No se puede ser “guapo”

Sergio es un dependiente que une a un buen tipo y a una cara de serafín, una palabra cálida y afrasíada capaz de encender en constante llama el corazón más frío y glacial que se conozca.

Por eso no es de extrañar que el bar «La Mezquita», establecido en la Plaza de Santa Bárbara, que es donde presta sus valiosos servicios, se vea frecuentado por todas las muchachitas que atraídas por su mirada van en busca del madrigal escogido y floreciente del nuevo «Adonis». Pero ¡ay! que todo acaba en el mundo, y sabido es que la vida está llena de contrariedades. De éstas tuvo, en esta ocasión la culpa una hembra decidida y guapa que no contenta con las mimosas palabras del galán, quería acapararle para ella sola y demostrarle que no consentía su corazón volcánico el hielo del engaño. Claro que las demostraciones de la encelada dama no son todo lo apacibles que Sergio desearía, pero es que el corazón no piensa y menos los corazones «volcanes» que están pronto a producir cualquier erupción.

Y la erupción llegó ayer, y ante su fuerza arrolladora, volaron sillas y vasos, produciendo gran estrépito y bastantes daños, que Sergio ¡oh, corazón magnánimo!, se comprometió a indemnizar.

La decidida dama, aplacada su ira, se retiró presa de una gran crisis nerviosa y el pobre Sergio se quedó pensa[n]do en los inconvenientes que tiene el ser buen hombre.

La Opinión, 31 de agosto de 1926.

69 comentarios en “No se puede ser “guapo”

  1. Acabo de leer ahora las historias del motor del viernes, y muy bien. Hace unos años, tras ver un partido -una victoria, imagino- del Madrid en la Copa de Europa, me fui a beber con el colega con quien veo este tipo de partidos, con quien he visto ganar a mi equipo siete finales de ese torneo. Antes de pasarnos a las copas nos metimos en el Tronco, al lado del Carbones, a tomarnos un café. Varios parroquianos veían las repeticiones y andaban excitados tras el partido. Un chaval negro se nos acercó y empezó a hablar con nosotros y nos convenció para hacer una porra para el partido de vuelta. Le comentamos que seguramente no volveríamos al bar, pero le dio igual. No recuerdo si pusimos dinero. Dijimos nuestros resultados y él al poner el suyo escribió su nombre como Negro. Mi colega, siempre políticamente correcto, le dijo que tendría algún nombre, que cómo ponía Negro. Y el Negro le dijo que no, que todo el mundo le llamaba así y que él era el Negro en el barrio. Y así quedó la cosa, no le volvimos a ver y al Tronco, donde siempre suceden cosas extraordinarias, hemos regresado alguna que otra vez.

    La historia del Marqués me ha recordado a este otro negro, cuando justo además ayer me acerqué a ver el Museo Africano de los Misioneros Combonianos y me llevé a casa algún ejemplar de su revista Mundo Negro.

    Marqués, el jueves creo que me pasaré por lo de Trapiello, le aviso. Llegaré pronto de mi visita al psiquiátrico de Ciempozuelos y si andan tomando unas cervezas por ahí, me apunto, si se puede. Luego, a media charla, me iré para asistir al final de la de Juaristi, que es al lado de mi casa.

    Y mañana, aunque no suelo ir a conciertos revival, no me queda otra que asistir a la reunión de Demonios Tus Ojos en el Conde Duque. Su único disco de 1987 es la obra cumbre de Corcobado, ni antes con Mar Otra Vez ni después en solitario consiguió un sonido y una poética más salvaje. Uno de mis discos favoritos.

  2. Lucio Muñoz me encanta, pero casi lo que más me gusta de él es Amalia Avia.

    Falleció Arroyo y ya le podemos poner en la fila de pintores-escritores del siglo XX para la historia junto a Solana, Gaya y Saura.

  3. Pues sí, estupendo el enalce a lo de Arroyo.
    Gracias Josenez

    Y sobre el “pobre Sergio”
    Lo que no se puede ser es guapo y bueno a la vez.
    O lo uno, o lo otro

  4. LA LIBERTAD

    Ya he contado aquí alguna vez que uno las ha pasado putas, ganado muchas perras, vuelta a pasarlas putas y vuelta a ganarse la vida decentemente, varias veces en mi larga vida de currito.
    Este preámbulo viene a cuento porque sólo tuve una vez tarjeta de crédito y por cierto me metí en un pozo con ella, cuando vinieron mal dadas, porque tenía mucho crédito y me hizo falta para sobrevivir.
    La libertad de elección, no querer tarjeta de crédito, sólo de debito y recarga tampoco es ya posible. Los que también viajan mucho lo saben.
    Me ha tocado pedir una hoy mismo porque resulta imposible moverse por la Unión sin tarjeta de crédito. No puede ustet alquilar un coche, reservar en muchos hoteles, o pagar en peajes en los que la única forma de pago es la tarjeta y que no admiten efectivo.
    Expresamente NO ACEPTAN tarjeta de débito ni de recarga.

    Es decir, soy tan libre que aquellos a quienes compro un producto o servicio me obligan a pedirle crédito a mi banco porque si no, no me venden.
    Y así todo.
    A todo dios le parece normal.

  5. Swegen lunes, 15/10/2018 a las 14:17
    ¿Qué es “afrasíada”?

    No la encuentro por ningún lado y esto es un sinvivir.

    Parece un cultismo griego. No tengo a mano una gramática de griego para no meter la pata (suponiendo que no sea un palabro de esos de «culta latiniparla»), pero podría ser «una palabra palabra cálida y inefable (afrasíada) capaz de encender en constante llama el corazón más frío y glacial que se conozca».

  6. Adaptaciones
    lunes, 15/10/2018 a las 16:10

    Es decir, soy tan libre que aquellos a quienes compro un producto o servicio me obligan a pedirle crédito a mi banco porque si no, no me venden.
    Y así todo.
    A todo dios le parece normal.

    A mí tampoco me lo parece, Adapts.

  7. Esta noche iré a ver “Cold war”. Me sorprende que aquí no se hable de ella entre tanto aficionado, siendo como parece la mejor película del año con diferencia.

  8. Adaptaciones
    lunes, 15/10/2018 a las 16:10

    No es una cuestión púramente bancaria Adapts, ni comercial.
    Son las haciendas públicas de los gobiernos civilizados, las que no quieren que se les escape ninguna de las operaciones que hacemos.
    En alguna ocasión he contado aquí, que en este país de residencia, algunas cajeras ya no saben contar monedas ni billetes.
    Que un billete superior a 50 euros se mira con ojos extraños.
    Que pagar 0,95 € del pan se hace con tarjeta.
    Aquí, o al menos con la entidad que me manejo, las tarjetas tienen un coste elevado mensual, en torno a 8 euros/mes para una tarjeta con un límite de gasto de 300,- y unos 25,- euros mes para una tarjeta con barra libre.
    No cobran comisiones por operaciones, pero si tienes sólo 1 euro de números rojos, esa posición tiene un cargo de 8,. euros fijos, más los intereses de descubierto, aunque a veces sea sólo por valoración.
    No se cobra por las transferencias por ejemplo, aunque no sean nacionales.
    Sin tarjeta de crédito no se puede hacer nada, y sin tener una cuenta corriente es que ni existes, y para tenerla tienes que tener la residencia, pero para que te la den debes tener un domicilio que te alquilen, y ellos te piden una RIB previo.
    Es el sistema, y nadie protesta, aunque tampoco serviría, ya que la muletilla es que es por nuestra seguridad.
    España sigue siendo excepcional en todo ello, y el ciudadano, cada uno de ellos, cuenta, cosa que no se puede decir de este otro país que tanto les sirve de ejemplo a los que menos lo conocen.

  9. Vi Cold War la semana pasada, y me gustó.
    Prefiero no entrar en honduras hasta que se manifieste Proc, gran admiradora de la anterior de Plkwskympff, Ida.
    Solo apuntaré que los polacos se expresan en polaco, y no solo en el idioma.

  10. marquesdecubaslibres lunes, 15/10/2018 a las 16:40
    Esta noche iré a ver “Cold war”. Me sorprende que aquí no se hable de ella entre tanto aficionado, siendo como parece la mejor película del año con diferencia.

    La niña lleva dándome la lata desde que la estrenaron. Y yo me resisto porque la película:
    a) es de Pawel Pawlikowski, el director de Ida
    b) es polaca
    c) es en blanco y negro
    d) tiene banda sonora de jazz vocal, o así
    e) es de amores entre personas incompatibles
    f) es de guerra fría y comunismo
    g) le han dado el premio al mejor director en Cannes

    Vamos, que es un producto manofacturado y certificado para consumidores de «alta cultura». O sea, que fijo que ya la he visto una docena de veces por lo menos.

  11. No son tontos, sólo son cabrones. Saben que la espuma resultante pasado el sofocön informativo será «que caro está el diesel ¡putas petroleras!

  12. Películas-cómic serían, claro, Spiderman, Terminator, Sin City o Los Vengadores.

    Pero también la saga del 007, Misión imposible o la inmensa mayoría de los thrillers, desde Con la muerte en los talones hasta Heat, pasando por French Connection y casi todas las películas de acción que les vengan a la cabeza.

    También tenemos cómics de terror (todas las del Rey King, por ejemplo) o románticos como La la land.

    Después nos encontramos con las películas-cómic disfrazadas, término acuñado, si no me equivoco, por Goldman.

    La película-cómic disfrazada vendría a ser un tebeo al que se le ha imprimido una pátina de trascendencia. El propio Goldman citaba El cazador como ejemplo. A mí, además de cualquiera de las de Shalamayian, se me ocurre otro bastante reciente: Comanchería.

    Empezando por su gran reparto, esta película reúne todos los elementos para destacar: su pertenencia a un género que en el fondo todos seguimos amando como el western, el atractivo apoyo visual, diálogos inteligentes, pueblos remotos que parecen perdidos en el tiempo, un mundo polvoriento y ajado por el que transitan esos desperados al borde del abismo e, incluso, un trasfondo social –¡qué hijoputas son los bancos!–… Pero, al fin y a la postre, la película acaba cumpliendo con todas las pautas de la más trillada película de acción: el bueno mata al malo, el amigo del bueno muere heroicamente, y el malo-bueno se salva y puede disfrutar del dinero de los robos. Un happy end, disfrazado de final abierto si se quiere, a la vieja usanza. Si a la mitad de la película permitieran apostar por cómo iba a terminar, no pocos se habrían llevado el premio.

    Como dije una vez: “El bueno muere, el malo se queda con el rancho y la chica se casa con el caballo…”

    Más o menos.

    Particularmente, o veo una película que de verdad me transforme, películas como Malas calles, El apartamento, El séptimo sello, Fat City, Una mujer bajo la influencia, Centauros del desierto, etcétera, o, puestos a disfrutar de un cómic, prefiero los que invitan directamente a engullir palomitas y un refresco, te hacen pasar un buen rato, los olvidas al poco de verlos y, sobre todo, respetan la vieja regla de Billy Wilder: “Si quieres mandar un mensaje, vete a Western Union.

  13. Pues sí, Cold War es una película sublime, no apta para el público intoxicado de cine americano con sus negros drogadictos y Nicolas Cage poniendo cara de tonto.
    Formato 4×3, blanco y negro, caracterización de época exquisita, música sublime, sentido del humor y un amor fou entre dos actores desconocidos pero auténticos.
    Me pregunto qué lleva a la gente a ver basura pudiendo tocar el cielo por el mismo precio.

  14. La actriz de Cold War, a medio camino entre Hayley Mills, Jeanne Moreau y Monica Vitti o, como dice Rosa Belmonte, entre Gena Rowlands y Leire Pajín, está soberbia. Él también, que es una especie de Gregory Peck de pequeños almacenes.

    Todo ese portensoso comienzo recorriendo Polonia a lo Alan Lomax, las continuas y perfectas elipsis, Casablanca sobrevolando a ratos la película. Es magnífica.

  15. Háganse cargo, Josénez y yo nos arrastramos por el día en el polígono y por la noche nos travestimos de finolis e intelectuales. Cierto que está noche bajaremos a las alcantarillas para disfrutar de Demonios tus Ojos.

  16. Quizá actúa más como Gary Cooper que como Peck, es cierto. Ese empanamiento típico de Cooper que arruina películas como El manantial.

  17. Muy buena la actriz y el personaje de la atrezzista, la que no se pliega a las exigencias estéticas del partido.

  18. DE STENDHAL A DUNNIG-KRUGER

    Algún día deberá escribirse sobre la paradójica correlación establecida en determinados espíritus entre el consumo desmedido de material artístico de primera magnitud y la contrastada y absoluta incapacidad creativa.

  19. Pues mira que John Wayne. He vuelto a ver hace poco Centauros del desierto. No pongo un duro más de mi cuenta corriente y moliente de energías para que me guste John Wayne.

  20. John Wayne siempre hacía de John Wayne, Procuro. Era su único papel.

    En una ocasión alguien le comentó a John Ford –que en cierto modo se veía reflejado en el actor– que le iba a regalar un libro a Wayne.

    –Pero si ya tiene uno –respondió Ford.

  21. Gómez
    martes, 16/10/2018 a las 10:20

    Jugando con las correlaciones, ¿qué tal si invertimos el orden de los factores?

    Así, algún día deberá escribirse sobre la paradójica correlación establecida en determinados espíritus entre la contrastada capacidad creativa y el consumo desmedido de material pseudoartístico de cuarta categoría.

  22. Sí; bien visto. Ahora entiendo porque los enólogos de primera categoría afinan su sentidos bebiendo cantidades ingentes del Tío de la Bota (en tetrabrick).

  23. De todo hay en la viña del Señor: enólogos, viticulores, bodegueros y borrachines, HIP. Como dijo una vez el gran Rajoy, viva el vino.

  24. Me gusta el párrafo final de la fantasía cervecera en el que ¡tachán! los malos somos el dinero y los odiosos occidentales; vamos, los de siempre:

    Para Guan, también coautor del estudio, todo es cuestión de dinero: “Los países desarrollados tienen más poder de compra, así que la producción de cerveza que haya irá a satisfacer la demanda de los que tengan más dinero, puesto que es un producto básico de un mercado libre. Con el cambio climático, los pobres de China, India, Brasil o los países africanos tendrán que preocuparse más por su seguridad alimentaria (tener suficiente comida) que del consumo suntuario, como el de la cerveza”.

  25. Buenas tardes.
    Sobre lo de la cerveza, les pongo este enlace al un texto de Willis Eschenbach, en el WUWT, donde explica, con datos y con cuadros de coordenadas, lo del rendimiento mundial de cebada . Y luego, en los USA.
    No parece muy preocupante, y no creo que corran gran peligro nuestras tripas cerveceras.

  26. Con esos elogios encendidos de los que conocen ” La Alta Cultura”, sobre la película Cold War , especialmente las referencias a Gary Cooper, y a Leire Pajín, tengo claro que no voy a hacer nada por verla. Ni siquiera cuando la saquen gratis por el Canal+.

    Les agradezco enormemente la información.

    Y seguiré leyendo a Fawcett y a Popper,( sólo Liberalism… y The Open Society… que los demás, de momento ni lo intento ) y luego, para desengrasar, viendo cada día un par de episodios de “sex & the city” antes de irnos a dormir… Que esa serie será baja cultura, pero que ha envejecido colosal.

    Ya siento

  27. marquesdecubaslibres
    martes, 16/10/2018 a las 15:04
    Viejecita&Gómez o la baja cultura.

    ¡ Ya me gustaría a mí merecerme estar en tan alta compañía !
    Y conste que he disfrutado releyendo lo de la Lamprea, con la addenda de Gomez añadida al libro, por separado, en mi ejemplar cubierto de piel rojo sangre… ¡ Eso sí que es Alta Cultura !

  28. Holmess y Chabot :

    Los domingos son los únicos días en que leemos El País, que lo trae el hijo mayor cuando viene a la comida familiar.
    Y lo único que leo, sin falta, es el artículo de Marías. ( Me encanta sobre todo cuando habla del Real Madrid, y creo que sustituiría con ventaja a “Floripondio” ).
    Pero el libro por el que empezaba a despotricar en su artículo del domingo, era muy divertido al principio, cuando la chica contaba su infancia a lo bestia en una comunidad de esas mnemonitas o así que tienen en la América profunda, y que si se hubiera limitado a contar su infancia, en vez de reivindicar su “Alta Educación, y la denuncia de su familia”, el libro de Tara Westover me habría parecido bien. Pero que con esa segunda parte, me dió tal grima, que lo destrocé .

    Y que al famoso danés ( Knaussgärd o así ), que usa 150 páginas para contar como se ata los cordones de los zapatos, tampoco lo aguanto. Así que, estoy bastante de acuerdo con el chinche Marías, y le estoy empezando a perdonar algunas cosas que me habían parecido imperdonables…
    Mi memoria, que se olvida de lo malo. ( De mucho de lo bueno, también, por desgracia, que los años no perdonan)

  29. Procuro fijarme
    martes, 16/10/2018 a las 14:58
    Holmesss, Chatbot no te lee.

    Procuro, no encizañe: le leo (observe la apostilla al comentario de H., unos minutos después). Podría decir que, cual gorrino apropiador, me revuelco plagiando los enlaces traídos por otros (el eximio director de la BNE lo llamaba intertextualidad). Pero es más sencillo: como debatíamos sobre la creatividad y sus paradojas, me pareció adecuado volver a traerlo, por si a algún narciso se le había pasado su lectura.

  30. Y ya que estamos, ahora mismo dos genios frente a frente en Paramount Network: John Cassavetes y Peter Falk en uno de los mejores capítulos de Colombo.

  31. Me han llevado a ver “La sombra de la Ley”, cuyo asunto transcurre en Barcelona y uno piensa que es un guiño. Ley y Barcelona en la misma frase suena a 155 pero es un thriller de gangsters. Además de estar muy bien ambientada y vestida y tal y tal es, escena tras escena, un homenaje por no decir copia de las grandes películas del cine. Se reconocen planos y escenas calcados de Gangs of New York, Cotton Club, Hijos de los Hombres, Camino a Perdición, Los Intocables y hasta de Breaking Bad y más que ya no llego.
    Uséase que vale la pena verla; ver una peli de gangsters, polis y sindicatos en la Barcelona de los años 20 rodada casi toda en Galicia.

  32. Gómez, no empecé a apreciar a Falk hasta que le vi hace poco en A woman under the influence de Cass, de la que hablamos aquí esta primavera. Qué actorazo el tío, cómo le aguantó el tirón a Rowlands. Por cierto, por si le apetece, Gloria, una película que vale por toda una vida en el cine.

  33. Pues a mí Peter Falk me encanta haciendo de abuelo en “La Princesa Prometida”, ( una de mis películas favoritas )

  34. Era un gran actor, Pirata. Y sí, le dio la réplica a la maravillosa Gena Rowlands en Una mujer… La verdad es que le he tenido mucho cariño a la serie desde niño. La nómina de actores y directores es increíble, entre estos últimos, el propio Cassavetes o unos jóvenes Spielberg o Jonathan Demme.

  35. ¡Salut le copains! o como se diga.
    He leído ahora la entrada sobre Jajaime. Nunca me gustó lo de el negro, se ve que, dentro de la crueldad intrínseca de los motes, tenía algún boceto de escala de valores que me hacía preferir unos más que otros. Jajaime, pese a hacer referencia a su tartamudez, me parecía menos virulento y más entrañable, vaya usted a saber porqué. Es el que estaba agachado con sus clásicas Ray-Ban de lágrima. Tendríamos que hacer un día un homenaje narrativo a este gran amigo que se nos fué, pero de momento comentaré una de las características que le hacían único: siempre vistió igual. Le recuerdo con un niki Lacoste ceñido, pantalones vaqueros Levis oscuros, y zapatos Apache negros de cordones y suela gorda.
    La foto es magnífica, pese a estar borrosa, me recuerda a esas imágenes pop de fotos retocadas tipo Warhol. La escena es genuina de la época y me provoca los mismos recuerdos y emociones que a nuestro marqués. Es muy posible que la sacara yo, puesto que no salgo en ella y acudí a esa carrera en Torrejón acompañando a los pilotitos (pronunciese con un rictus despectivo). También acudió primo Capra, un primo del marqués que también corría con ¡adivinenlo! una Montesa Capra.
    La semblanza del 1.500 de JrG muy oportuna. Entre taxis, coches oficiales y particulares, las calles de Madrid estaban llenas de ellos y en las películas de Manolo Morán y Pepe Isbert, que tanto me gusta ver, siempre salen dando vueltas por Cibeles, revistiendo de empaque y gallardía la Castellana y Alcalá, grandes ejes circulatorios de la capital entonces. También solían verse pasando por delante de ese gran Templo del furgol nacional e internacional cual es el Estadio Santiago Bernabeu, crisol en el que se amalgama la plasticidad del buen hacer futbolístico con la reciedumbre y bravura de sus jugadores, espejo en que se miran, sin llegar siquiera a columbrar un lejano remedo, los tristes seguidores del otro equipo de la capital de España. Pero me estoy apartando del tema, por cierto ¿cual era? ¡Ah si!, pues eso, que mu gonita la foto y tal.

  36. viejecita
    martes, 16/10/2018 a las 17:18
    Así que, estoy bastante de acuerdo con el chinche Marías, y le estoy empezando a perdonar algunas cosas que me habían parecido imperdonables

    No se descuide si no quiere verse en el trance de perdonarle por segunda, tercera o quincuagésima vez, uno nunca sabe cuándo puede tocarle. Se enfada mucho, especialmente con los que se enfadan mucho. Y se lo pasa como un enano, lo ha confesado mil veces, disparando a diestro y siniestro en sus artículos, incluso aunque no crea del todo en lo que está diciendo, eso también lo ha sugerido en alguna ocasión. Exactamente igual, vaya, que su cuate Pérez Reverte. A propósito de esas diferencias entre lo que se consume y lo que se crea de las que habláis, estoy bastante convencido de que ambos consumen más o menos la misma cantidad y calidad y no se me ocurren creaciones más dispares que las de uno y otro.

    Jenny, para no gustarle el cine siempre da usted en el clavo. En mi clavo al menos. Por decirlo con las palabras que Gómez empleaba anoche mismo, Gloria es una de las películas que me han transformado, creo que ya he hablado de ella aquí mismo en alguna ocasión. Maravillosa.

    Olmedo, esas últimas palabras suyas hay que proponerlas para el próximo himno tal cual, sin añadir ni quitar una coma. Cantadas por usted mismo acompañado de un saxo. Yo le voto.

  37. Yo de Marías no he leído nada desde hace muchos años, salvo una lejana y competente traducción de El espejo del mar de Conrad. Me parece, así a primera vista, un tipo depresivo. Su padre ya me caía gordo cuando lo veía por la tele de niño. Botillero trajo aquí un artículo muy divertido en el que criticaba no sé qué burrada. Como editor ya es otra cosa. Precisamente mañana, si Correos Express no lo impide, me llega un libro editado por él. Se trata de Bruma, una selección de relatos de terror de la mil veces grande Richmal Crompton.

  38. Albert
    martes, 16/10/2018 a las 21:27

    No, no me gusta el cine. En general, me aburre. Pero no es culpa del cine (¡CINE, NO es tu culpa!) sino una deformación de mi cabeza. Mi memoria visual y espacial es nula, no reconozco a los actores cuando la escena cambia, no distingo bien los colores y me distraigo con facilidad de la trama. Me entretiene mucho más la charla de cualquiera en la calle, y lo más parecido que he encontrado a eso es la novela. Por encima de la calle y la novela está lo que se renueva todos los días y no requiere memoria: los pájaros – con sus bebederos, sus trocitos de manzana y de brócoli, el cambio de pluma- y la música, único respiradero de los inmemoriados.

    Llevo unos días acordándome (a la manera desmemoriada) de unas estancias cortas en Valence. En la primera, hace unos cuatro años, llegué agotada a la ciudad; me había empeñado en llegar a ella camino de Ginebra en coche por una obsesión (Aníbal, que cruzó más o menos por ahí los Alpes), y cuando por fin conseguí soltar el coche después zillonesdehoras desde Madrid, la ciudad estaba petada por no sé qué festival, un centenar de personas se manifestaba en la Place des Clercs con unas banderas palestinas y soltando todo lo que se les ocurría sobre Israel, no había una sola plaza de hotel, me calcé dos cafés solos y seguí hasta donde me dieron las fuerzas para dormir. No recuerdo donde metí mis huesos. Me cago en mis putas obsesiones y en el puto cartaginés y en el puto paso de los Alpes.

    En la segunda, también verano, llegué en tren, logré alojarme en uno
    de esos hoteles perfectamente decentes y perfectamente olvidables, salí de él y empezó a caer el diluvio y a correr un viento del demonio sobre el puto río que habían cruzado los cartagineses, y después de resguardarme y pedir de cenar toda la noche parecía dispuesta a compensar el desastre de hacía dos años cuando todo se agrió, porque ese fue el día de los atentados en Alemania, y la cena consistió en ver a la gente recogerse en la plaza y plegar las sombrillas que se llevaba el aire y en hablar por teléfono de lo que estaba pasando. Sangre y muchachos muertos en una hamburguesería de un centro comercial. Pensé en mis muchachos. Me sentí muy sola de repente. Regresé al hotel pensando que la ciudad, o al menos mi relación con ella, estaba maldita.

    Al día siguiente me planté dos horas antes de la salida del tren hacia Ginebra, en la placita de la estación. Pedí no recuerdo qué y leí no recuerdo qué. Era domingo y había poco tránsito de viajeros, de turistas y de indígenas. Había justo un rayito de sol que cruzaba la página. Fue el único momento en que me sentí bien. Y ésta es la gracia: no recuerdo por qué.

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