Setze jutges mengen fetge de un colgao

Por el Camarada Sërgêï.

– Suba al estrato.
– ¿Esfera?
– ¿Perdón?
– ¿Subo a la estratosfera?
– No, al estrato, a testificacionalizar.
– Recuso.
– ¿Acusa?
– ¡Protesto!
– Se admite.
– ¿A quién?
– ¿Cómo?
– ¿A quién se admite?
– No a quién, sino qué: la recusación.
– ¿De qué?
– De lo expuesto por el fiscal.
– Renegado.
– ¿Acaso he abandonado mi religión?
– No, niego la emoción.
– ¿Moción?
– Mucha, esto es excitante.

Había sido un juicio muy duro, sobre todo porque nunca supe si gané o no. Es cierto que mi defendido está en prisión, pero no tengo claro si cinco años es aceptable o si podía haber luchado por la absolución con una fianza de doscientos mil euros, retirada del pasaporte, y obligación de que mi defendido se presentara en la comisaría más cercana para saludar. El juez Satur es implacable.

La cosa comenzó por la mañana. En realidad no fue así, pero es un endecasílabo perfecto, con acentuación en la segunda y la sexta sílaba. Y rima con «marrana» y con «fulana», dos palabras de mi especial predilección. Sí… Además de abogado soy poeta. ¡Y del Osasuna!

El caso es que el sargento Fructuoso García terminó en la cárcel por un delito que no cometió, como los del Equipo A. Pensé que era un caso fácil: esperaba que Fructu fuera condenado, que huyera de la prisión y que hoy, todavía buscado por el gobierno, sobreviviera como soldado de fortuna; si usted tuviera algún problema y si lo encontrara, quizá pudiera contratarlo. Pero en la cárcel conoció a un tío chungo, un tal Junqueras. No es que estuviera metido en drogas o que le enrolara como mercenario o asesino a sueldo. No: se radicalizó. Ahora mi cliente se hace llamar Fructuòs Rataflutis y solo come munchetas y calsots. O sea, habichuelas y cebollinos. Y habla únicamente catalán, por lo que mi apelación ante el Supremo se está complicando en demasía.

– ¿Cómo se encuentra, Fructuòs?
– Muy bé. Comu moltu chorisu y bucadillus de ques. A la cársel no se manja malament.

No solo el Numancia había apalizado el sábado al Osasuna, también me había dejado mi mujer y, por un error de procedimiento, me vi obligado a pagar la pensión de los hijos que había tenido con su amante. Ahora, por si fueran pocas mis desdichas, estaba obligado a defender a un independentista radical de Logroño, antiguo Guardia Civil, que se empeñaba en hablar un catalán inventado.

– Fructuòs, he trabajado mucho la apelación. Tendrá que hablar ante el juez en castellano.
– No reconec cap jutge amb setxe fetzes penjats d’un capvespre de caire engolidor i pocasolta amb cabells de la color de la pastanaga.
– Fructuòs, no le entiendo, pero me gusta la cadencia rítmica de su exposición.
– El català és una llengua superior.
– No lo dudo, pero usted es inocente, y si se empeña en obstaculizar la justicia…
– Bon cop de falç!!

El empeño de Fructuòs por hablar catalán, responder con consignas y dar un mitin en el juzgado no facilitó que se suspendiera la condena. Pero él es feliz en prisión, exigiendo carn d’olla en el menú y hablando en catalán hasta con las rejas. Yo, mientras tanto, sigo con mis casos, con los «pleitos», como dice un amigo, y con mis versos. Ahora estoy componiendo un poema cosmogónico en el que un Ser Superior crea el mundo con el único fin de que Lecumberri le meta tres goles al Barcelona, uno de ellos de rabona. Está la cosa difícil, porque solamente puedo rimar con «perri». No es serio.

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© 2018 ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS. Tema de Anders Norén.

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