Los radicales y el aborto

Aborto, un asunto en donde no pueden existir absolutosPor Fernando García

El reciente proyecto de Ley sobre el aborto ha provocada airadas reacciones en contra de los radicales feministas en contraposición a los radicales católicos que la defienden. También han participado en el aquelarre en contra de la Ley un grupo de radicales mucho menos conocido, los del determinismo biológico.

En síntesis, la nueva Ley aboliría el vigente supuesto de plazos sustituyéndolo por otro en que la madre debería pasar un periodo de reflexión y asesoramiento antes de tomar la decisión de abortar. Tal decisión, en todo caso, debería ser avalada por dos profesionales sanitarios que certificaran el daño psicológico que sufriría la madre en caso de llevar el embarazo a término.

Los radicales feministas (Elena Valenciano, Elvira Lindo) defienden el derecho de la madre a “disponer libremente de su cuerpo”, tal como gustan decir. Los católicos (representados por una mayoría del Partido Popular) defienden el “derecho a la vida”, que es su mantra favorito. Por su parte los deterministas biológicos defienden el derecho a elegir a un nuevo ser que tenga las mejores características biológicas que la ciencia pueda garantizar en cada momento.

Todas estas posturas tienen un trasfondo ético cuyo análisis debe hacerse bajo dos premisas:

  1. Deben analizarse los problemas biológicos con profundidad.
  2. Deben respetarse los principios básicos de la Bioética.

Parece que ni unos ni otros tienen en cuenta estas premisas. Tampoco parecen entender que estamos ante un conflicto de valores que son contradictorios entre sí. Isaiah Berlin consideraba que una democracia solo podía construirse a partir de aceptar estas contradicciones, lo que excluiría del diálogo cualquier postura radical.

Deben conjugarse los siguientes principios o valores en orden axiológico:

  • Primer nivel: No maleficencia (posible daño a la madre y al feto). Justicia (trato equitativo, por ejemplo, a malformados y no malformados)
  • Segundo nivel: Autonomía (poder elegir si se quiere abortar). Beneficencia (bienestar de la madre y del nuevo ser)

Con este planteamiento se ven a distancia los errores que cometen los radicales. Poner por encima de todo el derecho a elegir, como hacen los feministas, conculca el orden axiológico al poner por encima los valores de segundo nivel. Una madre que decide abortar porque “no le viene bien” tener un hijo está dando prioridad a su bienestar a costa de infligir un grave daño al feto. Según las premisas de los católicos el principio de No maleficencia tiene un valor absoluto que aplican exclusivamente al feto, olvidando el daño que podría sufrir la madre (de ahí la importancia que se valore adecuadamente éste). Los deterministas biológicos dan un valor absoluto al bienestar del nuevo ser conculcando gravemente los principios del primer nivel. El caso de un feto que se conozca que fuera a nacer ciego fue motivo de una interesante controversia que protagonizó Arcadi Espada, que se mostraba partidario del aborto en una circunstancia como ésta. Esta postura es radical, pues supone hacer daño al feto y no garantizar los mismos derechos a un malformado que a un sano. Además, da por sentados hechos biológicos que pueden no ser ciertos, como que sea seguro que el niño vaya a nacer ciego y que no tenga posibilidades de recuperar la visión.

Resulta doloroso que el debate público sobre estos asuntos esté informado por posturas políticas partidistas o convicciones morales inapelables. Sorprende la asertividad de los implicados en un asunto en el que por definición no pueden existir absolutos.

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