Apostolado bibliográfico. París era una fiesta

 

HIMENWAY
Por Ricardo López Bella.

Hace muchos años, me relacioné con un tipo al que le gustaba tanto la lectura, como sentenciar sobre libros y autores, saludable e inevitable consecuencia que alumbra cada capítulo de este Apostolado bibliográfico. Hace pocos días, tuve noticia de que ambas costumbres había dejado de ejercerlas fallecido por propia mano. Quizás con todo aquello que dijo pudiera haber escrito un buen libro. Ya no hay tiempo. Yo solamente fui depositario de unas cuantas reflexiones bien acabadas, que probaban el cráneo privilegiado que el tipo poseía.

Una de esas sentencias, más bien poética, establecía que la única época del año en la que se ha de volver a los libros ya leídos, independientemente del género y la temática, es durante el verano. La argumentación, somera e inexplicablemente indiscutible para mí en aquellos tiempos, fue que la claridad de los días estivales, favorecía todos los sentidos que uno debía poner en la relectura y como consecuencia el paladeo de aquellas líneas ha tiempo leídas, volvía a ser tan placentero como en las anteriores ocasiones. Supongo que su bondad habitual excluía las decepciones que tal ejercicio a veces produce. Mi actual, modestísima y simple opinión nada poética, es que cualquier época del año es buena para releer y cualquier estado anímico o intención lo justifica, desde el mero entretenimiento a sabiendas que no se pincha en hueso, al intento de comprobar cuánto se ha retenido de aquello que dio que pensar en momentos de dolce far niente, en horas críticas de la vida, si es que entonces se tiene el ánimo de leer o en los momentos que las obligaciones laborales o personales nos dejan hacer.

Todo esto viene a cuento por la casual conjunción de verano, muerte y relectura. Razones inconfesables me llevaron a principios del mes de agosto a Días de guardar de Carlos Pérez Merinero cuya obra, en sus comienzos, pudiera ser considerada como un subgénero de la novela negra o el Jim Thompson español. Un par de noches de insomnio y no por el calor, me bastaron para apreciar de nuevo lo que es algo más que un violento relato: es todo un tratado de socioantropología y un manual de vocabulario soez.

Otras inconfesables razones también, en este caso sentimentales, me llevaron a la relectura de París era una fiesta de Ernest Hemingway, una de sus mejores obras y de lo más breve que escribió el maestro de Oak Park, Illinois.

Se trata de una crónica de sus años parisinos, de 1921 a 1926, según nota inicial de Mary Welsh Hemingway, cuarta esposa del autor. Veinte capítulos que se pueden leer independientemente del orden de los mismos como colección de relatos, aunque mejor hacerlo siguiendo la numeración, aunque haya algún salto atrás, la narración al completo no pierde su ilación.

El estilo utilizado por Hemingway es similar al de sus artículos periodísticos de toda la vida, de todos los tiempos. Cada párrafo contiene información a chorro, en ocasiones y sencillamente por una concatenación de menciones a personas y hechos, lo que conduce a una deriva temática que se saborea en cuatro o cinco frases. Hay párrafos de una hilaridad que recuerda a Evelyn Waugh, que puede pasar desapercibida a los prejuiciosos que se toman al autor muy en serio. El mejor Hemingway, se puede decir, se da cuando habla en primera persona de lo visto, oído y vivido, sin una pizca de pavoneo o presunción.

Veinte capítulos en que nos ofrece una sucesión de hechos propios y ajenos, anecdotario variado, que ilustra en profundo y de pasada lo que fue la forma de vida de algunos que como él, habían acudido a la entonces considerada capital cultural e intelectual del mundo occidental.

París acogía desde hacía décadas la mayor concentración de artistas e intelectuales formados y en tránsito de formación, famosos, consagrados, en vías de llegar a serlo y en constante fracaso. El listado de sus días puede ser mareante… Lo es: William Faulkner, James Joyce, Henry Miller, Gertrude Stein, Ezra Pound, Ford Madox Ford, Francis Scott Fitzgerald… Si nombramos pintores o escultores, el efecto es el mismo: Picasso, Dalí, Chagal, Juan Gris, Picabia, Cézanne, Miró, Max Jacob… De los nuestros a la pluma tampoco está mal la lista: Dario, Valle-Inclán, los Machado, Unamuno, “Azorín”… Y de los nativos baste nombrar a Marcel Proust y Céline, los últimos más grandes, casi todos fundando o ejerciendo algún “ismo”.

Hemingway opina y describe todo lo que atrae sus sentidos, la pintura, los tonos de luz de un amanecer o un atardecer en cualquier estación del año, el estilo en el vestir, las carreras de caballos, el boxeo, la pesca, la calidad de los automóviles, las comidas y bebidas que, por cierto, la sola enumeración de lo que almuerza o cena es un auténtico y eficaz aperitivo… Opina hasta de su nombre, que le parece aborrecible y de literatura, casi constantemente, buena muestra se halla en el capítulo 15, “Evan Shipman en la Closerie des Lilas”. Supongo que todo se debe a uno de los mandamientos que regían su metodología de trabajo: la autodisciplina es obligarse a escribir sobre todos aquello que se conoce y hay más: interrumpía su labor de un día cuando estaba seguro de lo que debía escribir, lo dejaba hasta el día siguiente. No pensaba en ello desde que dejaba el relato hasta el momento de retomarlo y “… me resultaba necesario leer al acabar de escribir”, lo que le lleva a descubrir a Simenon, curiosa coincidencia con César González Ruano. Confiesa que el comprender la manera de pintar de Cézanne le ayudó a componer sus escritos. “Uno puede omitir cualquier parte de un relato… la parte omitida comunica más fuerza al relato, y le da al lector la sensación de que hay más de lo que se ha dicho”. Seguir este principio le lleva a reconocer que sus cuentos no los entendía nadie, además de ganarse la fama de escritor sesgado en la ficción. “Hay que desconfiar de los adjetivos y buscar la palabra justa”, penúltimo mandato del que discrepo con toda humildad y respeto. El último dicta que no hay que mezclar alcohol y escritura. El capítulo 8 “El hambre era una buena disciplina” completa todo lo que sobre el ejercicio literario dejó negro sobre blanco en esta magistral obra.

No hay página sin interés en ella, aunque me gustaría destacar las dedicadas a su relación con la Stein, Ezra Pound y Francis Scott Fitzgerald. Sobre la primera “la madre de todos nosotros”, según él, protectora de la colonia angloamericana de París, cuenta que fue la que estableció el término “generación perdida” a partir de una anécdota de lo más curioso y por sus actos y opiniones se deduce que era persona de carácter. De lo primero, dos ejemplos: se enfada hasta el aborrecimiento con Ezra Pound porque rompió involuntariamente la silla que se le ofreció para sentarse; mencionar a Joyce un par de veces en su casa era motivo para dejar de ser invitado a su salón. De sus opiniones, sobre otros autores, otros dos ejemplos demoledores: según ella, D.H. Lawrence escribía con un “estilo de enfermo” y peor parado sale Aldous Huxley, lo califica de cadáver.

Dos páginas le bastan a Hemingway para relatar el malentendido que puso fin a la amistad entre ambos. Me da que faltan detalles aclaratorios, pues el hecho en sí parece tan subsanable que su consecuencia roza el absurdo.

Ezra Pound es elogiado por su generosidad demostrada una y otra vez al ayudar económica y asistencialmente a todos aquellos artistas y escritores, ya se lo pidieran o no… Bastaba con que él supiera del estado de necesidad del inmediatamente beneficiado o socorrido. No hay ninguna mención a su extraña conversión al fascismo que le llevó a ejercer de propagandista para Benito Mussolini.

Significativo es que dedique tres capítulos a uno de sus mejores amigos, Francis Scott Fitzgerald. Da testimonio de la tormentosa relación que este mantuvo con su esposa Zelda Sayre. El lector puede sacar conclusiones. Hemingway es categórico cuando dice que Zelda estaba celosa de la obra de su marido, lo que la inducía a arrastrarle a sus borracheras, que en él tenían un efecto paralizante. Su gran hándicap era ella y también su falta de voluntad para sustraerse de tan letal ascendente. Para acabar de martirizarlo, Zelda se rodeaba de toda una corte de aspirantes a ocupar uno de los dos lados de su cama. El premio tardó en concederse algunos años, según Hem. La fiesta parisina de los Fitzgerald desembocó en trágico final para ambos: él, alcoholizado y arruinado, muere de un ataque al corazón. Diríase que fue un suicidio muy mal planeado. Ella, poco después, fue una de las víctimas del incendio del hospital en el que estaba ingresada por su trastorno mental. Diríase que fue un suicidio inesperado.

Lo de los Hemingway fue menos malo. El último capítulo, “París no se acaba nunca”, aparentemente está dedicado a relatar unas idílicas vacaciones invernales del matrimonio en los Alpes austriacos e italianos. La narración transmite la joie de vivre que seguramente los dos sintieron junto a su hijo Mr. Bumby. Esquiaban, hacían largas excursiones, disfrutaban del cariño de los lugareños y las veladas juntos se prolongaban tras, naturalmente, gozar en almuerzos y cenas de las exquisiteces de la cocina local. Finalizadas las vacaciones y de nuevo reunidos en París, todo comienza a desmoronarse. Dos páginas bastan para enterarnos, el efecto dramático está logradísimo, el escritor sabe aprovechar todo el material, escribe sobre lo que conoce. La fiesta parisina de los Hemingway desembocó en divorcio tras la aparición de una tercera persona y luego segunda esposa, Pauline Pfeiffer de la que se confiesa enamorado, pero a la que también acusa de interposición con premeditación y alevosía.

París fue una fiesta… París no se acaba nunca… El París de muchas personas es la juventud y no le voy a enmendar la plana al maestro, pero hay lugares a los que no se ha de volver, al contrario que a las lecturas… de la juventud ya nos alejamos a nuestro pesar… Quizás cuando Papa Hem lo comprendió, decidió pegarse el escopetazo de huida… su final.

París se acaba y la juventud también, todo acaba, tiene un final… siempre un mal final.

Salud y lectura.

111 comentarios

  • EL SILENCIO DE LOS CORDEROS
    Hablando de literatos deslenguados, sorprende el silencio de algunos de ellos ante los ominosos hechos que están acaeciendo en Cataluña. Por ejemplo, Andrés Trapiello y A. M. Molina callan sospechosamente. Quizás el mundo editorial catalán se lo haya sugerido.

  • El impulso creador jamás descansa.

    Esta noche me ha sucedido exactamente lo mismo que en la célebre anécdota del guionista que le relató Hitchcock a Truffaut. Para quien no la conozca, contaba don Alfred que a un guionista se le ocurrían las mejores ideas para argumentos de películas en sueños, pero que por la mañana las había olvidado. Así que una noche tomó lápiz y papel para anotar lo que le viniera a la mente. Esa noche, claro, se le ocurrió una idea formidable y la anotó. Volvió a dormirse.

    Por la mañana, al afeitarse, recordó que se le había ocurrido una idea maravillosa y corrió a leerla:

    Un chico se enamora de una chica.

    Esta noche me he dormido con la televisión encendida. De madrugada, me ha despertado una de esas interminables demostraciones del teletienda que, además, se había colado en mi sueño. Se trataba concretamente del anuncio de un aparato para hacer zumos. Al despertar, y después de apagar la tele, he anotado el pensamiento que se me ha ocurrido. El sueño lo he olvidado por completo; pero, a tenor de lo escrito deduzco, por un lado, que las ideas de nuestros sueños en efecto parecen bastante mejores de lo que son en realidad y, por el otro, lo poco que me gustan los anuncios de exprimidores o licuadoras de frutas. Esto es lo que he escrito:

    Mis nuevos vecinos me invitan a su casa. Ella habla y habla y habla de cómo prepara los zumos. Sé que él está planeando asesinarla.

  • marquesdecubaslibres
    Miércoles, 13/09/2017 a las 08:14
    EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

    A propósito de esto, Arcadi elogia este artículo de Azúa. He dejado escrito esto en el blog de A.:

    El artículo de Azúa es una baratija para camelar incautos. ¿De verdad es Savater la reina mora anticebollos? Voy a hacer un movimiento equino saltando sobre algunas piezas del tablero (sobre Arcadi, por favor) para hacer jaque al rey: Jiménez Losantos ya estaba en el 79 avisando y vaticinando, y sigue incansable hasta hoy. Yo no sé dónde estaba Azúa en el 79. Haciendo versitos, creo. Hacer versitos es muy importante y requiere mucha concentración. Entiendo el despiste.
    Pero el despiste le come los zancajos al error con eso de falangizar a Podemos, que es una forma de pulir y dar esplendor a su comunismo. En los años 30 los comunistas tenían su propia vanguardia obrera, las MAOC. Las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas se preparaban militarmente para el momento en que las derechas dieran el golpe (lo esperaban con ansia y con certeza de que se iba a producir) y mientras tanto se ejercitaban apalizando y asesinando falangistas.

  • El sr. Azúa es ahora uno de los “nuestros” lo cual no obsta para que sus columnas sean sistemáticamente innanes.

  • Estoy en el parque temático de el Prat. Hoy no hay huelga de taxistas, ni de controladores de seguridad, ni de controladores aéreos, ni de pilotos ni de Dios. Todos en su puesto jodidos con sus bajos sueldos gracias a los cuales unos se forran pero también permiten que una masa perruna estemos esperando a volar por unos pocos euros. Me ha gustado ver mucho Guardia Civil, me transmiten tranquilidad, que lejos aquéllos tiempos de la noche en el cuartelillo recibiendo un más que merecido correctivo.

  • Muy buena entrada. Me ha encantado la parte dedicada a los Fitzgerald, especialmente, lo siguiente:

    Para acabar de martirizarlo, Zelda se rodeaba de toda una corte de aspirantes a ocupar uno de los dos lados de su cama. El premio tardó en concederse algunos años, según Hem. La fiesta parisina de los Fitzgerald desembocó en trágico final para ambos: él, alcoholizado y arruinado, muere de un ataque al corazón. Diríase que fue un suicidio muy mal planeado. Ella, poco después, fue una de las víctimas del incendio del hospital en el que estaba ingresada por su trastorno mental. Diríase que fue un suicidio inesperado.

  • Gómez
    Miércoles, 13/09/2017 a las 09:29

    Qué bueno. No conocía la anécdota de Hichtcock y Truffaut, pero lo que sí reconozco es esa sensación de haber alcanzado la clarividencia absoluta en un sueño y no recordar nada al despertarse. Es una sensación bastante jodida.

  • Agradezco mucho el apostolado bibliográfico de López Bella aunque el gancho de «el Jim Thomson español» ha ejercido conmigo un efecto perverso: no pienso acercarme a una novela de Pérez Merinero ni aunque lo último que me quede por leer sea el libro de instrucciones de la lavadora.

  • Una cosa es suicidarte cuando tu carrera no ha comenzado o porque tu carrera no ha comenzado, como hizo John Kennedy Tool, y otra cuando miras hacia atrás y adviertes la inutilidad de las páginas escritas y las horas vividas. No puedo leer a Hemingway sin sentir el lastre de que impugnó radicalmente la obra que había escrito y la vida que había vivido.

  • Confirmo que Savater y Azúa forman parte de mi santoral civil y que, junto a otros, han ejercido con frecuencia como líderes morales y activistas de mi descontento. Con Federico Jiménez no me ocurre lo mismo; aunque lidere audiencias, su falta de mesura me impide considerarlo líder moral. Pero reconsideraré mi postura si empiezo a trabajar de taxista.

  • Gracias por esta nueva reseña, amable y concienzudo crítico López-Bella. Me has recordado también la de Vila-Matas, que es muy divertida.
    ***
    Luego me leo eso de Foster Wallace, Chino. La peli, bastante ful.

  • Perroantonio
    Miércoles, 13/09/2017 a las 11:30
    Confirmo que Savater y Azúa

    También los míos. Son de los pocos columnistas que leo con atención. Pero me sorprenden esas fellatios. Y las afinidades o la falta de ellas no revientan los hechos: el primero en avisar de las verdaderas intenciones nacionalistas fue Losantos.

  • Yo también he soñado esta noche y, lo que es peor, recuerdo el sueño. Me he levantado angustiado y sé que la sensación me durará horas, quizá días. Y eso me preocupa mucho. Si mi cerebro funciona sin control durante al menos un tercio de mi vida y eso condiciona mis emociones y mi estado de ánimo, ¿por qué tengo que suponer que funciona mejor cuando estoy consciente? ¿Y si durante la vigilia pienso de forma tan estúpida como cuando sueño y reacciono en consecuencia? Estas cosas me ponen muy nervioso.

  • Los americanos se mueven entre la buhardilla en París y el rancho en Montana; lo cosmopolita urbano de Hemingway y el individualismo hosco del vaquero de Marlboro. Todas las historias tratan de un paleto ingenuo que va a la ciudad o un paleto desencantado que vuelve de la ciudad, que siempre es el mal. Ahora, en lugar de peregrinar a París a corromperse, cosa de universitarios y que tenía un aquel, van a pecar a Las Vegas con billete de vuelta.

  • No puedo leer a Hemingway sin sentir el lastre de que impugnó radicalmente la obra que había escrito

    Qué bueno PerroAntoine.

  • Y, por cierto, yo no he dicho nada de liderazgos morales. Intelectuales sí, y FJL no es mi líder, pero sí lo escucho con atención. Porque es el único capaz de citar a Unamuno o Azaña de memoria, porque tiene alma de payaso (me descojono cuando imita a Montoro o a Rajoy), porque utiliza un vocabulario a co jo nan te, y porque su mala hostia está casada con el sentido del humor.

  • A Federico Jiménez le reconozco, entre otros logros estilísticos, su divertidísimo uso del «dizque-», que suele hacerme reir cada vez que me lo encuentro en un texto pero que me resisto a imitar para no revelar que suelo leerle.

  • Savater me gusta en sus artículos, tanto que le perdono sus escarceos literarios.
    De Azúa me gusta tanto lo uno como lo otro.
    En cuanto a Losantos, no concuerdo con la mayoría de lo que dice, pero me lo paso pipa oyéndole.

  • Hay gente con la que casi siempre estoy de acuerdo y al leerlos siento como si me dieran la razón y eso, claro, me mosquea. Como si me dice guapo cualquiera que no sea mi abuela; hay que desconfiar. Prefiero escandalizarme o sorprenderme con los exaltados de los márgenes. Para bien o para mal siempre te retan, ya sea apuntando en dirección contraria o pasándose tres pueblos en la que tú apuntas. FJL está al margen por voluntad propia y tiene su aquel, aunque es agotador y no sirve para todos los días. Llega uno al trabajo con la cabeza como un bombo.

  • El primer libro de Hemingway que leí fué “Farewell to Arms “, y luego “For whom the bell Tolls”, y no me gustaron nada. Me pareció que los diálogos eran malos con avaricia.
    Pero luego, me leí el de los toros ( acababa de torear una vaca brava, y aquello me había dejado anonadada, y necesitaba saber más, inmediatamente ), y con ese libro disfruté muchísimo. Y luego me leí Fiesta, que también me encantó, y de ahí ya todo lo demás, cuentos cortos incluidos. Y por supuesto, en la segunda lectura de “Adiós a las Armas”, y de “Por quien tañen las campanas”, y después de todo lo demás, ya, hasta me hacían gracia esos diálogos que al principio me horrorizaban.
    Pero mi Hemingway preferido, desde luego , es “A moveable feast” El que ha puesto Ricardo Lopez Bella en la entrada.

    Y, la verdad es que no sé si reirme a carcajada con la ilustración , y el Himenway ( o sea, camino del Himen ), o llorar.
    Porque, según algunas tesis, que no comparto, Hemingway no tenía clara su sexualidad, y estaba enamorado de Fitzgerald ( y por eso siempre le estaba montando contra Zelda, por puros celos ). Y que esas dudas suyas fueron una de las razones que le empujaron a pegarse el tiro.

    Otro, Fitzgerald, al que, al principio , cuando empecé por primera vez con “Tender is the night”, no supe apreciar, pero que con sus cuentos cortos, me convirtió en forofa suya. Me encantaría que Ricardo Lopez Bella hiciera una entrada sobre Scott, y Zelda…

  • Ernest Hemingway siempre me ha parecido un autor sobrevalorado, seguramente a causa de su propia leyenda. De niño leí uno de esos libros que venían con la casa, El viejo y el mar, y me aburrió sobremanera. Ya de mayor, Adiós a las armas me pareció –especialmente ese lacrimógeno final que parece sacado de un folletín del XIX– de una ñoñería casi insoportable. Los cuentos, aun siendo más pasables que las novelas, no mejoraron mi opinión sobre el autor. A raíz de un magnífico ensayo de Vargas Llosa, incluido en su libro La verdad de las mentiras, sobre París era un fiesta, le concedí una última oportunidad.

    Es, sin duda, lo mejor que he leído de él.

  • Coño, parece que se os olvida lo que le pasó a Federico, el tiro en la rodilla y tal y tal. Eso explica muchas cosas. Objetivamente, FJL no puede ser objetivo. Y puede presumir de haber sido el primero en avisar de lo que se nos venía encima. Pero ya entonces era fácil desactivar a un intelectual acusándole de facha. En eso las cosas no han cambiado, o tal vez a peor.

  • schultz
    Miércoles, 13/09/2017 a las 13:47
    Bremaneur, si ves banderas del Bilbao por ahí no preocuparse, que es que jugamos la uefa. Trátalos bien, que son paisanos.

    ¿Contra el Hertha? Deben de estar cortando troncos en el Tiergarten, porque no he visto ni uno.

  • Perroantonio
    Miércoles, 13/09/2017 a las 14:40
    A mí con Losantos me pasa lo mismo que a Woody Allen cuando escuchaba a Wagner, que después de oírle me dan ganas de invadir Polonia.

    No está sólo en esto , Perroantonio…

  • Concuerdo, Gómez, Hemingway es mucho mejor cuentista que novelista. Y Fitzgerald me gusta infinitamente más que él en los dos géneros. Ha aguantado como un campeón el paso de los años.

    [Tengo sentimientos encontrados sobre Durrell. Hace poco releí a salto de mata Justine. Es la novela de alguien endiabladamente listo, elegante, pedante y un punto perverso. Luego de la relectura leí en alguna entrevista que le hicieron (o tal vez lo escuché en una de sus conferencias que circulan por la red) que con el Cuarteto pretendía no sé qué geometrías respecto de no sé qué corrientes gnósticas. Concluí que no me estaba enterado en absoluto de lo que escuchaba y que había leído la novela como quien lee un prospecto de paracetamol 600 mg, con toda ingenuidad y, al parecer, rebosante de ignorancia. Sería una nefasta crítica literaria: fui incapaz de ver la trama de hilos metaliterarios y, lo que es peor, me interesa muy poco lo que suceda fuera de los contornos estrictos de una novela].

    Editen mentalmente este chorreo, escribo a toda pastilla en medio de un océano de exámenes.

  • Bremaneur
    Miércoles, 13/09/2017 a las 12:52
    Me matizan en el blog de AE con este estupendo artículo de Azúa.

    Yo pensando que lo de “fletar autobuses” (o taxis) era una cosa que decíamos en Cantabria y resulta que ya andaba en boca de Azúa en el 82.

  • Pirata Jenny
    Miércoles, 13/09/2017 a las 15:37
    Editen mentalmente este chorreo, escribo a toda pastilla en medio de un océano de exámenes.

    Tus palabras son órdenes:

    Concuerdo, Gómez, Hemingway es mucho mejor cuentista que novelista. Y Fitzgerald me gusta infinitamente más que él en los dos géneros, aunque no tanto como Bremaneur, por quien guardo una rendida admiración. Han aguantado como unos campeones el paso de los años.

    [Tengo sentimientos encontrados sobre Satur. Hace poco releí a salto de mata sus textos en ÇhøpSuëy. Son obra de alguien endiabladamente listo, elegante, pedante y un punto perverso. Luego de la relectura leí en alguna entrevista que le hicieron (o tal vez lo escuché en una de sus conferencias que circulan por la red) que con el cuento marino pretendía no sé qué geometrías respecto de no sé qué corrientes gnósticas. Concluí que no me estaba enterado en absoluto de lo que escuchaba y que había leído el cuento como quien lee un prospecto de paracetamol 600 mg, con toda ingenuidad y, al parecer, rebosante de ignorancia. Sería una nefasta crítica literaria: fui incapaz de ver la trama de hilos metaliterarios y, lo que es peor, me interesa muy poco lo que suceda fuera de los contornos estrictos de una novela, aunque no dejo de reconocer en su pluma vistosos signos de genialidad no solo natural sino también trabajada. Es el Fernando Torres de la literatura española].

  • Pero no desfallezcamos. Lucas, el auténtico, nos desvela lo que otros nos quieren ocultar. Por los comentarios, los lectores le tienen bien cogida la medida:

    He escrito muchas veces en este foro que el rescate a las cajas era una atraco y he ido más lejos afirmando que toda la burbuja inmobiliaria ha sido una gigantesca estafa, porque no sólo pagaremos la deuda pública del rescate, sino además millones de familias pagarán durante años la hipoteca de una vivienda comprada a un sobreprecio artificial y exorbitado. Pero me enseñaron de pequeñito a no sumar unidades de distinta naturaleza. Por ejemplo, en una misma fórmula de astrofísica no se puede usar en un lado años luz y en otro kilómetros, el resultado sería absurdo. Meter en la misma ecuación la estafa del rescate y el asunto catalán me parece poco científico. Pero ya puestos, por simple proximidad geográfica, habría sido más coherente hablar del saqueo de Pujol, porque gracias a ese caballero se ha ido financiando el sentimiento independentista. Ahí sí veo relación entre la corrupción y el Prusés. Pero da lo mismo, lo que importa es ser equidistante.

    Las vueltas que das para llegar donde te interesa. Que Rajoy tiene la culpa de todo y mucho mas.

  • Creo que lo que más me gusta de Hemingway no lo escribió –por lo menos que yo sepa– Hemingway. Se trata de la frase final de la segunda adaptación de Tener y no tener al cine, una película, titulada The breaking point, que dirigió Michael Curtiz en 1952. Supongo que era una película más que olvidable, porque lo único que recuerdo de ella es dicha frase: tras un final de cinco pañuelos con padre gravísimamente herido, madre llorosa, hijos llorosos, etcétera, la fría Patricia Neal con quien el padre había mantenido un romance, comenta al ver cómo lo introducen en la ambulancia:

    –¡Cómo odio las mañanas! Son la peor parte del día.

  • Adaptaciones
    Miércoles, 13/09/2017 a las 23:13
    Él era PINT FLOCK, no hablo de las letras y eso que miráis vosotros sino de su sonido.

    Ha tocado un par con una guitarra más echa mierda que la de Rory Gallagher. Que descanses, Adams. Sueña con los angelitos.

  • Admitida la sátira KidBrema, voy a seguir con lo mío.

    Este verano he leído un solo libro, uno solo. Trataba de Moisés: Moisés en la tradición bíblica, Moisés entre los griegos, los primeros cristianos, los egiptólogos, Moisés y la Revolución Francesa, el Moisés romántico, el Moisés freudiano, etc. Sobra decir que el libro me venía grande. Como me pasó con Durrell, yo estaba tan feliz con Alejandría, que si el puerto, el mar, que si el barrio griego, que si los ingleses y los judíos, que si las putas y los diplomáticos, y resulta que allí había no sé qué de los gnósticos y yo seguía tan feliz en mi ignorancia. Multiplíquenlo por infinito. Estaba yo tan a gusto con ese personaje tan reconocible en tantas tradiciones (la persa, la cristiana, la inuit), un niño abandonado, un paria al que recoge la realeza, que ve la luz y se encabrita, que lidera una revuelta, que es tartamudo (un tartamudo transmitiendo el Decálogo), bla, bla, y resulta que no hay un Moisés, suponiendo que existiera Moisés, sino un mito sobre el que hablan unos y contestan otros. O sea (un fragmento del capítulo 5):

    “Esta colección de citas clásicas, teológicas y rabínicas [sobre Moisés] es como un calidoscopio al que cada nuevo estudioso, que vive en una nueva era, perteneciente a una nueva generación y que se enfrenta a nuevas controversias, da un giro diferente, de manera que los cientos y miles de piezas forman un nuevo dibujo. Este tipo de intertextualidad puede interpretarse como una forma de memoria cultural que mantiene un cierto cuerpo de conocimiento accesible durante más de dos mil años”.

    Lo que he puesto en cursiva es sobre lo que he pensado todo el verano, y aunque no tenga nada que ver, es la forma en que pienso lo que está pasando ahora en Cataluña y en general en política.

    Cortesía de Johnnie Walker.

  • Ya he terminado con “Robinson Crusoe”. Muy recomendable, aunque el hecho de que no esté dividido en capítulos complica un poco su lectura. Quitando algún arcaísmo inglés, el libro podría haber sido escrito anteayer, sus reflexiones son intemporales. No recordaba bien la parte final, en la que se acumulan aventuras en un periodo de tiempo mucho más corto que el que pasa en la isla (veintiocho años, dos meses y diecinueve días) y en la que se comprueba que su actitud y su determinación para sobrevivir en la isla forjan un carácter que le sirve de mucho en su vuelta a la civilización.

    Releer a los clásicos tiene un plus de disfrute.

  • Todo el mundo cuenta maravillas de la capacidad de cambiar de opiniones, pero ¿qué necesidad hay de cambiarlas si lo normal es que las nuevas también sean falsas?

  • Los que no tenemos tierras independientes, pero tampoco gobernantes que venerar, ni manifestaciones voceras que realizar, pues solemos viajar y reconciliarnos con lo bueno que tienen la mayoría de las cosas.
    Como hombre ya sin demasiadas pasiones identitarias y después de haber recorrido una vez más la España Vacía ya ayer regresar de mi País Vasco de nacimiento, a mi Francia de domicilio, sólo puedo decir que me gusta España, me gusta Euskadi y me gusta Francia.
    Que me siento bien en cualquiera de ellos, y que respeto y acepto lo que cada uno pone sobre la mesa. Que prescindo de todo lo que no me gusta.
    Y que para este viaje no hacen falta alforjas, ni nada.
    Que muy bien, y que gracias, y que vamos a dejarnos de chorraditas, y vamos a lo que vamos.
    Vamos a ver si pintamos algo…
    Buenos días a todos y a los catalanes, aunque estén equivocados.

  • Que mayor culto al hedonismo. A la alegre sensación de ser un hombre que está vivo, y con la suficiente sensibilidad como para abandonarse a la suspensión del tiempo físico en la escucha de una introspección de otro hombre.
    Interiorizarte para sentir, sin más imperativo que seguir suspendido en unas notas y en el susurro de pensamientos sin ligadura, pero conscientes.
    Otra vez gracias Alvaro.

  • DING DONG DIIIIIIING DING DONG DIIIIIIING SEÑORITA PROC ACUDA A RECEPCIÓN POR FAVOR SEÑORITA PROC ACUDA A RECEPCIÓN POR FAVOR DING DONG DIIIIIIING DING DONG DIIIIIIING

  • Una pregunta, Proc. Los bibliotecarios ordenamos alfabéticamente -en estantería y en el catálogo electrónico- descartando los antiguamente denominados artículos. Verbigracia, El enamorado de la Osa Mayor se ordena por la E. ¿Qué ocurre cuando tenemos un artículo indeterminado? Que es imposible saber cómo diferenciarlo de… ¿un adjetivo? Verbigracia, ¿cómo ordenamos Un enano en Las Vegas? ¿Por UN o por ENANO? La solución es que jamás contemplemos, como en los artículos, los UN/UNA etc. Pero eso no está en mi mano, chavala.

  • La ambigüedad entre la interpretación numeral y la indefinida no se resuelve mecánicamente.
    Mi solidaridad con los compañeros bibliotecarios.
    ¡DETERMINANTES, CABRONES!

  • Un determinante qué es, ¿el artículo de toda la vida caído en desgracia?

    Me ha gustado mucho que “El enamorado …” se ordene por la E.

  • ¿Y “El enamorado de la Osa Mayor” antes de “El enamorado de la Osa Menor” o después? La menor primero, como las mujeres y los niños, que no somos salvajes.

  • Estoy en la UIMP en un prescindible curso pero en el aula de al lado se celebra uno sobre Ciberseguridad. Aprovechando un descanso he abordado a un grupo de militares de alta graduación que atienden el curso y les he exigido una intervención inmediata para preservar la unidad de España.
    Chopsuey y el marqués siempre de guardia en los puntos calientes de nuestra piel de toro.

  • ÚLTIMA HORA
    La policía berlinesa ha detenido al harrijasoketa Aikaloritz Bajalabragueta cuando intentaba levantar la Puerta de Brandenburgo. El harrijasoketa ha tratado de justificarse: «Si solo estaba entrenando, la hostia Patxi». Seguiremos informando.

  • Marqués es encomiable tu esfuerzo y denuedo.
    Pero juzgo innecesario molestar al ejército para esto menesteres tan nimios.
    Cuando se les pase la borrachera y vean cómo se construye un país volverán a casa como los hijos hippies cuando la vida se queda sin fondos.

  • Marqués, ayer recomendé a una amiga de Facebook que utilice la aplicación Aves de España para animar las conferencias que decaen. Le animo a lo mismo. Si advierte que el conferenciante se embrolla o que la audiencia se duerme, dele al Play en el armonioso canto del chochín común para comprobar cómo toda la audiencia se alborota y empieza a mirar al techo de la sala buscando al pájaro. No falla.

    Aprovecho la ocasión para que pedir, qué digo pedir, exigir a SEO/Birdlife que deje de calificar como «común» al chochín. ¡Clasistas!

  • Perroantonio, ¿y está bien eso de Aves de España? Uso bastante la ARBOLAPP del Real Jardín Botánico en mis vagabundeos montañiles para identificar árboles que no conozco y me gustaría empezar a reconocer algún canto de pajarraco.

  • ÚLTIMAS NOTICIAS
    Decenas de hinchas del Bilbao han sido detenidos por la policía berlinesa cuando, en plena visita al Muro de Berlín, lo han usado como frontón utilizando pelotas que llevaban ocultas en sus mochilas («por si acaso, Patxi»). Seguiremos informando.

  • Esto es cierto. Ha empezado a jarrear en la ciudad y me he resguardado en un portal donde había varios vascos. Uno, hablando por teléfono, decía: «Nos vemos luego en Alexanderplatz; si te digo Alexanderplatz es como si te digo la Plaza Moyúa».

  • Josénez Jueves, 14/09/2017 a las 13:27

    Perroantonio, ¿y está bien eso de Aves de España? Uso bastante la ARBOLAPP del Real Jardín Botánico en mis vagabundeos montañiles para identificar árboles que no conozco y me gustaría empezar a reconocer algún canto de pajarraco.

    Josénez, la aplicación para los teléfonos y tabletas es una versión de los contenidos que se pueden encontrar en esta página https://www.seo.org/. Yo se la recomiendo a todo el mundo, porque es magnífica para iniciarse en el mundillo de las aves.

    Me apunto ya mismo esa de ARBOLAPP, que soy un zote para la botánica. Muchas gracias.

  • Doy fe de de que el melodioso canto del chochín (o chochete, como los llamamos por estos pagos) en celo al atardecer es una de esas experiencias capaces de arrancar las lágrimas al más endurecido de los corazones.

  • Comparto para los lectores de Çhopsuey que no acceden a Facebook esto de Jean Juan Palette Cazajus, que me ha parecido de mucho interés.

    IDENTIDAD Y ALTERIDAD. LA SEGUNDA PARÁBOLA DE SAN MARTÍN:

    En esta ocasión no se trata de una capa sino de una isla partida en dos. Pero creo que la nueva parábola resulta todavía más interesante. Algunos se habrán enterado de que una de las tierras más castigadas por el ciclón Irma ha sido la pequeña isla antillana de San Martín, dividida entre Francia y los Países Bajos y destruida en un 95%. La parte holandesa, 34 kms2, se conoce como Sint-Maarten. La parte francesa, 53 kms2, como Saint-Martin. Desde 1648, ambas viven en perfecta armonía si bien su realidad económica y social resulta bastante contrastada. La población es equivalente, 37 000 habitantes en la parte neerlandesa, 35 000 en la parte francesa. En 1764 vivían en la parte francesa unas 40 personas y todavía en 1962, la población no pasaba de los 4000 habitantes.

    Algunos habrán leído “Colapso”, conocido libro de Jared Diamond. Obra polémica, publicada en 2005, muy comentada en su momento, que describía el destino trágico de la isla de Pascua atribuido a los graves problemas ecológicos y demográficos que escaparon del control de los moradores. El autor venía a decirnos que el destino de la mítica isla del Pacifico era el modelo reducido de lo que nos esperaba en un porvenir más o menos próximo. Luego vino la polémica. La seguí desde la distancia, pero creo entender que, básicamente, nadie cuestiona ya la tesis pesimista de Jared Diamond. En este sentido, la historia reciente del islote antillano también merece que le dediquemos un momento de atención.

    En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, los americanos instalan un aeropuerto en la parte holandesa. Es el principio de un proceso de americanización que dura hasta hoy. Mientras la moneda de la parte francesa es el euro, la de Sint-Maarten. es el dólar y el inglés el idioma oficial. Después de la guerra, algunos grupos de turistas americanos de alto poder adquisitivo empiezan a frecuentar la parte holandesa. Sint Maarten capta plenamente el mensaje y empieza la construcción intensiva de hoteles e infraestructuras turísticas. Es el principio del turismo de crucero favorecido por el hecho de que el único puerto en aguas profundas de la isla se encuentra en Great Bay, cerca de Philipsburg capital de la parte bátava. El pragmatismo calvinista sabe adoptar rápidamente las “sanas” medidas fiscales y económicas susceptibles de “fidelizar” tan preciosa clientela: puerto franco, secreto bancario y casinos.

    Como se puede imaginar cualquiera que tenga una mínima idea de Francia, en Saint-Martin imperan o tratan de hacerlo las leyes igualitarias y morigeradas de la República y en particular su secular tendencia a una pesada fiscalidad. Solo a partir de 1986 se lanza también la parte francesa al cultivo de la especificidad agropecuaria del crucero. En territorio holandés siguen estando las discotecas más calientes y los numerosos burdeles cuya “mano de obra” viene tradicionalmente de la República Dominicana y de Colombia, últimamente de los países del este. En la parte francesa, terrazas de café, restaurantes y tiendas de moda. En esta zona las construcciones son – me temo que habría que decir “eran” – de tamaño razonable, tratando mal que bien de no atropellar descaradamente el paisaje, y las autorizaciones para edificar suelen ser algo más quisquillosas que en Sint-Maarten. Allí reina el hormigón y más de 200 edificios salen de tierra cada año. Han entendido muy bien que a la trashumancia de cruceros le importa ya un comino el exotismo tropical y las palmeras. Solo le interesa encontrarse, a su bajada de la pasarela, con aceras asfaltadas donde andar con tacones y espacios climatizados donde gastar, beber, comer y divertirse. Es bien sabido que buena parte del pasaje de los cruceros no suele bajar del barco ni siquiera en las brevísimas escalas en ciudades prestigiosas.

    Los traviesos cachorros de la CUP no andan tan equivocados en su diagnóstico sobre el turismo. El problema, como siempre ocurre con la extrema izquierda, es que el tratamiento preconizado es sistemáticamente peor que la dolencia tratada. El caso es que en Saint-Martin como en Sint-Maarten, fuera del turismo, no sobrevive prácticamente actividad económica alguna. En Saint-Martin como en la parte neerlandesa encontrar un nativo remite a la metáfora de la aguja y el pajar. En la parte francesa, la población inmigrada entre 40 y 59 años representa el 50% del total. Para el conjunto de edades, la cifra es superior a una tercera parte, contra 4% en la cercana isla de Guadalupe y 9% en la metrópoli. La mayoría de ellos son haitianos, por la cuestión del idioma, luego vienen los dominicanos y los “dominiqueses” o sea los que vienen de la Dominica, otra isla vecina, anteriormente bajo dominio inglés pero donde se hablaba el criollo francés. Los chinos van siendo cada vez más numerosos. En total son más de 115 nacionalidades en aquel pañuelo de bolsillo. De ellos más de la mitad son clandestinos o “sin papeles” como se dice en Francia y cerca del 80% carecen de toda formación educativa.

    En la parte francesa el paro es del 27%. En la parte holandesa, solo la tercera parte. Se comprenderá mejor cuando sepamos que en Sint-Maarten el sueldo mínimo es la mitad que en Saint-Martin. Cuando sepamos que en Sint-Maarten que vive a la americana, no existe cobertura social. Para ser atendidos, los pacientes acuden en masa a los hospitales de Marigot, la capital de la parte francesa. En Saint-Martin existe la CMU (Cobertura Médica Universal) a la que tienen derecho los propios “sin papeles”. También muchos consiguen beneficiarse del RSA (Renta de Solidaridad Activa), unos 546 euros mensuales, a la que tienen derecho las personas sin recursos. Como decía Le Monde hace dos días, en la parte holandesa están los beneficios económicos, en la parte francesa el gasto social. De modo que miles de desgraciados, particularmente jóvenes, acuden donde parece que el hueso tiene más carne que roer.

    Lógicamente, todos habrán inferido la existencia de un altísimo nivel de inseguridad y delincuencia. Todo el mundo pudo ver en televisión las surrealistas escenas de saqueo tras el paso del ciclón. El porcentaje de robos a mano armada es 23 veces más alto en Saint-Martin que en la metrópoli. El porcentaje de homicidios, 16 veces superior. La legislación de Sint-Maarten se hace la vista gorda sobre la proliferante venta de productos de lujo falsificados y el tráfico de droga es virulento en toda la isla. Lo único democrático es la cocaína que cunde en cualquier ambiente. Saint-Martin y Sint-Maarten son una plaforma giratoria ideal para las remesas procedentes de Colombia o Venezuela y su posterior reparto hacia Europa y Estados-Unidos. Los informes sociológicos muestran que las comunidades inmigradas viven cada vez más replegadas sobre sí mismas y con una tendencia cada vez más perceptible al enfrentamiento. Los propios estratos acomodados no destacan por su conciencia cultural o nacional. Lo que les llevó a Saint-Martin fue en gran medida la apetencia por el negocio fácil, bordeando con frecuencia la legalidad, el chollo fiscal o el tropismo pedestre del trópico. “Tristes Trópicos”, escribía hace muchos años Lévi-Strauss al que nunca han leído ni leerán.

    Por esto resultó espectacular el clamor unánime que subió de la isla al día siguiente de la catástrofe, acusando a Francia de tenerlos abandonados. ¿Unánime? Bueno, los que se expresaban de manera más vehemente hablaban un francés muy pulcro y educado. Desde su paraíso fiscal, exigían la intervención inmediata y eficaz del estado sin hacerse muchas preguntas sobre su escasa aportación personal a los recursos de dicho estado. ¡Hombre! vista la situación se podía comprender. Pero en seguida me acordé de un libro del politólogo Marcel Gauchet, leído hace ya algunos años. Analizaba minuciosamente la evolución de los comportamientos modernos, tan variados como imparables, pero que coinciden en negarle al estado todo derecho a inmiscuirse en nuestras vidas individuales, por no decir toda realidad positiva, salvo cuando las cosas vienen mal dadas en cuyo caso se le exige que reaparezca poderoso y paternal, cumpliendo a rajatabla con el papel providencial de paraguas tutelar.

    Aquellos que parecen distanciarse de todo sospechoso sentimiento nacional, que no dudan en proclamar su profiláctica distancia con cualquier sentimiento de pertenencia, atreviéndose a veces a usar aquello tan cursi y raído de “ciudadano del mundo”, aquellos que parecen anticipar el porvenir radiante, la llegada del día en que dejarán de hacer estragos las nefastas y obsoletas adscripciones, estos suelen ser generalmente puñeteros egoístas para quienes el vínculo histórico o comunitario solo reaparece en caso de necesidad personal. En el momento en que unos se ponen, a deshora, en camino para forjarse una nacionalidad de diseño y recurren, como suele ser de reglamento en semejantes ocasiones, al cemento federador del victimismo y del odio, otros vienen de vuelta y juegan la baza del solipsismo autista. Unos y otros son las dos caras de una misma moneda y se cruzan en medio del vado. Creo que ni unos ni otros serán jamás capaces de nadar en mar abierto.

  • Puedo aguantar dos minutos de balón cesto si quito el sonido y retransmito yo el juego. Como no conozco los nombres, a todos les llamo Gasol: Pau Gasol se la pasa a Rigoberto Gasol, que la deja para Efrén Gasol, etc. Y luego, en vez de «canasta», que es algo que me indigna estético-moralmente, digo «gol». A los eslovenos, lo mismo. Todos son Gasolevic.

    Lo del Jeta de Berlín y el Bilbao es difícil aguantarlo dos minutos, pero he visto como Garlorikoitz Mundialín ha fallado una que la meto yo con la punta’l nabo.

  • Qué bueno lo que han traído el Marqués y Perroan. ÇhøpSuëy es un filtro maravilloso de lecturas importantes.

  • Una actitud que me interesaba hasta tal punto que reflexionaba sobre ella pellizcándome el mentón, era la de los morinyistas que en tweeterdt execraban de la gloriosa selección nacional de balompié y babeaban con el combinado nacional del balón cesto. Solo por eso estoy disfrutando de la paliza de los eslovenos.

  • Holis

    ¿Quién quiere hablar de los artículos y de todos los otros determinantes, categoría que —claro que no— no coincide con la del artículo sino que se trata de una diferente, de corte sintáctico y funcional, en tanto que se define por capacitar al nombre* para ser sujeto —sí, su-je-to— y comprende varias clases de palabras que la tradición había diferenciado según crietrios semánticos y morfológicos?

    *Una mierda de nombre común que tú tengas por ahí, por el amor de Dios, qué estás haciendo con la vida de ese nombre: ponle un determinante y haz de él un sujeto singular y un ciudadano.

  • Procuro fijarme
    Jueves, 14/09/2017 a las 22:07
    Holis

    ¿Quién quiere hablar

    Yo no, pero quiero leer sobre ello.

  • VALE, QUIERO.

    Que no, que no quiero. Esta tarde he visto un cubo de basura en un váter, un cubo inmenso lleno papeles sucios de los lavatorios de manos de extrañas y conocidas que se han lavado las manos sin parar, una suma incalculable y espumosa de papeles beises fruncidos y suaves como las lanas de una oveja muy gorda que allí durmiera, y casi me tiro al cubo a cabecear con ella.

  • Bremaneur
    Jueves, 14/09/2017 a las 11:29
    Una pregunta, Proc. Los bibliotecarios ordenamos alfabéticamente -en estantería y en el catálogo electrónico- descartando los antiguamente denominados artículos. Verbigracia, El enamorado de la Osa Mayor se ordena por la E. ¿Qué ocurre cuando tenemos un artículo indeterminado? Que es imposible saber cómo diferenciarlo de… ¿un adjetivo? Verbigracia, ¿cómo ordenamos Un enano en Las Vegas? ¿Por UN o por ENANO? La solución es que jamás contemplemos, como en los artículos, los UN/UNA etc. Pero eso no está en mi mano, chavala.

    Querido camarada. La solución puede ser esa o podría ser discriminatoria y omitir el artículo determinado pero no el indeterminado, por la complejidad de un que bien señalas. Da igual, siempre será discutible o arbitraria desde el punto de vista lingüístico, si es que se quiere que sea sencilla y útil. Lo importante en los sistemas de ordenación no es que sean naturales o lógicos sino que sus caprichos se cumplan tan a rajatabla como sus razones. Y tú, aunque catalán, también lo sabes.

  • Bremaneur
    Jueves, 14/09/2017 a las 22:09

    Las gramáticas académicas (las Nueva Gramática de la Lengua Española, en cualquiera de sus tamaños: la gorda, la manual yo la básica) son buenísimas.

  • Procuro fijarme
    Jueves, 14/09/2017 a las 22:18
    Bremaneur
    Jueves, 14/09/2017 a las 22:09
    Las gramáticas académicas (las Nueva Gramática de la Lengua Española, en cualquiera de sus tamaños: la gorda, la manual yo la básica) son buenísimas.

    Qué bien. A la hora de catalogar un libro de Julio Llamazares, además de las AACR y de la CDU voy a tener que consultar el libro amarillo y gordote de la RAE.

  • Creo que el único libro dedicado que tengo en casa es uno de Julio Llamazares. Tengo que prenderle fuego a mi biblioteca y volver a empezar.

  • Qué bien. A la hora de catalogar un libro de Julio Llamazares, además de las AACR y de la CDU voy a tener que consultar el libro amarillo y gordote de la RAE.

    ATENCIÓN: la Gramática es solo para divertirte. Para clasificar a mí me parece que es igual la decisión que tomes, que siempre será arbitraria desde el punto de vista lingúístico. Si hay una razón para omitir el artículo, seguramente será práctica (su abundancia y poco peso semántico); si son igual de frecuentes los títulos que empiezan por un, una, entonces conviene eliminarlos también de la alfabetización. Pero eso no significa que un no tenga otra vidas además de la de ser actualizador indeterminado, vidas que van a ser sacrificadas para la economía y el orden. PUES QUE SE MUERAN.

  • Procuro fijarme
    Jueves, 14/09/2017 a las 22:45

    Claro, es una cuestión práctica. De no aniquilar, exterminar y acabar con los determinantes, los libros ordenados por «El», «La», «Lolas» se agruparían en una masa inmanejable. Os lo juro, el exterminio de los determinantes ayuda a encontrar cosas y a que el mundo científico avance a pasos agigantados. También ocurre en las bases de datos con unas cosas que se llaman «palabras vacías». Determinantes, pronombres, preposiciones, etc., se listan para que la base de datos no tenga que leerlas cuando hace búsquedas (explicado así a lo bestia), de tal manera que todo sea más rápido y confortable y mejor. Porque estar mejor siempre es mejor que estar peor.

  • Vi hace unos veranos a Llamazares en la mejor iglesia del pueblo pronunciando la apertura de unos cursos de verano. Creo que hablaba del oficio de escritor y fue una «conferencia» muy floja y un circo muy grande. Yo le miraba y pensaba que seguro que se le había desprendido su cuerpo astral y vagaba por entre las columnas observándole con desprecio. Piglia, en los diarios, no hace más que preguntarse por qué hago esto. Quién me manda querer vivir como escritor esta inmensa zozobra de mis mierdas.

  • Procuro fijarme
    Jueves, 14/09/2017 a las 22:07
    ¿Quién quiere hablar de los artículos y de todos los otros determinantes

    Yo. Me parece que la oposición entre determinados e indeterminados, el/un, es arbitraria. Hay eles/las que no valen nada y otros que tienen tanta personalidad o más que un/una/unos/unas.

    Por ejemplo, yo clasificaría pasando del determinado

    La conspiración de Catilina
    El tesoro de Sierra Madre
    La soledad del corredor de fondo

    Y en cambio clasificaría por la primera letra del artículo

    El buscavidas
    Las diabólicas
    El bebé de Rosemary

  • ¿Por qué? No sé (Proc, aiuto), pero me parece que si se prescinde del artículo en los primeros ejemplos no se pierde la esencia: conspiración, tesoro, soledad. Uno podría buscar así en los estantes. En cambio el determinado en los segundos ejemplos ¿no les parece esencial? ¿Buscaría uno ‘buscavidas’, ‘diabólicas’, ‘bebé’? La conspiración de Catilina podría titularse Conspiración de Catilina, pero El bebé de Rosemary es EL bebé.

    ¿Tiene que ver con que el artículo acompañe a una persona en lugar de a una cosa?

  • – O sea, que Paula Vázquez anda por Cedeira, y dice no conocer a Pablo Iglesias.

    – ¿Quién dio la noticia del romance?

    – Alfonso Ussía.

    – ¡Ussía, no me jodas! ¿Pero sigue vivo?

    – Bueno, hay una leyenda urbana que propone que lleva un tiempo muerto, y que escribe desde allá, de ahí ese inquietante tono de ultratumba. Es complicado. Todo es cosa de que esté conectado a una buena ouija.

    – Como el lío de Valdano y la Presley. ¿No fue suya la exclusiva?

    – No, aquella fue de Losantos.

    – Ah.

  • He intentado mantener perfil bajo en la cena con los ponentes de las charlas que patrocinamos mañana, para darle protagonismo a mi director tóxico.
    No me ha salido.

  • Satur, las opiniones o son verdaderas o son falsas. Lo único que les pasa, según la exposición que hizo Platón de ellas, es que son una u otra cosa por casualidad; no, porque el que las formula sepa bien de qué habla.

  • Va a ser Amarna Miller, no Paula Vázquez y que Ussía fue un cortes caballero ascendiendo a la Miller a actriz.