No me gusta el ajedrez

Por Gómez.

Ya sabes, bares de esos donde el tiempo parece congelarse en un mismo minuto eterno. Bares donde la tele siempre está encendida e, independientemente del día y la hora que sea, puedes apostar un brazo a que hay un programa idiota en la pantalla. El bar se llamaba “Jordi”, aunque dudo mucho que éste fuera el nombre del chino que lo regentaba. Por lo menos, el fulano sonreía. Sonreía sin parar, haciendo gala de una dentadura que recordaba a la de un caballo de carreras justo después de ganar el Grand National. Los propietarios anteriores de aquel local, hasta donde me alcanzaba la memoria, te miraban como si les debieras dinero, estuvieras a punto de robarles la recaudación del día o te hubieras beneficiado a su santa madre mientras preparaban una tortilla a la francesa en la cocina, así que las sonrisas, aunque el café continuara siendo un brebaje imposible de ingerir y siguiera sin ser el lugar más limpio del universo, podían considerarse un cambio positivo.

El caso es que aquella noche estaba sentado en la barra con la vista clavada en las etiquetas de las botellas que tenía delante. Más o menos como de cos­tumbre. No había mucha gente por allí: unos pocos habi­tua­les del lugar –cero mujeres– inmóviles frente a sus bebidas como ángeles caídos, mirando también las botellas que tenían enfrente y pensando en lo que piensen los ángeles caídos a esas horas de la noche. La mayor parte de las sillas yacían apiladas en un rincón de la pared como si el chino supiera de antemano que no valía la pena montarlas para los cuatro gatos que iban a dejarse caer duran­te la noche. Nada distin­guía ese domingo del domingo ante­rior, y a buen seguro que muy poco lo diferenciaría de los venideros: sólo veinticuatro horas que había que pasar, lo quisieras o no, entre el sábado y el lunes.

—Ponme otra de lo mismo, Jordi –le dije al chino.

Se rió. Si le hubiera llamado “gilipollas” en lugar de Jordi, seguro que se habría reído también. Me gustan los chinos. Además de sonreír, inventaron el I Ching, las películas de kung fu y la ternera picante con bambú. Muy grandes.

Fue entonces, recién llegado el coñac, cuando se sentó a mi lado el tío de los ojos azules y el pijama a rayas, y comen­zó a ha­blarme de buenas a prime­ras. Nunca antes había tenido la oportunidad de con­templar unos ojos de esa tonalidad, tan luminosos y apaga­dos al mismo tiempo. Eran unos ojos gatunos que helaban la sangre. De alguna manera te hacían pensar en el océano, pero un océano oscuro y misterioso… No lo había visto llegar, y casi doy un salto del taburete cuando se dirigió a mí.

—Un sitio triste —comentó.

Supongo que ha quedado claro que el bar Jordi no es, ni por asomo, un local que se distinga por su lujo. Y tampoco la clientela que lo frecuenta se ganaría la vida en la pasarela de un desfile de modas; pero les aseguro que he visi­ta­do unos cuan­tos lugares peores a lo largo de mi vida. Así, pues, un tipo en pijama resultaba sólo relativamente descabellado para aquellos pagos.

—Ni la mitad de triste que la calle —repuse, dando por con­cluida la conversación.

Y es que no me apetecía charlar con nadie, y menos con un tipo que tenía unos ojos así y andaba por el mundo en pijama y pantuflas como si tal cosa. Aventuré que si no le hacía caso terminaría por darse por vencido y dejar­me en paz. Así suele suceder con los chiflados.

Pero me equivocaba, y no tardé ni un segundo en comprobarlo.

—¿Tienes hora? —preguntó.

Le señalé el reloj de la pared con el dedo. Marcaba las once y diez. Era pronto, demasiado pronto para alguien, como es mi caso, con severos –severísimos— problemas de insomnio y que ha de tomarse siete pastillas diferentes para que no se detenga de golpe el organismo antes de hacerlo.

—Cuesta dormir, ¿verdad’

Parecía como si me hubiera adivinado el pensamiento. Ahora sí que lo examiné detenidamente. Llevaba el cabello cortado a cepillo y torcía ligera­mente la cabeza hacia el sudoes­te cuando pensaba qué decir. Y luego estaban esos ojos, claro…

—Vas muy elegante –le dije—. A ver si me das la dirección de tu sastre.
—¿Lo dices por el pijama?
—Vaya, ni me había fijado. Te queda bien.
—No podía dormir –dijo.
—Tiene sentido ir en pijama entonces–concedí.

Bueno, yo tampoco podía conciliar el sueño de un tiempo a esta parte. Una vida poco activa, supongo. Lo mejor que me había pasado ese mes era el día de cobro de la pensión de cuatrocientos euros que me correspondía como parado de larga duración mayor de cincuenta y cinco años. El resto, tiempo perdido.

—No te trata muy bien la vida, ¿verdad?
—¿Eres psicoanalista junguiano o vas a venderme La Atalaya?
—Perdona, lo decía por la mirada. Pareces atravesar una mala racha,
—La vida no me trata mal. Soy yo el que la he tratado mal a ella, como un cabrón, y ahora me la devuelve. Tercera ley de Newton.

Estaba cabreado conmigo mismo, de ahí mi arranque de sinceridad. Empecé y terminé la copa en el mismo segundo. Fin. No me quedaba ni un céntimo en el bolsillo. Hora de volver a casa.

Como si otra vez me hubiera adivinado los pensamientos, se descolgó con una proposición.

—Te invito a una copa en otro lugar.

Seguro que arqueé las cejas. Suelo hacerlo cuando algo me sorprende por encima de la media, que, en mi caso, es bastante alta.

—No te habrás dejado la cartera en el albornoz.
—Me conocen. Crédito ilimitado. El sitio te gustará. Te doy mi palabra de honor. Es maravilloso.
—¿Maravilloso, dices? ¿Se trata de un burdel? ¿Una sauna romana?
—Para nada,
—Si pretendes sacarme algo de pasta o secuestrarme para pedir un rescate, te informo de que no tengo ni para el autobús y que nadie te dará ni para el autobús por mi persona.
—Yo invito.
—Oye, no te ofendas. Soy un hombre de mi tiempo, abierto, inclusivo y toda esa mierda; pero ¿no pretenderás, y perdona mi franqueza, darme por el culo? O que te dé yo.
—¿Te has mirado en el espejo últimamente?
—No con frecuencia.
—Descuida. Soy gay –dijo sonriendo— pero no es mi intención darte por culo.

—Me basta con tu palabra de honor –dije mientras me levantaba—. Vamos a tomar esa última copa.

Salimos a la noche.

Hacía un frío asesino afuera. Está­bamos en el extrarradio de la ciudad, concretamente en uno de esos feos barrios obreros erigidos en vertical a finales de los sesenta. Mi barrio. Allí vivo, rodeado de bloques-col­mena, cielos anchos y anchas avenidas mal pavimen­tadas. Cuando cae la noche, esas calles toman una apariencia fantas­magórica, recogidas y si­lenciosas como cemen­te­rios. A unas cuatro man­zanas de donde nos en­contrá­bamos nacía la auto­pista de la costa; apenas un tenue res­plandor anaran­jado que se elevaba por encima de una colina pelada como la cabeza de un monje budis­ta. Ojos-azules cami­naba con las manos meti­das en los bolsi­llos del pijama. Yo lo seguía a unos pasos de distan­cia. Pasa­mos por delante de un descam­pado donde un grupo de paisanos, congregados en torno a una hoguera, escuchaban una canción flamenca y tocaban palmas. Todo real­mente aplas­tante. Era una de esas noches en las que la vida entera se te cae encima. Me puse a la altura de mi com­pañero.

—¿Podré beber lo que quiera?
—Barra libre.

Nos quedamos en silencio sin detener la marcha. Tomamos una calle lateral que conducía a la es­tación de ferrocarril de mercancías aban­donada. Conocía el sitio. Durante mucho tiempo fue refugio de yonquis, men­digos y aman­tes ansiosos, pero sucesivas redadas poli­ciales acabaron años atrás con esas visi­tas. Hoy en día ya nadie se dejaba caer por allí. Unas cuantas vías muertas bajo los an­denes vacíos era lo único que sobrevivía al abandono. Lo que había sido el edifi­cio prin­cipal era una pequeña cons­truc­ción cuadrangular semi­de­rruida. Diversas pintadas y dibu­jos obsce­nos salpicaban sus des­conchadas pare­des ex­teriores. En el suelo había jeringui­llas, papeles de periódico antiguos y latas de conserva vací­as. La soledad conformaba casi una presencia física en aquel paraje. Se oía chirriar a los gri­llos a lo lejos. Empecé a lamentar de verdad el no haberme quedado tran­quila­mente en el bar. Pero mis pensamientos se vieron cortados de raíz cuando nos sorpren­dió un ruido de pasos: dos sujetos uniformados, alum­bra­dos por una poten­te linterna, bajaban por el cami­no.

—¡Rápido, al suelo! —me susurró mi acompañante.

Con una agilidad que ni siquiera sospechaba poseer, hice lo que me ordenaba. Nos tumbamos bajo el andén, junto a uno de los raíles. De reojo pude ver a los dos agentes rastreando la zona. El más alto portaba un revólver en la mano. La luz de la linterna me pasó por encima, a unos pocos centímetros, y es­tuvimos cerca de que nos des­cubrie­ran. La búsqueda se prolongó por espacio de varios minutos. Faltó poco para que acribillaran a balazos a una rata despistada que surgió de alguna parte a la carrera.

—¡Mierda! –masculló el del arma.
—Es sólo una rata —manifestó el tipo que llevaba la linterna.
—Pues la cabrona me ha dado un susto de muerte —se justificó su com­pañero.
—Pídele la documentación y le pones los grilletes si se resiste.
—¿Documentación? No seas graciosete, anda; lo que me gustaría es meterle cuatro bellotas en la cabeza.
Mientras hablaba no dejaba de apuntar con el arma a todas partes.
—¡Coño, Montoya, guarda la puta pipa de una vez en la funda, que esto no es el Oeste!

Por fortuna no llegó a apretar el gatillo, pues el in­quieto roedor se había situado junto a mi nariz y me olis­queaba con suma curio­sidad. Siempre he odiado las ratas, y en ese momento supe el porqué.

—Habrán ido por allá —dijo al final el otro tipo, señalando una zona en la que, por fortuna, no estábamos.

Sus voces se fueron desvaneciendo en la distancia, hasta que se perdieron por completo. Sin embargo, permanecimos ocul­tos un rato más por si acaso regresaban. Se me clava­ba una piedra en el costado, pero no me incorporé de mi escondite hasta que mi compañero dijo:

—Pasó el peligro. Vamos. Ya queda poco.
—Espero que el sitio valga la pena.
—Vale la pena –sentenció—. Te lo prometo. No has conocido un lugar mejor para descansar.

Nos pusimos en marcha. Un postrero atisbo de sensatez me advertía que todavía estaba a tiempo de regresar… Pero, inex­plicable­mente, una fuerza indefinible me retenía allí. Me sentía como un estúpido, como el campeón mundial vigente de los bobos. O aún peor. Sin duda ya no tenía edad para andar detrás de un loco en pijama. ¡Genial! Y mi estupidez se veía elevada a niveles difícilmente cuan­tificables si teníamos en cuenta que ese a ver qué pasa me había aca­rreado innume­rables calamida­des a lo largo de mi vida.

Con paso bastante vivo fuimos dejando atrás la estación por una polvorienta pista de tierra tan transitada como un desierto. A estas alturas ya ni notába­mos el frío en los hue­sos, a pesar de que debía­mos rondar los cero grados de tempe­ratura. Densos jirones de niebla helada cargaban contra noso­tros. La noche era gris, violácea y negra. A medida que cami­nába­mos mi com­pañero se había ido incorporan­do sobre sí mismo, quedando totalmente erguido. Sus ojos se habían encendido y despedían chispas.

Al cabo de mucho andar giramos un recodo y entonces… entonces apareció ante mí.

¡El Lugar!

—¡Santo Dios! —exclamé.
—¿Es maravilloso o no? –me dijo sin disimular su orgullo.

¿Maravilloso…? No. Era mucho mejor que maravilloso. Era… No sé definirlo… No hay palabras para hacerlo. Tenía ganas de llorar de alegría. Me volví hacia mi compañero.

—Entonces, ¿el pijama? –inquirí
—Cada uno tiene su estilo. Esta mise-en-scène me pareció adecuada para ti. Y también el paseo. Una pequeña aventurilla antes de terminar aquí.
—¿Terminar?
—Es la hora –añadió.
—¿Nada de partida de ajedrez como en aquella película?
—No me gusta el ajedrez –dijo sonriendo—. Demasiadas piezas.
—¿Y no me darás una oportunidad como en la película, aunque sea a los chinos?
—Es la hora –repitió.

Reconocí a gente que revoloteaba por ahí: amigos lejanos, familiares, un escritor anciano, mi primera novia, incluso personas a las que no conocía pero con quienes me sentí, inmediatamente, conectado… Estaba, por una vez, en paz. Feliz. ¡Y esos colores, joder! ¡Todos esos colores centelleando al unísono en el horizonte!

Por primera vez en mucho tiempo, estaba llorando. De alegría.

—¿Entramos? –dije con ansiedad.

Él se inclinó ceremoniosamente.

—Detrás de usted, caballero.

***

—¡Hola de celal! ¡Despielta, coño! ¡Son más de las dos! ¡Tú bolacho, tú bolacho hasta el culo, mamalacho! ¡Despielta, despielta de una vez o llamo policía…! ¡Ay, ay, que el hijoputa se me ha muelto en mi bal…!

138 comentarios en “No me gusta el ajedrez

  1. Enlaza bien con la semana de “turismo” de Quintana.
    La cosa de morirse es que nunca se sabe, pero que esto ya no.
    Tiene que estar bien lo de tener fe, pero mientras llega, lo mejor será no dejar mierda por ahí.

  2. ¡¡¡ Qué Gozada !!!
    ¡¡¡ Bravo por Gomez !!!

    No me importaría nada morirme así. Y si cuando venga la vieja señora con su guadaña, me lleva a una excursión así, y me libro de jugar al ajedrez , me apunto desde ya.

  3. Antes se me ha olvidado dar los buenos días a todos.

    Y decir que me ha encantado el texto que trajo Zeppi anoche

    Que era ya muy tarde para mí, que cenamos a las 20h, vemos una película de las que nos gustan . Últimamente, hemos estado viendo “Candilejas”, ” Érase una vez en América”, “Atrapa a un Ladrón”, “La ventana indiscreta”, “21 gramos”, “Sliding doors”…siempre películas donde haya una chica de las que le gustan a mi germanófilo, para que no le importe que haya tiros, persecuciones en coche , y esas cosas que me gustan a mí. Y en cuanto se termina la película, la guardo en su maletita correspondiente, y abro todas las ventanas de la casa ( dejando las persianas fraileras cerradas , que si no nos llenamos de pájaros), para hacer ventilación cruzada, nos vamos a dormir, y sólo vuelvo en mis ataques de insomnio.

    Así que eso , que
    Estupendo lo de Zeppi. Y que no importa que tenga ya dos años. Que sigue estando de actualidad.
    Y que Gracias

  4. Zíngaros
    Jon Juaristi

    Solía contar don Julio Caro Baroja que uno de sus más vivos recuerdos de la primera infancia databa de cuando, en compañía de su tío novelista, presenció en Vera de Bidasoa el paso hacia Francia de los zíngaros que se habían refugiado en España durante la Gran Guerra y que regresaban a sus países de Europa oriental una vez concluida aquella. En el niño de apenas cuatro años que era por entonces el futuro antropólogo dejó una impresión imborrable la muchedumbre de familias gitanas, con sus vestimentas de colores abigarrados, sus carromatos y, sobre todo, sus osos y sus monos. Quizás ese recuerdo contribuyó a su temprana inclinación a los estudios etnográficos.

    Antes de nuestra guerra civil no era raro ver en las plazas de los pueblos españoles, e incluso en las de las grandes ciudades, al gitano -generalmente del Este de Europa- que hacía bailar a su oso amaestrado al son de trompetas y platillos. La persecución que sufrió bajo la ocupación alemana y el consiguiente exterminio decretado por los nazis mermaron la población zíngara, que en España se conocía por ese nombre (o por los de húngaros o bohemios) para distinguirla de los gitanos autóctonos. Tras la Segunda Guerra Mundial y, obviamente, tras la caída del Telón de Acero, se hizo mucho menos frecuente la presencia en nuestro país de zíngaros con osos danzantes. Lo más que pudimos ver los de mi generación fueron las acrobacias de la cabra Carmencita sobre la escalera, una especialidad nacional que en la posguerra recurría a los toques de cornetín de órdenes y que prosigue en la actualidad con música charanguera de piano electrónico (e incluso con hiphop).

    Así y todo, a Bilbao siguieron viniendo algunas familias zíngaras, pero sin oso. Eran lañadores o «caldereros», que acampaban en las afueras de la ciudad o en las cercanías de Baracaldo y a las que se contrataba para componer las calderas de las industrias de la Ría (y en especial las de los Altos Hornos de Vizcaya). Creo que se trataba de clanes más o menos sedentarizados y asentados en Francia. No recuerdo que se les encargase arreglar ollas y cazuelas del menaje doméstico, como se hacía en la San Sebastián de la Belle Époque, donde los zíngaros remendaban el de los restaurantes. Los «caldereros de la Hungría» llegaban allí a comienzos de año, enviados por el dios Momo y «formando la vanguardia del alegre Carnaval», como reza la letra de una conocida marcha donostiarra. A la bella Easo traían osos y monos, por si hicieran falta.

    Leo durante estos días un interesante reportaje del periodista polaco Witold Szablowski, Osos que bailan, recién publicado en español por Capitán Swing. Trata sobre los nostálgicos del comunismo en los países de Europa Oriental, aunque dedica un capítulo a Cuba y se cierra con otro sobre la Grecia actual, petada, como España, de añorantes de un sistema (tiránico, subraya explícitamente el autor desde la misma portada) que no tuvieron la dicha de disfrutar. Entre los grupos más inconsolables figuran los zíngaros de Bulgaria, a los que la democracia privó de sus osos y cuya tragedia ha inspirado el título del libro. Los zíngaros fueron obligados a abandonar sus animales en un extenso parque nacional, donde se les cuida como a mascotas de lujo y reciben los servicios frecuentes de un dentista alemán. Pero el caso es que, cada vez que divisan a lo lejos un ser humano, los osos se ponen de pie sobre sus patas traseras y empiezan a bailar frenéticamente. Como si pidieran, al igual que en el pasado, un cacho de pan, una chuche, un trago de cerveza. O, simplemente, que no les torturen, pese a que nadie les tortura desde hace años, aclara Szablowski.

  5. El debate que plantea Ovejero se zanja cuando le das la vuelta a la pregunta. ¿Es peor el comunismo que el nazismo? –> ¿Es mejor el comunismo que el nazismo?

    Darle vueltas al asunto es hacerse una paja intelectual. Ambos sistemas eran totalitarios y liberticidas y se fundan sobre el exterminio: en el caso del nazismo, de aquellas razas que consideran inferiores; en el caso del comunismo, de aquellas clases sociales que se oponen a la imposición del comunismo.

    Una vez comprendido esto, dejemos que los nostálgicos se ocupen de justificar sus pecados de juventud. A mí eso ya me importa un bledo.

  6. Bremaneur (08’21 )
    Respecto de los osos protegidos en los países bajo la férula de la URSS, eso que cuenta Caro Baroja , a través de Juaristi ,

    está bien, pero a mí, lo que me llegó al alma fue “Setting Free the Bears”, el primer libro de John Irving, que escribió a su vuelta de Viena, en cuya universidad estudió un par de años, y que está inspirado en la “liberación” de los animales del zoo de Viena, tras la GM II. Y sus tristes consecuencias para los animales “liberados”, en aquellos años de hambre.
    Ese libro me convirtió en forofa de Irving, y me compro , y me leo, todos sus libros, a medida que los publica.
    Y eso que últimamente, se está volviendo cada vez más gagá, y acabo desterrando sus libros recientes . Pero los nuevos, ya me los compro en kindle, para que no me abulten en mis estantes. Eso sí, no pierdo la esperanza de que, viejo gagá y todo, vuelva a publicar un libro nuevo que merezca ser comprado en papel, y en buena edición, expulsando a otro de mi biblioteca.

    Y respecto de lo que dice usted a las (08’46)
    Yo le tengo más miedo al comunismo que al fascismo, porque si viniera , me afectaría personalmente . Nos afectaría, a mí, y a mis hijos, y mis marcianitos.

  7. Como no viene nadie más de momento, les pongo este enlace.
    Este no es sobre “los calentólogos”, y las medidas ruinosas por lo poco efectivas que nos quieren imponer para así cambiar el “Orden Mundial y hacerlo más Social y más Justo ” según sus deseos.
    Este lo he fusilado de Libertad Digital, y va de Sanchez, y su gesto de hacer esperar una hora al Rey…

    Ya siento ser tan carca, y tan poco políticamente correcta, y dar tanto la lata. Pero lo dejo.
    Hasta luego, espero

  8. En España teníamos una etnia propia con hábitos y profesión similares a los caldereros Húngaros.
    Eran los mercheros, creo que sigue habiendo todavía, y una de sus ocupaciones era el trabajo con quincallas y reparación de utensilios metálicos.
    Gentes nómadas, no gitanas, aunque compartieran reglas.
    Eleuterio Sanchez, “El Lute” era de familia de mercheros.

  9. Los de wordpress me están haciendo Luz de gas.
    Vengo sólo a ver si puedo venir a este puerto, a acogerme en Sagrado

    PS
    Pues sí puedo
    ¡ Viva el Chop Suey !

  10. Me ha encantado el video sobre mecánica que ha enlazado JrG.
    Y me encanta por lo claro que se ve todo, que incluso una brutita como yo se entera.
    Que me quedé fascinada con ” Surely you’re joking Mr Feynman”, y me encargué la edición buena, ( tres volúmenes, grandes, en una caja ), de sus Lecciones de Física. Y, al principio, estaba arrebatada leyendo y enterándome de todo, pero es que enseguida se metía a explicar todo a base de la Teoría Quántica. Y claro yo ya, ni flowers.
    Ahora estoy intentando que “Las lecciones” se las queden mi germanófilo, o mi chico el pequeño, que a los dos les encanta la física, y tienen sitio en SUS bibliotecas, pero siguen empeñados en que soy una vaga, y que los siga leyendo, y vuelva de nuevo a los de Spivak… ¡ Porca miseria !

  11. Hola, buenas tardes a todos. Espero que les haya gustado mi relato. Gracias por su amabilidad.

    Ovejero tiene razón. No es lo mismo que, por así decirlo, te pise la cabeza un abusón supremacista que sólo desea sentirse superior a ti a que te dé la de tu vida un idealista que, a pesar de no dejarte ni un hueso en su sitio, lo haga pensando en tu bienestar y desarrollo personal.

  12. A Ovejero lo conocí el 8 de octubre de 2017, en aquella gran manifestación en Barcelona. En realidad, lo conocí en la comida posterior en un lugar cuyo nombre no recuerdo. Llegué con mucho retraso y me senté en el único sitio disponible. Un hombre me ofreció su mano y me dijo hola, soy Félix Ovejero, escritor. Hola, le respondí, soy AZ, y nada he hecho en esta vida que merezca la pena escribirse. Luego el hombre siguió su conversación con otro comensal sobre la deriva de la izquierda, que a todos y tanto nos ha decepcionado.

  13. Bremaneur viernes, 09/08/2019 a las 08:46
    El debate que plantea Ovejero se zanja cuando le das la vuelta a la pregunta. ¿Es peor el comunismo que el nazismo? –> ¿Es mejor el comunismo que el nazismo?
    Darle vueltas al asunto es hacerse una paja intelectual. Ambos sistemas eran totalitarios y liberticidas y se fundan sobre el exterminio: en el caso del nazismo, de aquellas razas que consideran inferiores; en el caso del comunismo, de aquellas clases sociales que se oponen a la imposición del comunismo.
    Una vez comprendido esto, dejemos que los nostálgicos se ocupen de justificar sus pecados de juventud. A mí eso ya me importa un bledo.

    El asunto ni es tan fácil ni es tan simple. Pero creo que es bastante sencillo de explicar: el comunismo es un sistema, el fascismo no. Esto lo reconoce implícitamente la Wikipedia al decir: «Sin embargo el término «fascismo» es uno de los más difíciles de definir con exactitud en las ciencias políticas desde los mismos orígenes de este movimiento posiblemente porque no existe una ideología ni forma de gobierno «fascista» sistematizada y uniforme en el sentido que sí tendrían otras ideologías políticas de la Modernidad».

    El fascismo es, en la práctica, nacionalismo de masas, militarista, autoritario y totalitario. ¿Puede el socialismo de masas ser nacionalista, militarista, autoritario y totalitario? Efectivamente. ¿Puede el socialismo ser fascista? Sin lugar a dudas.

    Esta es una de las grandes burlas de la historiagrafía contemporánea, separar fascismo y socialismo en compartimentos estancos y enfrentados, cuando no es ni ha sido así. Véase, por ejemplo, la convocatoria de grupos abertzales y chalecos amarillos para dinamitar la Cumbre del G7 en Biarritz del 24 al 26 de agosto, y véase, en general, la propia composición de los chalecos amarillos o de los movimientos altermundistas, donde fascismo y socialismo copulan indisimuladamente.

    Otra de las grandes bromas de la historiografía es separar nítidamente socialismo y comunismo en dos conjuntos distintos que interseccionan, cuando, simplemente, uno es subconjunto del otro. Pero esto lo dejamos para otro momento.

    Lo complejo del asunto es que el socialismo viene impregnando las sociedades humanas desde el principio de los tiempos. ¿No es socialismo el sistema que organiza a muchas órdenes religiosas? ¿No es socialismo la organización social de los cuáqueros o de muchas comunidades indígenas? ¿No es socialismo el sistema de la Seguridad Social? ¿No es socialismo el sistema de viviendas sociales?

    Ovejero dice, siguiendo a Kolakowski, que el comunismo (una rama del socialismo) ha sido una gran mentira porque decía seguir ideales socialistas humanistas pero no actuaba como tal, mientras que en el nazismo y, en general en el fascismo, acción y manifestación son coincidentes. Y es aquí donde está el quid de la cuestión que ocupa y preocupa a gentes como Ovejero: ¿hay que renunciar a los ideales de un socialismo racionalista? O dicho de otra manera, ¿es el socialismo una ideología muerta? Hay que tener en cuenta, que la socialdemocracia contemporánea ni siquiera tiene entre sus planes construir una sociedad socialista: se conforma con corregir lo que considera abusos del capitalismo, por lo que la preocupación de Ovejero me parece bastante comprensible.

    Además, mucho me temo que al afirmar que «ambos sistemas [nazismo y comunismo] eran totalitarios y liberticidas y se fundan sobre el exterminio: en el caso del nazismo, de aquellas razas que consideran inferiores; en el caso del comunismo, de aquellas clases sociales que se oponen a la imposición del comunismo» estás comprando otra de las grandes mentiras del comunismo: que es un sistema de clases. Lo primero que hizo Lenin al tomar el poder en Rusia fue exterminar a los socialistas, acabar con el campesinado hostil y acabar con los soldados que habían iniciado la revolución y que no quisieron doblegarse a las nuevas autoridades comunistas. Luego, eliminar a todos los oponentes políticos, independientemente de su origen social. Que todo esto se hiciera declarándolos «burgueses» o «capitalistas» era irrelevante porque no era verdad: no pertenecían a una clase enemiga, sino que a todos los enemigos se los clasificó como burgueses o, más irónicamente como «aliados objetivos de la burguesía». Esto es muy obvio en Pol Pot que se dedicó a exterminar a campesinos contaminados de burguesía o capitalismo porque supieran leer, vistieran de una manera determinada o llevaran gafas: no fue un exterminio de clase, salvo en la mente anormal del Comité Central correspondiente.

    Finalmente, en el fondo de todo este asunto subyace una idea potente difícil de discutir: lo mejor es lo que es bueno para la mayoría, para el conjunto de la sociedad y, por extensión, para todo el mundo. Esta es la razón por la que las ideas socializantes y socialistas tienen mayor reconocimiento intelectual y moral que las ideas particularistas y nacionalistas, que reservan lo mejor sólo para el grupo exclusivo.

    Por lo demás, el artículo dice con absoluta claridad que el comunismo fue peor (mucho peor) contando únicamente el número de víctimas, pero que el superior grado de maldad lo consigue el fascismo con su programa de exterminio de razas y grupos étnicos, algo a lo que el socialismo nacionalista y fascista se aplicaría inmediatamente si tuviera medios y les dejáramos hacerlo.

  14. Teniendo en cuenta que hablamos de asesinatos de decenas de millones de seres humanos, me imagino que lo de “superior grado de maldad” debe de ser una broma.

  15. Quiero decir que debería haber un tope de maldad imposible de superar, no sé, por un millón de muertos ya se otorga diploma de genocida summa cum laude. Nivel top.

  16. Visto así, Perroan, concuerdo con todo, aunque no entiendo en esa manía que tienen algunos socialistas en cuestionarse a sí mismos. Es una lástima, porque me hubiese gustado mucho llamarte macarra y ponerte aquella canción de Sabina, «macarra de ceñido pantalón». Otra vez será.

    La forma de escribir de Ovejero me pone muy nervioso. Más, cuando habla de la claridad anglosajona.

  17. Total, Perroantonio (14’04)
    Si le he comprendido bien, y puesto que para los de a pié, el resultado va a ser igual de malo, tanto si viene por el abuso de los ideales comunistas, por parte de los mandamases, como si viene por la falta de verdaderos ideales del fascismos, y de la ejecución de las prácticas fascistas por parte de los mandamases,

    Lo único que podemos hacer los de a pié, es NO DEJARNOS. Ni con los unos ni con los otros .
    Habrá que organizar la Resistencia. Pena que a mí me pesque tan vieja.

  18. Ovejero está -más desde su último libro- en despejar un camino para la izquierda (socialismo, o ya socialdemocracia, como apunta perroantonio) sin derivas reaccionarias. Las que describe allí, que todos podemos compartir.
    Estoy con la visión planetaria -la Internacional, la declaración de derechos- aunque es un camino largo. Los bípedos implumes somos iguales.
    Muy bueno el relato, Gómez (Montoya le vio pero se contuvo).
    Varela describe al presi.
    Voyme de boda de hija.

  19. Creo que lo del grado de maldad se entiende, a nada que se le dediquen más de de quince segundos. Yo puedo disparar desde mi balcón contra todos los que pasen y matar a veinte. O puedo decidir exterminar a una familia de gitanos que vive en el número 9, 3º DR, que sólo son seis: al marido, a la mujer, a la abuela, a los tres niños, arrancarles los dientes para hacer collares, despellejarlos y hacerme bolsos con su piel, meterlos en ácido y fabricar jabón, publicar las fotos de la operación y más tarde destrozar sus tumbas.

    Desde el punto de vista de un cadáver, el matiz será irrelevante. Pero no desde el punto de vista de alguien vivo.

  20. Estoy con la visión planetaria -la Internacional, la declaración de derechos- aunque es un camino largo.

    Estupefaciente. Qué viaje.

  21. Soy tan empático que siempre me pongo en la piel de los difuntos. Supongo que pasado el millón de muertos comienzo a perder la perspectiva.

  22. Perroantonio
    viernes, 09/08/2019 a las 15:25
    Creo que lo del grado de maldad se entiende, a nada que se le dediquen más de de quince segundos.

    Para comparar los campos nazis con el Gulag hacen falta más de quince segundos.

  23. Me gustan mucho los chinos, Álvaro. Aunque llevo siglos sin pisar un restaurante chino, pienso que no hay pena en el mundo que sobreviva a una consulta al Oráculo, una peli de Bruce Lee o un arroz tres delicias. Voy a confesar algo: a eso de los veintitrés años yo no sabía ni cómo se encendía la cocina de mi apartamento, así que desayunaba, comía y cenaba siempre fuera. Una mañana de domingo caminaba hacia mi casa, por la zona de Mandri, cuando vi que habían abierto un restaurante chino nuevo. Entré a pedir algo para llevar, y al entregarme la cuenta, el propietario me explicó que acababa de abrir el local ese mismo día y me iba a hacer un descuento por ser su primer cliente.

    Durante los dos o tres años siguientes me dejaba caer por allí a menudo. Llevé también a varios mis amigos. (Uno de ellos, una noche legendaria, tras un pato pekinés y unas botellas de vino sacó el lagarto de una botella de kaoliang y empezó a darle besos al infortunado reptil al grito de: ¡Wan Chu, yo besar dragón!) Llamábamos al lugar Hola, amigos, pues el bueno de Wan Chu, todo un personaje, repetía esta bienvenida –acompañada de increíbles reverencias– durante varios minutos cuando entrabas en su establecimiento…

    Pero, al cabo de unos años, yo me fui de allí y el cerró. O viceversa.

    Unos veinte calendarios chinos después, mi mujer y yo íbamos de tanto en tanto a otro restaurante chino que había justo debajo de nuestra casa, uno de los primeros que abrió en Barcelona. El matrimonio que lo regentaba nos cuidaba muy bien. Una noche, charlando con ellos antes de la cena, se me ocurrió comentar que yo había sido el primer cliente del Hola, Amigos, y resultó que el dueño había sido su primer camarero. Terminada la conversación, nos pusimos a cenar y al cabo de un rato, el viejo Wan Chu entró en el restaurante.

    Lo habían llamado por teléfono y se presentó para verme. La única indicación –no podía haber otra– había sido la de que yo fui su primer cliente. No me lo podía creer.

    Me preguntó por mi amigo el del lagarto.

    –Murió –le dije.
    –Tipo muy curioso –dijo, con un castellano tan poco fluido como veinte años atrás–. Y se echo a reír en chino.

    –Tipo muy curioso –repitió.

    Fue una noche increíble.

  24. Bremaneur viernes, 09/08/2019 a las 15:48

    Para comparar los campos nazis con el Gulag hacen falta más de quince segundos.

    Lo que se tarda en leer Archipiélago Gulag + 15 segundos.

  25. Perroantonio
    viernes, 09/08/2019 a las 15:25
    Yo puedo disparar desde mi balcón contra todos los que pasen y matar a veinte.

    Eso sería matar al azar, indiscriminadamente, nada que ver con como mataban los dirigentes comunistas, que mandaban matar a los que no fueran a someterse a ellos ; a los campesinos con tierra propia, a los que tenían un taller, una fábrica, un laboratorio, una farmacia, a los burgueses, a los aristócratas…

    Desde un balcón, así a bulto, los que sí se sentirían “buenos”, cargados de razón, y justificados, serían los “ecolo-jetas”, que piensan que hay demasiados humanos en nuestro planeta, y que los demás sobramos.
    Y sin embargo, ellos mismos distinguirían entre los que habría que exterminar inmediatamente ; los viejos, que salen carísimos y no producen, los enfermos crónicos , los que tuvieran problemas mentales, los de la trisomía, los gordos… para hacer “soylent green”, la proteína humana que alimentase a los que de verdad se merecieran seguir vivos…
    Y,¡ qué cosas ! mantendrían vivos a todos los de Greenpeace, a los calentólogos, a los periodistas que publican lo que ellos quieren, y callan lo que no les conviene.

    Bueno , me voy, antes de que me echen.

  26. BUENAS TARDES A TODOS DESDE LA PLAYA.

    A mí el ajedrez se me ha dado mal de siempre.

    Bolaño, muchas felicidades. Qué te vas a poner.

    En el comedor del hotel en el que me hospedo solo hay padres que regañan a sus hijos o padres que no hablan a sus hijos porque les ponen una pantalla delante para que coman sin molestar.

    En cambio yo les cuento a los míos que mi madre me grababa (¿en beta? ¿En vhs?) Falcon Crest cada día para verlo a la vuelta del cole. No me acuerdo de cómo se llamaba el guapo de Falcon Crest, y creo que lo estoy confundiendo con el de Dallas. También les he contado que tuvimos un canario en casa y dudamos entre llamarle Zamorano o Bobby.

    Si queréis que os cuente más cosas desde la playa, decídmelo.

  27. Bremaneur
    viernes, 09/08/2019 a las 15:44
    Cataño.

    Qué bonita necrológica, Bremaneur. Dan ganas de comprar alguno de los libros de su amigo. ( La poesía no, claro ) .

    Como tampoco es para perderse el recuerdo de Gomez, a su amigo el que besaba al lagarto, y al viejo dueño de su primer restaurante chino. O mejor dicho, del que fue el primer cliente.

  28. 1. Una señora de pelo corto como un chico y de andares de chico que tiene un marido difícil de imaginar sonriendo. No las tiene muy grandes, más bien medianas.

    2. Una chica monísima que sabe que lo es y que las tiene del tamaño preciso para poder llevar cualquier vestido/top de tirantes sin sujetador. Es de las que se queda de pie un rato en la orilla haciendo como que se piensa lo de bañarse cuando en realidad está permitiendo que la contemplen.

    3. Una señora que las tiene de esas anodinas.

  29. En esta playa abundan los franceses y los vascos. Mis hijos se han hecho amigos de un niño de Bilbao que se llama Marchel (también de uno de Barcelona que se llama Marc y es socio del Español ❤️). Yo me paso el día oteando y oteando por si en cualquier momento veo a Perroantonio. ¡ME HARÍA UNA ILUSIÓN!

  30. EmeZZé
    viernes, 09/08/2019 a las 16:30
    Yo me paso el día oteando y oteando por si en cualquier momento veo a Perroantonio. ¡ME HARÍA UNA ILUSIÓN!

    Vete a comisaría, que allí están los de su calaña.

  31. Otra cosa muy guay de estar en la playa es que no tengo que ir al Mercadona ni pensar en el menú diario. También que con tres bañadores y tres vestidos jipis se viste una. Maquillarse no es necesario.

    En comisaría ya estuve una vez con algunos de vosotros, Satur.

    Sigo oteando y oteando. A lo mejor me llevo una sorpresa y EL QUE APARECE ES JOSÉNEZ.

  32. Mi gran preocupación durante las vacaciones es un bicho que se come las peras. Mi hermana ha rodeado la copa del árbol de redes, untado el tronco de ajos y mil mierdas más y mi hermano ha puesto un dispositivo de fototrampeo para tratar de conocer al visitante nocturno. Pájaro no es porque da mordiscos a las peras. El vecino dice que es una ardilla, mi hermana dice que es una rata, yo apuesto por una comadreja, mi sobrino dice que es un terodáctilo. Lleva dos días lloviendo a cántaros y se han caído todas las peras, que el sistema de redes de mi hermana ha salvado de golpes contra el suelo. Así que nos vamos a quedar sin saber si hay un oso polar en el jardín. Las peras son como un pastel de buenas, no me hace falta ir al Mercadona. Corto.

  33. Esta discusión ya sé dónde va a parar, así que seré breve. De los treinta y pocos miembros del Comité Central, Stalin se cepilló a 23 (hablo de memoria; puede que más). Todos ellos habían hecho la revolución y se consideraban comunistas. De hecho, tuvieron, en 1905, en 1917 y durante la guerra civil, un protagonismo mucho mayor que el relativamente advenedizo Koba. También dejó limpió el Politburó y el Komsomol, y en general toda la intelligentsia rusa que había simpatizado con el bolchevismo.

    ¿Los mandó matar en nombre del comunismo o por ser comunista? De esta respuesta dependen otras.

    Lo que Ovejero plantea es muy simple: la represión de Stalin es cualitativamente distinta de la nazi, porque no responde a un ideario, era por completo arbitraria. Los nazis apuntaban donde apuntaban; Stalin mandaba listas con objetivos, sin especificar identidades: en el distrito del Volga, liquídese a 4.000; en el óblast de Nizni Nóvgorod, a 700.

    Y si no respondía a un ideario, sino a un intento de imponer un reino de terror en el que él pudiera nadar a sus anchas, es posible que ese ideario, en otro contexto, otra época, otro país, dé otros resultados. De hecho, los ha dado.

  34. Que sí, que sí, que estoy de acuerdo. Que el comunismo es mejor que el nazismo. Si esta discusión ya la tuvimos hace poco.

    Para quien se interese por qué hay gente que sigue empeñada en comparar, lean La ceguera voluntaria: los socialistas y el nacimiento del mito soviético, de Christian Jelen. De nada.

  35. Como muestra vale un botón, que dicen por ahí.

    Un comunista e intelectual de referencia de los izquierdistas de su época como Juan Benet, a quien en el peor de los casos se le puede achacar un nivel de maldad bajo o medio-bajo, llegó a escribir en la revista Cuadernos para el Diálogo que “mientras existan personas como Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir”. Obsérvese que no hizo alusión a purgas, piolets o paraguas envenenados. Nada. Tan sólo una festiva alusión a que los campos deberían estar mejor guardados para que no se pudiera escapar de ellos. Si Benet hubiera sido un nazi en lugar de comunista, a saber la barbaridad que hubiera dicho.

  36. Juanfran Satur
    viernes, 09/08/2019 a las 16:56
    De hombres y ratones.

    Entonces el Real Madrid se enfrenta hoy al APOEL de Nicosia “Club de Fútbol Atlético de los Griegos de Nicosia”, de la isla de Chipre.
    Por toponimia, Nicosia podría hacer referencia a la ninfa Leucótea (“diosa blanca”), sobre la que el escritor Robert Graves escribió un ensayo: Graves reconstruye lo que considera el lenguaje mágico de la Europa antigua mediterránea y septentrional, vinculado a ceremonias religiosas populares en honor a la diosa Luna. A lo largo del libro, relata cómo en Europa y Oriente Próximo existían culturas matriarcales que adoraban a una Diosa Suprema y que reconocían a los dioses masculinos solo como sus hijos, consortes o víctimas para el sacrificio.
    ¡Que empieze el partido!
    ¡Que sea una Odisea!

  37. Insisto: ambos sistemas eran totalitarios, liberticidas, criminales. Ponerse a contar muertos es absurdo y las comparaciones las carga el diablo. Hoy en día, en Alemania, casi es pecado decir que comunismo y nazismo son lo mismo. Hace poco se lo dije a dos compañeras de trabajo y se pusieron a gritar como locas. Una casi rompe a llorar. La otra, por supuesto, saltó con aquello de que el comunismo en sus planteamientos es una buena idea y blablablá. La «memoria histórica» recibe en Alemania el nombre de Vergangenheitsbewältigung (algo así como revisión del pasado). Huelga decir que el único pasado que revisa es el nazi; del comunista, ni pío. Al revés: lo que hay en Alemania es una nostalgia de la RDA, lo que llaman Ostalgie (Estalgia, más o menos, o nostalgia del este). Vamos, que con Franco no se vivía tan mal. Todos estos jeribeques comparativos entre nazismo y comunismo van a dar a lo mismo: al blanqueamiento de un sistema criminal, liberticida y asesino.

  38. LAS AVENTURAS DE fERNANDITO
    (ix)
    Me sentía un niño feliz mimado por las mujeres, mi madre, mi abuela y Angelines. Una de las pocas cosas que me incomodaba era que las viejas me dieran besos, para mí eran viejas las que me parecieran mayores que mi abuela y había unas cuantas a mi alrededor. Mi tía Dora la del primero era una de ellas, me gustaba mirar sus juanetes pero no que me besara. Las peores eran mis tías las de Logroño, Aurelia y Basilisa, aunque venían poco por casa. La que sí venía mucho era Miss Mabel, la “teacher” de mi padre, que se quedaba a comer los domingos. Era una mujer muy mayor que llevaba siempre una redecilla y unas gafas de pasta, pero que lo mas llamaba la atención era unos dientes verdosos y muy grandes. Don Ángel decía además que era “aliadófila y beligerante con el Eje”, lo que significaba esto lo explicaban muy bien en Hazañas Bélicas, y mantenía sobre ella una discreta vigilancia a través de la ventana del patio. A Miss Mabel le gustaba mucho España, solo le resultaban “disgusting” el ajo y el Caudillo, pero había facilitado que mi padre pudiera suscribirse al “Life” y al “Photograph” y acudir al economato de la Base de Torrejón para comprar Corn Flakes y discos de soul para mí. En Estrella 3 todo esto era considerado estrafalario y sometido a informe por la portera, que era la jefa del aparato parapolicial del edificio, pero la pobre con informar de las andanzas de los Horrillo ya tenía suficiente tarea y nunca molestaron a mi padre.
    Un domingo que se quedó a comer me pareció que estaba especialmente fea y cuando me besó al llegar casi me desmayé. No quise comer porque dije que me dolía la tripita y me quedé jugando en el suelo con el tren eléctrico Fleischmann que me había comprado mi padre en la calle de la Reina. De repente Miss Mabel se puso muy roja y le dijo a mi padre: “Darling, it´s smells like garlic”. Como mi padre le lanzó una mirada acusadora a mi abuela que era la cocinera, preguntó. “¿Qué coño le pasa a la vieja?”. “Abuela, que le ha puesto usted ajo al cocido”. Mi madre y mi abuela se pusieron a llorar porque mi padre tenía muy mal carácter y para él Miss Mabel era sagrada. No se pusieron de acuerdo sobre el origen del olor, mi abuela juraba que había puesto comino y nuez moscada, era una experta con las especias, pero no ajo.
    Cuando se iba a marchar, ya repuesta tras el té y la tertulia con mi padre, mi madre y mi abuela no sabían inglés, dio su típico chillido histérico reclamando la presencia del “little gentleman” por lo que no pude escabullirme. Me había frotado todo el cuello y la carita con un diente de ajo que me había pasado el “niño” del ultramarinos que era de Las Pedroñeras y entendía del tema. Miss Mabel dio un alarido al intentar besarme con chupetón como le gustaba a ella y se desmayó. Mi padre llamó al 091 y pidió refuerzos a Don Ángel, la vieja boqueaba y acudió toda la escalera. Mi abuela sonreía y me dio un besito en la frente, ella sí que me gustaba que me besara.

  39. Dicen que Aguado estuvo sublime en Huelva. Yo diría, por lo poco que he podido ver en imágenes, que estuvo aseado con la capa (no tiene un capote de rompe y rasga) y muy bien con la muleta en su segundo; habrá que verle con toros y en Madrid. Pero también dicen que Morante se vino arriba, como le sucedió en la Maestranza la tarde del 10 de mayo. Y es que cuando éste se viene arriba, quien podría con él ya está retirado.

  40. Desde niño viví la tensión fascismo/comunismo en Estrella 3. De pequeño me decantaba por los Horrillo pero enseguida me di cuenta que era menos malo Don Ángel. El tercerismo de mi padre no conducía a nada, la discusión era Franco sí o Franco no y la respuesta era sí, o lo que es lo mismo no al comunismo. Cumplidos los 6 años era una historia cerrada para mí.
    Con Ovejero coincidí en la mesa de la comilona de los 100 números de Revista de Libros a la que el aprovechado de Álvaro no me invitó. Como tertuliano de sobremesa lo vi aburrido de cojones.

  41. Les traigo un regalo, por si no lo tienen.

    Andaba leyendo un ensayo de John Berger sobre el retrato, o más bien sobre por qué ya nunca se volverán a pintar grandes retratos. Recordaba que en ese ensayo (The changing view of man in the portrait -1967) habla de algo que en su día me había interesado, que luego había olvidado y que ahora me vuelve a picar la curiosidad: la imposibilidad que existe hoy de narrar una historia de modo secuencial, cronológico. Me interesa por lo que toca a la novela, por lo que afecta a los géneros literarios y porque aún no sé si estoy de acuerdo.

    Ya vuelvo. Todo era para contarles (cronológicamente, por llevar la contraria a Berger) que, después de leer ese ensayo, he querido más, y como en casa no tenía sino el libro del 67, en la red he encontrado esta joya, Ways of seeing (1973), enterita.

    Por cierto, si lo leen, tiene un ensayo muy perspicaz sobre la representación de las mujeres en el arte, que no es difícil enlazar en los 15 segundos de Perro con el tema de la pornografía. Al loro, Albert, si anda usted por aquí.

  42. Alto nivel el de Berger, material muy fino, Pirate. Tengo su libro sobre Picasso. La España que madruga, estudia y se espanta con la vulgaridad vigente se lo agradece.

  43. Al maestro Ponce se la han liado por decir que “ama a los toros pero tiene que matarlos para que sobrevivan”. Los soeces argumentos que manejan animalistas, feministas y ecologistas no son óbice para algo muy importante que hemos adquirido en los últimos años, una mayor sensibilidad frente a los animales, las mujeres y el medio ambiente. Cuando Céline dedicaba un libro a “las putas, los niños y los animales” nos estaba indicando el camino aunque la mayoría estuviera ciego a ello.
    Tener sensibilidad te hace mejor y más humano, ello incluye saborear un vino, entender por qué los relatos lineales están superados o saber mirar en y con los ojos de Rembrandt.

  44. Stalin definió las bases de la moderna burocracia aplicando criterios que luego se extendieron a la organización de partidos políticos y empresas. Lo que Koba teorizó y demostró empíricamente es que para controlar una estructura burocrática se necesita aplicar con vigor el descabezamiento de los no afines, practicar el culto a la personalidad y organizar reuniones interminables.
    Franco lo hizo, lo ha hecho ahora Ribera en C’s, o lo han hecho todos mis jefes, eso sí sin haber estudiado conscientemente el método Stalin.

  45. En el Zulo se practica la vida ideal de los antiguos griegos, el cultivo del cuerpo y del espíritu. Espero a que amanezca en la cama leyendo a los imprescindibles, cuando salga el sol vendrá un etapón por los vacíos caminos manchegos. Repondré fuerzas con melón de nuestra propia cosecha y me sentaré frente a la pantalla para poner en marcha el cine de la memoria. Después seguiremos cuidando los detalles de Cash 19 antes de un baño reparador en el albercón. Ya no saldré de la casa hasta que baje el sol, una siesta de varias horas llena el vacío. Albercón al anochecer iluminado con antorchas y música soul. Una frugal colación con vino y adormidera. El alma se serena. Cierre y fin de las emisiones.

  46. Buenos días a todos :
    Yo, a diferencia de Marqués, tengo mi cesto de plancha casi entero ,( que ayer tarde vinieron a devolvernos las alfombras grandes ya lavadas, y a colocarlas , y no tuve tiempo de nada más ).

    Había venido solamente a decir que los de H.O. me han mandado un correo : que Mel Gibson ¡ MEL GIBSON !, está en Asturias, buscando exteriores, que está pensando en hacer una película sobre Don Pelayo. Y que firmara para pedirle… qué sé yo.
    No he firmado. Que capaz de querer hacer que los actores hablen en bable . Pero sí he avisado a mi chica, que están en Ribadesella con los marcianitos, para que se fijen , por si aparece por allí.

    Pero claro, con el vicio que tengo con ustedes, he estado leyendo y disfrutando con Marqués ( y muriéndome de envidia, no sólo por su imaginación y por sus saberes , sino por su perspectiva sabatina ), y con Pirata.
    Y eso que, esta vez, el libro que recomienda es de ensayo, y hace ya tiempo que ensayo, no leo ( a no ser que consideren ustedes ensayo algunos de los textos del Fanzine , que esos sí los leo, porque son cortitos, y puedo además decir que no estoy conforme con ellos ( cosa que no podría hacer con Berger, ni con Ortega y Gasset, ni con … ).
    Cuando termine con la plancha y con el acopio de víveres, espero volver y meterme en todos los videos. Que hace tiempo que no veo nada de toros.
    Hasta luego, espero

  47. Una de las circunstancias mas inexplicables en el comportamiento humano es la pulsión de hacer daño sin obtener beneficio. Puedo entender que un individuo se arriesgue a cumplir penas de prisión al robar unas llantas de aluminio y malvenderlas para conseguir un par de rayas de cocaína, un pico de heroína o una docena de porros. Pero el beneficio que pueda sacar alguien al rayar la pintura de un coche se me escapa ¿Placer al escuchar el chirrido de la chapa? ¿Imaginar la cara que pondrá la víctima cuando vea su obra?

    Hace unos días he sido víctima de un desaprensivo que se ha ocupado -con una dedicación y eficacia dignas de mejor causa- en destrozar la pintura del coche (daños por valor de 1.800€ según estimación del perito). Tengo constatación fehaciente (como dicen los abogados) de que los hechos se han producido en el garaje de la comunidad. He dado parte a la compañía de seguros, he denunciado el caso a la policía y he escrito una carta solicitando a la comunidad de propietarios y al administrador de la finca que se habiliten medidas para dificultar las acciones a los desaprensivos y que se notifique a los miembros de la comunidad que causar desperfectos por un valor superior a los 400€ supone la comisión de un delito. Sin embargo no estoy tranquilo y temo que la próxima vez que deje un vehículo en la plaza de mi propiedad vuelva a estar “firmado”.

    Hay que tener en cuenta que poner cámaras de vigilancia en el vehículo no resuelve nada, más bien complica el asunto, por cuanto me podría denunciar el protagonista de las grabaciones. Además en el supuesto de que descubriera al autor ¿Qué hacer? ¿Reprenderle? ¿No sería contraproducente?

    Un litro de decapante extrafuerte en gel estratégicamente distribuido por el vehículo del agresor, tal como me ha recomendado un amigo, sólo produce efectos negativos por cuanto:

    1º.- No obtendría placer alguno imaginando su cara. Al fin y al cabo yo no soy como él.
    2º.- No me resarciría de los daños causados.
    3º.- Podría desencadenar una espiral de agresiones a cual más imaginativa, catastrófica y, si me apuran, letal.

    Una patada en la espinilla tampoco soluciona nada y podría terminar denunciado por amenazas y/o agresión en el improbable supuesto que terminara propinándole la coz.

    ¿Ha tenido alguno de ustedes una experiencia homologable? ¿La pudo resolver? Si así fuera ¿La podría compartir?

    La contrata de una jauría de sicarios de Europa del este tampoco me resulta un opción y no quiero ni saber a cuánto se cotiza la escayola.

  48. De Berger es difícil leer todo lo que ha escrito, fué mucho.
    Tenía un librito suyo que me pareció una delicia, y que quedó entre mis cosas de Fuenterrabía.
    El Cuaderno de Bento.
    Si les sigue gustando, “El último retrato de Goya” sirve para continuar.
    Igual vuelvo a retomar su obra para leerla.

  49. Ximeno, no lo repare.
    Déjelo así.
    El imbécil ese, disfruta viendo su esfuerzo y su malestar.
    Gaste el dinero de la reparación en unas cuerdas nuevas para sus guitarras.
    El coche como mejor está es rayado, y el imbécil sin excusa.
    Así ya nunca se preocupará de esos inconvenientes que terminan por llegar de alguna manera.

  50. (x)
    Me gustaban mucho los aviones, los barcos, los trenes y los carros de combate. Había aprendido a dibujar Stukas cayendo en picado y ametrallando posiciones enemigas. La mecánica era sin duda la segunda cosa que mas me interesaba. Cuando mi padre me compró el tren Fleischmann pasaba las horas dando vueltas al óvalo con la maquina de vapor, el vagón carbonero de servicio y los tres vagones de pasajeros. Don Ángel se moría de envidia así que evacuó consultas con la Sección Femenina por ver si era conforme a doctrina comprar un tren eléctrico a sus hijas. En realidad lo quería para jugar él y desde luego haría una compra a lo grande. En Casa Reina, en la calle de la Reina muy cerquita de Estrella, había una exposición de maquetas que quitaba el hipo. Se decidió por Marklin, la otra marca alemana de calidad, pero no se conformó con el óvalo clásico y adquirió una maqueta completa para instalar en una mesa en alto que incluía estaciones, túneles y varios cambios de agujas. Tenía tren de pasajeros y de mercancías, varias máquinas e incluso vagones artillados con cañones.
    A mí no me dejaba jugar, solo mirar sin poder hacer nada, aunque el hombre tenía problemas porque doña Alejandra le regañaba porque ocupaba todo el saloncito e interrumpía la visión del Áskar. Sus hijas después del primer día perdieron todo el interés y preferían bordar y hacer chorradas, les habían dicho en el colegio que las chicas que jugaban con trenes se convertían en “marimachos”. Así que no le quedó mas remedio que admitirme poco a poco en sus juegos, los domingos por la tarde montábamos toda la parafernalia y solo interrumpíamos para merendar y ver “Lanceros de Bengala” que era nuestra serie favorita. Don Ángel decía ufano que “había ahormado la conducta de Fernandito a base de doctrina y de disciplina” y no le faltaba razón. Para que mi padre no se pusiera celoso propuse que le hiciéramos una exhibición de movimiento de trenes, al principio mi padre no quería porque se sentía humillado por el poderío económico de los Martínez del Dedo y prefería entretenerse con la Leica M1 de segunda mano que se acababa de comprar. Al final por mi insistencia no le quedó mas remedio que ir.
    “Fíjese don Fernando en la precisión del movimiento de trenes, es tecnología alemana”. Mi padre no tenía mas remedio que reconocer la magnificencia del espectáculo. “Don Ángel, don Ángel, vamos a enseñarle a mi padre un cambio de agujas hecho a toda chufa”. “No conviene excederse en la velocidad por aquello de las fuerzas centrífugas, pero vamos a ello”. Aprovechando que se fue a mear cambié una agujita de posición para que fuera mas emocionante. “Ahí vamos don Fernando, a toda chufa como dice el niño”. La expectación era grande, se habían incorporado mi abuela y Angelito Horrillo al que le chiflaban los trenes. El convoy enfiló el cambio de agujas con orgullosa exactitud, pero inesperadamente siguió recto y terminó en el suelo con estrépito. La escabechina fue de pronóstico, el convoy quedó destrozado. Cuando observé el rostro encendido de don Ángel me refugié en el regazo de mi abuela al mismo tiempo que acusé en falso: “Ha sido Angelito”.

  51. Diálogo Ximeno, diálogo. Pero con una santona del vudú, dado que hoy en día cualquier otra interacción con el hijoputa acabará en denuncia.
    Las cosas no pueden solucionarse entre hombres como antes, una confrontación tradicional con evaluación de miradas y asunción de consecuencias. De hecho la agresión que usted ha sufrido correlaciona muy bien con el método tradicional de asesinato de la mujeres, el envenenamiento.

    Fueraparte, y dependiendo de su evaluación de ustet de su oponente, una simple nota de “Lo sé” no es siquiera una amenaza y suele ser más efectivo dejar a la imaginación del jueputa las consecuencias posibles de que ustet lo sepa que las amenazas concretas.

  52. La solución del vudú me parece además de entretenida muy sugerente. Primero tengo que descubrir al autor, supongo que con una cámara activada por movimiento no me resultará difícil. Una vez descubierto tengo que conseguir al menos un pelo, aunque puede que sirva cualquier muestra biológica que contenga ADN de la víctima. Habrá que consultar en algún foro especializado. Hacer un muñeco de trapo que albergue el pelo y conseguir unos alfileres. A continuación estudiarse unos cuantos videos de youtube para depurar la técnica.

    Respecto a los resultados. No hay garantías, claro está, pero este estudio científico publicado en Science Direct me hace albergar algunas esperanzas.

    Jota, el coche me lo entregaron ayer repintado por completo. En vez de encerarlo y pulirlo le han puesto una capa de esmalte cerámico que se supone ofrece más resistencia al rayado.

  53. Ximeno eres un crack. Qué clase¡¡¡¡
    Ahora el agresor utilizará armas contundentes, tipo ácido pórrico, aunque seguramente sea el cretino del hijo de un vecino, o incluso el amigo “listo” de uno de ellos y el vídeo lo tenga él mismo.

    Alange está al 35% me dicen por el pinganillo.
    No se si superarán los 54 en el coche, de nuestra llegada, ni aquella cena de jamón y gintonics bajo la palmera.
    Ni el éxtasis cromático de las cúpulas de los baños.
    Grande su tierra.

  54. En 2º de BUP me peleé cuatro veces con el mismo tipo. Se trataba de uno de los miembros menores de una conocidísima saga del mundo de las motos. Él era algo más mayor y un poco más fuerte que un servidor, mientras que yo contaba con la ventaja de ser bastante más rápido y estar bastante más zumbado. Llegamos a conocernos a la perfección. Él, más voluminoso, buscaba siempre el cuerpo a cuerpo –la única vez que logró agarrarme, me sujetó con una inmovilización de la que no logré zafarme– y yo, que comenzaba con las artes marciales, la larga distancia. Perdí un combate, empaté dos (más o menos) y gané claramente el último. Medio colegio venía a ver nuestras peleas, que se celebraban en un descampado junto a la carretera de Vallvidriera. Lo bueno es que soy absolutamente incapaz de recordar el motivo de la primera. Parecíamos los duelistas de Conrad. Él llegaba adonde yo estaba jugando a fútbol, me retaba en voz alta delante de todos y yo pensaba: “Mierda, voy a cobrar otra vez”. O viceversa. Años después me lo encontré en un semáforo. Mientras esperábamos que cambiara a verde, nos miramos un momento, como midiéndonos, y al cabo le hice que no con la mano. Nos echamos a reír, segundos antes de despedirnos con un gesto y seguir nuestro camino. Era un cabrón muy noble y un rival de cuidado, el mejor enemigo que he tenido jamás.

  55. La resolución de conflictos al método tradicional, el duelo al amanecer de toda la vida, pasó a la historia como la música disco, las hombreras o las corbatas de cuero. Ya saben, estabas tomando una copa por ahí y, sin saber cómo ni por qué, te decían aquello de “te espero afuera”. Salías, te pegabas unas hostias, te lavabas la sangre (en su caso) y regresabas a tomarte otra con el mismo fulano. A principios de los ochenta podían darte un palizón de escándalo, que la única consecuencia visible era que recogías tus dientes del suelo y te ibas a dormir calentito a casa. Lo máximo, en caso de intervención policial, eran cinco mil pesetas de multa. (De ahí, precisamente, proviene la vieja expresión hostias de mil duros) A mí mismo me pasó: una nochevieja, un grupo de pueblerinos asilvestrados me propinaron una paliza en una discoteca donde trabajaba. Creo que es el acto más heroico (e imbécil) que he hecho en esta vida, lo más parecido a una de esas películas de kung fu en la que el chino protagonista se enfrenta a un montón de chinos rivales en el gimnasio o el restaurante chino. Fue una masacre de varios minutos que sólo terminó cuando una mano caritativa le puso fin rompiéndome una botella de cava en la cabeza. Terminé inconsciente, posteriormente hospitalizado en una clínica de mala muerte y con algunas fracturas (entre ellas una de peroné que, los días húmedos, todavía me recuerda lo bobo que fui). Pero lo último en que pensabas era en ir a la policía. Calibrabas la posibilidad de una venganza, y la ejecutabas o la desechabas. En los noventa cambió la cosa: “Uy, me has mirado mal, voy a denunciarte, que me tía y mi cuñada son abogadas”. “Agente, agente”, le he estado insultando veinte minutos y al final me ha dado una torta justo encima de la oreja, creo que me ha dejado sordo”… Allá por el cambio de siglo, estando en Bulgaria le conté a unos paisanos que en mi país podían denunciarte por una simple torta. Los tipos se echaron a reír pensando que les estaba tomando el pelo. “¿Y la policía no se ríe del que va a denunciar”?, me preguntaron incrédulos… En caso de conflicto, de cualquier conflicto, lo único razonable hoy en día es tener presente el viejo dicho: “No cometas el delito si no eres capaz de cumplir la pena”. Con independencia de los motivos que te asistan, casi cualquier acto de violencia en el que tu rival presente lesiones y tú no, te va a acarrear indefectiblemente un fuerte suma de dinero de multa y la posibilidad de una pena de cárcel. Es lo que hay. Así que lo mejor es el zen o echarle imaginación. Por ejemplo, llevo más de media vida deseando estamparle una tarta de nata en la cara a alguna nenaza, como en una película de Laurel y Hardy. El día que lo haga, que lo haré, serán los primeros en saberlo.

  56. Ayer compré Le lambeau de Phillippe Lançon, superviviente del atentado a ChHebdo.
    Lo había recomendado Vargas Llosa hace meses, y cansado de esperar su edición en castellano me he lanzado sobre el original de Gallimard.
    Me parece que va a unirse al pelotón de los que tanto admiro por saber escribir desde una sinceridad radical, real o presunta: Montaigne, Márai, Carrére.
    De momento el esfuerzo merece la pena, tanto que, al hilo del vudú de Ximeno, y aprovechando lo del Pisuerga, me decido a sugerirles que hagan otro: este fragmento de un texto de Victor Rahola que Josep Pla rescata en su im pres cin di ble Cadaqués, libro que sí se encuentra en castellano en librerías pero no en la red. Ahí va, en recuerdo del probe Guillem:

    Tu has conegut el Cadaqués d’auto, telèfon i llum elèctrica; jo he conegut el poble sense fanals i sense comunicacions; el port del contraban i dels mariners d’arracada, envoltat amb la boira de la tradició i el vel del misteri.
    Jo he viscut en el Cadaqués de les bruixes. Sí; de les bruixes. Jo encara n’he conegut moltes de bruixes de debò; d’aquelles que feien patir, encomanaven gams, encenien follies i donaven seguitoris. A les nits senties que et passaven pel costat silencioses i lleugeres. Anaven de tres en tres, amb les faldilles emmantellades al cap. Quan la claror de les estrelles aclaria aquells carrers estrets veies llurs ombres negres que s’escorrien rastell avall empeses per qualque malifeta.
    Jo he aconseguit noies embruixades, nens ullpresos i qualques víctimes de mals donats. Fins he tingut de lluitar amb les armes de la suggestió i la fermesa de la voluntat contra totes aquelles gestes fetilleres de la sargantana, del gat negre i de la salamandra.
    Pobre Guillem! Jo que l’havia conegut forçut i valent, ferm en la boga, certer amb el traire, decidit i amic de la tabola, no vareig explicar-me la sobtada devallada que va fer. Ja havia anat trona avall i li mancaven pocs dies per a casar-se. Ningú pogué avenir-se del defalliment sobtat d’aquell jovenàs. Com un arbre corretgetat arterament, va anar perdent la seva ufanor i seguí decandint-se, decandint-se sense que metges ni curanders ni remeis casolans hi poguessin res.
    Poc abans de morir-se la casualitat va portar-me a casa d’una dona que trafiquejava amb coral. Volia comprar una branca per tal de fer-ne un present de noces a un amic ciutadà.
    Aquella dona era viuda, encara jove, força vistosa i havia donat un xic que enraonar.
    En donar-li un bitllet de banc hagué d’eixir de casa per a anar a cercar el canvi.
    Un cop sol, el meu esguard divagant va trobar-se de sobte ferit per una visió aterradora. En un calaix obert de la calaixera el retrat d’en Guillem apareixia atravessat per una agulla saquera.
    Tot d’una va aclarir-se’m l’enteniment i, amb tota rapidesa, com si em conduïssin la mà, vareig lliurar la imatge de l’amic d’aquell flagell esfereïdor.
    De tornada a casa sentia que m’envoltava la vaguetat de les influències inexplicables, quan de cop em despertaren les campanes del poble que tocaven a mort.
    Feia mitja hora que Guillem havia mort sobtadament.

  57. Por fin estoy de vuelta, con la ropa en los armarios, y los víveres en el frigo y la despensa . Todavía me falta alguna cosa, pero lo he dejado para luego y he venido a leer lo último de ustedes:

    Lo de Fernandito, de Marqués de hoy, me ha recordado a un tío postizo de mi infancia, que era algo así como Director de la RENFE, y que lo que más le gustaba del mundo eran los trenes. Y que cada vez que hacía un viaje de inspección, conducía él el tren. Cuando, tras la muerte de mi padre, en Sevilla, mi hermana ( 11 años), y yo( 12 ), volvimos en el tren a Madrid, nos dejaron a su cuidado, nos metió en la cabina, e incluso nos hizo conducir un rato el tren, con su ayuda.

    Pues el hombre tenía en el salón de su casa, un circuito enorme, lleno de estaciones, de cambios de agujas, de pasos a nivel, de túneles, de montes y de ríos, y, por supuesto, con muchos trenes yendo en distintas direcciones, cruzándose, y así.
    Pero como él no tenía hijos, no le importó que yo fuera una chica , y me pasaba tardes enteras manejando sus trenes. ( A mi hermana le daba más por las muñecas y los cacharritos )
    Así que, he disfrutado especialmente con el “Fernandito” de hoy.

    Como he disfrutado como una enana con el Gomez de las 11’29.
    Y me dió envidia, que no fui al colegio hasta el bachillerato superior, y ya era tarde para ese tipo de amistad / rivalidad leal. Aunque no creo que fuera lo mismo en los colegios de monjas, con sólo chicas, que es donde yo hubiera estado. Que las chicas somos mucho más falsas y menos claras.

    Y Holmess : Me gustó Le Flambeau. Pero en cambio, no soy muy de Sandor Marai. Voy a leerme el texto del Pobre Guillem, que pone usted en catalán, y que tiene muy buena pinta, hasta que lo entienda bien, y, si le acabo de ver “la gracia”, me compraré el libro de Plá. En catalán, por supuesto.

    Gracias a los tres, pues.

  58. Gómez
    sábado, 10/08/2019 a las 13:17
    Un relato sobre una niña.

    Otra vez tengo problemas con WordPress pare escribírselo en su blog. En el único sitio en que me reconocen es aquí, en el puerto de Chop Suey, así que, aquí se lo dejo.

    ¡ Que bonita historia !
    Veo que está fechada en el 2014. ¿ Está incluida en algún libro suyo de relatos ? Si no lo está, espero que aparezca pronto en el nuevo que nos tiene prometido, o en otro más.
    Por Favor

  59. Pues este enlace sí que está correcto, Viejecita. No tengo ningún libro de relatos publicado. Sólo novelas y algunos cuentos sueltos, me temo que muy viejos ya, en revistas.

  60. Me lo he leído Ximeno, ya ven que el tito Adapts no da puntada sin hilo.
    ¡Qué bueno que soy y qué culito tengo!

  61. Con respecto a la “Fiesta Al Contado” – 19 Me permito sugerir al anfitrión la conveniencia de un programa de actividades para que los invitados puedan acoplar sin estridencias sus usos y costumbres a las normas que dicta el estricto protocolo de la Casa del marqués. Un suponer:

    A las 11:30 horas recepción y apertura de instalaciones. (Si llegas antes te das un paseo sin pisar el “sembrao”. No es decente presentarse en casa de nadie antes del mediodía).

    A las 12:00 Discurso de bienvenida y entrega de premios. (¿Qué premios? Y yo que sé, solo soy un invitado).

    A las 12:30 Visita guiada al recinto con especial atención a las cocheras y parque móvil. Habrá espantamiento de perros husmeantes y demás fauna doméstica (Ojito con el pitbull que ya lo hemos visto los afotos y parece atesorar excelentes condiciones como perro de presa).

    A las 13:00 Vino de honor (desconozco las razones por las que suele incluirse el añadido “de honor” en los actos oficiales, supongo que el propósito es dejar entender que las autoridades asistentes no constituyen una pandilla de dipsómanos empedernidos que se desplaza de acto oficial en acto oficial para colmar sus poco edificantes aficiones).

    A las 13:30 chapuzón en la alberca. Se ruega a los invitados vengan provistos de traje de baño o calzoncillos de cuello alto en el caso de los caballeros. Recomendamos neoprenos de 35 mm. a los frioleros. El agua de pozo tiene entre sus indiscutibles atributos a cada cual más salutífero la siguiente característica: mana a unos 19ºC. Esto, que desde tiempo inmemorial se ha utilizado en la España vacía para refrescar la fruta, puede ocasionar efectos inesperados a quienes no acostumbren a someterse a choques térmicos, comas insulínicos, electroshock y otras terapias psiquiátricas felizmente en desuso (Se de qué estoy hablando, pues en los balnearios especializados en “ajustar” los desajustes psicológicos se han estado haciendo todo tipo de perrerías a sus clientes. Con resultados totalmente satisfactorios al decir de los familiares de los enfermos. Siempre me he imaginado algo como: “Fulanito” si no te portas bien, mañana mismo te llevamos al balneario).

    A las 14 horas, los supervivientes a la primera glaciación -quiero decir a las primeras abluciones- podrán degustar un aperitivo mientras el señorito Olmedo afina los trastos y se dispone a oficiar un arroz a la paella “con cosas”. Mi experiencia me dice que si el aperitivo es escaso y el arroz no está listo hasta las 16 horas y 50 minutos, el artífice recibe encendidas felicitaciones, los comensales se lanzan sobre el arroz “con cosas” como náufragos recién rescatados y, tanto cocinero como anfitriones, logran un triunfo total. Además esto tiene la ventaja de que se evita el difícil trance de que depender exclusivamente de las habilidades del oficiante. Ojo, no discuto tales habilidades, sólo incido en que buen hambre hace buen puchero.

  62. Cash 19 comienza a la 12 h del dia17 y continúa non stop hasta las 12 h del día siguiente donde se dará el servicio por concluido. Cada cual adapte como guste el horario, la Casa garantiza durante ese periodo comida, bebida, música, chapuzones e intersiestas.

  63. Hablando de pimientos, aquí, el que suscribe hace una ensalada de pimientos asados con ventresca de bonito que -no es porque esté delante- siempre ha recibido todo tipo de felicitaciones, parabienes y otras lisonjas

  64. Moderamente pro pimientos, pero jamás en la paella. Si hace otro arroz distinto pues bien.

    Pero ésta es vieja discusión.

  65. Por fin una discusión como Dios manda en la que todos podemos expresarnos con sinceridad. Pimientos en la paella sí/no.

  66. ¿Ha jugado Cristiano Mafalda en el partido que ha ganado el Atleti?

    De los nuevos, me han gustado Hermoso, Herrera y Llorente. Fino central Hermoso, podría hasta jugar de mediocentro. Herrera, un jugador muy del Atleti. Llorente tiene un pasado turbio, pero quién no. Bien Thomas y Koke. Muy bien Lemar. Empananaos: Saúl y, me duele decirlo, Angelito Correa. Lodi y Tripi mejorando, unos laterales mucho más ofensivos que Filipe/Juan Fran. Oblak como siempre, superlativo. Y ese chico, el menino, ese chico nos va a dar alegrías muy grandes. El segundo gol ha sido de escándalo (gran pase de Lemar).

    Si tuviésemos a Douglas Costa ya sería la pera. A James no lo quiero para nada; pasado turbio bueno, pero así de negro no.

    Aúpa Atleti.

  67. Zoco chopsuey.

    ¿Por casualidad a nadie le interesaría un intercambio de claves este año, no? Por un movistar ofrezco un filmin y un medici.tv. Movistar sólo me interesa para ver al Atleti por ordenador.

    Esto NO es pirateo. Es como prestar un libro a cambio de otro, así que no me vengáis con moralinas.

  68. Lo de los circuitos de carreras en España, es muy similar al de la construcción de aeropuertos, o infraestructuras museísticas.
    Ni una ciudad ni comunidad sin alguna de ellas, o todas, según poderíos.
    Sirvan o no sirvan, …se tiene derecho!.
    Luego los gestores, lógicamente políticos, y como tales oportunos a sacar rendimiento publicitario, sin tener en cuenta costes, resultados, beneficios, público necesario, y sobre todo en una relación proporcional de ineptitud en el gremio de gestionar lo público.
    La cuestión es que nuestra comunidad no sea menos que las otras. Que nuestros ciudadanos tienen el derecho, les guste o no les guste, y sobre todo por la cantidad de oportunidades que tendrán los políticos de repartirse sillones para sus idiotas propios, e incluso ajenos.
    Que se hace a “cañón”? al fin y al cabo, en los años que dura la legislatura, ya tenemos portadas¡
    Que es rentable? lo público no tiene que someterse a esos criterios.
    Que es oportuno? para nosotros siempre!!!!. Y la publicidad que da por el mundo una infraestructura de calidad.
    Luego, claro, les toca a esos señores, que lo más que han gestionado ha sido un garito en el pueblo, o han visto una carrera de motos en la tele, o montaron una vez en avión en Madrid, contratar con los “pájaros de ahí fuera” que sólo entienden de beneficios para sus sociedades y que deben presentar cuentas a los que ponen sus dineros para el asunto. Como nuestros políticos, no tienen que hacerlo, pues nos meten en estos charcos, que no se paga en el momento, sino el resto del tiempo, cuando va bien y cuando va garrafalmente mal y se demuestra lo inapropiado del asunto.
    Pero la verdad es que una gran parte de los que van a pagar, no se sienten concernidos, no es su dinero!!! que paguen los ricos, qué cojones!!!! Buenos y los menos ricos, incluso los pobres, pero qué aeropuerto!!!!
    El mejor circuito de motos de España y de Europa.
    Eso sí, sólo viene el Mister del Presidente, o la carrera de motos del Mundial, que además de no reportar, cuesta un pico de celebrar.
    Alcañiz, es un ejemplo.
    Se celebró en un circuito urbano muy bueno durante muchos años, grandes carreras de turismos, como un Mónaco cualquiera, o si quieren como en Pau, donde se celebraban carreras de la Fómula 3000 de los 90, por le Rond Point de la Republique.
    A ellos que tenían mucha más tradición, y mucha más afición, nunca se les ocurrió poner el circuito de Paul Ricard ( que además ahora es privado) en sus terrenos, para además hacerle la competencia.
    España pasó de tener el Jarama, y el urbano de Barcelona, a tener más de seis circuitos con capacidad de localizar mundiales, pero mundiales sólo tenemos dos que den algo de TV, y otros que sólo son de muy aficionados.
    A día de hoy, en Alcañiz metemos 100 millones de euros para tapar agujeros, sin contar lo que va a seguir costando.
    En Barcelona se plantean muy serio si seguir pagando los derechos de la Fórmula Uno, porque los números no cuadran.
    Y además quien quiere algo con humo y ruido en este mundo tan limpio que vamos creando?.
    Suma y sigue!

  69. Buenos días a todos :

    Pues decir que soy hereje hasta para la paella :
    Que le pongo almejas, carabineros ( cocidos en el caldo de hacer el arroz, y pelados antes de añadirlos a la paella ), y guisantes ( congelados en casa durante la temporada ), y calamares frescos, y pollo en cachitos, y chistorra, y pimientos rojos .

    Pero mi mayor herejía : Hago paella “con montón “, como la llamaba mi cuñada Marta. Uso arroz largo, que queda suelto , nada del bomba, que se pasa, y queda pegado y blandengue, le añado el caldo ( el fumet, como dice Holmess ), hirviendo a borbotones, lo tapo con una tapa de metal, si es para pocos, o, a base de papel de plata si es de las de mucha gente ,( solo tengo paelleras o paellas, de tres tamaños), bajo el gas, y dejo que se haga , así, medio al vapor , durante 15 minutos. Luego quito la tapa, y lo tengo otros 5 minutos o así, para que se seque y se forme el socarrat en el fondo, dejo que repose unos minutos más, para que nadie se queme, y YA.

    Y, Herejía final : pongo en la mesa un recipiente con mayonesa casera recién hecha. Que, para mí es imprescindible, y se meten conmigo, y me la ofrecen con las natillas o lo que haya de postre, pero que todos, incluso los marcianitos, se ponen ” on the side” como decía la chica en la película aquella.

    Así que, ya ven. Soy hereje en casi todo.
    Ya siento

  70. Mi mejor recuerdo de arroz es en el restaurante de El Palmar de Conil,” Casa Francisco El de siempre”.
    Arroz con carabineros. Carabineros del tamaño de bogabantes, y botella de blanco, al anochecer.
    Se lo estoy comentando a Anne y la niña, y les saltan lágrimas de alegría…
    Para cogerse el coche y desayunar mañana allí!!!!
    Sin menospreciar la paella de la huerta frente a la playa de la Barrosa de Valencia de hace unas semanas con mi hijo el pequeño.
    Yo sin embargo soy más de preparar risottos de hongos con su buena trufa (si dispongo).
    Los diez minutos de reposo tapado con trapo son indispensables para todo arroz, como para la chuleta antes cortarla y servirla.
    Joder que hambre me está entrando ya…
    Hoy nos dará de comer la madre de Anne, que como el jueves no estamos, adelanta la típica comida en Saint Michel a hoy.
    Esta vez con una” miembra” nueva, la pequeña Hortense.
    Les contaré…

  71. Holmesss
    sábado, 10/08/2019 a las 15:37

    Pues mira este te lo juro titular:

    La cruenta batalla entre un león y un antílope frente a unos turistas en Sudáfrica
    Los turistas presenciaron cómo el antílope se convirtió en el alimento del léon justo delante suyo

    Que si lo piensas un poco, el «delante suyo» del final en realidad es lo más decente de toda la redacción.

  72. Con un «alante suya» habría quedado perfecto.

    Pirata Jenny
    sábado, 10/08/2019 a las 02:49

    Me acuerdo de que compré Ways of seeing en un supermercado, lo puse a bulto con el pan Bimbo y no me imaginaba que era un libro tan bueno. Y el otro día me acordé de Albert porque vi una película vieja de Terrence Malick que me pareció extraordinaria, Days of Heaven, tampoco me lo esperaba.

  73. Versión correcta
    (xi)
    A mi madre le encantaba ir a los Almacenes, de soltera había trabajado en Almacenes Progreso que estaban cerca de la Glorieta de Quevedo. Ahora me llevaba todos las tardes a Sepu y luego a Galerías Preciados y Sederías Carretas. Todo estaba muy cerca de Estrella 3, la Telefónica, Casa Reyna, La Gran Tasca, el Banco de España, la calle del Prado donde trabajaba mi padre, el colegio de la calle San Roque, el Palacio de la Música. Me gustaba mucho lo que había en la escalera y en el barrio, por eso me entristecía ver cuchichear a mis padres sobre que nos íbamos a cambiar. Mis tíos vivían en Francisco de Rizzi en un barrio llamado Argüelles y mis padres andaban buscando casa por allí.
    Una tarde mi madre me anunció que en Sepu habían puesto una sección de discos de música moderna y que como había sido bueno me compraría uno. No tuve que pensar mucho cuál quería, en Radio Torrejón ponían sin parar una canción que se llamaba “Apache” que me encantaba. “Buenas tardes, queríamos un disco para el niño”. A mí lo del “niño” me molestaba porque ya me ponía en inferioridad frente al dependiente. “A ver, guapo, ¿qué cancioncita te gusta, alguna de Marisol o de Pablito Calvo?”. Estaba claro que el vendedor se creía que era yo era gilipollas. “No señor, quiero Apache”. “Aaahhh, justo lo acabamos de recibir, aquí lo tienes, un EP recién salido de los Pekeniques”. “No señor, no quiero este que es una españolada, quiero el de los Shadows” “¿Cómo dices, rico?” Miss Mabel me había enseñado a pronunciarlo y yo lo hacía con un acento muy bristish. “Shadows, The Shadows, el grupo inglés”. El dependiente se mostró confundido y salió por peteneras. “Es que es obligatorio que sea cantado en español, por eso tenemos el de los Pekeniques”. “Pero si no cantan…mamá este tío es tonto”. Mi madre se encaró con el vendedor, diciendo que se dejara de monsergas. Se formó un pequeño revuelo, acudió el encargado y los moscardones habituales. “Don Toribio, es que se empeñan en comprar discos en inglés existiendo la versión en español”. “Ah no, eso no”, sentenció el encargado. “Habrá que dar parte a Sindicatos”, sugirió el dependiente para pelotear a su jefe. Mi madre se puso a llorar de rabia y salimos de allí.
    “Chelo, ¿Qué te pasa?”, preguntó mi abuela preocupada. Mi madre le refirió el incidente de Sepu mientras yo me dirigía hacia donde estaba el tocadiscos. Me levanté la camisita y saqué el EP de los Pekeniques, aprovechando el revuelo lo había mangado. Mi madre me vio y se echó a reír. Puse el disco en el brazo mecánico hasta que bajó y empezó a sonar. Nos sentamos los tres a escucharlo, sonaban muy bien, nos dejamos llevar por las guitarras electrizantes y el ritmo de la canción Apache. Mi madre estaba emocionada porque poco después me iban a mandar tres meses a Inglaterra con mi abuela, a casa de mi tío que había emigrado allí para trabajar de camarero. Necesitaban esos tres meses para hacer la mudanza sin estar yo por medio

  74. Vamos a ver, no voy a entrar en polémica, voy a sentar cátedra y chim pum.
    Aserto inicial, la paella es un invento valenciano, en concreto de la zona cercana a Valencia, incluyendo los poblados marítimos y la Albufera. Otra cosa sea que se haya incorporado a la cultura general española con resultados diversos.

    Aserto dos, en algún momento histórico incluso se usaba rata de arrozal que es muy limpita y aseada, por eso de la pobreza, pero la única carne que incorpora es pollo y conejo (a veces pato y en ese caso hay que andar con cuidado con el aceite que se añade)

    Tres, la versión marinera no lleva verdura o apenas, la razón es que con los ingredientes marítimos, si se añade aquella, queda demasiado húmeda.

    Cuatro, elementos esenciales fueraparte de los ingredientes para obtener el sabor exacto, se hace a leña de naranjo o de pino.
    El arroz nunca se vuelve a tocar una vez añadido y convenientemente distribuido.
    Se deja reposar siempre, cuando acabada, unos diez minutos lejos del fuego y nunca tapada (no se tapa en ningún momento del proceso)
    En efecto dependiendo de la dureza del agua ( según zonas de España) pueden ustedes tener problemas, se evapora demasiado rápido o lento y el arroz sale duro o se “esclata”.

    La maestría en el manejo de la leña ocurre cuando se queda apenas sin fuego justo al final y el calor restante genera el famoso “socarrat”, una fina capa en la zona central, de arroz tostado no carbonizado.

    Aserto final, la Paella es un plato que si lo hubiera inventado el Adriå o cualquier otro fulero, sería considerada alquimia pura. La razón es que ingredientes de sabores poco intensos producen un plato de sabor diferente y equilibrado.

    ES POR ELLO que añadir ingrediente de sabores marcados y dominantes, chorizo, pimientos, patas de avestruz o cualesquiera otros de ese estilo fuerte DESTROZA la mencionada alquimia resultante.

    Yatä.

  75. Si la BelliPüs tuviera a bien suprimir el calificativo tras el nombre propio, no sea que en estos tiempos modernos me demanden ….

  76. . “Y si hay críos entre los comensales, también añado colorante alimentario cuando se despista mi madre, para que salga el arroz más amarillo, que les gusta más a los niños. Si no, no es”
    Flipo que esto se acepte

  77. Muchas gracias Procuro, por el enlace a la entrada de Gachó sobre la paella. La he disfrutado, y he disfrutado también de la ilustración, y de los comentarios de aquél día. ( que yo todavía no había llegado al Fanzine ). Y me ha encantado leer a Tareixa, a la que echo mucho en falta, que gracias a ella conseguí sacar a los grillos de mi cocina sin hacerles daño .
    Al texto de Ferlosio no he ido. Porque, aunque leí “El Jarama”, cuando lo publicó, como todo el mundo, de Ferlosio me gustaban solamente :
    – Su padre, Rafael Sanchez Mazas, al que me presentó mi madre.
    – Su mujer , Carmen Martín Gaite, que decía “gurruño”, y así.

    y también, aunque ya menos, – Su hermano el “músico ambulante”
    Y Ferlosio me parece demasiado pagado de sí mismo, demasiado “didáctico”, y me pone de los nerrrvios.
    Ya siento.

    En cuanto a la paella ; Hay tantas maneras de hacerla como personas que la cocinen. Y el que esté rica no es una cosa exclusiva de la paella valenciana tradicional. Y no veo por qué, si lleva azafrán y arroz, y se hace en una “paella”, no va a podérsela llamar así.

    Y yo he comido solomillo Wellington hecho de muchas maneras, no solamente como se lo hubiera inventado Wellington originalmente ; con espinacas, con picadillo de perrechicos, etc etc, entre los dos ingredientes obligados : el solomillo, y la cubierta de masa de hojaldre.
    Así que :
    Aunque lo hayan inventado ustedes, los de Levante, no me sean totalitarios, y no desprecien las paellas “herejes” sin haberlas probado.

    Ya siento ser tan poco diplomática , pero lo dejo.

  78. Es una cuestión de status económico marquis, en mi casa paterna se usaba azafrán depende. Si esa semana mi madre había cubierto lo esencial y le sobraba dinero. Se miraba hasta la última peseta.

  79. Viejita tan sólo suplicamos que lo llamen arroz con pimientos o con avestruz, pero no Paella. He probado muchos arroces herejes muy buenos pero no eran paella.

    Una magdalena no es un croasän.

  80. Adaptaciones
    domingo, 11/08/2019 a las 13:34
    Viejita tan sólo suplicamos que lo llamen arroz con pimientos o con avestruz, pero no Paella.

    Acepto de buen grado no llamar Valenciana a mi paella hereje. Pero si está hecha en una paella ( paellera para los no enterados ), la seguiré llamando paella.
    Y eso a pesar de que debería darle la razón en todo, que es usted el único que suele apreciar mis enlaces ” herejes escépticos sobre el CO2 y el Cambio Climático ”
    Ya siento.

  81. No más para decir que le manifiesto mi solidaridad a la señora Adaptaciones por sus lindos pechos y por defender las tradisciones ansestrales de los pueblos indígenas. A nosotras nos robaron también el maíz, la patata, el tomate, el chocolate, los chiles y la quinoa para que ahora la presuman los italianos del sumo de pomodoro, los españoles de la tortilla de patata y los belgas del chocolate. Es injusto. Yo le propongo la creasción de un reservorio para la paella en las montañas andinas de Valensia, donde puedan vivir los pueblos indígenas con sus corrales de conejos, gambas, gallinas, y patos y conejos y caracoles bailando sus danzas ansestrales, comiendo paellas y dándole fuego a las casas y hasiendo explosiones y volviendo al matriarcado de los pueblos nativos del Mediterráneo.

  82. Cagontõ, PerroAntoine acabo de ver a una estirada de brazo al cernícalo que no puede serlo por lo grande que es y ahora no me acuerdo de las tres opciones que me comentaste como posibles, es el que tiene un ribeteado negro por todo el extremo inferior del ala, por si te acuerdas de cuál era, o en su defecto de que día hablamos de eso.

  83. Adaptaciones
    domingo, 11/08/2019 a las 16:30
    Cagontõ, PerroAntoine acabo de ver a una estirada de brazo al cernícalo que no puede serlo por lo grande que es y ahora no me acuerdo de las tres opciones que me comentaste como posibles

    Cernícalo, cafre o merengón.

    ¡¡¡NO OLVIDAR!!!

  84. Lo de Gancho con el colorante fue histórico. Y Adams aquiescente. Yo, desde entonces, llamo paella hasta al sushi.

  85. Adaptaciones
    domingo, 11/08/2019 a las 13:29
    Es una cuestión de status económico marquis, en mi casa paterna se usaba azafrán depende. Si esa semana mi madre había cubierto lo esencial y le sobraba dinero. Se miraba hasta la última peseta

    En mi casa era igual. Cuando no podíamos comprar arroz lo cambiábamos por patata. Paella de patata, lo llamábamos.

  86. Y dejamos aparte la paella sin arroz.
    La fidegua.
    De eso no queremos hablar!
    Pero es como la croqueta del mundo arrocero, cuando la cosecha es mala.

  87. LAPSUS LINGUAE

    En una ocasión entré en un establecimiento en Milán y en lugar de decir buon pomeriggio, como en realidad pretendía, saludé a los presentes en voz alta con un inusual buon pomodoro. Por las caras de los parroquianos adiviné que me había equivocado en algo.

  88. Apustuflado, ¿se dice así, no mi Dª Vie?, ante la sabiduría y agudeza que se derrocha en este Chop.

    Y un servidor con pequeñeces que alguien tuvo la benevolencia de decir que le gustaron. Estoy por decir a la señorita que no publique lo que alguna vez le envío aunque se lo pida de rodillas.

    García Pavón hacía una clasificación de peras en una de sus pliniadas. Es posible que alguien lo recuerde. Lo digo a propósito de los toles que se mencionan ahí bastante más arriba.

    Saludiños pa tós.

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