¡Burrum, burrum! (Apuntes sobre el ruido)

Boom2
Por Perroantonio.

Queridos lectores, deseadas lectoras, con la autoridad que me confiere mi absoluto desconocimiento del tema sobre el que ahora escribo, puedo afirmar y afirmo que ruido es cualquier sonido que, emitido a destiempo, molesta al oyente.

Supongo que a ustedes, personas de elevada formación intelectual y aún más elevado espíritu poético, esta definición les habrá parecido pobre. Adviértase que en ella he omitido características que habitualmente suelen intentar describir con precisión científica el ruido, como la desarticulación del sonido o la desorganización de su emisión. Por el contrario, y desatendiendo a las normas que habitualmente rigen la comunicación científica, he introducido dos adjetivaciones, una nominal, «molesto», y otra adverbial, «a destiempo», que no son características propias del sonido en sí, sino de la percepción psicológica del oyente.

Repito: cualquier sonido puede considerarse ruido cuando molesta al oyente, y la causa principal de que se convierta en molesto es su inoportunidad. Una explosión, la percusión de un martillo neumático o la caída al suelo de una batería de cocina no serán ruido si estamos viendo una película, sino banda sonora pertinente y cargada de significado, mientras que la «Gymnopedie» de Satie interpretada a las tres de la madrugada por un vecino ya no es música, es decir, sonido modulado mediante variaciones intencionadas de timbre, intensidad, duración y altura, para producir ritmos, cadencias, armonías, melodías y pautas, sino puto ruido de los cojones, cabrón de mierda, que te voy a meter el piano por el orto.

Quizá un observador ingenuo se hubiera atrevido a definir la música como lo contrario al ruido, pero como ha quedado brillante y tal vez extemporáneamente expuesto en el párrafo anterior, serán el oyente y su percepción personal quienes así lo establezcan. El sentido común llevaría al lector no avisado a definir algunos trabajos de John Cage como ruido y como silencio su famosa interpretación «4′33″», pero el lector espabilado rápidamente entenderá que cualquier sonido emitido (o no) por un músico en una sala de conciertos con espectadores es, sí o sí, música, independientemente de cualquier otra de las características de tal sonido o ausencia de él, sea la explosión de un tubo de dinamita o un raspado de uñas sobre una pizarra.

Bien, llegados aquí y aunque resulte divertido transitar por el sendero de las pajas conceptuales para acabar alelados contemplando el precipicio de la sinrazón, conviene que apartemos por un momento nuestros vasos de whisky para regresar al tema principal, que a estas alturas ya no tengo claro cual era ni tampoco adónde pretendía llegar.

Pero antes, una breve acotación más: también podemos definir el ruido como una contaminación, es decir, como la percepción negativa de la alteración de un estado. No es necesario insistir en el carácter psicológico de las percepciones. Para un bañista, que el río se vuelva verde o negro por la proliferación de algas y bacterias es una contaminación, para quienes se alimenten de ellas, una bendición. El explorador científico no dejará de alabar la cantidad de nutrientes naturales que aporta el Río Negro al caudal del Amazonas pero se ciscará en lo más barrido si tal fenómeno natural, ahora descrito como putrefacción, se reproduce en su piscina. La percepción de las cosas, queridos todas, depende del contexto o, como decía con más gracia Jim Thompson en El asesino dentro de mí —en una cita que pretendo convertir en inmortal a base de reiterarla machaconamente— «una mala hierba es una planta que no está en su lugar. Si encuentro una amapola en un campo de trigo es una mala hierba. Si la encuentro en mi jardín, es una flor…».

De acuerdo, ya sabemos que es el oyente quien decide lo que es o no ruido. Y también sabemos que los sonidos, una vez articulados, modelados y organizados, pueden convertirse en comunicación y en música. O sea, que no hay que ser un lince o en su caso cualquier otro felino con menos fama de astuto, como un gato montés, o tal vez un cánido como un zorro, para acabar deduciendo (no, creo que de esto no serían capaces ni el lince, ni el zorro y ni siquiera un loro al que hubiéramos enseñado a hablar), no hay que ser muy listo, decía, para deducir que es la inteligencia, tanto la de emisores como la de receptores, la herramienta principal para articular, decodificar y, en última instancia, «dar sentido» a los sonidos. Todo es ruido hasta que no se demuestre lo contrario. Mientras no podamos decodificar los sonidos que emiten, las ballenas cantan, las ranas croan, los perros ladran y los vecinos rebuznan, es decir, hacen ruidos.

No me extenderé más. Este tema resultaría apasionante si no llevara ya media hora aburriéndome como una oveja. Al parecer, las que se divierten son las cabras. Les dejo pues, tras esta absurda introducción, los apuntes que fui realizando sobre unas servilletas del café teatro Old Whisky Tabern Bar, efectivamente una franquicia china, mientras mis acompañantes escuchaban arrobados las evoluciones sonoras de la banda tributo «Los Trollin’ Stones». Creo que el whisky también era chino.

LEY GENERAL

A menor inteligencia mayor ruido. A mayor complejidad, menor ruido.

ANOTACIONES MUSICALES
  • A menor pericia instrumental, mayor ruido.
  • A menor complejidad musical, mayor ruido.
  • Si no sabes tocar, haz ruido.
  • Si no sabes tocar y tu ruido no se distingue del ruido de los otros, salta.
  • Si no llama la atención, tu instrumento debe ser más grande.
  • Si no llama la atención, que tenga colores vivos o brille.
  • Si tiene colores vivos, brilla y es más grande, ya no hace falta que lo interpretes, pon un playback, frunce el morro y haz como si tocaras la guitarra de aire.
ANOTACIONES CON MOTO
  • Si tu moto es pequeña y no corre, que haga ruido.
  • Si tu moto es grande y potente, acelera a tope en las calles para que se note.
  • Si tu coche es una mierda, que haga ruido.
  • Si tu coche es una mierda y no hace demasiado ruido, pintalo.
  • Si tu coche es una mierda, no hace demasiado ruido y no llama la atención ni pintado, ponle un alerón.
ANOTACIONES LABORALES
  • El trabajo que no produce ruido es trabajo invisible.
  • Todo trabajador que no produce ruido es un trabajador invisible, es decir, inexistente, y por tanto prescindible.
  • En los recortes de plantilla se prescinde de los trabajadores invisibles: haz ruido.
  • Los trabajos manuales deben organizarse en función de su producción de ruido, primero los ruidosos o brutos, luego los menos ruidosos o de refino y finalmente los silenciosos o decorativos.
    Siguiendo esta misma secuencia, el horario de trabajo dentro de la jornada ha de comenzar siempre con gran estrépito pues es necesario que todo el mundo advierta que alguien ha empezado a trabajar mientras los demás, cabrones, aún duermen o vegetan.

    • Es imprescindible poner en funcionamiento la maquinaria pesada a primera hora del horario de trabajo, aunque luego no vaya a utilizarse.
    • Esta maniobra es necesaria para comprobar el correcto funcionamiento del motor a la máxima potencia y sirve para engrasar las válvulas, comprobar las transmisiones, desatascar las toberas y evaluar el eco que produce la maquinaria al rebotar su sonido contra los edificios en el aire aún limpio y comprimido de la mañana.Así, a primera hora y con la finalidad de despertar al propio trabajador y ponerlo en posición de alerta, así como de poner en estado de evacuación a los vecinos, se debe proceder a:
      • La comprobación y puesta a punto de maquinaria pesada, para que esté pronta a utilizarse cuando luego, posteriormente, se necesite aunque no fuera o fuese necesario.
      • La comprobación del correcto funcionamiento de las herramientas de percusión, corte y pulido: martillos, mazas, cizallas, sierras, amoladoras, aspiradoras, sopladoras, toberas, bombas, cohetes, etc.
      • La comprobación de la calidad de los materiales vibrátiles, preferentemente vigas y planchas metálicas,  que se encuentren en el espacio de trabajo, tarea que se realizará mediante percusión repetida y salvaje sobre ellos.

Posteriormente y una vez pasada la primera hora de revista sonora de todos y cada uno de los trabajadores, herramientas y maquinaria productora de ruido, se procederá a iniciar la jornada de trabajo propiamente dicha tras veinte minutos de silencio dedicados a la ingesta del bocadillo.

ANOTACIONES POLÍTICAS
  • El ruido es la guerra por otros medios.
  • Un político invisible es el equivalente a una moto silenciosa. Para hacerte notar, haz ruido.
  • Si no tienes ideas, haz ruido.
  • Si tienes ideas y son malas, haz más ruido.
  • Como norma general, haz siempre ruido.
  • Cuando tengas que hacer lo que no deberías, invisibilízate, no hagas ni un solo ruido.
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