La conjura de los machos

«Lección de osteología del Doctor Sebastián Egbertsz», de Thomas Keyzer en The New Rijksmuseum.
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Cabe suponer, pues, que los procesos de selección sexual reales se basan en criterios no arbitrarios, aunque a caballo de estos puedan evolucionar preferencias gratuitas. Numerosas observaciones y experimentos de campos abonan la idea de que los machos favoritos de las hembras suelen ser también los más curtidos, vigorosos y saludables. Pero si se acepta que los criterios de apareamiento femeninos tienen por objeto evaluar la calidad genética de los pretendientes, ¿por qué la selección sexual ha favorecido la evolución de instrumentos tan costosos para sus dueños como la cola del pavo real? Si se trata de elegir a los machos con mayor capacidad de superviviencia, ¿por qué preferir a aquellos cuyos atributos desmesurados comprometen su supervivencia?

Una solución a esta paradoja la ofreció el israelí Amotz Zahavi, quien señaló que cuanto más costosa es una forma de ostentación masculina, más fiable resulta como indicadora de calidad genética. Todo macho que consigue salir adelante a pesar de cargar con un lastre innecesario está proclamando a gritos: «Soy tan bueno que puedo permitirme jugar con desventaja». En consecuencia, un criterio de apareamiento basado en un atributo genuinamente desventajoso será favorecido por la selección natural frente a cualquier preferencia femenina arbitraria.

La conjura de los machos. Ambrosio García Leal. Tusquets, 2005.

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