Mc Loma investiga (Capítulo 342: El misterio del roscón de Reyes)

El roscón de Reyes(Resumen de lo publicado: tras la detención de la mujer que asesinó a Lord Mortadelo Tisdale-Burton mientras éste bailaba la conga en una recepción del cuerpo diplomático, Ricardo Mc Loma se encuentra presente cuando un empleado de Fecsa Endesa es encontrado muerto en la biblioteca de la residencia de verano de la condesa de Saint-Laury durante la celebración de un concurso de cerdos de carreras. Tras su investigación, el musculoso detective llega a la conclusión de que el autor de los asesinatos no es otro que Sir Nicolau Newman, un miembro de la nobleza británica un tanto retrasado. Éste, tras arrancar de Mc Loma la promesa de que se le permitirá cumplir íntegramente su condena en Port Aventura, confiesa haber matado al empleado de la compañía eléctrica como venganza por haberle tomado erróneamente la lectura del contador de la luz de su castillo de Kent. Sin embargo, momentos antes de su traslado al Yard, Madelaine, la criada de la condesa y cómplice en el crimen, se las ingenia para introducir una dosis casi mortífera de veronal en una de las peladillas que Mc Loma siempre lleva consigo para prevenir el pie de atleta. Aprovechando la confusión, Sir Nicolau huye de la mansión a lomos de uno de los cerdos de carreras de la condesa, un magnífico ejemplar de raza Wessex Saddleback, llamado Agamenón, que está muy descontento con el trato que recibe en aquella casa. Una vez a salvo, Sir Nicolau deja a Agamenón durmiendo en la habitación del hotel para embarcarse en un velero que zarpa esa misma noche con destino a España. Apenas tres días más tarde se reúne con la baronesa en la pastelería de Vilafranca del Penedés que ella regenta desde que llegara al país. Pero un recuperado Mc Loma recibe un chivatazo anónimo del ex subinspector Caspolini, quien, resentido con la baronesa por haberlo arrojado por la borda al océano a los veinte minutos de zarpar en un vapor tras la fuga de presidio de la convicta, revela el paradero de la mujer y su amante a cambio de inmunidad absoluta y dos entradas para un concierto de José Feliciano. Mc Loma y el inspector Walden se apresuran a alquilar un globo aerostático en una compañía de alquiler de globos aerostáticos y ponen rumbo a Vilafranca, donde los dos servidores de la ley esperan detener a la pareja de fugitivos, o, en caso de no ser esto posible, por lo menos comprar un brazo de gitano de trufa.)

***

Un tiempo gélido y deprimente recibió a los detectives en cuanto se apearon de su globo Expósito de la Tempestad en la terminal de Castelldefels la mañana del cinco de enero. Un taxi los esperaba en la misma puerta del recinto, y los dos hombres se apresuraron a montar en él y darle al conductor la dirección de la pastelería que regentaba la baronesa Clarise Jolie Laurent, ahora convertida en Fulgencia Riudellons. Todos los intentos del taxista por entablar conversación acerca del ascenso a regional preferente del Manlleu en la temporada 73-74, fueron recibidos con un silencio no exento de hastío por parte de Mc Loma, que miraba por la ventanilla del vehículo el deprimente paisaje nevado que se extendía ante sus ojos, por completo ensimismado, mientras Walden dormitaba a su lado.

—Y Gervasio —iba explicando el conductor— le pasó el esférico a Pegueroles II; éste centró muy templado con la zurda para que la peinara con suavidad Antolín, y Torregrossa, incorporándose desde la medular como falso nueve…
Plus vite, plus vite! —lo interrumpió de súbito, por medio de unos pavorosos gritos, Mc Loma—. ¡Acelere, por el amor de Dios! Plus vite!
—¿Qué sucede, Mc Loma? —inquirió, despertando de su letargo, un sorprendido Walden.

Al responder al inspector, el pálido rostro de Mc Loma adquirió una expresión fúnebre que su compañero y fiel amigo no recordaba haberle visto jamás a lo largo de los once días que hacía que se conocían.

—Hemos de enviar un cable a Scotland Yard… Immédiatement!
—Pero, ¿qué ha ocurrido?
—Algo horrible, mon ami Walden —dijo Mc Loma. Y luego añadió—. Lo confieso; tengo miedo, tengo mucho miedo.
—¿Un crimen?
—Peor aún.
—¿Dos crímenes?
—Creo que me dejé la llave del gas de mi apartamento abierta cuando salí de Londres. ¿Tiene usted idea de cuánto puede costarme la factura?

***

Pero al llegar a su destino descubrieron que sí se había cometido un crimen. Varias dotaciones de mossos d’esquadra revoloteaban a lo largo y ancho de la pastelería de la baronesa. En el centro del obrador, tendido bocabajo, yacía Sir Nicolau Newman, con un cuchillo cebollero japonés de 35 centímetros de hoja clavado en su espalda. A su lado, había desparramados aquí y allá varios roscones de reyes que, al parecer, el difunto había arrastrado en su caída cuando fue herido de muerte.

C’est terrible —masculló Mc Loma al ver la dantesca escena.
—Y que lo diga —afirmó el caporal de la policía autonómica—, una verdadera lástima. Además son roscones caseros: la receta tradicional, con su fruta confitada y sin ningún tipo de aditivos.
—Me refería a Monsieur le cadavre.
—Ah, sí, sí. Horrible. Tenemos a todos los sospechosos en la habitación contigua —dijo el policía autonómico, calándose hasta las orejas esa barretina que Walden había tomado por un gorro de Santa Claus—. Le estábamos esperando a usted para iniciar los interrogatorios.
—¿Se sabe ya la causa de la muerte? —preguntó Mc Loma.

El caporal miró el cuchillo cebollero. Luego a Mc Loma. Y otra vez el cuchillo.

—Cáncer de próstata.

Sin embargo, Mc Loma no le prestaba ya ninguna atención. Sus ojos perfectamente entrenados habían captado ya en el suelo una pista que le había pasado por alto a los veintisiete policías que habían inspeccionado la escena del crimen antes que él, esto es, un haba de plástico de las que se colocan en el interior de los roscones.

El mejor detective del mundo no necesitaba mucho más que eso para resolver el caso.

(continuará)

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