Un liberal corrupto

Por Fernando García.

Arturo Marián Llanos, un vanguardista crudo, me trató durante los 12 años que convivimos con indisimulado desprecio. Me consideraba el epítome del liberal corrupto y desde luego no le faltaba la razón. Lo mas curioso de esta relación es que yo le había salvado literalmente la vida al menos en cuatro ocasiones. Mi primer contacto con él fue en 2004 cuando le contraté para pintar unos murales en el Zulo.

La primera vez que le salvé la vida fue ese mismo año, cuando a través de mi amigo el psiquiatra Luis Caballero le tratamos de su adicción al alcohol y la cocaína. Luis le prescribió algunos psicofármacos y un entorno familiar estable que fue el de mi propia familia. Aquello no fue fácil, mis hijos eran adolescentes y llegó a agredir a Elvira, mi mujer, que era su principal cuidadora. Le dio un cabezazo y le rompió la nariz. Esto no lo supe hasta después de su muerte, cuando Elvira me lo confesó, durante años me habló de una caída por unas escaleras durante un Congreso Médico. A pesar de todo esto Arturo logró salir de sus adicciones y tener una vida estable junto a nosotros.

La segunda fue en 2009 cuando conseguí sacarle de la cárcel gracias a las gestiones de mi amigo el cocinero Andrés Madrigal, el cual por haber pasado él mismo por ella tenía unas excelentes relaciones con Mercedes Gallizo, la entonces Directora General de Prisiones. Arturo había vuelto a la cárcel como consecuencia de haber dado positivo en un control rutinario de drogas. Estaba en libertad provisional y aquel positivo a cannabinoides hizo que el juez decidiera volverlo a encerrar. También presionamos al juez a través de un artículo en El Mundo que escribió mi amigo Arcadi Espada. Entre una cosa y otra conseguimos que le dejaran salir de la cárcel, argumentando su mal estado de salud.

La tercera fue en 2010 cuando Arturo fue diagnosticado de un linfoma y sometido a un trasplante de médula ósea en el Hospital La Paz. Su estado se agravó y fue llevado al UCI donde los intensivistas amenazaban con intubarle, lo que hubiera supuesto una muerte casi segura. A través de mi amigo el internista Antonio Gil Aguado conseguimos entrevistarnos con el Jefe de Servicio de la UCI y convencerle que le sacara de allí. Era un caso claro de mala praxis pero solo mis influencias consiguieron solucionar el asunto.

La cuarta y última fue en 2015 cuando volvió de Gijón de visitar a su madre con un cuadro de insuficiencia cardiaca derecha. En Urgencias de La Paz se negaban a ingresarle y tuve que hablar con mi amigo el Gerente del Hospital Rafael Pérez-Santamarina para que lo subieran a Medicina Interna. Después de quince días pudo regresar a casa ya recuperado. Digo que fue la última porque en la siguiente ocasión ya no pude hacer nada. Su cuadro clínico empeoró, hizo una insuficiencia respiratoria como consecuencia de una fibrosis pulmonar avanzada probablemente inducida por el consumo en el pasado de crack, y falleció en la UCI del Hospital Infanta Leonor de Vallecas en febrero de 2016. Arturo permaneció siempre fiel a su afición a lo que él llamaba despectivamente “los hoteles del Estado”.

Como habrán visto tengo muchos amigos influyentes, esto es lo propio de un liberal corrupto. Lo cierto es que me corrompí en una época muy temprana. Como diría mi buen amigo, el economista y matemático Juan José Rodríguez Calaza, “la primera vez fue sin mi consentimiento”.

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