El estado

Por Jgfed.

Sí (como dices), es recomendable la posesión de aficiones y no es recomendable que estas te posean. Dejando de lado las inquietudes sobre la posesión (por qué lees eso o ves eso o juegas a eso, por qué te gusta), es sanote ver las películas, leer los libros y jugar a los videojuegos y a los deportes. Sanote es también apagar la luz para regular el consumo de pienso, la actividad y el bienestar de las aves.

¡Cómo disfrutarías en el futuro! Como en esa película tendrías una Mireia empezando la universidad, comprensiva y rebelde, instintiva e inocente, desnuda en tu casa¹. Como en aquella novela, ayudarías a resolver algunos casos a aquella anciana, o serías la vieja misma². Podrías anotar 27.7 ppp, también matarlos a todos, harías stand up³.

Robots-mujeres/hombres, programas, equipos de robots, aventuras ambiciosas imaginables. No te distraigas considerando ahora las posibilidades de rebelión, solo si es la aventura optada.

A tu medida.

No lo verán tus ojos ni los míos. Ni siquiera el desarrollo incipiente. Consuélate con tu vida como entretenimiento popular futuro. En el porvenir también se podrá vivir las vidas de los muertos, se podrá ‘comprar vidas’. Sobre cadáveres enterrados (no incinerados) se podrá acceder a la vida que llevaron esos muertos, se podrá sentir lo que sentían, más bien ver lo que hacían, las 24 horas del día. Sí, tened cuidado con lo que hacéis a solas, vuestras vidas serán el entretenimiento útil  de las personas en el futuro.

En ocasiones vivo mi intimidad como si tuviera público.

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¹ ² ³ También personas y cosas más vivas (también robots, programas).

 Podrán ser también compartidas.

 Popular, por estar al alcance de todos los bolsillos y también por útil.

 Útil, también por más vivas.

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ARDE EL BAR. Paseas por la puerta de Alcalá con un autor, 1930. Tomáis tú y tus amigos unas copas, con ese autor y sus amigos. En el local Caballo Último. Competís tú y todos los amigos, en risas y en ingenio, pasándolo estupendamente. Vestís de época. Ahora de repente estás sola en París, tomando un le croque monsieur entre preguntas o sus símbolos. Después, en una trattoria, en Roma, a las afueras. De nuevo en Madrid te cruzas con otros escritores, coetáneos de los otros y ni siquiera les saludas. Al fondo está sentado Juan. Es Rulfo. Hola Charlie, déjame tu bastón de caramelo, me como tus zapatos. Si llueve en la ciudad la cantaremos. En la puerta del Tannhäuser está Lili Marlen. Fuiste un patricio en el viejo imperio. Cercioras displicente la perennidad en llama de la móvil lamparilla, allí, enfrente el tabernáculo, aquella sinagoga. Te enfrentas a los narcos de aquella vieja puta o Sinaloa.

Los hielos tintinean a lo lejos en el vaso de whisky, recuerdan tu neón.

En la vieja Gran Vía, los autos llevan viejas pegatinas. Toi libre, toi legre, toi contento, toi furioso, toi triste y toi fadao. Te guiñan sus luceros.

Te miras al espejo, Willi el Tuerto.

Dejad de ser idiotas por ensalmo.

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(Red social) En los años ochenta los bollos industriales que podían darse de merienda venían con pegatinas de enorme éxito similares a estas.

 

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