Traqueo

Por Pedro García Pinto.

Falta un largo rato para que asome la primera luz detrás del mar, allá por la costa de Argel, y Susi y Canelo se mueven inquietos por la arena, corren, escarban, saltan, ladrando como si estuvieran asustando a alguien.

—Venga ya, so vieja. Oye, Canelo… ¡gorfo! ¡Te viádá…!

Y su voz se queda apagada, escondida detrás del golpazo que da la ola que revienta, blanca y espumorosa. Zarvadó mira a levante, por donde parece que ya quiere apuntar una línea de luz horizontal, alumbrando en el cielo un encaje rizado de nube alta.

—Ven aquí de una vez, ’Cane’ –y le sujeta con el mosquetón el grueso collar de cuero y se da una vuelta en la mano con la cadena, aguantando los tirones del cachorro grandullón, maldiciendo lo de siempre cuando la mar está bronca, mientras la Susi, doliéndole la artrosis de los muchos años que tiene para ser una perra, renquea por el callejón, molida por el ajetreo que se ha dado en la arena con el cabeza loca de su hijo.

***

Ruano ya está dialogando en silencio con la segunda copa de coñá, la primera se la ha tomado sin soltarla, y ansioso se la ha tendido otra vez a Santita que la ha vuelto a llenar, bisbiseando entre dientes lo de todas las mañanas:

—Seguro que no le ha dejado ni un mal billete a la pobre que está en la casa para que vaya a la plaza y a por el pan, el borracho sinvergüenza éste, el muy hijo de…

Cuando Zarvadó empuja la puerta del bar, después de dejar los perros amarrados en su corral, Ruano lo mira como que no lo mira, con la cabeza agachada, menos de un palmo la nariz encima del coñac y el reojo forzado mientras lo delata un ligero batir inquieto de su rodilla izquierda, y su pierna, y su pie izquierdo, que controla en cuanto se ha dado cuenta.

—¿Ya estás bailando, Toyina? Así vas un día a perder pie y te van a comer las toyinas de verdad, le dice Zarvadó, y Ruano se hace el distraído mirando a nadie por la ventana que da a la calleja de la Iglesia y se ve reflejado, un Ruano más viejo, más feo, borroso y oscuro, en el cristal. Se mira un momento en el espejo improvisado y se compara una vez más, como toda la vida, casi sin darse cuenta, inconsciente, con Zarvadó. Toda una vida. Se acuerda de aquella novia por la que ambos fueron rivales casi de chiquillos, que dudó tanto antes de elegir y luego prefirió a Zarvadó, más bajillo, menos aparente, pero pícaro, pico de oro, osado, buscavidas y castigador desde su talla menuda. Sólo cuando se rompió el noviazgo de un verano de besos robados y manoseos reprimidos por ella en la playa sin luna, en la calle a la que daba la puerta trasera de la casa de la chiquilla, con una sola fila de casamatas a un lado y otra de pencas enfrente, Ruano volvió de nuevo a rondar a la muchacha y se hicieron novios entrado ya un noviembre friolento que les obligaba a hacer la puerta pendientes de la mirada oculta de la madre que les vigilaba de continuo.

Ruano se sabía más alto, más fachendoso, mejor parecido pero cuando aventuraba su mano buscando la carne tibia de Teresa, los rincones prohibidos, sabía que allí podía quedar todavía la huella, el recuerdo de otra mano que le había ganado aquel lance.

Zarvadó está moviendo el descafeinado esperando que se enfríe para tomárselo y decirle a Aguasanta que le ponga la copita.

—¿Del saltarín de Badalona? –dice la mujer y se ríe de su cuchufleta de todas las mañanas,

—No, de la foto que el Toyina que se hizo cuando estaba en la mili, con su puro en la mano, le contesta Zarvadó como todas las mañanas y no se ríe, sólo estira un poco el labio hacia un lado y hacia arriba, es su forma de sonreír con los ojos pícaros, moviendo lo mínimo la boca, y mira a Ruano, que a su vez sigue mirando el coñac y mirándose de reojo en la cristalera y no se da por aludido, sin abrir la boca más que para estirar a sorbitos su copa, ya más que mediada.

—¿Hay traqueo? –dice por fin, como sin dirigirse a nadie, preguntando lo que bien sabe y Zarvadó maldice.

—De más sabes tú que hay traqueo, ¿no llevas toa la noche escuchándolo, que se oye desde el Jiguerón, me c… en la madre que parió al traqueo… –pero no sigue hablando porque entra Julián el de la Caja y ha dado los buenos días

—Qué, Salvador, hoy no irás a calar, con lo que está zumbando la mar ¿no?

—No me digas Zasvadorr, Julián, que eso sólo me lo dice el puñetero médico, me c… en la madre que parió al médico y a tó el que tiene que cobrarme algo.

—Yo no te voy a cobrar nada y eso lo sabes tú de más, dice Julián que toma café solo en una taza que le ha puesto Santita.

—A ver cuando me pones el descafeinado en una tacita como ésta, Santa, que a mí me lo pones en vaso de pobre, y de nuevo compone Zarvadó su menos de media sonrisa, mientras Aguasanta hace como que no le oye y sirve café con leche a dos albañiles que han entrado, medio dormidos, medio enfadados con la cama que han tenido que abandonar a la fuerza, sin saludar a nadie y mueven con mucho ruido sus cucharillas pagando contra el cristal del vaso su falta de descanso.

—Entonces qué, ¿hoy vas a calar o a recoger, Salvador?

Y Zarvadó se queda un rato mirando para la misma ventana que Ruano antes de contestar.

—Tendré que ir a recoger el trasmallo antes de que el traqueo se lleve todas las piezas, me c… en la madre que parió al traqueo otra vez y… dice Zarvadó sin terminar la frase y apurando la media copa del Mono que le queda.

—Échame otra Santita, que hoy me queda que pasar frío y que mojarme y que…, me c… en la madre…

Cuando Zarvadó, que siempre habla despacio y cuadrando las frases, se aloba y se queda a media miel, engorilao, malo, es que las cosas no funcionan como él quiere, es que el universo pequeño y domado que le rodea se le ha salido de control. Se ensimisma en la copa y fija la mirada en ningún sitio del mostrador.

Piensa que le gustaría estar ahora, treinta años atrás, al timón del Dorita y Luisa II y se defendería del traqueo como él sabe, como lo ha hecho siempre, marcando tres, siete puntos en la rueda y tomando aquellas olas como hay que hacerlo, sin importarle estar a varias de millas de puerto.

Se le viene también al pensamiento que anoche pasó por el quiosco de su Manoli y mejor que no hubiera pasado: el nieto allí en el suelo jugando con la tierra mojada y sucia de febrero, embarrado el pantaloncillo endeble del chándal, rebozados los deportivos en lodo, las manos churretosas llenas de chucherías que le ha dado su madre para que no la moleste a ella y al prenda que se pasa allí las horas, el codo apoyado en el mínimo mostrador, sacándole gratis el tabaco, llenándole la cabeza de mentiras, diciéndole lo que ella quiere oír. No es ni peor ni mejor que el marido que a esas horas estará en la prisión haciendo cualquier barbaridad con tal de conseguir el pico de la noche, peloteando a un funcionario o extorsionando a un novato, mariconeando o dejándose mariconear, todo por tal de conseguir de un kíe la papelina de un caballo cortado veinte veces, que solo le servirá para unas pocas horas y luego se despertará de madrugada torturado por la tiritona y el moqueo.

Se había prometido no pasar por el quiosco más que los días que le toca llevarse al niño a dormir a la casa porque ella madruga dos días a la semana para limpiar el apartamento donde viven unos guiris solterones y borrachos, pero parece que el volante de la vieja Cequince tiene la autonomía suficiente para organizar el camino, dando una revuelta que pasa por la esquina del quiosco.

Tuvo que ir él mismo a hablar con alguien del ayuntamiento para que le dejara el puesto del quiosquillo que debía cerrar al final del verano, cuando se terminaban los helados. A él, que le daba toda la vergüenza del mundo pedir un favor si sabía que se lo podían negar, lo mandaron de una mesa a otra, luego le dieron un papel y un horario para acudir a una oficina que está junto al Hogar de los Viejos. Allí dijo sólo la verdad, su verdad, que tanto le dolía, que su Manoli tenía al marido otra vez en el trullo, que le habían caído unos pocos de años, que a él que era su padre no le hacía caso, que de su escasa pensión poco podía retirar y que con los cuatro pescados que era capaz de sacar con la paterilla, sólo le alcanzaba para pagar la hipoteca del piso donde vivía la Manoli con el niño y que ésta era muy capaz de echarse a la vida cuando le faltara el poquito diario que sacaba en el quiosco.

Está apurando la segunda copa, dudando si pedir otra, cuando se fija en el parpadeo verde de la cruz de la Farmacia.

—Hombre, esta noche ha estado don Ugenio de guardia –musita.
—No tardará mucho en aparecer por aquí –comenta Julián el de la Caja mientras sale dirigiéndose para la oficina, con las llaves ya en la mano.

Don Eugenio el Botica, como lo conoce todo el pueblo, es el alma gemela de Zarvadó. Mira que son de dos familias tan distintas, él con su carrera y el otro pescador medio analfabeto; uno con muchos millones y el otro con su escasa pensión y la ayuda que saca del trasmallo, pero si hubieran nacido de la misma madre y se hubieran criado en la misma casa no coincidirían en tantas cosas.

Todo empezó con un comentario sobre la talla, hace ya un puñado de años, aquí mismo, debía llevar todavía el bar el padre de Santita, cuando don Eugenio, recién cogido el traspaso de la farmacia, entró una mañana muy temprano después de una de sus primeras guardias y pidió una copa de aguardiente.

—A hombre chico, bebida fuerte, dijo en voz alta y al silencioso Zarvadó, al ese día tímido Zarvadó, le salió sin pensarlo:

—A usté y a mí, maestro, en la Guardia Civil no nos hubieran admitido ni de cornetas –y es que ahora cuando ve la lancha de la patrulla, ágil y astuta, verde y blanca, con su amarillo y sus rojos, Zarvadó ha descubierto que le habría gustado ser picoleto, pero no para ir por caminos rurales con capa y mosquetón como en la leyenda, ni en una motaca de esas por la carretera, sino en una motora valiente, blanca y verde oliva.

Aquella mañana lejana el boticario y el pescador se pasaron un poco con el aguardiente. Dice Santita que son los dos únicos hombres a los que conoce, capaces de empezar una juerga al amanecer y terminarla a la hora que abren los bancos. Se sintieron a gusto uno al lado del otro desde el primer momento. Zarvadó tenía recién pescada la jubilación temprana que le llegó a la fuerza, cuando el moro empezó a reducir licencias y don Eugenio había invertido un porrón de millones en aquella farmacia, que no se parecía en nada a la que había dejado en el pueblo de sierra donde había quemado, en todos los sentidos, los años fecundos de su plenitud laboral.

Coincidieron en un punto primero: por razones distintas, Zarvadó y el Botica estaban enamorados de la lejana y brumosa Galicia, a la que los dos habían idealizado. Zarvadó fue marinero de reemplazo en Marín y aunque pasó malos ratos en aquellos barcos donde había tantos señoritos que iban para oficiales, él sólo se acuerda de la hermosura de aquella mar alta y bravía, de las galleguiñas a las que piropeaba por las calles y se reían de su cerrado acento andaluz, de algunas noches de orujo y cante que había pasado en Vigo o en La Coruña, tirando generoso el dinerillo que juntaba con el trapicheo de las piedras de mechero, con el tabaco que traía de Canarias o de Melilla y vendía ganándose un buen porqué.

Por su parte Eugenio, no demasiado buen estudiante, había peleado con una última asignatura de la carrera casi dos largos años en una universidad andaluza y al final se fue a Compostela a aprobarla. Allí pasó un curso de lujo, estudiando lo mínimo y, sabiendo que por fin iba a obtener la licenciatura, no se privó ni de una noche de farra, entró de meritorio en una tuna de la que contaba y no paraba y al final, ya con su título en el bolsillo, se vino ennoviado de verdad con una gallega dulce y lista con la que se casó después.

Eugenio vive solo, le atiende una viuda algo mayor con función de ama de llaves que le cocina, pues a la limpieza y la plancha acude otra mujer, no se ausenta prácticamente del pueblo y nunca alude a su pasado inmediato anterior a su llegada a la costa.

Alguna vez Zarvadó ha creído entender que su mujer vive también sola o con alguna hermana o con otro familiar en una capital gallega y el boticario elude hablar de ella ni bien ni mal. Misterio. En cierta ocasión recibió la visita de una pareja joven con una niña de siete u ocho años, los tres con buena presencia y buen coche, que durmieron una sola noche en la casa. Todo el mundo supone que uno de los miembros de la pareja era su hijo o su hija que traían a la nieta, pero se marcharon temprano al día siguiente, el boticario no le hizo a nadie el menor comentario sobre la visita y nadie se creyó con la confianza suficiente para preguntar nada.

En otra afición coinciden los dos compadres. En el pueblo de don Eugenio, cercano a donde tuvo muchos años la anterior farmacia, se canta un buen fandango. Son tierras secas y duras, solo buenas para desenterrar minerales. Zarvadó pasó también años yendo a la almadraba y dice que en aquellas noches, en tiempos en que se guardaba todo lo que se ganaba, el único lujo que se permitían era beber, mientras se masticaban unos pocos de higos guardados con mimo en un serete, algo de vino de damajuana y cantar, gente joven al fin, cada uno lo que sabía. Andaba por aquellas pesquerías un casi paisano del boticario, que nadie sabe qué mareas lo habían arrojado a aquellas playas, que cantiñeaba con gusto y al que Zarvadó tenía por un maestro de la cosa. Pero mientras don Eugenio era capaz de, por lo bajini, entonarse con mucho arte, en recuerdo de una juventud alegre y bien aprovechada, Zarvadó tenía una oreja reñida con la otra y desafinaba como un borrico. No obstante en los momentos en que los dos se arrinconaban en un extremo de la barra con tres o cuatro copillas en el cuerpo, Eugenio le tiraba de la lengua preguntándole:

—¿Cómo era lo de las luminarias, Zarvadó?

El pescador, a la segunda, se arrancaba muy bajito y bastante desentonado:

Me gustan las luminarias
y el olor a aceite frito,
los coches con cascabeles
y los caballos bonitos.
Y alguna que otras mujeres.

Del sentimiento que ponía y. seguramente por algún recuerdo que aquel cante arrastraba, los ojos se le ponían levemente rojos e imperceptiblemente húmedos. Como neblina del mar sobre sus ojos claros. Si el Botica tenía su día, lo que no era difícil, también se arrancaba a petición de Zarvadó:

—¿Y los fandangos de la yegua?
—No era una yegua, Salvador, que las gentes de la mar no sabéis distinguir. Una jaca no tiene por qué ser hembra.

Y se entonaba bajito también, pero dominando los terrenos y gustándose:

Mi jaca de muerte hería,
una ronda la alcanzaba.
Murió salvando mi vía,
yo por la suya lloraba
¡qué dolor de jaca mía!

Y Salvador, desafiando la mirada de Santita, decía, bajito y emocionado:
—¡Oole! Ahora la del entierro.

Eugenio, ya puesto, no se cortaba:

Cuando se murió mi jaca,
la enterré y besé la tierra.
Y me despedí llorando
de aquella que fue en la sierra
la perla del contrabando.

—Ya está la peña flamenca en actuación –musitaba Santita con una sonrisa que era todo comprensión, sabiendo además que de juergas como aquélla, era ella capaz de aguantar todas las del mundo.

Entre cante y cante, los dos compinches se intercambiaban anécdotas de la larga vida que cada uno había ido dejando atrás. Eugenio entre risas sofocadas contaba cosas de aquellos primeros tiempos en que las mujeres se decidían a intervenir de forma activa y contemporánea en el control de su propia natalidad y solicitaban, entre la vergüenza y la picaronería, géneros hasta entonces cuasi clandestinos. Hacía su habitual gesto de ir poniéndose poco a poco de puntillas a medida que se acercaba el colofón de la historieta y luego, dejándose caer, apoyaba el brazo en el mostrador y casi escondía la cabeza bajo él sacudiendo los hombros con carcajadas silenciosas. O mencionaba el nombre con que muchos de sus antiguos clientes, y algunos de los actuales, definían dolencias o diagnósticos, que le causaban una hilaridad casi infantil y que tenía que explicar a Zarvadó, que no pillaba el intríngulis hasta que el boticario se lo pormenorizaba en términos comunes.

Otras veces era el pescador quien narraba despacio, muy serio, cuchufletas de marinero experimentado, como el susto que le metían en el cuerpo al Tollina cuando, en noches de mar en calma y silenciosa, se oían los gritos de los delfines como los lamentos de un niño que sufre y las barrabasadas que le contaban al miedoso Ruano que terminaba castañeteando los dientes. O bien se remontaba a sus años del Dorita y Luisa II, cuando atracaban en Agadir, en Dakar, cómo había una maniobra peligrosa en uno de aquellos puertos africanos en el que había que entrar en popa y valorando muy mucho la situación de la marea, que igual era capaz de escorarlo como de encallarlo entre arenales.

Cuando, no más de las ocho y media o las nueve de la mañana, los dos amigos daban por finalizada su sesión de cante o chascarrillos, ambos se acompañaban hasta la esquina en que se dividían sus itinerarios y allí echaban la última parrafada.

—Ea, ya se van Zipi y Zape, cada uno a su colegio –comentaba divertida Aguasanta, pero no consentía que ninguno de los habituales del bar se permitiera el menor comentario que supusiera un desdoro para la bonhomía de aquellos dos buenos camaradas.

***

Ha mirado hoy Zarvadó la hora en su costroso reloj negro, japonés y barato, y apura la copa y el resto de agua que le queda en el vaso, sale despacio sin despedirse y se para un momento mirando para el cielo en cuanto cruza la puerta, cabecea con gesto negativo mascullando algo entre dientes y se encamina despacio hacia la Cequince, donde hay cubos de goma, bolsas de plástico, algún trozo de cabo que huele a mar y a brea, arena. Está viejo y lo sabe, le duelen los huesos que parecen estar empapados de salitre y yodo, le pesan las piernas como si las tuviera enredadas en una tonelada de posidonias. No se lo ha dicho a nadie pero ve turbio, más turbio de un día para otro y cada vez se tiene que meter más veces la pastilla debajo de la lengua porque se le viene al pecho una y otra vez ese ladrillo pesado y duro que le quema corriéndole hasta la garganta y los hombros.

—No seas cagón, Zarvadó –se dice en voz alta mientras sostiene, apretando con insistencia, la llave de contacto, ran, ran, ran–. ¿También me vas a fallar tú hoy?

A su queja, el motor suelta un pequeño estampido, escupe una nubecilla de humo negro por el escape y por fin se pone en marcha. Suspira de alivio y comienza la rutina de tantas mañanas que le hace sentirse seguro: tomar despacio la rotonda que lo deja en la general, comprobar desde una pequeña altura en curva si hay muchos camiones circulando hoy para calcular el tiempo que le queda hasta su destino, hacer una rápida y torpe señal de la cruz sobre la frente y los hombros al pasar junto al azulejo de la Virgen que preside la Venta de Quinito, levantar levemente el brazo para saludar a su amigo Juan el gasolinero, comprobar cómo casi cada mañana se levanta alguna grúa nueva a uno de los lados de la carretera, bicho de hierro y avaricia, que devora los árboles y siembra cemento y tristeza.

Antes de tomar la desviación que por encima de la general lo llevará a la playa donde le espera su embarcación, se sale a la cuneta derecha y hace una parada ritual al pie de un rocho que después divisará con nitidez desde la mar. Antes encendía un cigarro y contemplaba la extensa superficie del agua. Ahora, ya abierta de par en par la luz del día, alivia su vejiga contra la piedra, convencido de que este rito le trae suerte. Un día le explicó a Eugenio cómo desde la mar fijaba dos puntos de la costa, uno de ellos casi siempre esta roca humilde y suertuda y en el tercer punto que completaba la recta estaba la boya que señalaba el lugar de donde arrancaba su arte de pesca.

—El principio de Euclides –comentó no muy seguro el Botica, pues quedaba muy lejos aquel bachillerato suyo tan largo que estudió entre bofetadas de curas y tardes de domingo sin paseo. Hace ya varios años, Zarvadó solo cumple la tarea fisiológica, desde el día en que en ese mismo sitio, a la segunda o tercera calada del cigarro, con el ladrillo apretándole el pecho, se le nubló la vista, un sudor frío y viscoso le perló la frente y le cayó al mismo tiempo desde el hueco de la axila hacia abajo y sobre todo tuvo la sensación de que esa piedra invisible, mayor que la que tenía junto a él, se le asentaba en el medio, impidiéndole casi respirar y anunciándole sin palabras que aquél podría ser su último día de vida. No necesitó luego que su médico le insistiera mucho para que abandonara el tabaco, porque esta era una decisión que él ya tenía tomada de antemano.

—Me c… en la madre que parió al traqueo –ha vuelto a maldecir en voz alta, mientras arranca de nuevo la Cequince, que ha respondido al primer cuarto de vuelta. Al dejar atrás la general por el puente elevado que la cruza, Zarvadó echa un reojo para donde queda su barrio, su casa, su patio, su pozo y su higuera, su Susi y su Canelo.

Todavía no sabe que no volverá. Ahora cuando aparque junto al grupo de palmeras que se empeñó en poner el alcalde, se le acercará Muhti y, como muchas mañanas, se le ofrecerá para echarle una mano y botarán la barca entre los dos, aliviándole el esfuerzo. Casi siempre él rechaza esa ayuda porque le duele tener luego que compensar unos empujoncillos de nada con una moneda de dos, o un billete de esos ridículos de cinco euros. Pero esta mañana parte de él mismo un gesto con la cabeza para que el morillo se le acerque, le ayude a bajar los cubos y la caja vacía de la cerveza, se agache y vaya poniendo y dando un poco de grasa a los travesaños, que poco a poco llevarán a la patera hasta el rebalaje, donde las olas están hoy rugientes y hechas un continuo romper de espumas.

Dos veces tienen medio bote dentro del agua y sendos golpes de mar más fuertes se lo han devuelto a tierra. Zarvadó grita unas órdenes inútiles al muchacho porque ambos saben muy bien qué tienen que hacer y cómo hacerlo. Sería la mar quien tendría que obedecer al pescador pero no parece estar hoy dispuesta a escucharle. Antes del tercer intento, Muthi mira intensamente a Zarvadó con un levísimo gesto de consejo en la expresión de su cara, que sólo sirve para irritar más al viejo, que le vuelve a gritar otra vez al muchacho, elevando su voz cada vez más cansada y poniendo en duda otra vez la integridad dela dotación de su entrepierna, y se agarra como un jabato a la borda de estribor y le dice al chico que haga lo propio por la de babor.

Pero un velo negro y a la vez cuajado de centellas le borra de pronto la visión, el monstruo de piedra se le instala en el pecho apretando, quemando, como queriendo arrancarle las entrañas. Deja de empujar Zarvadó y se queda quieto llevándose con angustia ambas manos al pecho mientras Muhti y la barca son zarandeados por una nueva ola furiosa y potentísima. Nota el viejo, ya en la frontera del sentir y el no sentir, cómo sus pantalones se están mojando desde dentro con una orina tibia y el contenido pegajoso de su vientre, sufre como una arcada que parece subirle desde la misma profundidad de la arena de la playa y entonces se da plena cuenta de que tiene que mirar de frente a la Huesuda. Luego le parece que de pronto le ha dejado de doler todo y le invade como una extraña y desconocida paz. Tiene un recuerdo confuso y lúcido a la vez para su nietecillo, para su hija, para su mujer que lleva varios años esperándole en el nicho, le pasa como una imagen fugaz por la imaginación el rostro del Botica, que parece que va a arrancarse con un fandango de la jaca y cae luego en un pozo profundo, negro, muy profundo, más. Más.

Muhti está gritando desesperado, llamando a voces desgarradas a todo el mundo y por fin se acercan algunas personas. El cuerpo de Zarvadó es ahora como un puñado de cañas que flota en el rompiente furioso, como un muñeco desarticulado y desvalido que las olas han mecido un par de veces mar adentro y mar afuera. Lo sujetan por los brazos, por la cintura, por las piernas y lo depositan con cuidado sobre la arena que se ha empezado a humedecer con unas gotas suaves de lluvia. Sus ojos abiertos pero sin brillo reflejan el mismo, el mismo gris del cielo.

87 comentarios en “Traqueo

  1. Los barcos que tubo mi padre siempre se llamaron Dora, como mi madre, pero los llamábamos Dorita, como el del relato de la entrada, que más que un relato es una novela completa. Mi padrino, que era soltero, los llamaba Diega como su madre.
    Mi hijo faena en uno que se llama como el ruido de su motor cuando hacen cacea, pero estos ya no ven costa, ahora las cosas las hace el plotter y el GPS, y se mezclan con barcos científicos y policías.
    Es bueno este relato. Me ha gustado.
    Bien por el Sr.García Pinto, don Pedro (como mi padrino)

  2. ¡¡¡ Qué maravilla de entrada !!!
    Y no sólo el texto, que la ilustración también es fabulosa.
    Pienso imprimirlo entero , con la ilustración en papel fotográfico y en DinA4, si se puede, para guardarlos entre mis tesoros en cuanto vuelva de mi excursión a por víveres.

    Muchas gracias

  3. Antes de irme :

    Anoche, después de cenar, estuvimos viendo “Locke”. Nos dejó a los dos apabullados. ¡ Qué peliculón ! Hacía tiempo que no veíamos una película tan estupenda. Y encima corta, y dejándole a uno con ganas de más, y de imaginarse lo que pasa después.

    Y se lo debo a ustedes. Les doy las gracias a todos, por si me equivoco , cuando me imagino quien la recomendó aquí. Que, desde luego, no se la debo ni al Fotogramas, ni al Cinemanía, que ya sólo los compro por las fotos, y por las listas de lo que aparece en DVD, que sus críticas no son de fiar.
    Muchas gracias pues, a quien corresponda. Y pido mil veces perdón por no ir hacia atrás a buscar quien habló de la película ( creo recordar que tuvo críticas elogiosas y también negativas, y que gracias a los dos tipos, me convencieron para verla ). Y, ya vista, para comprarla , en cuanto la encuentre , es que ahora no tengo tiempo.
    Gracias de nuevo, pues.

  4. Sí que es buena la ilustración, con esa ola fractal y la postura de marinero, aunque ya muerto, en diseño de síntesis.
    También es del autor del texto?
    Me he preguntado muchas veces, porqué los viejos marinos, cuando bogan o van a la barra del timón de sus chipironeras, siempre tienen que ir de pie, con lo difícil que es.
    Imagino que es para tener mejor visión de la proa y lo que les rodea en general, pero se me antoja bien jodido.
    Yo es que en el pantalán ya me mareaba, y sólo podía ver a mi padre y a los pescadores del pueblo.

  5. El uso de la perspectiva y el magistral manejo de los blancos, dotándolos de textura propia en contacto con los azules y los colores más oscuros es muy parecido a otros cuadros que hemos visto por aquí. Yo diría que el artista es Pedro Antonio.

    PERO TAMBIÉN PUEDO EQUIVOCARME.

  6. Ayer Prot dijo que estuvo con el equipo del balón cesto de A Corunhnyña.

    FALSO.

    Los equipos del balón cesto son el Barza, el Madrid de Balón Cesto, el Ron Negrita Joventur, el Estudiantes, el CAI Zaragoza, el Manresa, el La Palmas Gran Canaria, el Unicaja y el Macabi de Telaví.

    No hay equipo de balón cesto de A Corunhnyña.

  7. A Puigdemont le revocaron la autorización para viajar a Canadá, posiblemente por presiones del centralista y faccioso estado español. Al menos eso leímos en los periódicos. En realidad Puigdemont en lugar de pagar 7$ canadienses en la página web del gobierno canadiense para que le extendieran la autorización electrónica decidió pagar 93$ a una web trucha catalana que hizo mal la gestión. Podríamos decir que a Puigdemont lo estafó la página canadianeta-visa.com.
    Al menos eso entiendo yo con mi inexistente francés al leer esta noticia.

  8. Satur, te falta el Magia de Huesca, mejor nombre de la historia del deporte.

    En La Coruña juegan al hockey sobre patines en una pista toda pintarrajeada de anuncios de talleres y lavanderías en la que nunca se ve la pelota. Solamente ves unos cuando señores en calzones con un palo en la mano dando vueltas sobre sí mismos como si estuvieran hablando por el móvil.

  9. El hockey sobre patines es como las motos, siempre ganan la copa de Europa equipos españoles. Menos media docena de veces que la han ganado portugueses y una vez unos italianos llamados Follonica, el resto, españoles, unas cuarenta veces. Es el deporte más aburrido del mundo.

    En la motos está empezando a pasar eso. Antes ganaban yanquis, australianos, alemanes, italianos y españoles. Desde hace quince años o así, solamente ganamos nosotros y además la mitad de las carreras son en circuitos patrios. Es decir, estamos acabando con ese deporte al acabar con la emoción.

  10. Alguna vez he hablado co Adapts desde instagram.
    Se quitaba del blog me comentó, pero desde entonces tampoco aparece por instagram.

  11. Las motos en manos de Dorna, era cosa sabida.
    Tanto F1 como grandes premios de motos, con tantos cambios de categorías etc… terminaron aburriendo a las mantas, y marcas capaces de esos desarrollos y’a no quedan…aparte que lo de la combustión interna y’a es pecado para grandes mayorías.
    Los motores están ahora más en pequeños nichos donde se puede hacer cosas sin necesidad de grandes desparrames económicos.

  12. Josénez
    viernes, 03/05/2019 a las 12:14
    El hockey sobre patines es como las motos, siempre ganan la copa de Europa equipos españoles.

    Y son todos equipos catalanes excepto el Liceo de Coruña y el Cibeles de Oviedo.

  13. jrG
    viernes, 03/05/2019 a las 11:30
    Sí que es buena la ilustración, con esa ola fractal y la postura de marinero, aunque ya muerto, en diseño de síntesis.
    También es del autor del texto?
    Me he preguntado muchas veces, porqué los viejos marinos, cuando bogan o van a la barra del timón de sus chipironeras, siempre tienen que ir de pie, con lo difícil que es.
    Imagino que es para tener mejor visión de la proa y lo que les rodea en general, pero se me antoja bien jodido.
    Yo es que en el pantalán ya me mareaba, y sólo podía ver a mi padre y a los pescadores del pueblo.

    Juanfran Satur
    viernes, 03/05/2019 a las 11:36
    El uso de la perspectiva y el magistral manejo de los blancos, dotándolos de textura propia en contacto con los azules y los colores más oscuros es muy parecido a otros cuadros que hemos visto por aquí. Yo diría que el artista es Pedro Antonio.

    PERO TAMBIÉN PUEDO EQUIVOCARME.

    La ilustración me ha recordado este trabajo que hice para finalizar mi cursillo de un día de acuarela japonesa, hace unos meses.
    Está inspirado en mi recuerdo de esta conocida obra de Hokusai.
    Hay que disculpar que no disponía del original.

  14. Estudié en el Liceo y allí todos, porque sí, aprenden a patinar. Digamos que era obligatorio y lo sigue siendo. Un año, de preadolescente, entrené y jugué la liguilla escolar de hockey patines. Cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de que poner a chavales armados con palos a competir, sea cual sea el objeto de la competición, es una idea regulera. Los que estábamos allí, stick en mano y protegidos con espinillas, rodilleras, coderas y demás, nos sentíamos invencibles; cosas de la edad. Cuando el raciocinio pugna con las hormonas suele verse estrepitosamente derrotado. La cosa no empezó como acabó. Quiérese decir que al principio salía uno decidido a la victoria por medio de los goles en portería contraria para derivar con rapidez a la victoria entendida como exterminio del contrario. En definitiva, fueron seis meses de intentar todos los fines de semana empujarnos para tirarnos de los patines y majarnos a palos obviando bastante la portería contraria. Confieso que me dieron lo que no está en los papeles y creo que hay golpes que los días lluviosos aún me duelen; como dicen las viejas, los huesos me dan el tiempo.

  15. Hola de nuevo a todos :
    Vengo que echo humo de puro furiosa.
    Porque en el coche, cuando voy sola, excepto de 7 a 8 de la mañana, que escucho las noticias con Herrera en la COPE, tengo siempre Radio Clásica puesta. Y hoy, ha salido un imbécil ( creo que se llamaba Luis Martín ) a decir que la música tradicional galega, todavía no se había repuesto del franquismo, que entonces en el “estado” se la discriminaba en contra, que la gaita se consideraba como de borrachines y malagente… Y que si revivió fue gracias a los irlandeses, y los escoceses, que tenían algún galego con ellos.

    Y resulta que cuando yo hice el Servicio Social, en el castillo de Peñaranda, nos pasábamos horas de horas aprendiendo a bailar la muñeira, y canciones y más canciones en gallego ( y en asturiano, y en vascuence, incluso en catalán ) Y había toda clase de festivales de folclore, organizadas por “El Régimen”.
    Y yo tengo montones de CDs, de Milladoiro, de Xan de Cubells, igual que tengo muchos de zorcicos, de bilbainadas, de asturianadas, además de mis discos de flamenco, que no tuvieron que esperar a la muerte de Franco para ser publicados.

    Así que , lo del tipo ese , me ha dado muy mala espina. ¿ Estarán Rosa Mateos y los políticos secesionistas intentando meter su patita también en la música clásica ? ¡ Qué asco !

  16. Ya sé, ya sé, que lo he escrito mal, que es Llan de Cubel, y que me he comido a Na Lua, a Hevia, a Luar na Lubre…
    Pero es que yo no soy más que una viejecita medio gagá, y no “un experto en música celta” como decían que es el tipo ese de Radio Clásica. Y que, para más INRI, tiene un programa los sábados, “Sólo Jazz ” que me encanta.
    Por eso mismo me molesta mucho más.

  17. Gran entrada. Me sumo a la bienvenida, a las felicitaciones y a la gratitud al autor.
    En mi gran libro muy secreto de palabras andaluzas no estaban ni traqueo ni traquear, pero he encontrado un trequeíllo ‘marejada’, que se dice en Málaga.

  18. Nos aclaran los periódicos que la niña Greta Thunberg puede ver el dióxido de carbono que flota en el aire. A la edad de Greta, hace ya muchos años, Juana empezó a oír voces. Insistentes le pedían que hablase con el Delfín de Francia, que lo convenciese para que éste librara la Ciudad de Orleans del asedio de los ingleses. Dicho y hecho. Cabe la posibilidad de que Greta acabe canonizada.

  19. Muchos años de cultura, talento y estudio de comportamientos se precisan para hacer relatos así, Pedro. Los versos entreverados en la prosa del relato, de cantes antiguos, para mi gusto, lo enriquecen. Un abrazo.

  20. Un magnífico relato, o novela como dice jrg. Muchas gracias a Pedro y a chopsuey por a·traerlo.
    Hubo un tiempo en que el único campeón mundial español, además de los patinadores con palos, era Guillermo Timoner, en aquella modalidad trepidante de ‘ciclismo tras moto’.
    Sigue el póker descubierto en Venezuela.

  21. LA KIRBY
    Con más de 30 años de servicio la Kirby me sigue dando satisfacciones. Esta herramienta convierte lo servil en viril, su estructura metálica lastra el peso hasta lo inmanejable por una mujer, su ruido ensordecedor es incompatible con la labilidad propia de una fémina, su grueso cable de diez metros corona una máquina tan inmanejable como la Kawa tricilíndrica de dos tiempos. Ésta aceleraba como una bestia, la Kirby aspira como un ciclón.
    Solo la aparición de la Karcher de alta presión me ha procurado emociones tan fuertes. Gusto de tener el Zulo como una patena, la satisfacción de eliminar ácaros, garrapatas y cadáveres de lepidópteros. El español cuando limpia, limpia de verdad. Breado en letrinas militares, nada puede detenerme.

  22. Tampoco estaba mal la Vorwerk para interiores y para el taller Karcher, limaduras de latón, trozos de cobre, colillas, pequeños tornillos, barnices, puede con todo.
    La tricilíndrica además rugía con furia, una de las cosas más excitantes para subirse, el problema eran los neumáticos de época M38 que no podían con ella. Pena que los dos tiempos fueron abolidos en las carreras. En las calles es sensato sin embargo.

  23. La diferencia entre los motores de dos y cuatro tiempos, es sobre todo la forma de engrasar las partes con rozamiento.
    Un motor de dos tiempos une los cuatro en dos bloques (admisión+compresión y explosión+escape).
    En el motor de cuatro tiempos esas cuatro fases o tiempos se individualizan y están reguladas por válvulas (para admisión y escape) que son accionadas por un árbol de levas que con el giro de excéntricas abre y cierra las mismas en el período de giro del cigüeñal haciéndolas coincidir con el momento previo a la admisión donde se abre la válvula, cerrándolas en la compresión y explosión y abriendo la de escape para soltar los humos.
    Requiere un grupo de piezas numeroso y en movimiento, pero regula muy bien todos los momentos.
    Todo lo anterior se puede complicar por motivos de fiabilidad y la conexión de cigüeñal con árbol de levas puede ser mediante cadena, correa o cascada de piñones. Cada una con sus ventajas e inconvenientes, pero es magistral y muy fiable la cascada de piñones como en las MV Agusta.
    En estos cuatro tiempos, el cilindro y el pistón que soportan el calor y los enormes esfuerzos de dilatación y fricción se hace forzando un aceite independiente al combustible, y de esta forma no se quema.
    En el dos tiempos esta función de engrase, la realiza el combustible que lleva un cierto porcentaje de aceite, y que sale semiquemado en el proceso de combustión, saliendo por el escape.
    Esto genera el típico humo blanco y ese olor de aceite quemado, tan delicioso para algunos, como yo.
    En el dos tiempos, todo lo regula la falda del piston, y el cigueñal y sus muñequillas son las que ejercen la presión para la entrada, junto con las depresiones que hace el pistón al bajar que succionan.
    En el dos tiempos todo son orificios que el pistón se encarga de abrir y cerrar para regular entrada y salida.
    Después los escapes en los tipos de motores (que también son diferentes) se encargan de jugar su papel de evacuar con rapidez esos gases sobrantes.
    Las diferencias aquí también son notables.
    Mientras en un dos tiempos los tubarros tienen unas geometrías en su parte central tendentes a crear unas cámaras para acelerar el flujo y se hacen de forma independiente para cada cilindro en su totalidad.
    En el cuatro tiempos la tendencia es de hacer unas curvas con un recorrido uniforme con la salida ampliada para acelerar, pero también se encuentran ventajas en hacer coincidir los colectores a una cierta distancia para generar una única salida.
    Las diferencias en cualquier caso son geométricas e influyen de forma decisiva en el rendimiento del conjunto.
    Y ya, ya me callo.
    Buenos días.

  24. JrG (08’34 )
    Me encantan estos posts suyos explicando como funcionan los motores. Pero para mí, son todavía más difíciles de entender que los de Satur, que también me encantan.
    Porque los de Satur, a base de ver Y.Tubes de deporte, los acabo comprendiendo, ( aunque de aquella manera ).
    Pero esos libros y videos antiguos de mecánica que usted nos suele enlazar, no me sacan de mi ignorancia, por más que lo intente.

    ¿ No habría algún libro que usted pudiera recomendar, para los brutíssimos, y que explicase , desde el nivel más bajo posible, el funcionamiento de los motores de explosión ?
    Por Favor
    Que mi padre se trajo de Berlín, a su vuelta de la División Azul, un motorcito en miniatura, pero se murió “de una larga enfermedad” cuando yo acababa de cumplir 12 años, y el motorcito se lo quedó mi hermano, y lo poco que yo había logrado comprender de su funcionamiento, se me olvidó rápidamente.
    Y mi abuela me enseñó a cambiar bujías que estuvieran perladas, y tapas de delco, y correas de ventilador, y manguitos , cuando me compró el primer 600, pero me temo que ella tampoco entendía de verdad como funcionaban los motores. Sólo sabía cómo había que tratarlos. Igual que antes sabía como alimentar, lavar, cepillar , y ensillar su caballo, y darse cuenta cuando tenía un problema, sin ser veterinaria.
    ¡ Por Favor !

  25. Viejecita, déjeme que mire lo del libro, pero es que muchos de esos conocimientos, en mi caso, no salen de un sólo libro, sino más bien de la curiosidad y la experimentación y lecturas ávidas de libros de ingeniería, artículos técnicos, carreras y meter mano en la grasa. Si quiere le doy clases particulares.
    A veces sucede que para explicar algo que ya tiene semejante desarrollo a sus espaldas y que has mirado, estudiado y tocado con tanta pasión y admiración, pues resulta un poco difícil encontrar la forma de solventar las dudas de alguien que no conoce los rudimentos.
    La cosa es transformar la fuerza de la explosión de un combustible en un movimiento lineal (arriba y abajo del pistón en el cilindro), primero, para con una conexión(biela) a un dispositivo (cigüeñal) hacerlo giratorio y transmitirlo a una rueda.
    Después solventar los problemas que la física y la química presentan, con el conocimiento y desarrollo tecnológico a través del tiempo.
    Mirare en mi biblioteca que le puedo recomendar, o igual le hago unos gráficos, que todo se entiende mejor dibujado.
    También existen unas maquetitas muy elementales que muestran la radiografía de un motor de explosión o de vapor que son muy gráficas y explicativas.
    Se lo trataré de encontrar.
    Pero como dice Perroantonio, es que hablamos idiomas distintos…

  26. JrG
    ¿ Por qué no escribe el libro usted, con sus ilustraciones propias ?
    Yo, desde luego, lo leería con avidez, y se lo regalaría a unos cuantos de mis amigos, y familiares, teóricos tanto de letras como de ciencias.
    Y no diga que no sabe escribir, porque eso es falso, de toda falsedad.

  27. Hoy me han preguntado en casa el por qué de la fama de los lieder schubertianos. La cuestión me ha incomodado y la he eludido argumentando que la pregunta era incorrecta. En el fondo late la falsa simplificación, el proporcionar unos tips. He hecho un esfuerzo para decir cuatro tópicos pero me he vengado proporcionando indigerible literatura.

  28. La respuesta correcta es la que nos proporcionó cierto profesor de literatura (respuesta que, por otra parte, hizo que no volviera a ir a ninguna de sus clases): «la poesía no se puede explicar».

  29. Perroantonio
    sábado, 04/05/2019 a las 10:50
    La respuesta correcta es «la poesía no se puede explicar».

    La poesía no se puede explicar, de acuerdo. Pero las reglas sobre rima, tipos de estrofas, la acentuación, para poder clasificar versos, o. incluso, para poder escribirlos uno mismo, esas sí se pueden enseñar. ¡ Vamos, digo yo ! ( que ya he olvidado todo aquello, y que no distingo más que los sonetos, y porque esos son fáciles de reconocer , y, claro, la poesía en prosa )

  30. Procuro ( 11’39 )
    ¡ Pero qué malaidea es usted ! ( lo de malaidea, que conste, me parece una virtud, no un pecado )
    Yo, con lo de Trump, no pienso entrar al trapo, que , en ausencia de Adaptaciones, sería la única “hereje”, y me faltan las herramientas necesarias.
    Ya siento

  31. En 1919 la compañía de fabricación de cortadoras de césped Norteamericana Briggs & Stratton, se decidiría a construir lo que se denominó “el coche más barato del mundo”.
    Su precio en la época era de 125 dólares, y consitía en un bastidor de madera con un asiento y un volante con ruedas de bicicleta, al que ne añadía una quinta rueda en la parte posterior con el motorcito de 200 cc que lo propulsaba a 40 km/h.
    Una maquinita deliciosa.
    Video del Briggs & Stratton Flyer.
    La compañía sigue fabricando cortacespedes en la actualidad.

  32. Yo también echo mucho de menos a Adaptaciones. Os echo de menos a todos y apunto las faltas porque paso lista todos los días. De las más recientes quiero ahora nombrar a Jenny. Pirata Juana, te he mandado un correo a esa dirección que te pirateó Claudio, con una mierda de artículo que solo te interesa a ti; por favor, léelo. Y cuando Adaptaciones vuelva le contaré que prepper ha sido felizmente adaptado al español como preparacionista: preparacionista del séptimo día. Adaptaciones, eres un capullo.

  33. A time to love, a time to hate,
    a time of peace, I swear it’s not too late.

    Esta mañana de sábado me he encontrado con un viejo amigo ya nada joven: 62. Hay amor, pero cada vez es más difícil encontrar un tema lo suficientemente fluido, uno que sea incoloro, inodoro e insípido; me esfuerzo y lo hallo: «He comprado una locha», exclamo contenta. «Las pescaban en la bahía y las vendían a la puerta de la plaza; ya no pueden, siempre tiene que haber un intermediario, un ladrón». «Hombre, tiene que haber un control… ¡Acuérdate de la colza!», repongo ya sin control. «Antes todos bebíamos la leche que vendía Mari por las puertas y no nos pasaba nada». Como mi amigo no es tonto, atribuyo su melancolía paranoica a la edad, qué triste es la edad de la amistad. Menos mal que en mi próxima reencarnación volveré a al estado de merluza o bien locha, condición de la que nunca debí aspirar a salir.

  34. Krugman y Arcadi, entre otros gurús, pronosticaron una debacle con la llegada de Trump. El paro ha caído a cotas desconocidas desde 1969 y el ascenso del fascismo no se ha producido. Han funcionado el mercado y las instituciones.
    El mundo sigue, el lunes veré mi quinto Falstaff (el primero fue en el 96) y el genio de Shakespeare, Boito y Verdi sigue vigente.

  35. Perroantonio
    sábado, 04/05/2019 a las 20:28
    Amigos que no leen lo que leemos nosotros y, por tanto, están terriblemente equivocados. O viceversa.

    Para que veas si es así, entre los ejemplos recientes que nos hemos disparado, yo le he citado el de la matanza de un cerdo criado en casa que ha provocado un brote de triquinosis y él me ha respondido con el caso de los calcetines de bebé tóxicos, del que yo no sabía nada. Que para el tema es igual, cerdos y calcetines suman, no se contrarrestan o anulan uno a otro, pero se ha notado que nuestros teléfonos seleccionan noticias diferentes.

  36. Yo diría y frecuentemente digo que hay dos clases de amigos, los que les gustó más el libro y los que la pelicula. Y no vale la pena mezclarlos porque no mezclan.

  37. Con los pocos amigos de siempre que me quedan me ocurre que nos hablamos como de monte a monte. No me pasa solo con ellos, con ellos lo que pasa es que me da mucha pena.

    SILBO GOMERO OBLIGATORIO YA

  38. Con lo de la amistad siempre he estado absolutamente de acuerdo con Aureliano Buendía: “El mejor amigo es el que acaba de morir”.

  39. Debe ser que no he tenido amigos porque no recuerdo ningún conflicto con ninguno más allá de las amistades que se evaporan con el tiempo. Con las amigas tampoco más allá de las que sabiamente me han abandonado.
    Mi estrategia es inductiva, defino como amigos a los que se comportan como tales: confianza, benevolencia y beneficencia según la definición clásica de Laín.

  40. A pesar de que no esté Adaptaciones, que era el que los leía, les traigo este enlace “hereje” por si le interesa a alguien más.
    Y pido perdón por insistir en el tema.
    Ya siento

  41. Bien.
    Me resuenan en la cabeza los rifs del guitarrista que nos amenizó la fiesta de hace un rato.
    Jean Marc y Crhistine, celebraban anoche y dentro de un rato su centenario, osea que los dos cumplían 50 años, y que ella sigue viva.
    El ambiente y “dress-code” de la cosa era el Flower Power.
    No encontré mejor ocasión para estrenar la camiseta rusa que me regaló el Marqués con un MIG 21 en misión de combate.
    Todo el mundo con sus florecitas y su música de los Beatles y así.
    Yo, todo el rato haciendo amigos, le dije a Jean Marc que era una gran fiesta, para ser en Francia, y a Bertrand, le comentaba que yo de joven mataba jipis y me orinaba en las canciones de Fred Mercury, y que mi color era el negro carbón y el humo con aceite de dos tiempos.
    La fiesta fué cojonuda y todos me perdonaron, pues sí que son amigos.
    Yo ni vomité ni nada, y le encontraba buenas parejas de baile a mi mujer, que aquí son muy bailongos.
    Me acordé de Ximeno con la colección de bellísimas guitarras que tocaba el músico de la banda.
    Es la primera vez que en una fiesta la música es en directo, y ha sido algo muy bueno, ciertamente.
    Ahora un grupo más reducido de incondicionales, nos volvemos al garito, para dar cuenta de lo que sobró, y reirnos con el famoso, día después.
    Lo que más me gusta con los amigos, es estar en desacuerdo y que no muera la cosa.
    Cosas de la civilización, supongo, amigo mío. Amigos.
    Mi viejo era más pragmático en esto, el era de amigos, amigos, pero el burro fuera de mis lindes.
    Gentes duras estas de postguerra.

  42. Perroantonio
    sábado, 04/05/2019 a las 20:28
    Amigos que no leen lo que leemos nosotros y, por tanto, están terriblemente equivocados. O viceversa.

    Vraiment, mon ami ¡
    10-10

  43. Posible brote de peste bubónica en Mongolia. Porque a dos turistas les ha dado por cazar y comerse una marmota. La han montado gorda, con médicos abordando aviones con trajes NBQ, cuarentenas y fronteras cerradas. Más o menos lo del cerdo y la triquinosis. La idea es la del amigo de Procuro con lo de la leche sin tratar. ¿Cómo va a ser malo si es natural? Si hubiera instrucciones sobre cómo hacerse uno preparacionista de la estupidez del vecino sería cosa a considerar.

  44. El tema del cambio climático es interesante, pero está tan politizado y hay tantos intereses económicos que no puedes creerte casi nada, por muy serio que sea el estudio. Las izquierdas se han puesto del lado de los alarmistas y las derechas de los negacionistas, se han puesto a decir mentiras como Sanchez y Ribera y el problema real ya no es posible identificarlo.
    El mundo tiene muchos problemas, y estamos insensibilizados a la mayoría. A mí, me sorprende las pasiones de mis congéneres por las elecciones y los nacionalistas. Comparto la despreocupación que suelen mostrar por el problema enegético, los desalojos por no pagar la hipoteca o la guerra de Oriente Medio. Aunque me gusta opinar de vez en cuando, y más que opinar, vacilar.
    Otro problema del mundo es la superpoblación, un problema que los políticos no tratan, por que la solución al mismo, controlar la natalidad o matar toda la gente que está de sobra no les va a dar votos. Pero a mí me gusta la naturaleza y sí me preocupa que los ecosistemas vayan desapareciendo. Me gusta que muera gente, sobre todos los desastres naturales. Reconocer esto me hace sentir mal, pero también me alegra que los seres humanos se maten unos a otros, las guerras, que un@ mate a toda su familia y se suicide, etc.

  45. Desde luego, nada como leerle a usted, Red Sonia, para animar una mañana de domingo, que se anunciaba más bien anodina.

  46. Me gusta que muera gente, sobre todos los desastres naturales.

    JAJA
    El comentario más humanista para el domingo más cuqui.
    Estoy contigo, Sonita, los desastres naturales son preciosos.

  47. ¿Cuántas chicas elegirían mundos de vestidos de algodón
    si pudieran tenerlos de satén y encaje?
    ¿Y estar con su hombre sin permitir nunca que una sombra turbara su rostro?
    ¿Cuántos corazones podrían vivir todos los inviernos?
    Lo hemos vivido y aún no están fríos porque
    el verdadero amor transita por un camino de grava.

    El amor es un extraño y los corazones corren peligro
    porque todas las calles parecen estar pavimentadas de oro
    pero el verdadero amor transita por un camino de grava.

    A lo largo de los años hemos tenido momentos difíciles y lágrimas,
    pero sólo han hecho que nuestro amor aumentara
    y nos mantuviera unidos sin importarnos lo fuerte que soplara el viento.
    Ni una sola vez he visto tus ojos azules llenarse de codicia
    o apartarse del único al que abrazas.
    Oh, el verdadero amor transita por un camino de grava.

    El amor es un extraño y los corazones corren peligro
    porque todas las calles parecen estar pavimentadas de oro
    pero el amor verdadero transita por un camino de grava.

    Sí, el verdadero amor transita por un camino de grava.
    El verdadero amor transita por un camino de grava.
    El verdadero amor transita por un camino de grava.

  48. La verdad que no sé qué es peor. Voy a guisar un pollo y me encuentro en la etiqueta: Pollo rústico. Certificado bienestar animal premium. Luz y ventilacion natural. Pollo de crecimiento lento.

    ¡Joder, si al final me va a dar pena comerme un pollo! Con lo bien que vivía feliz en su granja. Casi prefiero que lo traten mal para liberarlo yo de su sufrimiento comiéndomelo.

  49. TRUE LOVE TRAVELS ON A GRAVEL ROAD.
    ELVIS PRESLEY.

    Por esta canción uno de los episodios del árbol partido se llama «los caminos de grava de…». El original es de Percy Sledge, yo la conocí en la radio por una versión de un grupo de rock alternativo americano llamado Afghan Whigs, que tiene un tratamiento musical bastante distinto.

    Creo que From Elvis in Menphis es una de sus mejores obras, en la versión CD están algunas canciones que quedaron fuera al salir en versión single. El Lp no lo he encontrado nunca en tiendas. Supongo que estará en Amazon.

  50. From Elvis in Menphis es además una gran película-concierto. ¿No lo he comentado antes aquí?
    Toca estas canciones a veces con bailarines, pero en un momento dado, se junta con la banda original con la que grabó los primeros singles de Sun Records. Los presenta y tal, el guitarrista suele estar entre los mejores guitarristas de la historia según los entendidos.
    Elvis dice algo así como: «éramos solo músicos, sin actuaciones, muy aburrido». Se ríe y empiezan a tocar puro rock and roll/rock a billy.
    Glorioso, aunque yo creo que los temas de la época de From Elvis in Menphis son como mínimo igual de buenos, in the guetto, Suspicius minds, true love travels on a gravel road…

  51. Esta mañana unos centenares de rusos y rusas recorrían las Ramblas arriba y abajo, muchos vestidos de militar, ondeando banderas rojas y carteles con retratos en blanco y negro de jóvenes fechados entre 1942 y 1945.
    Cantaban alegres marchas y se les veía contentos, pese a representar lo opuesto de un vencedor.
    Interrogada una rusa, he sabido que cada año celebran así el día de la victoria.

  52. AXIOMA DE BOND
    Detestar a los que no soportan a Trump no impide constatar que Trump es detestable, indigno de la posición que ocupa.

  53. El guitarrista de Elvis se llamaba Scotty Moore.
    La película que decía antes no es tal, es un especial para televisión grabado poco antes al disco From Elvis in Menphis.

  54. Claudio, la versión de Sledge de «True Love Travels on a Gravel Road» es casi contemporánea a la de Elvis, aunque es bastante improbable que sea anterior (he buscado la fecha de grabación pero no la encuentro; hoy en día, con las grabaciones digitales, aparece la fecha y hasta la hora, pero entonces ni siquieran ponían la fecha en el propio single). En todo caso, tanto Elvis como Sledge, como era habitual en el momento, lo que hacen es coger un éxito que ya llevaba sonando un año y hacer su propia versión.

    Del disco «From Elvis To Memphis», creo que sólo hay dos canciones que se graban por primera vez para Elvis: «In The Ghetto» y «Wearin’ That Loved On Look». El resto son canciones que habían tenido bastante o mucho recorrido, como «Gentle On My Mind» que se había llevado cuatro Grammys por las interpretaciones de dos artistas bastante diferentes, la extraordinaria de John Hartford, el autor de la canción, muy folkie y con un violín impresionante, y la del virtuoso de la guitarra Glen Campbell, un tema totalmente country (en lugar de poner la versión original del disco, pongo esta de la tele, para que veamos a Campbell lucirse). Elvis juega sobre seguro en este disco (que al fin y al cabo suponía su regreso a la música adulta tras rodar más de 20 películillas chorras de adolescentes), escoge unos buenos músicos y un repertorio que no podía fallar, y graba un discazo (12 temas de los 33 grabados) y unos cuantos singles (como «Suspicius Minds»).

    Mi favorita es «True Love Travels on a Gravel Road», pero también me parece alucinante Power Of My Love por no citar siempre los grandes éxitos.

  55. «Álvarez de Toledo fue el candidato más visible de la campaña.»

    De aquí a cuatro días escribirá Espada lo mismo a cuenta del Platanito Manolo Valls. Idénticos resultados. Perdedores. Pero han metido a un negro en el Congreso. Quizá por ahí vaya lo de «guarrismo». En fin, a poner el culo, Arcadio.

  56. El Vallecano de los bucaneros podemitas y del estúpido antimadridista Paco Jémez a segunda. Fiesta!!! Ya sólo falta que baje el Chirona.

  57. El que no se consuela es porque no rebusca: las Atlánticas ganan su tercer campeonato consecutivo. Y Trump se perfila como campeón de snooker.

  58. Botillero, aún habemos por aquí rayistas de buena fe. Yo hasta fui socio un año, cuando jugaban en el Vallehermoso, por obras en su estadio de Vallecas. Unas chicas muy simpáticas pedían apoyo económico para que el equipo pudiera viajar a Tenerife, y no supimos resistirnos, el grupito que íbamos casi todos los días a la Escuela de Idiomas, en la calle Islas Filipinas. Qué tiempos.

Los comentarios están cerrados.