era la tortilla con callos, una delicia, y gracias a las recomendaciones de los habituales, se hizo con una fama notable. Era una casa de comidas tradicional, con la fama subieron los precios y era imposible comer allí sin reserva previa, pero seguía siendo una apuesta de calidad a precios moderados, nada que ver con el San Mamés. El dueño gustaba de dar la tabarra sobre sus conocimientos de la temporada del atún y otros tópicos, pero hay que reconocer que se comía muy bien, siempre salía uno satisfecho.

  • Albert
    Lunes, 26/06/2017 a las 23:10

    Bastante mejor Albert, la Holly.
    En mi opinión, tampoco. Mejor, pero no es eso.
    Rehuyo el “peripuestismo”, el que todo esté cerca de una perfección demasiado retocada.
    Esa “elegancia” que está muy retocada, muy esculpida y pulida.
    me gustaría destacar, que no estoy en contra del acicalamiento, como muestra de deseo de resaltar las dotes y resultar atractivo.
    Me parece una muestra de generosidad, pero existe una línea que no puedo definir en pocas palabras, pero sí identificar en el primer golpe de vista, que me indica donde existe una elegancia natural, convenientemente destacada, y dónde se pasa a un embadurnamiento del defecto.
    Donde normalmente se puede descubrir a una mujer en la que su naturaleza sea elegante, su físico y su atención al detalle de su esencia, lo suelo identificar primero en cómo cuida sus manos, sin necesidad de recurrir a ningún aditamento.
    Cómo funcionan sus pies, y cómo los posiciona dentro de sus zapatos, define en muchos sentidos su personalidad, que es imposible de ocultar.
    La forma en que se sienta, en cómo la gravedad parece que no afecta a su masa, cuando toma un asiento, o se levanta de él.
    Pero donde está la verdadera clase natural, es cuando le toca reir a carcajada.
    Ahí ni los trajes de chanel, ni los zapatos de Choo, ni la mejor manicura ni el trabajo del estilista de moda, pueden disimular la elegancia.
    La risa natural de las mujeres que saben que no son elegantes, debe ser reprimida a lo sumo en una sonrisa para que su vulgaridad no rompa la atmósfera.
    La mujer más sosfitiscada, la hembra más sensual, la modelo o la ingeniera, lo destruyen todo cuando se rien si no están dotadas de la necesaria elegancia natural.
    En los hombres también.

  • Zeppi, me ha gustado eso de “se comía muy bien”.
    A un restaurante y a una casa de comidas se iba a eso, a salir satisfecho, a regalarse con una llenada de estómago honesta, o a unos puntos de cocción adecuados, unos buenos productos y regarlos en buena compañía.
    El acto se ha sofisticado tanto, que ahora requiere análisis sofisticadísimos, o intuiciones lúdicas o “divertimentos”.
    Un seguir confundiendo velocidad con tocino, cuando lo que se quiere no es comer, no es un acto calórico, sino más bien lo contrario.
    Un retorcimiento del acto, a la búsqueda de una diferenciación que evite la honestidad y el talento natural, ante una competición enfocada por los premiadores y catalogadores.
    Trabajos hercúleos, retorcimientos absurdos, para poder compensar la inanidad de un demanda banal.
    Me pasa lo mismo ya con el mundo de la ciencia.
    Estudios absurdos, dispendios colosales, para evitar responder a lo elemental que nos sigue vedado. A la sobreexplotación de la falta de talentos, y a la oclusión de los talentos verdaderos, porque su velocidad es mucho más reducida que lo que demanda el titular, y la inversión con retorno anual.
    Es lo que tenemos, o juegas, o te sales. No queda otra.

  • De los dos placeres principales en la vida de los hombres, comida y sexo (de las mujeres no me atrevo a opinar, después de tantos años de convivencia con una, no parece que le apasionen ni lo uno ni lo otro; cierto es que disfruta de ambos, pero no con el entusiasmo que ponemos los varones), si los tópicos de conversación empiezan a derivar hacia uno de ellos, mal asunto, eso indica que el otro está un tanto olvidado. Desde aquí hago propósito de la enmienda.

  • No es impertinente para nada, JrG, agradezco las correcciones. Desde que publiqué el artículo (y me ha asustado un poco ver que hace cinco años ya) estoy temiendo que alguien me reproche que en realidad la figura que traza el avión cayendo no sea una parábola, término que puse a ojímetro porque la frase me sonaba bien al oído.

  • En cualquier caso una curva seguro…
    Pero Zeppi que es el más puesto te puede poner alguna descripción certera.
    Dependerá en cualquier caso de varios factores.
    El escrito es para sentirse orgulloso Alvaro, las correcciones para los que nada podemos ańadir de interés.

  • Marqués casi 1000 páginas me parecen muchas…
    Como biografía será detallada, muy detallada imagino. Pero de su vida nada me interesa, más que su faceta de músico y director.
    Y más que leer creo mejor escuchar…
    Ya contarás si lo lees.
    Yo es que ando entre tarugos de la obra de Rodin, y revisándome los PF y su larga cantidad de plásticos…

  • Toscanini fue un gran depredador sexual, esa faceta de su vida es bien interesante. Es un genuino “dichter”.

  • Como Karajan…al que además los deportivos también le seducían…
    Son machos muy alfa los directores de orquesta (al menos los de esa época).
    Seguramente todo en su vida lo tomen de la misma forma, o al revés.

  • Una cosa del artículo de Marías. Dice Marías así:

    Hoy, con ocasión de su centenario, sufrimos una campaña orquestada según la cual Gloria Fuertes era una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio. Quizá yo sea el equivocado (a lo largo de mi ya larga vida), pero francamente, me resulta imposible suscribir tal mandato.

    Y remite a esta presentación de un Babelia. El Babelia no lo he leído y pudiera ser que esté lleno de despropósitos y hasta delirios, pero del texto vinculado es imposible sacar la conclusión de que se la considera «una grandísima poeta». Que no es solo la figura televisiva de los poemas infantiles que hacía como churros para ganarse la vida, que hay otra faceta literaria suya que se conoce poco, nos pertenece por herencia y merece ser conocida, segurísimo. «Tomarla muy en serio». Tomarla en serio, me pregunto por qué no. Me gusta Gloria Fuertes y me importa una mierda que a Marías no le guste; lo que jamás hubiera imaginado es que su reivindicación sea feminista. Creo que es literaria y está bien fundada, y creo también que Marías hace trampa con el escandalito del «mandato».
    Marías, eres libre. Trust me.

  • marquesdecubaslibres Martes, 27/06/2017 a las 13:05

    Coño, Marqués, a ver cuando en vez de los pinkflois monta un festejo para los jackbruces.

  • “Tal vez sea un resabio adorniano (Dios me libre) pero no me gusta ese éxtasis de conversiones que conduce al final feliz”.
    Álvaro, puede aclararnos lo del “resabio adorniano”. Gracias.

  • Marqués, la verdad es que no sé muy bien qué quería decir con eso. Discurriendo un poco bastante, me parece recordar que Adorno criticó el final feliz (en las artes; sobre los masajes creo que no se pronunció) como una concesión al sentimentalismo burgués, al mal gusto, al kitsch, una manera de reconciliarse con el público para que todas las emociones padecidas durante la obra se anudasen al final, con la elegancia de una corbata, dándole un sentido redentor y balsámico al conjunto que le ponía hecho un basilisco: la obra artística ha de ser personal y áspera como un examen de próstata, tiene que dejar al burgués desconcertado y, mucho mejor, cabreado como un mandril gritando ¡Que me devuelvan MI dinero! Total, que lo que quise decir ahí, de la manera más pedantesca que encontré, es que no me gustó el final pero no porque tenga nada en contra de los finales felices: ya que hablaban de Desayuno con diamantes, me la suda que se reúnan o no la tísica de Audrey Hepburn y Aníbal el de El equipo A, pero que al gato no lo abandonen lloviendo, coño.

  • Alvaroquinn, es como lo cuentas: Adorno propuso cambiar en el sentido que dices el final de una de las óperas de Mozart (creo que Don Giovanni), con una visión ridículamente extemporánea.

  • A pocos metros del Gulbenkian de Lisboa hay un mercado municipal. En tal sitio, en la primera planta había hace unos quince años un restaurante especializado en pescados. Nos habían recomendado que fuéramos temprano, porque el género se agotaba rápido, pero que era una visita obligada pues tenían el mejor pescado cocido o a la brasa de Lisboa. Su funcionamiento era un poco peculiar pues no disponían de carta, los manteles eran de papel y la carta de vinos se limitaba a tinto o blanco. Tras una complicada ceremonia de bienvenida -muy del gusto de los nacionales-nos acomodaron en una mesa situada al lado de una baranda con vistas al bullicio del mercado. Instantes después se acercó el camarero nos puso dos platos y un caldero donde humeaba una soberbia sopa de arroz de “tamboril” (huesos de rape) y nos preguntó ¿Qué desean comer los excmos. senhores? ¿Qué tiene? Respondí y el tipo, sacando medio cuerpo por la barandilla, nos señalaba los puestos a la vez que decía: ¿Ve aquellos lenguados? son muy buenos, ¿Le apetece el mero del otro puesto? ¿El róbalo que tiene el senhor grueso de las patillas? es un gran pescador…

  • Cometarios no tan random:

    Gómez: Gracias caballero por todo; además una crítica es siempre una deferencia muy superior a la vulgar indiferencia. que voy a confesarle, he padecido entre muchos llamados ‘amigos’. Ahhh y en nada que ver: Recuerdo en las Memorias de Billy Wilder cuando le preguntaron porqué contrataba a Marilyn ya que era casi incapaz de recordar partes sencillas del guión, dijo: Mi madre tiene una memoria prodigiosa, pero no es Marilyn Monroe. Grande!

    Gengis: suscribo sus palabras y me pregunto: hoy en día qué conviene estudiar y para qué? porque como no sea para el suyo beneficio’ (como diría Don Mariano) el placer de concocimiento es sólo personal. que no es poco. creo que me he autorespondido. muy yo. 😉

    Srta. BellPuig: DuVal, viene por Jeanne Duval y por Robert Duval. Ahora también le comento que me han invitado al desfile de Punto Roma, y sí: he aceptado.

    Chino Cudeiro: EL DORSIA, no me diga Ud. más: HECHO.

    Mis saludos a todos y si gustáis y Don Perroantonio me acepta el ofrecimiento, otro día puedo escribiros algo de Los Cantos de Maldoror, a mi aire por supuesto ya que una tiene sus debilidades.

    ps. Pendiente lo del Avión.

  • Don Giovanni condenado a desfilar en el día del orgullo gay en Madrid, sería espantoso…mayor condena que el infierno, es el infierno gay folclórico.

  • Si yo fuera un gay, estaría totalmente en desacuerdo con el tema este de la “visibilidad” y las zarandajas de congregación.
    No se va a poder ser un gay, tranquilo, discreto, incluso aburrido, un tío normal vamos..?
    O para ser gay o lesbiana es necesario ser promiscuo y exhibicionista y marchoso…?

  • Tras la bajada a los infiernos del burlador, la ópera mozartiana añade una última escena (atención Holm) en la que una especie de coro nos recuerda que los malos acaban en el averno. Esta escenita, brillante musicalmente, ha sido preterida por algunos directores de escena empachados de “resabios adornistas”. Hoy es raro tal atrevimiento pues se busca la representación historicista.
    Dios mío, ¿porqué soy tan sabio?

  • Ella me lllamó para decirme que le habían regalado unas entradas, magníficas, casi de primera fila, para un concierto que se celebraba en los jardines del Palacio de Pedralbes.
    –¿Quién toca? –pregunto.
    –Los Pet Shop Boys –dice.
    Bueno, no voy a decir que me maten. La verdad es que ni siquiera me gustan, si a eso vamos. Pero si hay un lugar en Barcelona mágico para mí, ese es el Palacio de Pedralbes. Diré más: mi primer recuerdo, el que identifico como más antiguo de mi vida, ocurrió precisamente en las fuentes que hay justo en la entrada, paseando con mi padre, madre y hermano con un coche amarillo de plástico en la mano. Arrojo el coche al agua y miro cómo flota… Soy feliz… Por alguna razón misteriosa razón, cada vez que busco ese recuerdo me produce una felicidad imposible de describir con palabras.
    No hay un lugar mejor en el mundo para mí.
    –Vale –le digo–. ¿A qué hora es?
    El día del concierto, me retraso un tanto por un problema de última hora. Ella me espera junto a la verja de entrada con las entradas. Tras pasar el control de seguridad, una especie de carrito de golf nos conduce hasta el lugar del concierto, que acaba de comenzar.
    Justo antes de llegar a nuestras localidades, escucho cantar al grupo:
    You’d catch ‘em surfin’ at Del Mar
    Ventura County line
    Santa Cruz and Trestle
    Australia’s Narabine
    All over Manhattan
    And down Doheny Way
    Everybody’s gone surfin’
    Surfin’ U.S. A.

    –¿Seguro que son los Pet Shop Boys? –pregunto.
    Veo por su cara que no lo tiene muy claro. Coge las entradas para mirarlo.
    No, no eran los Pet Shop Boys.

  • A ver, cambiemos el sujeto del estudio: O para ser heterosexual es necesario ser promiscuo y exhibicionista y marchoso…?

    ¿Por qué cojones han de ser siempre los que se lo pasan bien los que renuncien, los que se batan en retirada? Hacen bien. Si las armas siempre han estado del otro lado: horcas, policía, cárcel, leyes… ¿Qué daño pueden hacer unas pobres plumas?

  • Leí en una biografía de Schoenberg que durante un concierto del núcleo duro de la Segunda Escuela Vienesa el público se alborotó más que de costumbre (se conoce que pasar de los valses del clan de los Strauss a disonancias que espantarían a un perro no fue del gusto de todos) y hubo quien adquirió una agilidad simiesca para ir brincando por encima de las butacas hasta llegar a donde estaban los músicos y poder partirle la cara a alguien. Calculo que más de uno se quedó con ganas de hacer eso con el funerarias del crítico y dejar la pared estampada de resabio adorniano.

  • El día del orgullo gay o lesbiano o de los ganadores de la liga de fútbol es un desproposito para las personas gays, creo yo.
    Es el culpen de la no integración y de la excepcionalidad.

  • Satur, espero estés viendo a Ñíguez junto con el sobrino-nieto de Paco Gento, más conocido como Marcos Llorente.
    Qué equipazo. Viva Franco y viva España.

  • Leyendo ayer comentarios sobre el orgullo gay y sus manifestaciones, hubo uno que me hizo mucha gracia. Decía algo así como que si queda algún hetero por ahí, saludos de mi parte, debemos quedar tres.

  • Soy lesbiana activa, gusto usar el arnés y voy a cenar un menú barato en Arce (Chueca). World Pride.
    Que paren er mundo, que me bajo.

  • Estoy pendiente de moderación -hace horas- bajo un nombre inquietante: ‘que’. Y puesto que soy nueva habrá sido cosa de mi dedo rapaz … y tal vez por eso sigo en estado de moderació? Pero mejor así, porque le comento a Antonio que si mi texto, cesto o bolso le ha gustado. Ud. a mi también. Soy así, imparcial ;).

  • Bellpuig, mujer, que hay media docena de comentarios en moderación del último mes. Y tampoco han salido Los Papeles desde el mes de abril. A ver si espabilamos un poco, que para cobrar la nómina bien atenta está.

  • Ya está su comentario, señorita Duval. Usted envíeme a mí sus futuras colaboraciones. Si nos fiáramos de los gustos de los señoritos sólo publicaríamos pornografía y crímenes. ¿A nadie le gustan los relatos de mansiones con mujeres sensibles y camelias? ¿Pero en qué mundo vivimos?

  • Esto de Horrach:

    Miércoles. Prosigue sin freno la estupefaciente unanimidad en el error de los medios, que prolongan la falacia del CGPJ de considerar que toda denuncia de violencia doméstica implica una culpabilidad segura… a pesar de que las condenas sobre el total de denuncias no alcance ni el 25 %. Este dato crucial nunca lo exhibe el CGPJ, que sólo publicita el porcentaje de condenas a partir de los casos que van a juicio, obviando quehay mayoría de sobreseimientos. Ya es tradición consolidada invertir la carga de la prueba y negar la presunción de inocencia, así que a este ritmo,si basta con denunciar para ser víctima sin esperar a que se pronuncie eljuez, podemos cerrar hoy mismo los tribunales, que son muy caros, y a cambio erigir expeditivas y baratas piras sacrificiales en todas las plazas.Un sospechoso, un culpable.

    ¿Esos sobreseimientos del 75% por qué son: la justicia considera las denuncias como falsas o sin pruebas, las denunciantes las retiran? ¿Un 25% de condenas sobre denuncias el un ratio normal? La verdad es que no termina de aclararse uno.

  • A mí me gusta Gloria Fuertes. ¿Vale eso?

    Por cierto, un comentario para todas las personas humanas que nos leen. Me he hecho con la aplicación «El Parking» y estoy encantado. Se acabó el rollo del parquímetro, con las monedas y la lectura de la tarjeta que siempre da errores. Buscas zona de aparcamiento con el móvil y pagas también mediante el telefonino. Que lo sepáis.

  • Srta. Bellpuig, le tomo la palabra y no sabe cuánto se lo agradezco. Porque también odio que interrumpan mi serie favorita. Y sí a las camelias, que si de Chanel aún mejor.
    “…Camelia, como buena católica que era, entendió a la perfección las palabras del cura; sin embargo no se sentía muy cómoda de revelar el crimen que acaba de cometer, por la vergüenza que le ocasionaba admitirse asesina.. Y todo por un arranque de ira imposible de controlar.” Camelia la Tejana.
    No se salvan ni las camelias. Esto es el fin!
    Buenas noches Srta.Bellpiug

  • Si hay algo digno de admiración en el alcalde de Blanes, es ese talante multiculturalista que le permite asegurar que el mismo respeto que merece la cultura del esfuerzo y del ahorro, a la que acompaña un nivel de vida alto, lo merece también la apuesta por la calidad de vida que con tanta sabiduría han fomentado y perfeccionado las culturas del sur. Esa amplitud de miras, que hace del alcalde un cosmopolita, lo sitúa en una posición inmejorable para entender a sus primos de Granada.