Días atrás (y II)

cornejo
Por Jgfed.

5. (continuación)

MCXXVIII. Vérsele el plumero

Cuando expresamos una opinión tratamos de escoger nuestras palabras. Entonces lo que hay detrás de esa opinión tiene importancia. A veces somos intuitivos y luego improvisamos argumentos, eso es bonito de ver si está bien hecho, pero acaba aburriendo cuando no en la injuria, por no hablar del ingenio: recuerdo muy bien cómo durante la celebración de una comunión un señor llamó a una mujer imbécil y nos dijo, ante las inquisiciones de ella y con las miradas de los otros, debo decir que yo soy partidario de señalar al pecador, sin darle razones. No me gusta explicar el pecado. A mí me gustaría, si lo considero conveniente, poder indagar en las razones, si me consideran —y mejor si me lo dicen (idiota)— como tal.  Tiene usted entonces la posibilidad de tratar de averiguar las razones del otro. Y es así más fácil que pueda dejar de ser ese idiota, desde mi punto de vista. Una de las señoras que escuchaba, se cagó viva.

Uno de los posibles orígenes de esta frase lo puede encontrar cualquiera en internet: la fábula La corneja y los pájaros, de Esopo. Se dirime el ave más bella entre las bellas del mundo, los participantes acuden al río a lavarse, cada ave pierde en el río al menos una pluma. Las aves por lo general pierden alguna pluma debido a la mala alimentación, el estrés, las infecciones o la muda. La pérdida se ve facilitada, suponemos, por el hecho de arrojarse las aves el agua o al sumergirse en ella para estar más limpias. La corneja las mira. Es un ave de color negro, su cuerpo y sus patas y pico, con algunos reflejos metálicos, (es confundida a veces con el cuervo, de mala fama también), considerada un ave acomodaticia, capaz de comer una gran variedad de recursos que le ofrezca el medio, por ejemplo semillas, huevos y crías de otras aves, invertebrados, pequeños vertebrados como lagartijas y más frecuentemente carroña. Se olvida en ocasiones su útil papel en el control de plagas agrícolas. En la fábula la corneja recoge una pluma de cada uno de los participantes y se la pone alrededor del cuello. Cuando le van a proclamar ganadora del certamen las otras aves indignadas le quitan cada una la pluma correspondiente y se descubre el pastel. El lector debe raudo en las fábulas sacar una conclusión. La belleza podría verse realzada por la desnudez y el agua.

Tú hablabas minutos antes de la sintaxis, decías, literalmente, es posible que no sea más que pensar bien. La verdadera sintaxis. Lo decías como propio, como una idea tuya, hasta el punto de parecer creíble, a pesar de que el tono era algo más retórico de lo habitual. Yo creí ver impostación, diría que podría parecernos impostada la preocupación, cuando oíamos “no es más que eso”, “quizá deberíamos preocuparnos más por…” o “es significativo”. No me parece muy mal. Sé que uno de tus temas recurrentes es la sintaxis cinematográfica. La idea es buena para cualquiera.

Me gusta mucho menos el espectáculo que es coger ideas ajenas basadas en la insidia o la estupidez, quizá ruines, o sin tapujos fórmulas demagógicas conocidas potencialmente por cualquiera, y depositarlas con disimulo en las consideraciones, para decir cuando se te afea la oportunidad que no son tuyas (pensamos en encontrar bajezas propias en las palabras de otros y hacerlas pasar por impropias cuando se afean) o que era una broma o –las que están más fieras agarradas a tu corazoncito– que no dicen lo que dicen. Es irritante ver no ya negar que nos guste algo turbio, que nos satisface un poco la violencia, ni siquiera escuchar que lo turbio no es turbio o la violencia no es violencia, sino ese soniquete, el reclamo disimulado de la posesión inviolable del derecho invisible a que lo turbio no sea turbio y la violencia no sea violencia. Esto podría ser con el ceño fruncido la posverdad, esa palabra que dices entre risitas como muletillas, los sonidos y la palabra.

El sonido principal que emite la corneja es un robótico arr o un grave kraar y en vuelo una secuencia más suave, un kloc, kloc, kloc. Tú eres un cornejo.

MCXXIX.

Me dice Ana que tengo que cuidar –sonriendo, lo que va a decir no es del todo serio- mi higiene personal. Vas despeinado y te tienes que comprar polos. Me miro el polo. Este polo sí está bien. Solo uso este y otro verde para salir fuera, los otros son para estar en casa. Se ríe y mira las uñas de mis pies.

—Están cortas —digo yo.

—Sí, ya, bueno…

En realidad estoy despeinado porque acabo de salir de la piscina. Tengo en cambio las uñas de las manos un día más largo de lo correcto.

De más joven era un poco desastrado, con ese encanto casualmente descuidado. Quizá lo echa o lo echamos de menos.

Por la mañana, antes de ir a la piscina, para andar por casa me puse un polo rojo que aún lleva mi nombre en el interior del cuello, escrito por mi madre con un bolígrafo de tinta indeleble sobre la tira blanca cosida, porque formó parte de la ropa que llevaba al internado, hace 25 años. Me queda pequeño pero está en perfecto estado. Otros que uso en casa (como mucho para comprar tabaco o pipas) tienen los cuellos deshechos y los bordes deshilachados.

—Está claro que antes la ropa era mejor.

—Estos polos eran caros, muy caros, pero duran 30 años. Se abarató todo un poco. Ahora duran cinco años y venden 200 veces más.

Le aburre un poco el tema pero se ríe porque cree que protesto, que lo digo un poco enfadado.

—Tú tienes ropa de más tiempo, —le digo también sonriendo— lo que pasa es que crees que es mérito tuyo haberla conservado. Piensas que quizá se debe a tu perseverancia y previsión. Te crees agente de bolsa.

Se ríe.

MCXXX. REESCRITO (IDEAL)

Leo que las listas son como… en realidad —a disgusto— solo me he quedado con algunas palabras: certidumbre, engaño, entretenimiento, ilusión. Creo recordar haber hecho listas para coger el sueño (Alan Alda, Briguite Bardot, Carlos Cano, Charlie Chaplin, Daniel Defoe, Ernesto Ekaizer, Federico Fellini, Gabriel García…) al menos (pienso de qué los conozco, intento completar el abecedario y me duermo) desde los 16 o 17 años (Ana Álvarez, Carmen Conesa, Holly Hunter). Antes, entre otros ejemplos en los que no quiero entrar, recuerdo —quizás tendría los 11 años— haber tenido siempre una lista de dos o tres hechos turbios sobre mi conciencia. Y esto, con menor intensidad, hasta los 18 años. Pensaba en esos hechos y me mortificaban. Alguno desaparecía, se resolvía, se olvidaba o perdía la importancia, pero quedaba al menos uno y con sufrimiento me decía:

–¡Siempre tiene que quedar uno!

Solo me veo capaz de traer dos a colación: Con 12 años le hice a mi prima de edad similar unas fotografías desnuda, haciendo el tonto más bien, y recordaba haber visto el carrete puesto, y no sabía, cuando el hecho entró en la lista, dónde estarían la cámara y el carrete. En realidad lo viví así pero ahora pienso que el carrete estaba gastado cuando simulé hacerle por lo menos 20 fotos (lo recuerdo, 20 en tres o cuatro ocasiones, 60 clics). Creo que era un niño algo jesuita. Mi prima, por cierto, tendría 10 años por entonces.

Por quitar misterio debo decir que recuerdo (junto con otro hecho anterior y aún más turbio) a otra prima, mayor en este caso, que me enredó para que pusiera mi pito entre sus piernas, para probar qué sentíamos (ella 10 años, yo 8). También recuerdo que a ella le daba la información (y leía algunos párrafos de sus novelas) la muchacha de 20 años que trabajaba en su casa.

Dije que traería dos. Es curioso que fuera posterior, porque parece mucho menos turbio: le robé un dinero a mi madre de su bolso. Pongamos 200 pesetas en los años 80. Estuvo mucho tiempo en esa lista.

Uno de los primeros poemas que escribí, siendo muy joven. Se trata de una mujer quince años mayor. Puede parecer infeliz.

Lo mejor, lo que pienso,
se lo digo a ella.

Su mirada y su carne,
se lo digo a ella.

A lo mejor sonríe
y la vida es seria.

En ese mismo año, con la decepción y por un irreflexivo sentido del ridículo quise modificarlo. Acabó después en esto:

REESCRITO (Ideal)

1.-

‹‹A lo mejor, sonríe›› (sonreídle a “lo mejor”) y
‹‹La vida es seria››.

2.-

Lo mejor, lo que pienso,
se lo digo a ella.

Su mirada y su carne,
se lo digo a ella.

‹‹Sonríe a lo mejor›› y ‹‹La vida es seria››, lemas independientes.

De esa época larga (lo tiré todo), recuerdo afortunadamente algunas cosas más. (…)

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© 2018 ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS. Tema de Anders Norén.

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