Música en prosa

Música OverPor Fernando García Alonso.

La valenciana editorial Pre-Textos justificaría su sola existencia por haber publicado los diarios de Andrés Trapiello, que en esta casa han procurado minutos de gloria al ser glosados por su protervo enemigo. Pero es que además esta editorial cuida los detalles como pocas, véase si no el libro al que me quiero referir, Alban Berg y sus ídolos, de Soma Morgenstern. Para empezar tienen como tipógrafo al propio Trapiello y nada menos que a Eduardo Gil Bera como traductor-anotador (a lo Rudy Fernández, ya se imaginan). Por si fuera poco, el epílogo lo firma Félix de Azúa y las (otras) notas y el posfacio, Ingolf Schulte.

Los ídolos de Berg eran nada menos que Mahler, Loos, Karl Kraus y sobre todo Arnold Schoenberg. Éste fue el que bautizó a la música atonal como “música en prosa”, y tuvo como conspicuos discípulos al propio Berg y a Anton Webern. Morgensten era un judío gallego (de Galitzia) que era periodista y bohemio y andaba todo el día enredando entre todos estos personajes. Tiene mucho interés sus cartas y conversaciones con Berg, donde se puede conocer en detalle cómo se gestó la ópera Lulú después de su gran éxito con Woyccek. El pobre Berg no pudo terminarla pues murió a los cincuenta años a causa de una forunculosis mal tratada. Fue su propia esposa la que le provocó la mortal septicemia al manipularle el forúnculo con una tijeras caseras. Sin embargo ella le echó la culpa a un “médico judío”, pero Morgensten nos deja claro en el relato que no fue mas que una treta para eximirse de responsabilidad.

Son interesantes también las disquisiciones sobre el origen de la atonalidad. Los protagonistas aseguran que ya en Wagner (sobre todo en Tristán e Isolda), en Mahler y en Bramhs, aparecen los primeros atisbos antes de que Schoenberg sentara sus bases teóricas. Theodor Adorno, que andaba también por allí, llegó a ser discípulo de Berg y escribió mucho y bien sobre el asunto, aunque sus dotes musicales dejaran mucho que desear. Por supuesto el nazismo y la catalogación de esta música como “degenerada”, son el telón de fondo de esta apasionante historia.

En suma un libro apasionante y bellamente editado, como es costumbre en Pre-Textos. Lástima que en la cubierta posterior echen un buen borrón al fijar la fecha de nacimiento de Morgenstern en 1980, cuatro años despues de su muerte.

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