Lille

Por JrG.

El TGV salía de la estación de Angers.
Esta era mi segunda experiencia en tren.
El tren es para viajar, y el avión es para trabajar y para ir muy lejos, allí donde las carreteras se acaban y comienza el agua, donde los kilómetros se convierten en jornadas que son demasiado caras.
Viajar en el TGV tiene la ventaja de que la gente no te molesta con sus teléfonos y el ruido ambiente no se ve perturbado más que por los sempiternos bebés que nos acompañan en todos los momentos que sales al exterior.
Lo de viajar con bebés se debería considerar un delito contra la infancia, y contra las personas que no son sus progenitores.
Percibir los 302 kms por hora está sólo al alcance de una pequeña aplicación del teléfono que te lo indica, ya que la SNFC no pone velocímetro en los vagones, y el confort es bastante bueno.
Voy mirando un folleto que me descargué, de lo que quiero ver en Lille, que se centra en callejear el centro antiguo, examinar la universidad Católica para la niña y sobre todo la famosa Villa Cavrois. Un fin de semana no da para más, sobre todo cuando ya no te gusta mucho moverte, y menos en grupo.
Somos tres parejas de las cuales una tiene 4 hijos, la otra dos y nosotros 1.
Mover 13 personas por una ciudad no es nada sencillo, pero aún así tampoco ha sido horrible.
La primera noche teníamos cena en casa en una pareja de amigos que residen allí.
El es un afamado neurocirujano que vive con su compañero en una villita exquisita. Típica de la construcción del norte, en ladrillo rojo, con reminiscencias Bauhaus y decoración Modernista. Muy pocos muebles, pero bien elegidos, así como un tratamiento de paredes muy limpias con carpintería en negro. Iluminación indirecta que propicia sombras.
Un decorado perfecto para portada de revista, pero muy poco confortable.
Les enseño lo que deben saber de España, mientras regamos con champán.
Trato de traducir al francés el chiste de la mujer y su dolor de cabeza.
No te duele la cabeza… ¡pues a follar! Nos reímos durante mucho tiempo, sobre todo ellos.
El resto de la noche sigue con el tema y pocas variaciones.
Desayuno a las 9,30, los jovencitos en un hotel y nosotros en otro.
Paseo andando hasta el campus, que se asemeja a uno inglés, incluso podrías pensar que estás en Boston.
Hoy tienen jornada de puertas abiertas, y el hijo mayor de uno de nuestros compañeros de viaje les muestra la facultad a los interesados del grupo, mientras nosotros nos enteramos de lo que importa, que es cuanto cuesta financiar esos estudios de medicina.
El aspecto es inglés, pero el precio es francés, más barato que algo similar en España, y los alquileres de la zona nada desmesurados.
Lille no es París, y las distancias además son caminables.
Cumplido el protocolo, tratamos de comer en algún sitio que se nos hace imposible para 13 personas sin reserva previa un sábado.
Grupo de jóvenes a una hamburguesería y esponsorizadores a un italiano, en el que debes servirte tú mismo.
El café es lo único con nivel italiano, así como el atrezzo. Lo demás, bazofia.
Anne y yo nos decidimos por fin a ir a la Villa Cavrois.
Pedimos un taxi, y le damos la dirección.
El taxista no sabe muy bien dónde es y nos pregunta si es un restaurante.
Mala cosa, que un taxista no sepa nada del asunto.

Bassin-de-natation-©-Robert-Mallet-Stevens-ADAGP-©-Jean-Luc-Paillé-CMN

Bassin de natation ©Robert Mallet Stevens ADAGP ©Jean Luc Paillé CMN

Lo primero que destaca al llegar es el color amarillo de los ladrillos, que se fabricaron ex profeso, y el equilibrio exterior de una masa tan grande con un color cuando menos singular para el entorno en el que se ubica.
El amarillo sería como una tierra de Siena clara, con amarillo huevo y clareado con blanco en mate. Pero mejor lo miran en internet y me dicen lo contrario.
Cuando se franquea la puerta negra de metal, de entrada a la finca, y te vas acercando, esa masa con sus enormes aberturas rectangulares se desarrolla enorme, gigantesca, más como un castillo que como una Villa.
También es cierto que la familia del promotor de este edificio, era de 7 hijos más el servicio, que no es poca cosa, pero sigue siendo gigantesca.
La puerta de recepción da acceso a un salón con proporciones de catedral y una cristalera que da la visión del jardín y comienza a distribuir la planta noble, con una escalera lateral que da acceso a la zona superior donde se alojaba la familia.
El encargo no sólo incluía la vivienda y el jardín, sino todas las soluciones constructivas, la decoración, el mobiliario, y el equipamiento general. Desde pomos hasta goznes y materiales inéditos.
Una de las habitaciones es una escultura suprematista en colores.
Un delirio artístico con proporciones megalómanas de industrial de hilaturas, que parece un hotel de Las Vegas.
La habitación más recoleta es la de fumar, en la que se ha utilizado menos de la mitad de la altura general con una ventana curva y un armario de cigarros para unas 1.000 unidades.
Después pudimos ver la galería que explicaba la resurrección de este edificio, que fué adquirido por el estado y reconstruido hasta el mínimo detalle, después del abandono y pillaje al que fué sometido por parte de los compradores entre los años 80 y 2000 que pretendían hacer apartamentos.
En el viaje de retorno al hotel, no podía dejar de pensar en el coste de restaurar ese edificio que tenía suelos de parket de maderas africanas macizas. Paredes de maderas que jamás había visto en directo. Salas de baño del tamaño de grandes apartamentos en azulejos blancos y moqueta de lana negra. Acero inoxidable de 5 milímetros de espesor para las esculturas que tapaban los radiadores. Mármol negro de la ya extinta cantera Belga. Estucados en verde agua sobre muros de más de 6 metros de altura.
Pensaba en que los impuestos de mi mujer se utilizaran en esto, junto con el resto de Franceses. Escuchar los ohhhhh que musitaban bajito un grupo de ancianos ante las huecas y repipis palabras de un cicerone.
Los comentarios de admiración y las estupideces de los que como nosotros habíamos pagado 5 euros por entrar a verla.
Pensaba en que viajar está sobrevalorado, como forma de pasar el tiempo y que a la gran mayoría les sirve de bien poco.
Pensaba que la libertad es un concepto muy mal entendido y para el cual una gran mayoría no está ni preparada, ni la necesita.
Y que el dinero en muchos casos sólo ha generado esperpentos.
La cena de esa noche me reencuentra con el valor de la amistad, y la cálida acogida que estos nuevos amigos me han dispensado sin solicitarla.
Me han hecho sentir querido, y yo les correspondo como puedo, que es poco.
De todas formas Lille me resulta mucho más acogedora que París, y sus gentes no tienen ni punto de comparación.
Los precios dependen de los valores sin nunca ser desmesurados.
La villa Cavrois es lo único desmesurado en esta ciudad, que resulta como un Versalles de principios del siglo XX, dónde los reyes fueron cambiados por burgueses muy potentados. Está en las antípodas de lo que pudiera pretender la esencia de la escuela Bauhaus, o los de DeStijl.
Con calma el TGV nos devuelve a Angers, en un trayecto que se me hace muy corto, por la ganas de llegar que tengo.
Cholet nos recibe frío, y sin la caldera prometida.
Llego y me pongo a pintar algo muy pequeño, pero sin quitarme la parca, y escucho al payaso en una entrevista.

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