Una de seis

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Por Tipotrueno.

Aquí me hallo, pistola en mano, dándole un toque dramático al final mi vida. Me ha costado horrores conseguir una. En el cine, da la semblanza de ser algo nimio, se pueden conseguir armas con facilidad. En la realidad, y en España, no es tan fácil. Llegué a pensar en buscar otras alternativas, pero qué le vamos a hacer, soy un romántico y me gustan los finales épicos.

Ratatatatatata… ta… ta… ta… ¡Clic!

Desde el balcón de mi piso se ve perfectamente el parque que parece animarse. La luz, queda y cálida, amplía la belleza de las mujeres que pasan, y por qué no decirlo, de algunos hombres también. Muchas arrastran carritos con niños; no les resta erotismo. Otras solo miran su aparato demoníaco. Ese interés febril hacia un rectángulo metálico me intriga. Me ha pillado desactualizado. Tardío ante tal magnitud tecnológica. A mi edad las vicisitudes del tiempo son muy amplias y ya no me queda nada que expresar. Lobo y cordero en un mundo de ceros y unos.

Ratatatatatata… tata… ta… ¡Clic!

Debí de haberme casado y no haber jugueteado tanto entre tacones y faldas. Ahora, seguramente, tendría dos varones, fuertes, inteligentes, leales, amables y guapos. Sobre todo guapos. La vida me ha mostrado que para la gente guapa es más fácil caminar. Se le abre paso con solo una mirada, una sonrisa, no necesitan de la dialéctica para conquistar. Ellos son los reyes; los dioses del resto de los mortales. Sus contoneos solapan la cultura, colapsan los medios. Ellos no observan nunca. Solo son admirados y observados. En cambio, si no eres guapo, tienes que aprender. Y observar. El otro día (ayer), paseando por el interior de una galería de arte, contabilicé 103 desnudos, con sus curvas, turgentes, blanquecinas, expresando la suavidad y pureza de las mujeres y hombres que posaban para el artista. Todos bellos. Todos dioses. Me limitaba a observar, sin opinión ni comprensión. Solo observar. Creo que la opinión si no es solicitada es denostar la propia creación. También decir que, una vez expuesta la obra, indirectamente, se solicita un criterio. Siempre he sido de los que menosprecian las demás expresiones artísticas, menos la literatura, por supuesto. Me he dedicado a la lectura y el estudio. Tempranas aventuras de piratas, pasando por los senderos de la novela vulgar e insulsa, para luego acabar enzarzado en las tramas psicológicas de Dostoievski. ¿Estaré así por su culpa? ¡Ja! Me resulta gracioso culpar a un escritor, perturbado y muerto hace tiempo, de mi podría amargura. Va un poco más allá. Se centra, más bien, en que estoy hastiado. Y solo. Mi limitado cerebro y mi banalidad reiteran mi propia decisión. Al fin y al cabo a nadie le importa. No dejo descendencia. Todo lo que he escrito apenas tiene relevancia. No tengo deudas y endeudados. Hace un par semanas que mi único amigo murió debido a un cáncer de pulmón. Entre dolores y pesadillas febriles, revisaba con los ojos a todos sus familiares y amigos (yo) que esperábamos pacientes a la parca. Mi error fue mirarlo directamente a las pupilas, atravesando el cristalino, donde aguardan infinitas impresiones junto a un gran vacío. Desapareció, y no hay vuelta atrás. Las lágrimas, de una incoherencia científica, inundaron la habitación y la pena tocó mis sentidos. Antes lo tenía a él. Ya no.

Ratatatatatata… tat… ¡Clic!

Hace un día precioso. ¿Tendría que haber elegido otro tipo de final? No. Repito, me gustan los finales épicos. Ahorcarme, por decir otra opción, al no visitarme nadie, habrían tardado en descubrirme y, sinceramente, aún a las puertas del abismo, tengo cierto pudor, y mi estado físico, después de unos día pudriéndose, no quedaría en buena posición que digamos. El disparo lo van a oír. Eso los alertará y enseguida alguien entrará y podrán acercarme a la morgue. Por otra parte, es irónico que me preocupe mi estado después de muerto. La moral y los cánones sociales me siguen haciendo mella. ¿Están tan fuertemente aferrados a nosotros? En mi caso puedo decir que sí. Hay ciertas cosas que nunca me han importado. Esa sí.

Ratatatatata… taa… taa… ¡Clic!

Una opción entre seis. La inmensidad del universo cuestionada con la probabilidad. Siempre me ha gustado el concepto de causalidad o casualidad. Es lo mismo. O es consecuencia directa una de la otra. La causalidad, incluida dentro de un subconjunto más amplio como puede ser el caos, está contenida dentro de la casualidad, y ésta a su vez forma parte de la causalidad, y así, derivando un número finito de sucesiones, alcanzamos el componente primordial que conforma cada partícula. Lo escribí en uno de mis ensayos. No llegó a ninguna parte. Seguramente no tenga ningún tipo de sentido. ¿Causalidad o casualidad de mi estado? No. Ambas… Hace un tiempo me cuestioné, interioricé, cual o cuales serían mis últimos pensamientos antes de morir. Divagaba con imágenes rodeado de eruditos, libre pensadores, siendo alabado y ensalzado, vanagloriado, donde mis últimas palabras quedarían reflejadas en los libros de historia, de filosofía. El prestigio. ¿Quién no ha soñado alguna vez con el éxito? ¿Con la inmortalidad que otorga la nombradía? No lo alcancé, y ahora me avergüenzan mis pensamientos finales, tan simples e insípidos…

Ratatatatata… taa… taa… ¡Clic!

Vaya… tengo una macha en el pantalón. Los de la tintorería no trabajan muy bien ¿Me los quito? No. Me gusta esta ropa. Traje de lana de color negro estambre con chaqueta de dos botones, solapa de muesca, bolsillo delantero con respiraderos traseros, y pantalón de frente plano y dobladillo llano. Sin corbata. El yugo, que ahoga, nunca me ha gustado. Ahora ya es tarde para cambiar. Dicen que la mente se asienta y que las costumbres se aferran al ser. Es difícil escapar de uno mismo. Los miles de “yo” contenidos en un solo recipiente son arduos de contener. Escucharlos a todos es enloquecer, no escuchar a ninguno es ignorancia. No sabría juzgar cual es el peor de todos. No me atrevería a juzgar… Mi corazón bombea sus últimas cantidades de sangre. Lo siente. Pertenece ya a otro mundo. Estoy decidido y preparado. Dicen que es un acto de cobardía. ¿Pero si no te queda nada por hacer? ¿Si no te queda nadie?¿Seré señalado y humillado?¿Acabaré perdido en la penumbra de la vasta humanidad? Maldita mancha. Mi traje de color negro estambre estaba impoluto y ahora…

Ratatatatata… ta… ta… ta…

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