Yes, we can’t

El juego de SatánPor Satur

Hace tiempo que mi lectura de la prensa diaria se reduce a echar un vistazo rápido a los titulares. Me entero así de lo que dicen los políticos, pero no de lo que hacen; de que en Cataluña parece que hay unos que se quieren ir, lo que me recuerda a esos mastuerzos que, en una pelea, gritan “¡sujetarme, que lo mato!”, sin que nadie se oponga y haciendo ademán de abalanzarse sobre el contrario; y sobre todo que Messit se ha comprado un Supermirafiori en Argentina, que Rolando ha cambiado de desodorante, que Guarret Ballet se ha comprado un cinturón de una alienación de titanio e iridio especial y que Gerardo Piquer juega al Quimicefa con su mujer Shangri-La. A eso se reducen las noticias de portada de los medios de comunicación patrios.

A veces profundizo en demasía y hurgo en busca de noticias de los deportes de verdad. Así me entero de que Alex Docevalles, hijo del mítico Talan Docevalles, no podrá jugar el europeo de balomano. Y cuando leo la noticia no encuentro por ningún lado, aunque me he puesto las gafas de ver, cuándo diablos se juega dicho torneo, por lo que tengo que tirar de teléfono inteligente para llamar a mi primo Efrén, que se las sabe todas, y me da minuto y resultado. Gracias, Efrén, toma un purito Reig. El purito. La prensa es un asco.

Ahora a los periodistas deportivos, que no son los que van a la redacción corriendo o pegando brincos desde sus casas sino los que escriben sobre los desodorantes, el Supermirafiori, los cinturones y el Quimicefa, les da por hacer la pelota al Atlántico. Así cambian de rollo y los lectores nos ponemos tiernos en número neperiano contrariamente exponencial a la dureza del turrón conforme pasan estos entrañables días, pensando que el mundo es justo y no todo es dinero y poder y que no está mal que unos desharrapados con la camiseta del Sportinck de Jijona le planten cara a los merengues y a los culets. Eso pasa por hacer del balompié una metáfora de nuestros sueños. Y no.

Hablemos de la realidad de las cuestiones técnicas, de hechos, del balompié desde un punto de vista si no científico sí al menos cientifista. Hablemos, como nos dice el Dr. Chelo Simenone, del balompié match a match. Y el próximo es el que se escenificará el sábado en el coliseo colchonero, el contencioso que enfrentará a las escuadras atlántica y culet. Sobre el céspet del Caldero se escenificará una tragedia con dos protagonistas claros: la raza y la técnica. El culet es un combinado efectivo. De juego bostezante, pero milimétrico y resolucionativo en función de alterar de manera positiva los guarismos del electrónico a su favor. En cambio, el Atlántico es un conjunto de elementos posicionados en función de sus características intrínsecas, pero sin calidad como piezas unánimes o unívocas. A lo mejor Koke Resurrección no es Niestá o Misut Ödzild o el huerfaniforme Lukas Madrid, pero en conjunción con sus coetáneos sobre el tapete de los distintos coliseos donde ejerce su juego, resulta clave. Qué podemos decir de Diegocosta. No he visto delantero más tosco desde los tiempos de Juliosalinas o de Onésimo, pero sin encambio, actualmente raya a la altura de un Rolando o de un Messit y es único en el cuerpo a cuerpo, en el contrataque y el pundonor. Me recuerda harto a un compañero mío, el Vinagre, que en los campos de balompié de los Salesianos cogía la pelota entre sus pies, la miraba fijamente y avanzaba en línea recta sin alzar la vista y como si no hubiera un mañana. No había manera de pararlo o de hurtarle el cuero, y una vez traspasada la portería, cuando ya estaba a la altura de Orense, había que convencerle a gritos para que regresara y pudiéramos continuar el encuentro.

No obstante lo cual, disponemos el sábado de un tablero verde sobre el que se moverán en alternancia veintidós fichas, unas elásticas con dos estandartes, un esférico y varios colegiados con chiflete, pinganillo y banderolas. A su alrededor, un respetable vociferante, sanguíneo, primitivo y festivo como pocos. Si uno de ambos combinados resulta vencedor, encabezará la tabla en solitario. De empatar, el Realmadrí recobraría las esperanzas desperdiciadas por su juego mediocre de esta temporada. Queda mucha liga por delante, mucho esfuerzo, muchas partidas por rematar.

En liza hay dos combinados que despuntan, el culet y el merengue, los dos que acaparan las portadas de los rotativos generalistas, aunque sea por noticias alejadas de la pura técnica deportiva. La lógica nos dice que el Atlántico se descolgará pasados los meses, pero cabe recordar que en la última jornada ha de enfrentarse al combinado granate y azul en… ¿el Nou Cant? ¿El Cant Nou? Procedamos por derecho: en el coliseo culet.

I have a drum.

Última jornada de la liga BBUBA. El Realmadrí lucha por puestos UHF. Por delante, como los lacerantes cuernos de ese toro que es España, pugnan por la victoria las escuadras colchonista y mediterránea. Como si de una final se tratara. Hierven los aledaños del coliseo culet. El palco se llena de autoridades mundiales: Jordit Pujó se sienta junto a M. A. Barrakus O’Bama, dirigente congoleño-irlandés de los USA.

El partido es una previa al imposible referéndum de noviembre. Son muchos años de victorias granates y azules. Los catalanes no están acostumbrados a las alegrías; lo suyo ha sido siempre el llanto. De ahí que, victoria tras victoria de su equipo balompédico, hayan decidido buscar una nueva derrota política en una llamada a las urnas comarcales. El Atlántico salta al césped dispuesto a desplegar su Satan’s game. Una contra esforzada nace a los pies de Arde Turán, toma el esférico Koke Resurrección que cede a Davit Milla que, apenas acariciando el cuero, la deja en solitario para Diegocosta. Caen Busquels, Puyold y Piquer. Remata Diego y GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLL.

Y ASÍ CINCO MÁS.

Derrota humillante. Los culets, por fin, se sienten a gusto consigo mismos, llorando como antaño. Ya no necesitan referéndum. España está a salvo.

Yes, we can’t.

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