PEGANDO FUERTE presenta: Spanish psycho

CHICOPATA
Por Anna Du Val.
Abandon all hope ye who enter here is scrawled in blood red lettering on the side of the Chemical Bank near the corner of Eleventh and First and is in print large enough to be seen from the backseat of the cab as it lurches forward in the traffic leaving Wall Street and just as Timothy Price notices the words a bus pulls up, the advertisement for Les Misérables on its side blocking his view. 
American Psycho, Bret Easton Ellis.

 

Quiero hablar de Patrick Bateman.

Quiero hablar de que más vale leer un buen libro mil veces antes que leer mil libros malos.

Quiero decir que un buen libro se caza a la primera. Desde la primera frase, como arquero zen. No hace falta ejemplos pero cito algunas de mi selección de obras maestras indiscutibles, desde la primera frase:

– ‘Anoche soñé que volvía a Manderley’

– ‘Yo tuve una granja en Africa’

– ‘It is universally acknowleged that a single man in possesion of a good fortune must be un want of a wife’

Hace mucho tiempo que perdí la cuenta las veces que he leído estos clásicos. Ültimamente estoy algo obsesionada con Patrick hasta el punto en que me quita el sueño y no me deja dormir y no de miedo. De fascinación y tal vez sí, una cierta aprensión ante este enamoramiento que me hace palpitar hasta profundidades del alma que todos sabemos bien cuáles son. Me he enamorado. Y le quiero y le quiero.

Me he enamorado de un psicópata. Blanco, rico, inteligente, de casa buena, pijowaspy, con buen gusto tanto en el vestir como a la hora de elegir ya sea un restaurante, mascarilla facial, una canción… De Patrick me gusta todo. Todo es perfecto en Patrick. Porque Patrick Bateman es como yo, un ‘yo’ superior -faltaría- ya que no hay amor sin profunda y abnegada admiración.

El amor que todo lo comprende y relativiza no es de mi cuerda. No relativizo nada, no comprendo gratuitamente nada. Como tampoco busco la beatificación popular de mis actos. Los acepto con sus consecuencias, en ocasiones malas, otras no tanto. Pero reconozco que mi Patrick sufre casi o tanto más que yo. No hace falta que os diga que él pide a gritos ayuda -y se equivoca al pedirla a su abogado, allí no estuvo muy acertado. O sí? Porque un abogado, nuestros abogados, han de velar por nosotros. Ahora que lo pienso bien… mi abogada… ya, no es que sea mujer, es que simplemente es idiota y yo la reina de las idiotas por acudir a ella. Revisitando mis pecados que son muchos y variopintos desde mi Manderley -que no Brideshead- me doy cuenta que Patrick tiene hasta el mejor de los abogados, como debe y merece. Porque el sufrimiento espiritual, nada tiene que ver con las leyes que nos rigen y regulan. Un abogado no es un gurú, pero es el mejor gurú que puedas pagar.

Creo que cuando leí ‘Menos que cero’ lo que más me sorprendió fué la edad de su escritor. Sentí algo parecido a la envidia, la cara oculta de la admiración. Yo quería ser Bret pero no pudo ser. Pero sí puedo ser Patrick Bateman, permitirme al menos un día de furia contra lo chabacano y lo muy hortera en que se ha convertido el ambiente que me rodea, que me repatea

-¡¡En la cara no, puta!!- grita Patrick.

La prostituta se defiende como buenamente puede -a quién en su sano juicio se le ocurre irse de corredizas con un desconocido que lleva guantes? Yo no llevo guantes. Pero sinceramente, creo que debería.

Me llamo Anna Du Val. Tengo cincuenta años, madre de dos hijos y sí, tuve una granja en Africa. Ah, y por supuesto, alguien tiene que hacer el trabajo sucio.

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