El Profesor Charmé… (Serenata de plomo. IV)

Por Martin Holmes. El Profesor Charmé, el Viejo Coronel y un servidor llegamos a la conclusión de que el caso estaba cerrado. El joven Hemingway pensaba que era un tipo duro porque tenía una medallita del ejército italiano, no tenía la menor intención de madrugar y había deducido, porque era un lince, que el negocio… Leer más El Profesor Charmé… (Serenata de plomo. IV)

Massacre en el portal · [Las aventuras de un escalón · 4]

Por Clairette Semisec Laudelino Gordo Rebollar, alias “El Centollo”, ofrecía al observador una silueta cónica, de no muy crecida alzada, en la que destacaba especialmente una característica bastante infrecuente. Aparentaba tener tres piernas. Sí…, de acuerdo, vale. Todos conocemos la gracieta de la tercera pierna. Pero no. El vástago que aparecía al lado de la… Leer más Massacre en el portal · [Las aventuras de un escalón · 4]

El consultorio de la Srta. Bellpuig: Que pague el conductor (o la conductriz)

Querida Srta. Bellpuig: Vivo en una pequeña población a 12 kilómetros de distancia de mi lugar del trabajo, en el centro de la ciudad. Desde que el Ayuntamiento decidió cobrar el aparcamiento a precio de jamón de Jabugo, tengo que tomar dos autobuses y tardo más de una hora en llegar desde casa, cuando antes… Leer más El consultorio de la Srta. Bellpuig: Que pague el conductor (o la conductriz)

Ars Canendi

Por Fernando García Alonso. El crítico musical Arturo Reverter resulta opaco para mucha gente como consecuencia de la fama de Arturo P. Reverte y la confundidora existencia de los hermanos Martínez Reverte, uno de los cuales (Jorge) ha alcanzado fama como historiador pese a los pésimos libros que ha escrito. Así solo somos unos pocos… Leer más Ars Canendi

Silvino y Hortensia · [Las aventuras de un escalón · 2]

Por Clairette Semisec Silvino, el segundo escalón empezando por el portal, no solía reflexionar demasiado, porque consideraba que toda reflexión, como su propio nombre indica, implica un reflejo. Un fulgor cegador para el observador. O sea, para él. Y, claro, una cosa es ponerse ciego, libre y voluntariamente, con una sustancia ad hoc, y otra… Leer más Silvino y Hortensia · [Las aventuras de un escalón · 2]